Sobre esta entrada. Es la
continuación de ¿Los cuentos de hadas hacen daño?. Adapta un artículo
traducido, al parecer de origen ruso, sin autoría consignada, que relee Cenicienta
para buscar otra idea de la felicidad. Lo que dice el artículo se contrastó con
el cuento de Charles Perrault (1697). Las conexiones con Riohacha y la sesión
son propuesta de Cura-Kuens.
Casi todas las niñas del
mundo han jugado alguna vez a ser Cenicienta. Pocas quieren ser la Sirenita o
la Bella Durmiente: la favorita es ella, la que pasa de las cenizas al palacio
en una sola noche. En la entrada anterior vimos que los cuentos pueden volverse
guiones de vida. Hoy hacemos algo distinto: volvemos a leer el cuento con
calma, como quien vuelve a mirar una mochila vieja y descubre hilos que
nunca había visto.
La
Cenicienta que creemos conocer
El artículo que recibí
compara Cenicienta con el «sueño americano»: la historia del pobre que
de un momento a otro se vuelve millonario. Una felicidad que llega de golpe,
como un rayo, sin camino. Y propone que muchas niñas crecen con un mapa de la
felicidad que dice más o menos así:
- Una niña buena aguanta en silencio que la
humillen.
- Trabaja duro, aunque no le guste, y espera.
- Alguien, un hada, verá su paciencia y la
premiará.
- Un vestido y unos zapatos la volverán bella.
- El príncipe se enamorará de la más bella.
- El príncipe la salvará y le dará la felicidad.
Según el artículo, ese mapa
puede llevar a tres caminos tristes en la vida adulta:
- El de los vestidos:
buscar la belleza solo afuera, en la ropa, el maquillaje o el cuerpo,
sobre todo si nadie le dijo nunca a la niña que era bonita tal como era.
- El del hada: trabajar sin
descanso, cargar con todo en la casa y en el trabajo, aguantar injusticias
en silencio y esperar que algún día alguien lo agradezca. Mientras tanto,
la rabia y la desilusión se van acumulando por dentro.
- El del príncipe:
creer que la felicidad depende de encontrar a la persona perfecta, y
sentirse estafada cuando el amor no la resuelve.
Vale la pena preguntarse:
¿cuántas mujeres conocemos, en Riohacha y en todas partes, que caminan por
alguno de esos tres caminos?
Releer el
cuento
La autora del artículo
cuenta que, ya adulta, volvió a leer Cenicienta y descubrió cosas que no
recordaba. Lo comprobé con la versión de Charles Perrault, publicada en
Francia en 1697, que es la que dio origen al hada madrina, la calabaza y el
zapatito de cristal. Y es cierto: el cuento dice más de lo que solemos
recordar.
Lo que sí
dice el cuento de Perrault
- No hubo un solo baile, sino dos. Y
en el primero, Cenicienta no corre detrás del príncipe.
- En el primer baile se sienta junto a sus
hermanastras y comparte con ellas las naranjas y los
limones que el príncipe le había regalado. Ellas no la reconocen.
- No se venga. Al final, cuando las
hermanastras le piden perdón, Cenicienta las perdona de corazón, las lleva
a vivir al palacio y les ayuda a casarse.
- Su padre es un gentilhombre, un
hombre de buena familia, que vive dominado por su nueva esposa y no la
defiende.
Lo que el
artículo agrega por su cuenta
El artículo dice que
Cenicienta era una «estilista» con su propia clientela. El cuento no dice eso.
Lo que sí cuenta Perrault es que las hermanastras le pedían consejo para
arreglarse antes del baile, porque tenía buen gusto, y que ella las peinaba. El
artículo convierte ese detalle en una profesión. Es una lectura creativa, no lo
que dice el texto.
Otras
Cenicientas
Perrault no es la única
versión. En la de los hermanos Grimm, no hay hada madrina: Cenicienta
llora sobre la tumba de su madre, allí crece un árbol y unas palomas la ayudan.
Y el final es mucho más duro con las hermanastras. Hay versiones de Cenicienta
en casi todas las culturas del mundo, desde China hasta África. Cada pueblo le
pone a la historia su propia idea de la justicia y de la felicidad.
La
Cenicienta que aparece al releer
Si juntamos lo que de
verdad dice Perrault, aparece una Cenicienta distinta de la que esperaba al
príncipe:
- es generosa, incluso con quienes la tratan
mal;
- va al baile a disfrutar, no a cazar marido;
- no se apura a decir quién es cuando el
príncipe la busca;
- y elige perdonar, en lugar de vengarse.
Como dice el artículo, el
cuento no trata de cómo encontrar a un príncipe, sino de cómo encontrarse a una
misma.
Lo que
tomamos y lo que no
Lo que sí
tomamos
- Releer los clásicos.
Muchas veces recordamos las películas y no los cuentos. Volver al texto
puede cambiar por completo su sentido.
- Mirar los «mapas» que nos dejaron los cuentos,
para decidir si queremos seguirlos o no.
- La idea central:
nadie puede hacer feliz a otra persona. La felicidad no llega en una
carroza.
Lo que no
tomamos
- Que «el hemisferio derecho está más
desarrollado en las niñas» y por eso son más
emocionales. Es un mito que la ciencia del cerebro no respalda. Niñas y
niños sienten y piensan con todo el cerebro.
- La burla a las mujeres que se arreglan o se
hacen cirugías (el artículo las llama «hadas de plástico»).
