Sobre esta entrada. Adapta
un texto traducido, al parecer de origen ruso, sin autoría consignada, sobre
las historias visuales en preescolar. Las historias de ejemplo se reescribieron
para Riohacha; las aclaraciones y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.
Cuando una maestra cuenta
un cuento y al mismo tiempo dibuja en el tablero un sol, una casa, un perro,
los niños no le quitan los ojos de encima. Cuando pega en una tela una figura
de cartón justo en el momento en que aparece en la historia, se oye un «¡ahhh!»
en todo el salón. Eso es una historia visual: un cuento que no solo se
escucha, sino que también se ve aparecer.
En Colombia tenemos además
una tradición muy rica de libros álbum, esos libros donde la imagen y el
texto cuentan juntos, y donde a veces la imagen dice lo que las palabras
callan. Las historias visuales son primas hermanas de esos libros.
¿Por qué
funcionan?
- Atrapan la atención y
la sostienen hasta el final.
- Dan retroalimentación: la
maestra ve en la cara de los niños si la historia está llegando.
- Desarrollan el pensamiento, el habla y la
memoria, porque lo que se ve y se siente se recuerda
mejor que un dato seco.
- Permiten verse en el héroe, o
reconocer a un amigo, y pensar en lo que le pasa.
Una imagen puede decir lo
que dirían muchas palabras. Por eso, para los niños que todavía no leen, o que
están aprendiendo una segunda lengua, la historia visual es una puerta enorme.
Un
ejemplo para entenderlo
El texto propone comparar
dos maneras de explicar una palabra difícil. Adaptemos el ejemplo a nuestra
tierra, con la palabra «respeto»:
- La definición del diccionario: «Respeto:
consideración y trato amable hacia las personas, sus ideas y sus cosas».
- La historia: «En una ranchería,
junto al jagüey, vivía un chivito muy apurado que empujaba a todos para
beber primero. Un día empujó al abuelo burro, que era lento y viejo…»,
mientras la maestra dibuja el jagüey, el chivito y el burro.
No hace falta preguntar
cuál de las dos recordarán los niños.
Cuatro
maneras de contar con imágenes
|
Tipo |
Cómo es |
Con qué se puede hacer
aquí |
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Dibujando |
La maestra dibuja
mientras cuenta, o muestra dibujos hechos antes. La calidad del dibujo no
importa: un palito, un círculo y una sonrisa bastan |
Tablero, papel periódico
grande, tiza en el piso del patio, un palito en la arena |
|
Pegando (aplique) |
Las figuras se van
pegando sobre una hoja o un fondo a medida que aparecen en la historia |
Cartulina, recortes de
revistas, cinta de enmascarar, hojas secas, semillas |
|
Con imanes |
Igual que el aplique,
pero las figuras tienen un imán y se pegan en un tablero metálico |
El tablero del salón, la
puerta de la nevera en casa |
|
Con franelógrafo |
Las figuras, forradas en
fieltro o lija por detrás, se adhieren a una tela. ¡Es casi un teatro! |
Una tela de paño o una
cobija sobre un cartón; figuras de cartulina con lija o fieltro |
Estas cuatro maneras se
pueden combinar. Y hay una quinta que en La Guajira tenemos a mano: dibujar
en la arena, como contamos en la entrada Cuentos en la arena.
Cómo
crear una historia visual
Antes de
empezar
Una buena historia visual
nace de una necesidad concreta de los niños: algo que les cuesta, un
conflicto del grupo, un tema que les interesa. Y funciona mejor cuando, después
de contarla, los niños practican lo que vieron, con juegos de roles o
actuando la escena. La historia debe estar viva: basada en la vida y en
emociones reales.
Cuando la historia busca
enseñar una manera de actuar, ayuda que tenga estos elementos:
- la situación que le cuesta al niño, contada a
través de un personaje;
- lo que el personaje siente;
- lo que el personaje hace para salir adelante,
y por qué es importante;
- cómo eso lo hace sentir a él y a los demás;
- un final que deja claro que sí se puede.
Seis
pasos
- Definir el problema.
¿Qué queremos acompañar? Un berrinche, el miedo a un perro, compartir los
juguetes…
- Crear el personaje. No
tiene que ser una persona: puede ser un árbol sabio, una ramita
trabajadora, un charco travieso. Lo importante es que tenga rasgos de
carácter y viva en un lugar.
- El conflicto.
Algo pasa que pone en marcha la historia y le da emoción. Hay que tener
claro cómo está el personaje al principio y cómo queremos que esté al
final.
- La acción. El personaje hace
cosas para resolver el problema. Así se arma la trama.
- Hacerla visible.
Dibujar, recortar, tomar fotos, preparar las figuras.
- Contarla a los niños,
mientras las imágenes van apareciendo.
Tres
historias de ejemplo, contadas en Riohacha
1. El
balón y el charco
Para contar dibujando o con
franelógrafo.
En tiempo de lluvias, en el
patio de una casa de Riohacha, Mateo jugaba con su balón. Junto al patio crecía
un trupillo viejo y sabio, que lo miraba todo desde arriba. Al lado del
trupillo vivía una ramita muy trabajadora. Y en medio del patio, después del
aguacero, había aparecido un charco travieso.
De pronto, el balón se le
escapó a Mateo y ¡plaf!, cayó en el charco.
—¡Je, je! —se rió el
charco—. ¡Ahora el balón es tan sucio como yo!
