Fuente:
adaptación de un artículo divulgativo sobre los cuentos populares africanos,
que se apoya en Agbenyega, Tamakloe y Klibthong (2017), Usman y Crous (2018) y
Yankah (1999). Traducción, adaptación al Caribe colombiano y comentarios: Ella
Celedón Simanca, Cura-Kuens. Se comparte con fines educativos.
Los mitos, las leyendas y
el folclor son relatos que una generación le entrega a la siguiente: con la
palabra, pero también con canciones, bailes, creencias y fiestas. Hablan de la
gente, de la naturaleza, de lo sagrado y de lo que pasaba cuando se crearon. Y
muchos de los que hoy contamos en el Caribe vinieron de África.
Por qué
importan los cuentos populares
- Dan respuestas a lo que la razón no alcanza. Explican
los misterios de la vida con imágenes. No son racionales, pero calman la
curiosidad y dan un cierre: son las respuestas que imaginaron nuestros
antepasados.
- Enseñan a vivir juntos. Con
héroes, animales y dioses muestran cómo comportarse en situaciones
difíciles y qué espera la comunidad de cada uno.
- Advierten y preparan.
Cuentan lo que nos podría pasar, para que lo reconozcamos si llega. Por
eso fueron la gran escuela de los pueblos que no usaban la escritura.
- Reunían a la comunidad.
Después de un día de trabajo, la gente se sentaba de noche a escuchar.
Contar era también la fiesta.
- Guardan la historia.
Explican el origen del mundo, del pueblo y de la comunidad, y a veces
conservan datos históricos reales. Son una puerta a nuestro patrimonio.
Pero un cuento solo cumple
su propósito si se cuenta con alma. Por eso, contar es un arte.
El cuento
africano y su manera de narrar
En África, el cuento
popular es una de las formas más vivas de la literatura oral. Como en todo el
mundo, hay relatos sobre la creación, la naturaleza, los reyes, los dioses, los
héroes y las criaturas míticas. Todos se apoyan en la sabiduría de los
antepasados: cómo entendieron su realidad y qué nos pueden enseñar hoy. Los más
frecuentes critican a la sociedad, celebran actos heroicos o condenan lo que la
comunidad no acepta.
Cómo se cuenta. El buen
narrador africano adorna el relato con adivinanzas, comentarios ingeniosos,
bromas y refranes. Esos detalles distinguen al narrador experto del aficionado,
y se dice que cuantos más refranes usa, más sabio es. Esos matices insinúan el
mensaje, pero el sentido final lo pone quien escucha. Por eso un mismo cuento
abre muchas conversaciones y deja varias enseñanzas, no una sola.
El animal astuto. Los
cuentos más populares de África son los del embaucador: un animal pequeño,
listo y astuto frente a uno grande, fuerte y confiado. Casi siempre gana el
pequeño con su ingenio, aunque a veces el truco le sale mal y es él quien
aprende la lección. Se cuentan con humor y muestran el triunfo de la inteligencia
sobre la fuerza.
Cuatro
relatos de África
Norte de
África: Anzar, el dios de la lluvia
Los amazigh, a quienes a
veces se llama bereberes, son un pueblo indígena del norte de África, presente
desde Egipto hasta Marruecos y las islas Canarias. Para ellos, Anzar es
el dios de la lluvia, y de él dependen la cosecha y la fertilidad.
Anzar se enamoró de una
muchacha que se bañaba en un río de agua clara. Bajó a la tierra a pedirla en
matrimonio, pero ella huyó. Enojado, Anzar secó el río y la tierra se volvió
estéril; la gente y sus animales sufrieron. Al ver a su pueblo en peligro, la
muchacha lloró y llamó a Anzar. Cuando se unieron, volvieron el agua y la
tierra fértil.
De este relato nace el
ritual Tasslit n Unzar, «la novia de Anzar», o ritual de la lluvia. Las
mujeres arman una muñeca con palos de madera y la visten de novia; la llevan en
procesión cantando y llamando a Anzar; comparten una comida y, al final, lavan
la muñeca en el río. El ritual recuerda que lo que hacemos afecta a la
naturaleza.
África
oriental: Kileken, el niño huérfano
Los maasái viven en Kenia y
Tanzania. Su folclor cuenta que el planeta Venus bajó a la tierra como un niño,
Kileken, y llegó donde un anciano sin hijos que lo adoptó. El niño hacía
todas las tareas y cuidaba el ganado sin quejarse, pero le hizo prometer al
anciano que nunca buscaría saber de dónde venía su fuerza. La curiosidad pudo
más: el anciano lo espía, rompe la promesa y el niño regresa al cielo. Así
explican los maasái por qué Venus brilla al amanecer y al anochecer. El autor
tanzano Tololwe M. Mollel contó esta historia en un libro para niños.
África
occidental: Anansi y la tortuga
Los cuentos de Anansi,
la araña astuta, nacieron entre los pueblos akan y asante de Ghana. Uno de los
más conocidos:
Anansi acababa de cocinar
ñame cuando llegó su amiga la Tortuga, cansada de un largo viaje. Por cortesía,
Anansi no podía negarle la comida, pero no quería compartirla. «Lávate las
manos, que están sucias», le dijo. La Tortuga fue al río, pero al volver
arrastrándose se ensució otra vez. Y otra vez. Cuando por fin se sentó, ya no
quedaba nada.
Días después, la Tortuga
invitó a Anansi a comer en su casa, en el fondo del río. Anansi, que flotaba,
se llenó los bolsillos de la chaqueta con piedras para poder bajar. Al sentarse
a la mesa, la Tortuga le dijo: «En mi casa no se come con chaqueta». Anansi se
la quitó, las piedras cayeron y él subió flotando a la superficie, sin probar
bocado.
