viernes, 31 de mayo de 2024

El poder de las historias: cómo se arma un cuento que atrapa

 

Una avalancha de historias

Hoy vivimos en una avalancha de historias. Todo el día nos arrastran, nos conmueven, nos hacen llorar y reír. La novelista británica A. S. Byatt lo dijo así: contar historias es parte de la naturaleza humana, como la respiración y la circulación de la sangre.

Piensa en una totuma de agua fresca de la tinaja. Parece solo agua. Pero esa agua vino del cielo en un aguacero, corrió por el río Ranchería y se guardó en el pozo. También es el agua del cuento de la abuela, la que curó al niño con fiebre. En una totuma de agua caben muchas historias.

Las historias tienen poder: con ellas planeamos, decidimos y juzgamos buena parte de la vida. El ejemplo más antiguo es Sherezade, la de Las mil y una noches: salvó su vida contando un cuento cada noche.

Tres razones por las que necesitamos historias

  1. Para guardar la memoria. Recordamos mucho mejor lo que nos cuentan como historia que lo que nos dicen como dato. Por eso la vida de un inventor se convierte en cuento y un hecho histórico se vuelve inolvidable cuando alguien lo narra.
  2. Para cambiar el corazón. Una historia de vida puede darle valor y esperanza a quien la escucha. Un estudiante cambia cuando su maestra le cuenta cómo fue su propia infancia.
  3. Para comprender el mundo. Entendemos mejor con historias concretas que con explicaciones abstractas. Por eso cada pueblo tiene sus mitos de origen y sus héroes. Los wayuu, por ejemplo, cuentan el origen del mundo con Maleiwa, el creador. Estos relatos le dan a un pueblo su identidad y ponen orden en el mundo.

Cinco condiciones de una historia que atrapa

1. Una estructura con conflicto

Un narrador hizo esta prueba con dos grupos de niños de primero y segundo grado. Usó los mismos personajes, la misma voz y la misma expresión. Lo único que cambió fue la estructura del cuento.

  • Al grupo A le contó: «Había una vez una abuela que vivía en una ranchería. Sembró mucho frijol en su roza. Un día, mientras trabajaba, de repente apareció un tigre. ¡Y el tigre se la quiso comer!»
  • Al grupo B le contó: «Había una vez una abuela que vivía en una ranchería. Era de mañana. El sol redondo salió alto. Hacía buen tiempo. La abuela se levantó, dobló su chinchorro y se fue a sembrar frijol.»

Los niños del grupo A se fueron metiendo cada vez más en el cuento, con los ojos encendidos como faroles. Los del grupo B se distrajeron en menos de dos minutos. La diferencia estaba en el conflicto. Una historia que atrapa necesita un problema, un momento de mayor tensión y un giro.

2. Personajes claros

Toda buena historia tiene un protagonista que quiere algo y un antagonista fuerte que se lo impide. Muchas veces aparecen también ayudantes: uno que ayuda al protagonista y otro que ayuda al antagonista. Cada personaje debe tener su propio color y comportarse siempre de acuerdo con su manera de ser. Así los hechos nacen de lo que cada uno hace y dice.

3. El encanto del giro

Aristóteles enseñaba que el final debe ser inevitable y, al mismo tiempo, inesperado. Al público le gusta adivinar lo que va a pasar, pero lo disfruta todavía más cuando la historia lo sorprende. Un consejo para quien narra: que esperen el siguiente cuento, pero que no lo adivinen.

4. Compasión y miedo

Para Aristóteles, la tragedia produce catarsis, la descarga de las emociones, a través de la compasión y el miedo. Sentimos compasión cuando el protagonista sufre sin merecerlo, y miedo cuando pensamos que eso también nos podría pasar a nosotros. Por eso nos gustan tan poco los finales que se resuelven «por arte de magia», con un dios que baja del cielo y arregla todo: el deus ex machina. En los cuentos para niños no hace falta una tragedia. Basta con una dificultad de verdad que el héroe tenga que atravesar con su propio esfuerzo.

