Detrás de las montañas… o donde el desierto se encuentra con el mar
En Polonia,
muchos cuentos que se les cuentan a los niños del jardín empiezan así: «Había
una vez, detrás de las montañas, detrás de los bosques…». En Riohacha
podríamos empezar de otra manera: «Había una vez, allá donde el desierto se
encuentra con el mar…». Los wayuu, en cambio, abren sus relatos
recordándonos de dónde vienen: son sukujala alaulayu, «lo que cuentan
los viejos».
Esas
primeras palabras son una puerta. Al cruzarla, el niño entra a un mundo de
imaginación que le va formando los sentimientos y los valores. Ahí aprende
sobre la vida, sobre cómo es la gente y sobre cómo nos relacionamos unos con
otros.
Como vimos
en la entrada 32, el niño de preescolar solo «lee» por sí mismo las
ilustraciones. El cuento le llega a través de la voz de quien narra, recita o
lee. Por eso la docente escoge el cuento, lo acerca a lo que los niños están
viviendo y decide cómo, dónde y cuándo contarlo.
Cuentos de
todos y leyendas de nuestra tierra
Además de
los cuentos que se conocen en muchas culturas, como Cenicienta o La
bella durmiente, cada pueblo tiene sus propias historias. En Polonia los
niños crecen con leyendas de su tierra. En La Guajira también tenemos las
nuestras.
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En Polonia |
En La
Guajira y Riohacha |
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El dragón
de Wawel, que vivía en una cueva bajo el castillo de Cracovia. |
Wale'kerü, la araña
tejedora que le enseñó a tejer a la mujer wayuu. |
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Wars y
Sawa, el pescador y la sirena de cuyos nombres nació Varsovia. |
Juya y
Pulowi: la lluvia y la mujer que habita los lugares de la sequía y del mar,
en el relato wayuu. |
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El
basilisco de Varsovia, que convertía en piedra con la mirada. |
La Virgen
de los Remedios y el mar de leva: la imagen que, según cuentan los riohacheros,
detuvo el mar cuando quería tragarse la ciudad. |
Estos
relatos de la tierra propia le dicen al niño algo muy importante: mi pueblo
también tiene cuentos, y yo vengo de ellos.
La
imaginación tiene sus propias reglas
El mundo de
los cuentos, igual que la imaginación de los niños, tiene sus propias leyes.
Allí no importa si algo es probable o realista. Una araña puede enseñar a
tejer, un caparazón puede guardar a una niña y el mar puede hablar. En la
imaginación de un niño casi todo es posible. Al seguir los hilos de un cuento,
el niño entrena su imaginación, que es fundamental para todo su desarrollo.
Un espejo de
la infancia
Los cuentos
muestran los problemas de la vida de manera sencilla y compacta. Así el niño
puede captar su sentido moral profundo. En ellos se reflejan los anhelos, los
problemas y los miedos de la infancia. También aparecen temas muy cercanos a
los niños: el cariño de la familia, el amor por la mamá y el papá, los celos o
la complicidad entre hermanos. Y todo eso pasa en un ambiente de asombro.
Taller: «Mi
‘Había una vez’»
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Dimensión |
Qué
hacemos |
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Escuchar
(urdimbre) |
Escuchamos
el comienzo de un cuento polaco y el de una leyenda guajira. Después le
preguntamos a un abuelo o a una abuela cómo empezaba los cuentos. |
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Sentir (trama) |
Cerramos
los ojos y sentimos el lugar donde empieza el cuento: el monte, el desierto,
la playa, la enramada. |
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Hacer (mochila) |
Cada niño
inventa su propio comienzo, «Había una vez, allá donde…», lo dibuja y
lo guarda en la mochila de los cuentos. |
Consejo de
la abuela Carey: «No importa si el cuento viene de lejos o de aquí cerquita, mija.
Cuando lo cuentas en la enramada, ya es de aquí. Pero no te olvides de contar
también los nuestros, que esos solo los tenemos nosotros.»

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