Hoy vivimos
en una avalancha de historias. Todo el día nos arrastran, nos conmueven, nos
hacen llorar y reír. La novelista británica A. S. Byatt lo dijo así: contar
historias es parte de la naturaleza humana, como la respiración y la
circulación de la sangre.
Piensa en
una totuma de agua fresca de la tinaja. Parece solo agua. Pero esa agua vino
del cielo en un aguacero, corrió por el río Ranchería y se guardó en el pozo.
También es el agua del cuento de la abuela, la que curó al niño con fiebre. En
una totuma de agua caben muchas historias.
Las
historias tienen poder: con ellas planeamos, decidimos y juzgamos buena parte
de la vida. El ejemplo más antiguo es Sherezade, la de Las mil y una noches:
salvó su vida contando un cuento cada noche.
Tres razones
por las que necesitamos historias
- Para guardar la memoria.
Recordamos mucho mejor lo que nos cuentan como historia que lo que nos
dicen como dato. Por eso la vida de un inventor se convierte en cuento y
un hecho histórico se vuelve inolvidable cuando alguien lo narra.
- Para cambiar el corazón. Una
historia de vida puede darle valor y esperanza a quien la escucha. Un
estudiante cambia cuando su maestra le cuenta cómo fue su propia infancia.
- Para comprender el mundo.
Entendemos mejor con historias concretas que con explicaciones abstractas.
Por eso cada pueblo tiene sus mitos de origen y sus héroes. Los wayuu, por
ejemplo, cuentan el origen del mundo con Maleiwa, el creador. Estos
relatos le dan a un pueblo su identidad y ponen orden en el mundo.
Cinco
condiciones de una historia que atrapa
1. Una
estructura con conflicto
Un narrador
hizo esta prueba con dos grupos de niños de primero y segundo grado. Usó los
mismos personajes, la misma voz y la misma expresión. Lo único que cambió fue
la estructura del cuento.
- Al grupo A le contó: «Había
una vez una abuela que vivía en una ranchería. Sembró mucho frijol en su
roza. Un día, mientras trabajaba, de repente apareció un tigre. ¡Y el
tigre se la quiso comer!»
- Al grupo B le contó: «Había
una vez una abuela que vivía en una ranchería. Era de mañana. El sol
redondo salió alto. Hacía buen tiempo. La abuela se levantó, dobló su
chinchorro y se fue a sembrar frijol.»
Los niños
del grupo A se fueron metiendo cada vez más en el cuento, con los ojos
encendidos como faroles. Los del grupo B se distrajeron en menos de dos
minutos. La diferencia estaba en el conflicto. Una historia que atrapa
necesita un problema, un momento de mayor tensión y un giro.
2.
Personajes claros
Toda buena
historia tiene un protagonista que quiere algo y un antagonista
fuerte que se lo impide. Muchas veces aparecen también ayudantes: uno
que ayuda al protagonista y otro que ayuda al antagonista. Cada personaje debe
tener su propio color y comportarse siempre de acuerdo con su manera de ser.
Así los hechos nacen de lo que cada uno hace y dice.
3. El
encanto del giro
Aristóteles
enseñaba que el final debe ser inevitable y, al mismo tiempo, inesperado. Al
público le gusta adivinar lo que va a pasar, pero lo disfruta todavía más
cuando la historia lo sorprende. Un consejo para quien narra: que esperen el
siguiente cuento, pero que no lo adivinen.
4. Compasión
y miedo
Para
Aristóteles, la tragedia produce catarsis, la descarga de las emociones,
a través de la compasión y el miedo. Sentimos compasión cuando el protagonista
sufre sin merecerlo, y miedo cuando pensamos que eso también nos podría pasar a
nosotros. Por eso nos gustan tan poco los finales que se resuelven «por arte de
magia», con un dios que baja del cielo y arregla todo: el deus ex machina.
En los cuentos para niños no hace falta una tragedia. Basta con una dificultad
de verdad que el héroe tenga que atravesar con su propio esfuerzo.