Mateo se puso triste. La
ramita, sin pensarlo, empezó a empujar el agua para que el balón flotara hacia
la orilla. Y el trupillo sabio se movió de un lado a otro para que la brisa le
diera un empujoncito. Entre los dos, el balón llegó al borde del charco, y
Mateo lo pudo sacar.
—Gracias —dijo Mateo.
—Para eso estamos los
amigos —respondió el trupillo—. Hoy te ayudamos nosotros; mañana nos ayudarás
tú.
Pregunta para los niños: ¿a
quién has ayudado tú? ¿Quién te ha ayudado a ti?
2. Samuel
en la tienda de juguetes
Para contar con aplique o
imanes. Una versión con salida.
Samuel fue con su mamá y su
papá a una tienda de juguetes del centro, porque se acercaba su cumpleaños.
Habían quedado en algo: un solo juguete. Pero Samuel vio las pelotas,
los carros, los aviones, los barcos… y dijo:
—¡Los quiero todos!
Sus papás le recordaron el
acuerdo. Samuel sintió una rabia enorme, le subió un calor por la cara y empezó
a llorar y a gritar en el piso de la tienda.
Su mamá no le gritó. Se
agachó a su lado y le dijo despacito:
—Ya sé que quieres todos.
Es difícil escoger uno. Respiremos juntos, como las olas.
Samuel respiró: shhh…
aaah… Una vez, dos veces, tres. El calor de la cara empezó a bajar.
—Ahora sí —dijo papá—.
¿Cuál es el que más, más, más te gusta?
Samuel miró todos los
juguetes. Y escogió un barco rojo, para jugar en el mar de Riohacha. Salió de
la tienda con su barco y con algo más: había descubierto que la rabia pasa,
y que después se puede escoger.
Pregunta para los niños:
¿qué haces tú cuando sientes mucha rabia?
3. El
perro de la mañana
Una historia corta, real o
inventada, para abrir un proyecto.
La maestra llega al salón y
cuenta: «Hoy, cuando venía caminando para la escuela, escuché unos pasitos
detrás de mí. Me di la vuelta y vi un perro flaquito que me miraba con ojos
tristes. Menos mal que en mi mochila tenía una galleta. Se la di, y él caminó a
mi lado hasta la puerta de la escuela».
Y pregunta: «¿Por qué
creen que el perro tenía los ojos tristes?».
Las respuestas de los niños
pueden convertirse en un proyecto de varias semanas sobre los perros de la
calle y cómo cuidar a los animales. En Riohacha, donde muchos perros viven
en la calle, es un tema muy cercano.
Sesión en
la Biblioteca Comuna 10: «La historia que aparece»
Para niños de 4 a 8 años ·
1 hora · de 8 a 14 participantes
Materiales: la
mochila de los talleres, el ovillo de Wale'kerü, un franelógrafo hecho con una
cobija o un paño sobre un cartón grande, figuras de cartulina con lija detrás
(el trupillo, la ramita, el charco, el balón, el niño), papel periódico grande,
marcadores, recortes, pegante y las tarjetas del animómetro.
- Abrir la mochila (5
min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno dice quién le ayuda
cuando tiene un problema.
- Urdir (5 min). La
facilitadora muestra el franelógrafo vacío: «Aquí va a aparecer una
historia. ¿Quién quiere ver?».
- El cuento (10 min).
Cuenta El balón y el charco, pegando cada figura en el momento en
que aparece.
- Pasar la trama (10
min). Pasando el ovillo, cada niño dice qué personaje le gustó y por
qué. Después, entre todos, vuelven a contar la historia y cada niño pone una
figura en el franelógrafo.
- Tejer: la historia en el papel (15
min). En grupos, los niños inventan una historia nueva con un
personaje de la naturaleza de Riohacha (un cardón, una ola, una nube). La
facilitadora la dibuja con marcador en el papel periódico mientras ellos
la cuentan, y los niños pegan recortes.
- El cuento propio (10
min). Cada grupo muestra su papel y cuenta su historia. Después se
actúa una escena: uno es el balón, otro el charco, otro la ramita.
- Cerrar la mochila (5
min). Animómetro de salida. Las historias quedan pegadas en la pared
de la biblioteca.
Cómo se ve la triada en
esta sesión
|
Dimensión |
Dónde aparece |
|
Aprender escuchando (la
urdimbre) |
La historia contada
mientras aparecen las figuras, la historia de los otros grupos |
|
Aprender sintiendo (la
trama) |
La sorpresa de ver
aparecer la historia, ponerse en el lugar del balón o del charco, recordar
quién nos ayuda, el animómetro |
|
Aprender haciendo (la
mochila) |
Pegar figuras en el
franelógrafo, inventar y pegar recortes, actuar la escena |
Para
cerrar
No hace falta saber dibujar
para contar una historia visual. Basta un círculo, un palito y muchas ganas de
que los niños vean aparecer lo que imaginamos juntos. Una tela vieja,
unas figuras de cartulina y un buen cuento pueden volver mágica cualquier tarde
en la biblioteca.
¿Has usado alguna vez el
franelógrafo? ¿Qué historia contarías con él? Cuéntamelo en los comentarios.
Referencias
- Gray, Carol. The New Social Story Book
(sobre las «historias sociales» para enseñar habilidades a través de
relatos).
- Texto de origen: artículo traducido sobre las
historias visuales en preescolar, al parecer de origen ruso, sin autoría
consignada.
