viernes, 28 de febrero de 2025

Cenicienta, otra vez: lo que el cuento dice cuando lo volvemos a leer

 

Sobre esta entrada. Es la continuación de ¿Los cuentos de hadas hacen daño?. Adapta un artículo traducido, al parecer de origen ruso, sin autoría consignada, que relee Cenicienta para buscar otra idea de la felicidad. Lo que dice el artículo se contrastó con el cuento de Charles Perrault (1697). Las conexiones con Riohacha y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.

Casi todas las niñas del mundo han jugado alguna vez a ser Cenicienta. Pocas quieren ser la Sirenita o la Bella Durmiente: la favorita es ella, la que pasa de las cenizas al palacio en una sola noche. En la entrada anterior vimos que los cuentos pueden volverse guiones de vida. Hoy hacemos algo distinto: volvemos a leer el cuento con calma, como quien vuelve a mirar una mochila vieja y descubre hilos que nunca había visto.

La Cenicienta que creemos conocer

El artículo que recibí compara Cenicienta con el «sueño americano»: la historia del pobre que de un momento a otro se vuelve millonario. Una felicidad que llega de golpe, como un rayo, sin camino. Y propone que muchas niñas crecen con un mapa de la felicidad que dice más o menos así:

  1. Una niña buena aguanta en silencio que la humillen.
  2. Trabaja duro, aunque no le guste, y espera.
  3. Alguien, un hada, verá su paciencia y la premiará.
  4. Un vestido y unos zapatos la volverán bella.
  5. El príncipe se enamorará de la más bella.
  6. El príncipe la salvará y le dará la felicidad.

Según el artículo, ese mapa puede llevar a tres caminos tristes en la vida adulta:

  • El de los vestidos: buscar la belleza solo afuera, en la ropa, el maquillaje o el cuerpo, sobre todo si nadie le dijo nunca a la niña que era bonita tal como era.
  • El del hada: trabajar sin descanso, cargar con todo en la casa y en el trabajo, aguantar injusticias en silencio y esperar que algún día alguien lo agradezca. Mientras tanto, la rabia y la desilusión se van acumulando por dentro.
  • El del príncipe: creer que la felicidad depende de encontrar a la persona perfecta, y sentirse estafada cuando el amor no la resuelve.

Vale la pena preguntarse: ¿cuántas mujeres conocemos, en Riohacha y en todas partes, que caminan por alguno de esos tres caminos?

Releer el cuento

La autora del artículo cuenta que, ya adulta, volvió a leer Cenicienta y descubrió cosas que no recordaba. Lo comprobé con la versión de Charles Perrault, publicada en Francia en 1697, que es la que dio origen al hada madrina, la calabaza y el zapatito de cristal. Y es cierto: el cuento dice más de lo que solemos recordar.

Lo que sí dice el cuento de Perrault

  • No hubo un solo baile, sino dos. Y en el primero, Cenicienta no corre detrás del príncipe.
  • En el primer baile se sienta junto a sus hermanastras y comparte con ellas las naranjas y los limones que el príncipe le había regalado. Ellas no la reconocen.
  • No se venga. Al final, cuando las hermanastras le piden perdón, Cenicienta las perdona de corazón, las lleva a vivir al palacio y les ayuda a casarse.
  • Su padre es un gentilhombre, un hombre de buena familia, que vive dominado por su nueva esposa y no la defiende.

Lo que el artículo agrega por su cuenta

El artículo dice que Cenicienta era una «estilista» con su propia clientela. El cuento no dice eso. Lo que sí cuenta Perrault es que las hermanastras le pedían consejo para arreglarse antes del baile, porque tenía buen gusto, y que ella las peinaba. El artículo convierte ese detalle en una profesión. Es una lectura creativa, no lo que dice el texto.

Otras Cenicientas

Perrault no es la única versión. En la de los hermanos Grimm, no hay hada madrina: Cenicienta llora sobre la tumba de su madre, allí crece un árbol y unas palomas la ayudan. Y el final es mucho más duro con las hermanastras. Hay versiones de Cenicienta en casi todas las culturas del mundo, desde China hasta África. Cada pueblo le pone a la historia su propia idea de la justicia y de la felicidad.

La Cenicienta que aparece al releer

Si juntamos lo que de verdad dice Perrault, aparece una Cenicienta distinta de la que esperaba al príncipe:

  • es generosa, incluso con quienes la tratan mal;
  • va al baile a disfrutar, no a cazar marido;
  • no se apura a decir quién es cuando el príncipe la busca;
  • y elige perdonar, en lugar de vengarse.

Como dice el artículo, el cuento no trata de cómo encontrar a un príncipe, sino de cómo encontrarse a una misma.

Lo que tomamos y lo que no

Lo que sí tomamos

  • Releer los clásicos. Muchas veces recordamos las películas y no los cuentos. Volver al texto puede cambiar por completo su sentido.
  • Mirar los «mapas» que nos dejaron los cuentos, para decidir si queremos seguirlos o no.
  • La idea central: nadie puede hacer feliz a otra persona. La felicidad no llega en una carroza.

