martes, 30 de abril de 2024

Había una vez… en La Guajira: cuentos de todos y leyendas de nuestra tierra


Detrás de las montañas… o donde el desierto se encuentra con el mar

En Polonia, muchos cuentos que se les cuentan a los niños del jardín empiezan así: «Había una vez, detrás de las montañas, detrás de los bosques…». En Riohacha podríamos empezar de otra manera: «Había una vez, allá donde el desierto se encuentra con el mar…». Los wayuu, en cambio, abren sus relatos recordándonos de dónde vienen: son sukujala alaulayu, «lo que cuentan los viejos».

Esas primeras palabras son una puerta. Al cruzarla, el niño entra a un mundo de imaginación que le va formando los sentimientos y los valores. Ahí aprende sobre la vida, sobre cómo es la gente y sobre cómo nos relacionamos unos con otros.

Como vimos en la entrada 32, el niño de preescolar solo «lee» por sí mismo las ilustraciones. El cuento le llega a través de la voz de quien narra, recita o lee. Por eso la docente escoge el cuento, lo acerca a lo que los niños están viviendo y decide cómo, dónde y cuándo contarlo.

Cuentos de todos y leyendas de nuestra tierra

Además de los cuentos que se conocen en muchas culturas, como Cenicienta o La bella durmiente, cada pueblo tiene sus propias historias. En Polonia los niños crecen con leyendas de su tierra. En La Guajira también tenemos las nuestras.

En Polonia

En La Guajira y Riohacha

El dragón de Wawel, que vivía en una cueva bajo el castillo de Cracovia.

Wale'kerü, la araña tejedora que le enseñó a tejer a la mujer wayuu.

Wars y Sawa, el pescador y la sirena de cuyos nombres nació Varsovia.

Juya y Pulowi: la lluvia y la mujer que habita los lugares de la sequía y del mar, en el relato wayuu.

El basilisco de Varsovia, que convertía en piedra con la mirada.

La Virgen de los Remedios y el mar de leva: la imagen que, según cuentan los riohacheros, detuvo el mar cuando quería tragarse la ciudad.

Estos relatos de la tierra propia le dicen al niño algo muy importante: mi pueblo también tiene cuentos, y yo vengo de ellos.

La imaginación tiene sus propias reglas

El mundo de los cuentos, igual que la imaginación de los niños, tiene sus propias leyes. Allí no importa si algo es probable o realista. Una araña puede enseñar a tejer, un caparazón puede guardar a una niña y el mar puede hablar. En la imaginación de un niño casi todo es posible. Al seguir los hilos de un cuento, el niño entrena su imaginación, que es fundamental para todo su desarrollo.

Un espejo de la infancia

Los cuentos muestran los problemas de la vida de manera sencilla y compacta. Así el niño puede captar su sentido moral profundo. En ellos se reflejan los anhelos, los problemas y los miedos de la infancia. También aparecen temas muy cercanos a los niños: el cariño de la familia, el amor por la mamá y el papá, los celos o la complicidad entre hermanos. Y todo eso pasa en un ambiente de asombro.

Taller: «Mi ‘Había una vez’»

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchamos el comienzo de un cuento polaco y el de una leyenda guajira. Después le preguntamos a un abuelo o a una abuela cómo empezaba los cuentos.

Sentir (trama)

Cerramos los ojos y sentimos el lugar donde empieza el cuento: el monte, el desierto, la playa, la enramada.

Hacer (mochila)

Cada niño inventa su propio comienzo, «Había una vez, allá donde…», lo dibuja y lo guarda en la mochila de los cuentos.

Consejo de la abuela Carey: «No importa si el cuento viene de lejos o de aquí cerquita, mija. Cuando lo cuentas en la enramada, ya es de aquí. Pero no te olvides de contar también los nuestros, que esos solo los tenemos nosotros.»

 

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