Sobre esta entrada. Comenta
una noticia traducida, al parecer de la prensa rusa de 2005, sobre un estudio
británico que relacionaba los cuentos de hadas con la violencia en la pareja, y
la opinión de una psicoterapeuta de Moscú. Los datos del estudio se
contrastaron con la prensa de la época. La lectura crítica, las conexiones con
Riohacha y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.
En 2005, poco antes del Día
del Niño, los periódicos de varios países publicaron un titular alarmante: «Los
cuentos de hadas son peligrosos para las niñas». Según la noticia, una
investigadora británica había descubierto que las mujeres maltratadas por sus
parejas habían crecido enamoradas de Cenicienta y La bella y la
bestia, y que las niñas que veían más televisión eran más libres. La
recomendación final: menos cuentos y más pantalla.
Si trabajamos con cuentos,
una noticia así nos sacude. ¿Será verdad? ¿Estaremos haciendo daño? Vale la
pena mirarla con calma, como miramos un cuento: escuchando bien, sintiendo lo
que nos mueve y preguntando antes de creer.
Qué dijo
el estudio, y qué no dijo
Lo que
dijo
- La autora era Susan Darker-Smith,
entonces estudiante de una maestría en psicoterapia cognitivo-conductual
en la Universidad de Derby, en Inglaterra. La traducción dice que era
estudiante de doctorado, pero la prensa de la época la presenta como
estudiante de maestría.
- Entrevistó en la ciudad de Leicester a padres
de niños de primaria y a mujeres que habían vivido violencia en la pareja.
- Según ella, muchas de esas mujeres se
identificaban con heroínas de cuentos clásicos, que funcionaban como
«moldes» de mujeres sumisas que creen que su amor puede cambiar a una
pareja violenta.
- Presentó sus ideas en un congreso de
terapia cognitiva en Gotemburgo (Suecia), en 2005.
Lo que no
dijo, o no demostró
- No demostró que los cuentos causen la
violencia. Encontrar que dos cosas aparecen juntas no
prueba que una cause la otra. Es posible, por ejemplo, que una mujer que
sufre se refugie en los cuentos, y no al revés.
- Las noticias no dijeron cuántas personas
participaron ni cómo se midió la «sumisión».
- Era una ponencia de congreso, no
un artículo revisado por otros científicos. Hasta su propio profesor dijo
que el tema necesitaba más investigación.
- La frase «la conclusión fue obvia»,
que aparece en la traducción, no es ciencia: es un salto.
En otras palabras: era
una pregunta interesante, no una prueba. Y una pregunta interesante merece
pensarse, no convertirse en titular de miedo.
Lo que sí
vale la pena pensar
Aunque el estudio no probó
lo que decían los titulares, la noticia trae dos ideas que sí sirven a quienes
trabajamos con cuentos.
1. Los
cuentos pueden volverse guiones
La psicoterapeuta de Moscú
que comenta la noticia recuerda al psiquiatra Eric Berne, creador del
análisis transaccional, quien estudió cómo algunas personas viven su vida como
si siguieran el «guion» de un cuento que las marcó en la infancia. Por ejemplo,
la mujer que espera que un príncipe la rescate, o la que cree que su amor
transformará a la bestia.
Es una idea que vale la
pena mirar: los cuentos que repetimos enseñan modelos. Si una niña solo
escucha historias en las que la heroína espera, aguanta y es salvada por otro,
ese modelo puede quedarse con ella.
2. Lo que
importa es qué papel juega cada niño
La misma psicoterapeuta
dice algo muy sensato: no basta con saber cuál es el cuento favorito de un
niño. Hay que saber con quién se identifica. Una niña a la que le
encanta Cenicienta puede imaginarse como la madrastra; a otra que adora Caperucita
puede gustarle ser el lobo. Y concluye: «en psicoterapia, cualquier
generalización es peligrosa; es tan individual como cada persona».
Esa frase es la mejor
respuesta al titular: no hay cuentos buenos o malos para todos. Hay cuentos
que cada niño vive a su manera.
Lo que no
aceptamos
En la noticia aparecen dos
afirmaciones que en Cura-Kuens rechazamos con claridad:
- Que Caperucita sea «una niña de comportamiento
provocador». Ninguna niña provoca la violencia que recibe.
La culpa es siempre de quien hace daño, nunca de la víctima.
- Que la solución sea cambiar los cuentos por
televisión. La pantalla también cuenta historias, y
muchas tienen los mismos modelos. El problema no es el formato, sino qué
historias contamos y cómo las conversamos.
Tampoco aceptamos la
afirmación de que las mujeres que leyeron La bella y la bestia sean
«propensas a todo tipo de adicciones». No hay pruebas de eso, y es una
generalización que la misma psicoterapeuta contradice al final de su
comentario.
Qué
hacemos en Cura-Kuens
No dejamos de contar Cenicienta
ni La bella y la bestia. Hacemos tres cosas con ellas, y con todos los
cuentos.
1.
Escoger con variedad
Si en la mochila solo hay
princesas que esperan, los niños aprenderán que esperar es lo único posible.
Por eso mezclamos los clásicos con cuentos donde las niñas y las mujeres piensan,
deciden y resuelven, y donde los niños y los hombres sienten, cuidan y
piden ayuda.
En nuestra tierra hay
muchas heroínas así:
- Wale'kerü, que enseñó a tejer y
dejó un saber que pasa de abuela a nieta.
- Las abuelas que cuentan en
la terraza, que en mi investigación aparecen junto con los abuelos como
las grandes guardianas de los cuentos.