África
austral: Haiseb, el que vence a la muerte
Los nama y los damara,
pueblos khoikhoi de Namibia y Sudáfrica, cuentan que Haiseb (o
Heitsi-Eibib) salvó al mundo de un ser malvado, Gaunab, que se sentaba junto a
un pozo. Les pedía a los caminantes que le lanzaran piedras y, cuando se
distraían, los empujaba al fondo. Haiseb lo desafió y lo venció. Se dice que
murió y revivió muchas veces, y que donde murió se levantaron montones de
piedras y ramas. Todavía hoy, quien encuentra uno de esos montones en los
caminos de Namibia le agrega una piedra o una rama.
De África
al Caribe: nuestras raíces
Los cuentos de Anansi
cruzaron el Atlántico con los africanos esclavizados. En el Caribe siguieron
vivos: en Jamaica, en las Antillas y en nuestro propio país, entre el pueblo
raizal de San Andrés y Providencia, donde se le conoce como Anancy.
En la costa Caribe, el
animal astuto tiene otro nombre: Tío Conejo, que con su ingenio burla
una y otra vez a Tío Tigre. Muchos investigadores reconocen en estos cuentos la
huella de la tradición africana del embaucador, mezclada con relatos indígenas
y españoles.
La Guajira es un territorio
de muchos pueblos: wayuu, wiwa, kogui e ikʉ, comunidades afrodescendientes y
campesinas. Cada uno guarda sus propios relatos, y entre ellos y los africanos
aparecen parientes sorprendentes:
|
En África |
En nuestro territorio |
Lo que comparten |
|
Anansi, la
araña astuta |
Wale'kerü, la
araña que, según la tradición wayuu, enseñó a tejer a las mujeres |
Dos arañas y dos
sabidurías: el ingenio y el tejido |
|
El embaucador pequeño
contra el grande |
Tío Conejo y Tío Tigre; El
conejo y el mapurite |
La inteligencia vence a
la fuerza |
|
Anzar, la lluvia
que trae la vida |
Juya, la
lluvia en la tradición wayuu |
En tierra seca, la lluvia
es la vida, y los relatos enseñan a cuidarla |
|
La muñeca de la novia de
Anzar |
Las muñecas, los tejidos
y los rituales propios |
El objeto que recuerda el
lazo con la naturaleza |
Los relatos wayuu de Juya y
de Wale'kerü tienen muchas versiones. Las que se cuenten en la biblioteca deben
venir de la voz de abuelas y sabedores, con su permiso.
Escuchar,
sentir, hacer: la sesión «Dos arañas»
Una sesión Cura-Kuens para
niñas y niños de 6 a 9 años, de unos 60 minutos, en la biblioteca o el aula.
Reúne a Anansi, que no sabía compartir, con Wale'kerü, que enseñó a tejer.
Materiales: una
mochila, un ovillo de lana, una araña de tela o de papel, papel, cartulina,
palitos y lana para hacer arañas.
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Momento |
Qué se hace |
|
1 · Abrir la mochila |
Sale la araña de tela:
«Hoy vienen de visita dos arañas, una de muy lejos y otra de aquí» |
|
2 · Urdir |
Cada niño dice una
palabra sobre las arañas: miedo, tela, patas, tejer… |
|
3 · El cuento |
Se abre como en las
Antillas: la narradora dice «¡Cric!» y el grupo responde «¡Crac!». Luego se
narra Anansi y la tortuga, con algunos refranes |
|
4 · Pasar la trama |
«¿Qué sintió la Tortuga
cuando volvió y no había comida?», «¿Y Anansi, cuando subió flotando?», «¿Qué
otro final se te ocurre?» |
|
5 · Tejer |
La telaraña del grupo: en
círculo, el ovillo pasa de mano en mano y cada niño, al recibirlo, dice algo
que compartiría con un amigo. Al final, entre todos sostienen la telaraña.
Después, cada uno arma su araña con lana y palitos |
|
6 · El cuento propio |
«Un día Anansi llegó a
Riohacha y se encontró con Wale'kerü, la araña que tejía. ¿Qué pasó?» En
parejas inventan y cuentan la continuación |
|
7 · Cerrar la mochila |
El refrán del día: «Quien
no comparte su ñame, se queda sin cena». Cada araña entra a la mochila
del niño. Para la casa: preguntar a un mayor si conoce un cuento de Tío
Conejo |
La triada en esta sesión
- Escuchar: el cuento africano,
el «¡Cric! ¡Crac!» y, en casa, las historias de Tío Conejo que guardan los
mayores.
- Sentir: ponerse en el lugar
de la Tortuga y de Anansi, sin juzgar a nadie.
- Hacer: tejer la telaraña del
grupo, crear una araña y continuar el cuento.
Para
seguir leyendo
Los cuentos populares
siguen vigentes porque nos enseñan lo que la ciencia no explica y nos unen con
quienes vinieron antes. Cambian con el tiempo, pero guardan su esencia.
Contarlos en nuestras bibliotecas es volver a sentarnos juntos a escuchar, como
hacían nuestros abuelos.
- Agbenyega, J. S., Tamakloe, D. E. y Klibthong,
S. (2017). Folklore epistemology:
how does traditional folklore contribute to children's thinking and
concept development? International Journal
of Early Years Education, 25(2), 112-126.
- Mollel, T. M. The Orphan Boy [El niño
huérfano]. Libro ilustrado sobre la leyenda maasái de Kileken.
- Usman, J. y Crous, M. (2018). [El
folclor africano: un catalizador de la ficción africana contemporánea].
7(2), 1-15.
- Yankah, K. (1999). [Discurso plenario de la
American Folklore Society, 1998]. Journal of American Folklore,
112(444), 140-157.

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