Cada quien decide sobre su cuerpo. Lo que sí vale la pena es que una niña
escuche desde pequeña que es valiosa y bonita tal como es.
- La Cenicienta «perfecta» que nunca se enoja y a
la que nada le duele. El artículo la presenta como un ejemplo de no sentir
rabia ni dolor. En Cura-Kuens creemos lo contrario: sentir rabia o
tristeza ante una injusticia es natural, y lo importante es qué
hacemos con lo que sentimos. Perdonar es una decisión hermosa, pero no una
obligación.
- Que aceptar el maltrato «con calma» sea una
virtud. Si una niña o una mujer es maltratada en su
casa, no se trata de aguantar con serenidad: se trata de buscar ayuda.
La
felicidad se teje
En La Guajira tenemos una
imagen que lo dice mejor que cualquier príncipe: la mochila. Nadie la
recibe hecha de un hada. Se teje hilo por hilo, con paciencia, a veces
deshaciendo y volviendo a empezar, como enseñó Wale'kerü. Y tiene una ventaja: la
teje quien la va a usar.
Así es la felicidad. No la
da un vestido ni un matrimonio. La vamos tejiendo con lo que somos, con lo que
aprendemos y con la gente que escogemos tener cerca. Y si en el camino aparece
alguien con quien compartirla, qué bueno. Pero la mochila sigue siendo nuestra.
Sesión en
la Biblioteca Comuna 10: «Cenicienta tiene la palabra»
Para niñas y niños de 10 a
14 años · 1 hora y 15 minutos · de 10 a 16 participantes · continuación de
«Detectives de noticias y una Cenicienta de Riohacha»
Materiales: la
mochila de los talleres, el ovillo de Wale'kerü, la versión de Perrault de Cenicienta
(de dominio público), una silla decorada como «trono de Cenicienta», hilos o
lanas de tres colores, cartulina, colores y las tarjetas del animómetro.
- Abrir la mochila (5
min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno dice qué recuerda de
Cenicienta: de la película, de un libro o de lo que le contaron.
- Urdir: lo que creemos recordar (10
min). En un papel grande escribimos entre todos «la Cenicienta que
recordamos»: cómo era, qué quería, qué hizo.
- El cuento (15 min).
Leemos la versión de Perrault en voz alta, por turnos. Cada vez que
aparece algo que no recordaban (los dos bailes, las naranjas compartidas,
el perdón), lo marcan con una estrella.
- Pasar la trama (10
min). Pasando el ovillo, cada uno dice qué descubrió al releer: «No
sabía que…».
- Tejer: la silla de Cenicienta (15
min). Un voluntario se sienta en el «trono» y responde como si fuera
Cenicienta. Los demás le hacen preguntas: «¿Por qué compartiste las
naranjas con tus hermanastras?», «¿Querías casarte con el
príncipe?», «¿Qué sentiste cuando te humillaban?», «¿Qué te
gustaría decirle a una niña de Riohacha?». Se pueden turnar dos o tres
Cenicientas, y también un príncipe o una hermanastra.
- El cuento propio: mi mochila de la felicidad (15
min). Cada uno teje o dibuja una mochila con tres hilos de colores, y
le pone una palabra a cada hilo:
- algo que sé hacer bien;
- alguien que escojo tener cerca;
- algo que quiero aprender.
- Cerrar la mochila (5
min). Animómetro de salida. Cada uno completa la frase: «Mi
felicidad la tejo yo cuando…».
Cómo se ve la triada en
esta sesión
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Dimensión |
Dónde aparece |
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Aprender escuchando (la
urdimbre) |
La lectura por turnos del
cuento de Perrault, escuchar las respuestas de Cenicienta en la silla |
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Aprender sintiendo (la
trama) |
Ponerse en el lugar de
Cenicienta o de una hermanastra, reconocer lo que nos hace felices, el
animómetro |
|
Aprender haciendo (la mochila) |
Marcar los
descubrimientos, actuar en la silla, tejer o dibujar la mochila de la
felicidad |
Un cuidado. Si en la
silla de Cenicienta algún niño o niña habla de humillaciones o maltrato que
parecen propios, la facilitadora lo acompaña con calma, no lo expone delante
del grupo y sigue la ruta del protocolo de la biblioteca.
Para
cerrar
A veces un cuento que
creemos conocer de memoria nos está esperando con algo nuevo. Cenicienta
no tiene por qué ser la historia de una niña que aguanta y espera. Si la
volvemos a leer, puede ser la historia de una muchacha generosa, que va al
baile a disfrutar, que no se apura y que elige perdonar. Y, sobre todo, puede
recordarnos que la felicidad no se recibe de un hada: se teje, como una
mochila, hilo por hilo.
¿Y tú, cuál de los tres
caminos (el vestido, el hada o el príncipe) has visto más cerca? ¿Y qué hilo le
pondrías a tu propia mochila de la felicidad? Te leo en los comentarios.
Referencias
- Perrault, Charles. Cendrillon ou la petite pantoufle de verre
[Cenicienta o el zapatito de cristal]. En Histoires ou contes du temps
passé, 1697. Dominio público.
- Grimm, Jacob y Wilhelm. Aschenputtel
[Cenicienta]. En Cuentos de la infancia y del hogar, 1812. Dominio
público.
- Texto de origen: artículo traducido, al
parecer de origen ruso, sin autoría consignada, que relee Cenicienta.

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