5. El
público sabe lo que el héroe no sabe
Cuando el
público conoce un secreto que el protagonista ignora, la emoción sube. Cualquiera
que haya hecho teatro de títeres en Riohacha lo sabe: cuando el tigre se acerca
por detrás de Tío Conejo, los niños gritan «¡Cuidado, detrás de ti!». A
ese recurso se le llama ironía dramática, y hace que el público se meta
por completo en la historia.
Crea tu
propio cuento, paso a paso
- Define a tu protagonista. Escoger
cómo es el personaje es la parte más importante. De su manera de ser nacen
sus acciones, y de sus acciones nace la trama. Si el personaje cambia, el
cambio tiene que tener una razón.
- Ponle un tiempo y un lugar. Ningún
hecho ocurre en el aire. ¿Es de noche en la enramada? ¿Es mediodía en la
playa de Riohacha?
- Escoge el conflicto. ¿Qué
quiere el protagonista y qué se lo impide?
- Dale fuerza al antagonista. Tiene
que ser más poderoso que el héroe. A veces hasta despierta simpatía.
- Llévalo al límite. El héroe
se queda solo, rodeado de obstáculos, y parece que no hay salida. Ahí está
la cima del conflicto.
- Haz entrar al ayudante. Justo
cuando todo parece perdido, aparece alguien que da la mano: un abuelo, un
animal, un amigo.
- Siembra una pista. Deja
al principio una señal pequeña de lo que va a pasar al final. Cuando el
público llegue allá, dirá: «¡Ah, era eso!». En el texto original se
le llama doble pista.
- Dale sentido al final. El
final revela lo que piensa y siente quien cuenta. Aunque sea triste, debe dejar
algo que valga la pena llevarse a casa.
La triada en
esta entrada
|
Dimensión |
Qué
hacemos |
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Escuchar
(urdimbre) |
Contamos
los dos comienzos, el del tigre y el del sol, y los niños escuchan cuál los
atrapa. |
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Sentir (trama) |
Con
títeres, los niños sienten la tensión de saber lo que el héroe no sabe y
gritan «¡detrás de ti!». |
|
Hacer (mochila) |
Cada niño
arma su propio cuento con tres tarjetas, quién, qué quiere y quién
se lo impide, y lo guarda en la mochila. |
Consejo de
la abuela Carey: «Un cuento sin tigre es una siesta, mija. Ponle su tigre al
carajito, pero no se te olvide ponerle también quien le dé la mano.»
Contar
historias no es dar un informe
La palabra
inglesa storytelling une story, «historia», y telling,
«contar». La terminación -ing indica algo que está pasando ahora. Por
eso contar historias es un acto vivo: quien cuenta y quien escucha comparten el
momento y le ponen a la historia su imaginación y sus emociones. Una historia
reúne personajes, hechos y un trasfondo: quién lo hizo, cuándo, dónde y cómo.
Contar no es solo hablar; también es la voz, el gesto y el cuerpo.
Contar
historias tampoco es dar un informe de los hechos. Es mostrar el significado
personal que una persona o un objeto tiene para alguien. Por eso la misma historia
cambia según quien la cuenta y quien la escucha, y sigue cambiando cada vez que
alguien la vuelve a contar. Así son los kuens.
Un cuidado
necesario
Las
historias pueden mover el corazón para bien o para mal. Hoy las marcas venden
historias junto con sus productos. En la historia del mundo, también hubo mitos
que se usaron para despreciar y perseguir a pueblos enteros, como el mito de la
«raza superior» que difundió el nazismo. Quien cuenta tiene una gran
responsabilidad. En Cura-Kuens contamos para cuidar, unir y sanar, nunca para
manipular ni para hacer menos a nadie.
Fuente
Resumen y
traducción de Cura-Kuens a partir de:
- Dolan, G. y Naidu, Y.
(2013). Hooked: How Leaders Connect, Engage and Inspire with
Storytelling. Milton, Australia: Wiley. Edición coreana: 팩트보다 강력한 스토리텔링의 힘 [El
poder del storytelling, más fuerte que los hechos]. Seúl: 트로이목마.