- La mujer de la Calle Primera, de
nuestra entrada sobre los «dicen que».
- La abuela Carey,
que escucha, pregunta y nunca resuelve por los demás.
2.
Conversar sin sermonear
Después de un cuento
clásico no damos la moraleja, pero sí podemos abrir preguntas que ayuden a
mirar el modelo:
- «¿Qué más pudo haber hecho Cenicienta?»
- «¿La Bestia cambió porque Bella la quería, o
porque él decidió cambiar?»
- «¿A quién le hubieras pedido ayuda tú, si
fueras Caperucita?»
Y respetamos lo que cada
niño responda, porque, como dice la psicoterapeuta, cada uno vive el cuento a
su manera.
3.
Reescribir
Una de las herramientas más
poderosas de la cuentoterapia es cambiar el final, o contar el cuento
desde otro personaje. Es lo que hicimos con la mujer de la Calle Primera, y es
lo que proponen las escuelas que hemos visto en este blog: en un buen cuento
terapéutico, el protagonista resuelve su problema con sus propios recursos,
y pedir ayuda a un adulto de confianza también es resolverlo.
Sesión en
la Biblioteca Comuna 10: «Detectives de noticias y una Cenicienta de Riohacha»
Para niños de 9 a 12 años ·
1 hora y 15 minutos · de 10 a 16 participantes, en grupos de 3 o 4
Dos partes: primero,
aprender a no creerle todo a un titular; después, reescribir un clásico.
Materiales: la
mochila de los talleres, el ovillo de Wale'kerü, el titular impreso en grande («Los
cuentos de hadas son peligrosos para las niñas»), lupas de cartón, una
versión corta de Cenicienta, hojas, colores y las tarjetas del
animómetro.
- Abrir la mochila (5
min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno dice su cuento
clásico favorito y qué personaje le gusta.
- Urdir: los detectives (15
min). Se muestra el titular. Cada grupo recibe una lupa y cuatro
preguntas de detective:
- ¿Quién lo dice?
- ¿A cuántas personas le preguntaron?
- ¿Lo probaron, o solo lo piensan?
- ¿Qué dicen otras personas que saben del tema?
La facilitadora va dando las «pistas» (lo que sí y lo que no dijo el estudio) y
cada grupo decide: ¿le creemos al titular, no le creemos o necesitamos más
pruebas?
- El cuento (10 min). Se
lee una versión corta de Cenicienta.
- Pasar la trama (10
min). Pasando el ovillo, cada uno responde: «¿Qué más pudo haber
hecho Cenicienta?». Todas las respuestas valen.
- Tejer: Cenicienta en Riohacha (20
min). Cada grupo reescribe el cuento en Riohacha, con una regla: Cenicienta
resuelve su problema con sus propios recursos o con la ayuda de alguien de
confianza que ella misma busca. Puede ser una niña que vende bollos en
el mercado, que estudia de noche, que le pide ayuda a la abuela Carey o
que organiza a sus vecinas. También pueden contarlo desde otro personaje:
la madrastra, una hermanastra o el hada.
- El cuento propio (10
min). Cada grupo cuenta su versión.
- Cerrar la mochila (5
min). Animómetro de salida. Cada uno dice una pregunta de detective
que va a usar la próxima vez que lea una noticia.
Cómo se ve la triada en
esta sesión
|
Dimensión |
Dónde aparece |
|
Aprender escuchando (la
urdimbre) |
Escuchar el titular y las
pistas con atención, el cuento de Cenicienta, las versiones de los
otros grupos |
|
Aprender sintiendo (la
trama) |
Lo que nos provoca un
titular alarmante, ponerse en el lugar de Cenicienta o de otro personaje, el
animómetro |
|
Aprender haciendo (la
mochila) |
Investigar con las
preguntas de detective, decidir en grupo, reescribir y contar el cuento en
Riohacha |
Un cuidado. Esta
sesión no habla directamente de violencia en la pareja. Si un niño o una niña
cuenta algo que pasa en su casa, la facilitadora lo escucha con calma, no
pregunta delante del grupo y sigue la ruta del protocolo de la biblioteca.
Para
cerrar
Los cuentos no son
peligrosos por sí mismos. Lo que puede hacer daño es contar siempre la misma
historia, sin conversarla, sin ofrecer otras, sin dejar que los niños imaginen
finales distintos. La respuesta no es apagar los cuentos y prender la pantalla,
sino contar más cuentos, más variados, y conversarlos mejor. Y, de paso,
enseñar a los niños a ser detectives frente a cualquier titular que les quiera
dar miedo.
¿Y tú, con qué personaje de
los cuentos clásicos te identificabas de niña o de niño? Cuéntamelo en los
comentarios.
Si tú o alguien que conoces
vive violencia en la pareja, no estás sola ni solo. En Colombia puedes
llamar a la Línea 155, de orientación a mujeres víctimas de violencia, o
a la Línea 123 en caso de emergencia. Si se trata de un niño, niña o
adolescente, llama a la Línea 141 del ICBF.
Referencias
- «Fairy tales may end in horror». News24, 22
de abril de 2005.
https://www.news24.com/world/news/fairy-tales-may-end-in-horror-20050422
- «Happily never after». Mail & Guardian,
julio de 2005. https://mg.co.za/article/2005-07-06-happily-never-after
- Berne, Eric. ¿Qué dice usted después de
decir hola? (sobre los guiones de vida).
- Texto de origen: noticia traducida, al parecer
de la prensa rusa de 2005, con comentarios de la psicoterapeuta Roza
Dmitrichenko.

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