sábado, 31 de agosto de 2024

La voz que cuenta: cuentoterapia en preescolar para hablar, jugar y crecer

 

El cuento le regala palabras al niño

No hay quien no guarde con cariño los cuentos de la infancia: la voz suave de la mamá o de la abuela, los paisajes, los personajes que parecían vivos y el bien que siempre ganaba. En el preescolar, la cuentoterapia aprovecha todo eso para algo muy concreto: ayudar a los niños a hablar mejor, a entender el mundo y a relacionarse con los demás.

En la casa usamos casi siempre palabras de todos los días: «ven», «come», «báñate». Son necesarias, pero se quedan cortas. El cuento trae lo que falta: comparaciones («fría como el agua de la tinaja»), adjetivos («la tortuga vieja y sabia») y expresiones con imagen («se le aguaron los ojos»). Con esos modelos, el niño aprende su lengua con más riqueza y más rapidez, y su habla se vuelve más expresiva.

En Riohacha y en comunidades como la del Centro Etnoeducativo n.º 17 Koushatchon, muchos niños crecen entre el español y el wayuunaiki. Ahí el cuento hace doble trabajo: alimenta las dos lenguas y le dice al niño que la palabra de sus abuelos también vale en la escuela.

Tres funciones del cuento y a quién le toca cada una

En psicología se suelen distinguir tres funciones de los cuentos: diagnóstica, correctiva (terapéutica) y pronóstica. Es importante saber quién puede usar cada una.

Función

Qué busca

Quién la usa

En Cura-Kuens

Diagnóstica

Que el niño invente un cuento, por ejemplo sobre un niño de cinco años, para conocer cómo suele responder ante las situaciones y lo que no puede o no quiere decir con palabras.

Solo un psicólogo o una psicóloga, con formación y dentro de un proceso de acompañamiento.

No interpretamos ni diagnosticamos. Escuchamos con respeto y, si algo preocupa, se habla con la familia y con un profesional.

Pronóstica

Que el cuento muestre cómo podrían desarrollarse los hechos en la vida de la persona, paso a paso, como muñecas que se guardan una dentro de otra.

Solo especialistas, con mucha prudencia.

No la usamos. Ningún cuento decide el futuro de un niño.

Correctiva (acompañar)

Que, gracias al cuento, el ánimo y la conducta del niño mejoren. Se usa un cuento de autor, uno popular o uno que se crea entre el adulto y el niño.

Psicólogos, docentes, narradoras y familias, cada quien en su lugar.

Es nuestro campo: escoger bien el cuento, contarlo bien y conversar después.

Escoger el cuento es parte del trabajo. Antes de contarlo, el adulto piensa en qué está viviendo el niño: una pelea con el hermanito, miedo a la oscuridad, un cambio de casa. Así escoge el cuento que puede ayudarle y que le muestra otras maneras de actuar.

Cuentos que enseñan sin regañar

  • «Tío Conejo y Tío Tigre» muestra que la astucia vale más que la fuerza, y que no conviene confiar en cualquiera que te habla bonito.
  • «Cenicienta» expresa con claridad que la bondad termina ganando.
  • Un cuento para la hora de comer: en vez de regañar o prometer premios, se puede contar el cuento de la cocina de la abuela, donde el ñame, la arepa y el pescado esperan a la familia para la merienda. Contarlo funciona mejor que insistir, pero nunca se obliga a comer.

Contar es poner en escena una pequeña obra

Parece fácil leerle o contarle un cuento a un niño, pero no lo es. Si el adulto lee con cara aburrida y sin expresión, el niño también se aburre. En cambio, si quien narra se transforma por dentro en los personajes, el niño entra al mundo mágico del cuento. Para eso, la narradora puede:

  • cambiar la voz: astuta para Tío Conejo, grave y lenta para la abuela Carey, chillona para el cangrejito;
  • bajar la voz cuando el niño tiene que estar más atento o cuando viene el susto;
  • hacer pausas, mirar a los ojos y dejar que el silencio haga su parte.

Como narradora oral lo he comprobado muchas veces: los niños no recuerdan solo el cuento, recuerdan cómo se lo contaron.

Que los niños también cuenten

En las clases de lenguaje se puede invitar a los niños a narrar con nosotros. Funciona mejor con cuentos que ya conocen:

  • Darles voz a los personajes: unos niños hacen de Tío Conejo y otros de Tío Tigre.
  • Dramatizar un episodio: solo una escena, la más querida.
  • Adivinar el cuento por las imágenes: se muestran láminas del kamishibai y se adivina de qué cuento son.
  • Ordenar las ilustraciones: se revuelven las láminas y entre todos las ponen en el orden de la historia.
  • Teatro de títeres: con títeres de mano o de calcetín, el cuento se vuelve juego.

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchar a la narradora cambiar la voz para cada personaje y descubrir las palabras nuevas del cuento.

Sentir (trama)

Sentir el susto cuando la voz baja y la alegría cuando el bien gana. Ponerle nombre a lo que sintió cada personaje.

Hacer (mochila)

Prestarle la voz a un personaje, ordenar las láminas o mover un títere. Cada niño guarda en la mochila una palabra nueva que aprendió con el cuento.

Consejo de la abuela Carey: «El cuento no se lee, mija: se cuenta con el cuerpo entero. Si tú no ves al tigre, el carajito tampoco lo ve.»

Un proyecto con esqueleto, pero con aire

Para que la cuentoterapia dé frutos en el preescolar, hay que escoger los cuentos según la edad de los niños y lo que están viviendo. Conviene planear el proyecto con anticipación y para un tiempo largo, por ejemplo un semestre: qué cuentos, en qué orden y con qué actividades. Ese es el esqueleto.

