Sobre esta entrada. Reúne y
adapta dos textos traducidos de la escuela balcánica y centroeuropea de estudio
de los cuentos: una historia de cómo la psicología ha interpretado los cuentos
de hadas y una guía breve sobre los cuentos terapéuticos. Las conexiones con
Riohacha y La Guajira y la sesión para la biblioteca son propuesta de
Cura-Kuens.
Si le preguntas a una
abuela de Riohacha cuál fue el primer cuento que le contaron, quizá te hable de
Tío Conejo y Tío Tigre, de un aparecido que salía por la playa en las noches
sin luna o de lo que se oía contar en el patio, en la mecedora, mientras se
esperaba la brisa. Si le preguntas a su nieto, puede que diga Caperucita
Roja. El cuento que nos llega primero dice mucho de quiénes somos y de
dónde venimos.
Desde hace más de cien
años, médicos, psicólogos y estudiosos se han preguntado por qué los cuentos
nos tocan tanto. Cada uno los leyó a su manera. En esta entrada te cuento ese
recorrido en palabras sencillas, y al final te propongo cómo llevarlo a una
biblioteca de nuestra ciudad sin olvidar lo más importante: el cuento es del
que lo escucha.
Los
primeros: los cuentos como sueños contados
A finales del siglo XIX, el
estudioso alemán Ludwig Laistner propuso que muchos mitos y leyendas
nacieron de las pesadillas: de esos sueños en los que algo nos persigue o nos
aplasta el pecho. Poco después, Friedrich von der Leyen fue más lejos y
dijo que los cuentos de hadas son, en el fondo, sueños contados. Como prueba
señaló que en los cuentos aparecen los mismos motivos que en los sueños:
- tareas que nunca se acaban o que parecen
imposibles;
- huidas de monstruos;
- transformaciones extrañas;
- viajes a otros mundos;
- animales que hablan y piensan como personas.
El psicólogo Wilhelm
Wundt, pionero de lo que llamó «psicología de los pueblos», pensaba que el
cuento es una de las formas más antiguas de narrar. Para él, la mente de los
pueblos antiguos no era distinta de la nuestra: simplemente la usaban de otra
manera. Estudiar cuentos y mitos, creía, era una forma de llegar al alma de las
personas.
En La
Guajira, el sueño también habla
Para el pueblo wayúu, los
sueños no son un asunto menor. El sueño, Lapü, se entiende como un
mensajero: puede avisar, aconsejar o pedir algo, y en muchas familias se
conversa sobre lo soñado al amanecer. El antropólogo Michel Perrin, que trabajó
durante años en La Guajira, dedicó libros enteros a esta relación entre sueño,
mito y vida diaria.
Así que cuando von der
Leyen decía que los cuentos son sueños contados, estaba diciendo algo que los
mayores de esta tierra ya sabían a su manera. Pero aquí hay que ir con respeto:
el sentido de un sueño wayúu lo dan las personas de esa cultura, sus mayores y
sus autoridades tradicionales, no un libro europeo ni una facilitadora de
talleres. Reconocemos ese saber; no lo interpretamos por ellos.
Freud,
Jung y sus seguidores
Con el psicoanálisis cambió
la pregunta. Ya no se trataba solo de dónde venían los cuentos, sino de qué
dicen de lo que llevamos por dentro.
Sigmund Freud no
estudió los cuentos a fondo, pero pensó que su lenguaje es simbólico y que,
bien leídos, muestran los miedos, deseos y conflictos más escondidos de las
personas. Sus seguidores sí se dedicaron a ellos:
- Franz Riklin vio en los cuentos deseos
que se cumplen, como en los sueños.
- Karl Abraham y Herbert Silberer
buscaron en ellos los impulsos y conflictos de la infancia.
- Otto Rank estudió la figura del
héroe y pensó que el cuento y el sueño son dos caminos paralelos que
siguen las mismas leyes de la mente.
- Erich Fromm, en El lenguaje
olvidado, leyó Caperucita Roja como un relato sobre el paso de
la niñez a la adolescencia y sobre los peligros que una joven encuentra en
ese camino.
Carl Gustav Jung miró los
cuentos de otra forma. Para él eran un tesoro de arquetipos: imágenes
que compartimos todos los seres humanos, como el sabio, la madre, la sombra, el
bosque, el agua o la cueva. Jung usó un método que llamó amplificación:
tomar una imagen del cuento y rodearla de todo lo que otros mitos, leyendas y
símbolos dicen sobre ella, hasta que su sentido se vuelve claro. Para Jung, los
cuentos muestran el camino que recorre cada persona para llegar a ser ella
misma.
Su discípulo Erich
Neumann estudió mitos antiguos como Amor y Psique y sostuvo que el
camino de cada persona repite, en pequeño, el camino de toda la humanidad.
Marie-Louise von Franz,
también junguiana, escribió uno de los libros más leídos sobre el tema: La
interpretación de los cuentos de hadas.
Una
advertencia que vale oro
El texto original cita a un
estudioso que lo dice con humor: el psicoanalista encuentra en todos los
cuentos un motivo sexual, y el conductista encuentra una lección de
aprendizaje. «Si partimos del árbol, demostraremos fácilmente que todo motivo
mítico lleva al árbol del mundo. Si partimos del sol, probaremos que todo es un
motivo solar.»
Es decir: quien busca
con un solo lente, encuentra siempre lo mismo. Por eso en Cura-Kuens no le
ponemos al cuento una sola explicación, y mucho menos se la imponemos al niño.