5. El público sabe lo que el héroe no sabe

Cuando el público conoce un secreto que el protagonista ignora, la emoción sube. Cualquiera que haya hecho teatro de títeres en Riohacha lo sabe: cuando el tigre se acerca por detrás de Tío Conejo, los niños gritan «¡Cuidado, detrás de ti!». A ese recurso se le llama ironía dramática, y hace que el público se meta por completo en la historia.

Crea tu propio cuento, paso a paso

  1. Define a tu protagonista. Escoger cómo es el personaje es la parte más importante. De su manera de ser nacen sus acciones, y de sus acciones nace la trama. Si el personaje cambia, el cambio tiene que tener una razón.
  2. Ponle un tiempo y un lugar. Ningún hecho ocurre en el aire. ¿Es de noche en la enramada? ¿Es mediodía en la playa de Riohacha?
  3. Escoge el conflicto. ¿Qué quiere el protagonista y qué se lo impide?
  4. Dale fuerza al antagonista. Tiene que ser más poderoso que el héroe. A veces hasta despierta simpatía.
  5. Llévalo al límite. El héroe se queda solo, rodeado de obstáculos, y parece que no hay salida. Ahí está la cima del conflicto.
  6. Haz entrar al ayudante. Justo cuando todo parece perdido, aparece alguien que da la mano: un abuelo, un animal, un amigo.
  7. Siembra una pista. Deja al principio una señal pequeña de lo que va a pasar al final. Cuando el público llegue allá, dirá: «¡Ah, era eso!». En el texto original se le llama doble pista.
  8. Dale sentido al final. El final revela lo que piensa y siente quien cuenta. Aunque sea triste, debe dejar algo que valga la pena llevarse a casa.

La triada en esta entrada

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Contamos los dos comienzos, el del tigre y el del sol, y los niños escuchan cuál los atrapa.

Sentir (trama)

Con títeres, los niños sienten la tensión de saber lo que el héroe no sabe y gritan «¡detrás de ti!».

Hacer (mochila)

Cada niño arma su propio cuento con tres tarjetas, quién, qué quiere y quién se lo impide, y lo guarda en la mochila.

Consejo de la abuela Carey: «Un cuento sin tigre es una siesta, mija. Ponle su tigre al carajito, pero no se te olvide ponerle también quien le dé la mano.»

Contar historias no es dar un informe

La palabra inglesa storytelling une story, «historia», y telling, «contar». La terminación -ing indica algo que está pasando ahora. Por eso contar historias es un acto vivo: quien cuenta y quien escucha comparten el momento y le ponen a la historia su imaginación y sus emociones. Una historia reúne personajes, hechos y un trasfondo: quién lo hizo, cuándo, dónde y cómo. Contar no es solo hablar; también es la voz, el gesto y el cuerpo.

Contar historias tampoco es dar un informe de los hechos. Es mostrar el significado personal que una persona o un objeto tiene para alguien. Por eso la misma historia cambia según quien la cuenta y quien la escucha, y sigue cambiando cada vez que alguien la vuelve a contar. Así son los kuens.

Un cuidado necesario

Las historias pueden mover el corazón para bien o para mal. Hoy las marcas venden historias junto con sus productos. En la historia del mundo, también hubo mitos que se usaron para despreciar y perseguir a pueblos enteros, como el mito de la «raza superior» que difundió el nazismo. Quien cuenta tiene una gran responsabilidad. En Cura-Kuens contamos para cuidar, unir y sanar, nunca para manipular ni para hacer menos a nadie.

Fuente

Resumen y traducción de Cura-Kuens a partir de:

  • Dolan, G. y Naidu, Y. (2013). Hooked: How Leaders Connect, Engage and Inspire with Storytelling. Milton, Australia: Wiley. Edición coreana: 팩트보다 강력한 스토리텔링의 힘 [El poder del storytelling, más fuerte que los hechos]. Seúl: 트로이목마.

 


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