Pero no puede ser un plan rígido. La docente o la narradora tiene que sentir en qué momento conviene un cuento y cuándo es mejor guardarlo para otro día. Si los niños llegan alborotados después de la brisa fuerte, quizás toca primero un cuento de relajación. El esqueleto se respeta, pero el cuento respira.

Para seguir leyendo

  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii [Cuentoterapia. Sobre los miedos de los niños y un nuevo método de terapia]. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. ([2016?]). Bajki terapeutyczne [Cuentos terapéuticos], parte 1 (2.ª ed. corregida y aumentada). Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. (2011). Biblioterapia i bajkoterapia. Rola literatury w procesie zmiany rozumienia świata społecznego i siebie [Biblioterapia y cuentoterapia: el papel de la literatura en el cambio de la comprensión del mundo social y de uno mismo]. Poznań: Media Rodzina.
  • Jędrzejewska-Wróbel, R. y otros (2011). Bezpieczna fajka. Varsovia: Nasza Księgarnia.

 


El cuento de vida: lo que la realidad no alcanza a nombrar

 

Vivimos dentro de los cuentos que nos contamos

En la entrada anterior, El cuento que nos contamos, vimos que un mismo aguacero puede ser una tragedia o una fiesta, según quién lo cuente. Hoy damos un paso más.

Un cuento de vida es la manera en que interpretamos, comprendemos y valoramos lo que nos pasa, convertida en una historia con emoción y con sentido. Es una descripción a la manera humana. Es una de las imágenes que llevamos por dentro de la vida.

El formato de la realidad hace otra cosa: cuenta en orden lo que pasó, con hechos y cifras, lo más objetivo posible, sin metáforas ni emociones. Las dos miradas son necesarias. Pero hay cosas que la realidad sola no alcanza a nombrar.

Lo que solo vive en el cuento

Con la cabeza sabemos que el mundo está hecho de átomos, moléculas y leyes de la física. Desde la ciencia, el mundo funciona como una máquina. Pero el cuento le da al mundo alma y vida. Mira estos ejemplos:

En la realidad hay…

En el cuento hay…

Dos personas que se atraen; hormonas, instinto, biología.

Amor: alguien que espera, que cree, que cuida.

Un lugar de nacimiento, una dirección, un registro civil.

La tierra: Riohacha, la Calle Segunda, el olor a mar, la voz de la abuela.

Una mujer que dio a luz, alimentó y cuidó a un niño.

Mamá.

Alguien se acercó, puso las manos sobre mis hombros y se fue.

Un abrazo: me quiere, se me calentó el pecho, dos almas se dieron calor.

Nada de lo que está en la columna de la izquierda es falso. Pero quien vive solo con esa columna se queda sin lo más importante. Quien no conoce la historia del amor no sabe amar, creer ni esperar.

Por eso los cuentos son necesarios, absolutamente necesarios. Criar a un niño es, entre otras cosas, regalarle los cuentos de su cultura y los de la humanidad. Así aprende a vivir entre la gente y a construir una vida que valga la pena contar.

Cuentos que levantan y cuentos que hunden

Frente a un mismo hecho, cada persona crea su cuento. Ese es un campo de libertad y de creatividad. Los cuentos de vida se pueden ordenar así:

  • Positivos o negativos, según cómo termine la historia que nos contamos.
  • Románticos o cínicos. El romántico mira con buenos ojos lo que hacen las personas. El cínico siempre sospecha lo peor.

Un ejemplo de Riohacha: la vecina le trae a la abuela una olla de sancocho.

  • El cuento romántico dice: «se acordó de nosotros».
  • El cuento cínico dice: «lo hizo para que después le prestemos el hueso».

El sancocho es el mismo. Lo que cambia es el cuento con el que nos lo comemos.

La mirada wayuu: todo es kuens

Esta manera de clasificar los cuentos viene de la psicología occidental. En La Guajira, el pueblo wayuu nos enseña otra cosa. Para los wayuu no existe una distinción de géneros narrativos. Todo se recoge en una sola palabra, kuens, un préstamo del español «cuentos». Kuens abarca los mitos, las leyendas, las fábulas, los cuentos tradicionales y las anécdotas.

Esos relatos no tienen autor: son de creación colectiva y pertenecen a todos. Los wayuu suelen llamarlos sukujala alaulayu, «lo que cuentan los viejos», o dicen tu akujalaakaa shiaja'a waneekasa ji, «los relatos vienen de la antigüedad». Se cuentan en la enramada, en la cocina de la ranchería, en los espacios del tejido y en los velorios. Los cuentan los alaulas (los mayores) y los jayeechimachis, que recitan los jayeechis o cantos.

Así, para un niño wayuu, un cuento no es primero «positivo» o «romántico». Es, ante todo, lo que cuentan los viejos: una herencia que enseña, entretiene, reúne a la familia y ayuda a distinguir lo bueno de lo malo. Por eso, en Cura-Kuens, las clasificaciones nos sirven como herramientas, pero el centro siempre es la palabra de los mayores.

Fuente: Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.

Taller: «Mi diccionario de dos columnas»

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchamos el cuento del abrazo: lo que pasó en la realidad y lo que pasó en el cuento.

Sentir (trama)

Cerramos los ojos y recordamos un abrazo de alguien que nos quiere. ¿Dónde se sintió el calor?

Hacer (mochila)

En una hoja con dos columnas, «Lo que pasó» y «Lo que sentí», escribimos o dibujamos tres momentos. Por ejemplo: me prestó su lápiz / tengo un amigo. La hoja se guarda en la mochila de los cuentos.

Consejo de la abuela Carey: «La sal es sal, mija, y el mar es agua. Pero el día que te besó la ola por primera vez, eso no lo mide nadie. Guárdate ese cuento, que es tuyo.»

 

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