Lo que no tomamos

  • Que «el hemisferio derecho está más desarrollado en las niñas» y por eso son más emocionales. Es un mito que la ciencia del cerebro no respalda. Niñas y niños sienten y piensan con todo el cerebro.
  • La burla a las mujeres que se arreglan o se hacen cirugías (el artículo las llama «hadas de plástico»). Cada quien decide sobre su cuerpo. Lo que sí vale la pena es que una niña escuche desde pequeña que es valiosa y bonita tal como es.
  • La Cenicienta «perfecta» que nunca se enoja y a la que nada le duele. El artículo la presenta como un ejemplo de no sentir rabia ni dolor. En Cura-Kuens creemos lo contrario: sentir rabia o tristeza ante una injusticia es natural, y lo importante es qué hacemos con lo que sentimos. Perdonar es una decisión hermosa, pero no una obligación.
  • Que aceptar el maltrato «con calma» sea una virtud. Si una niña o una mujer es maltratada en su casa, no se trata de aguantar con serenidad: se trata de buscar ayuda.

La felicidad se teje

En La Guajira tenemos una imagen que lo dice mejor que cualquier príncipe: la mochila. Nadie la recibe hecha de un hada. Se teje hilo por hilo, con paciencia, a veces deshaciendo y volviendo a empezar, como enseñó Wale'kerü. Y tiene una ventaja: la teje quien la va a usar.

Así es la felicidad. No la da un vestido ni un matrimonio. La vamos tejiendo con lo que somos, con lo que aprendemos y con la gente que escogemos tener cerca. Y si en el camino aparece alguien con quien compartirla, qué bueno. Pero la mochila sigue siendo nuestra.

Sesión en la Biblioteca Comuna 10: «Cenicienta tiene la palabra»

Para niñas y niños de 10 a 14 años · 1 hora y 15 minutos · de 10 a 16 participantes · continuación de «Detectives de noticias y una Cenicienta de Riohacha»

Materiales: la mochila de los talleres, el ovillo de Wale'kerü, la versión de Perrault de Cenicienta (de dominio público), una silla decorada como «trono de Cenicienta», hilos o lanas de tres colores, cartulina, colores y las tarjetas del animómetro.

  1. Abrir la mochila (5 min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno dice qué recuerda de Cenicienta: de la película, de un libro o de lo que le contaron.
  2. Urdir: lo que creemos recordar (10 min). En un papel grande escribimos entre todos «la Cenicienta que recordamos»: cómo era, qué quería, qué hizo.
  3. El cuento (15 min). Leemos la versión de Perrault en voz alta, por turnos. Cada vez que aparece algo que no recordaban (los dos bailes, las naranjas compartidas, el perdón), lo marcan con una estrella.
  4. Pasar la trama (10 min). Pasando el ovillo, cada uno dice qué descubrió al releer: «No sabía que…».
  5. Tejer: la silla de Cenicienta (15 min). Un voluntario se sienta en el «trono» y responde como si fuera Cenicienta. Los demás le hacen preguntas: «¿Por qué compartiste las naranjas con tus hermanastras?», «¿Querías casarte con el príncipe?», «¿Qué sentiste cuando te humillaban?», «¿Qué te gustaría decirle a una niña de Riohacha?». Se pueden turnar dos o tres Cenicientas, y también un príncipe o una hermanastra.
  6. El cuento propio: mi mochila de la felicidad (15 min). Cada uno teje o dibuja una mochila con tres hilos de colores, y le pone una palabra a cada hilo:
    • algo que sé hacer bien;
    • alguien que escojo tener cerca;
    • algo que quiero aprender.
  7. Cerrar la mochila (5 min). Animómetro de salida. Cada uno completa la frase: «Mi felicidad la tejo yo cuando…».

Cómo se ve la triada en esta sesión

Dimensión

Dónde aparece

Aprender escuchando (la urdimbre)

La lectura por turnos del cuento de Perrault, escuchar las respuestas de Cenicienta en la silla

Aprender sintiendo (la trama)

Ponerse en el lugar de Cenicienta o de una hermanastra, reconocer lo que nos hace felices, el animómetro

Aprender haciendo (la mochila)

Marcar los descubrimientos, actuar en la silla, tejer o dibujar la mochila de la felicidad

Un cuidado. Si en la silla de Cenicienta algún niño o niña habla de humillaciones o maltrato que parecen propios, la facilitadora lo acompaña con calma, no lo expone delante del grupo y sigue la ruta del protocolo de la biblioteca.

Para cerrar

A veces un cuento que creemos conocer de memoria nos está esperando con algo nuevo. Cenicienta no tiene por qué ser la historia de una niña que aguanta y espera. Si la volvemos a leer, puede ser la historia de una muchacha generosa, que va al baile a disfrutar, que no se apura y que elige perdonar. Y, sobre todo, puede recordarnos que la felicidad no se recibe de un hada: se teje, como una mochila, hilo por hilo.

¿Y tú, cuál de los tres caminos (el vestido, el hada o el príncipe) has visto más cerca? ¿Y qué hilo le pondrías a tu propia mochila de la felicidad? Te leo en los comentarios.

Referencias

  • Perrault, Charles. Cendrillon ou la petite pantoufle de verre [Cenicienta o el zapatito de cristal]. En Histoires ou contes du temps passé, 1697. Dominio público.
  • Grimm, Jacob y Wilhelm. Aschenputtel [Cenicienta]. En Cuentos de la infancia y del hogar, 1812. Dominio público.
  • Texto de origen: artículo traducido, al parecer de origen ruso, sin autoría consignada, que relee Cenicienta.

 

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