Los que
pensaron en los niños
Más adelante, algunos
estudiosos se preguntaron qué hacen los cuentos en la vida de los niños de
verdad, no solo en la teoría.
Un estudio de veinte años. Según el
texto original, el psiquiatra alemán Wittgenstein (no el filósofo) preguntó
durante veinte años a más de quinientas personas —pacientes, amigos, colegas y
estudiantes— cuál era el primer cuento que les venía a la mente. El más
nombrado fue Caperucita Roja. Él mismo reconoció que la respuesta dice
más de quien responde que del cuento, y concluyó que este cuento prepara a los
niños para los peligros del mundo sin asustarlos de más: es mejor estar avisado
que desprotegido.
Un cuento para cada edad. El
psiquiatra Julius Heuscher estudió los cuentos según las etapas del
desarrollo. Para él, Hansel y Gretel acompaña la etapa en que el niño
empieza a separarse de la madre; Caperucita Roja, la de los primeros
años escolares; y La Bella Durmiente, la espera tranquila antes de la
adolescencia.
Bruno Bettelheim, autor
de Psicoanálisis de los cuentos de hadas, es quizá el más conocido.
Pensaba que los cuentos ayudan al niño a poner orden en su mundo interior, a
enfrentar el miedo a crecer y a separarse de los padres. Y dejó una idea que en
Cura-Kuens tomamos como regla: el cuento no se explica. El niño descubre
su sentido por sí mismo, con su intuición y su imaginación, del mismo modo que
va resolviendo sus propias tormentas.
El mito y
el cuento
Bettelheim también comparó
el mito con el cuento. Para él, el mito es el padre del cuento: los dos
hablan con símbolos. La diferencia está en el tono:
|
El mito |
El cuento |
|
|
Tono |
Suele ser grave, a veces
trágico |
Es optimista: siempre se
abre una salida |
|
Protagonista |
Un dios o un héroe fuera
de lo común |
Una persona sencilla, a
veces el más pequeño |
|
Qué forma |
Las normas, lo que se
debe hacer |
A la persona entera |
En Riohacha convivimos con
los dos. Los mitos wayúu, como el de Wale'kerü, la araña que enseñó a
tejer, hablan del origen y de lo sagrado. Los cuentos del Caribe, como los de Tío
Conejo y Tío Tigre, hablan de cómo el pequeño y astuto sale adelante. Un
taller de cuentoterapia puede abrazar ambos, sabiendo que cada uno pide un
trato distinto: el mito se recibe con respeto y se cuenta como lo cuentan sus
dueños; el cuento se puede jugar, cambiar y reinventar.
El cuento
de siempre y el cuento terapéutico
Casi todos guardamos un
cuento de la infancia. En Eslovaquia, cuenta el segundo texto, muchas familias
no imaginan la Navidad sin ver Mrazik o Tres nueces para Cenicienta.
Aquí, muchos no imaginan las noches de diciembre sin las historias de
aparecidos y encantos que contaban los mayores en el patio. Esos cuentos no son
solo entretenimiento: guardan lecciones, enseñan a entender a los demás y
transmiten valores.
Los cuentos de siempre
ayudan a desarrollar la imaginación y la empatía: el niño se pone en el lugar del
protagonista, sufre con sus pérdidas y se alegra con sus triunfos. Y una de sus
tareas más importantes es ayudar a vencer los miedos.
El cuento terapéutico va un
paso más allá: se escribe o se elige a la medida de una situación
concreta (un miedo, una mudanza, una pérdida, la llegada de un hermanito,
problemas en la escuela). Su protagonista vive algo parecido a lo que vive el
niño, recibe ayuda de otros personajes y va encontrando formas de salir
adelante. Al escucharlo, el niño aprende esos caminos y los hace suyos.
Una precisión importante. El texto
original dice que muchos cuentos terapéuticos no tienen final feliz. Otras
escuelas, como la polaca de Maria Molicka, piden lo contrario: que el cuento
termine bien. En Cura-Kuens lo entendemos así: el cuento no tiene que acabar
en «fueron felices para siempre», pero sí debe dejar una puerta abierta,
una salida posible, una esperanza.
Ocho
consejos para trabajar con cuentos en casa
- Elige un cuento parecido a lo que está
viviendo tu hijo, la situación o el problema de ahora.
- Habla con él de lo que sienten los personajes y
de lo que pasa en el cuento, sin preguntarle directamente por su propio
problema.
- El cuento no reemplaza la conversación. Es
una puerta para entrar al corazón del niño; lo que viene después también
importa.
- Si no encuentras el cuento, invéntalo.
Dale al protagonista una edad y una situación parecidas a las de tu hijo,
pero no su nombre ni su apariencia, para que no se sienta señalado. Puede
ser un alcatraz del muelle, una tortuga carey o un niño que vende bollos
en la playa.
- No uses el cuento para regañar ni para dar
sermones. El efecto puede ser el contrario.
- Mejor cuéntalo que leerlo. Con
tu voz, en la hamaca, el chinchorro o la mecedora, mirándolo a los ojos.
- Fíjate en cómo reacciona:
qué le da risa, qué lo asusta, qué te pide que repitas.
- Si tienes dudas, busca ayuda.
Cuando el problema es grande (un duelo, un maltrato, un miedo que no lo
deja dormir), un cuento no basta: acude a un psicólogo, a la orientadora
de la escuela o, si hay riesgo, a la Línea 141 del ICBF.
Lo que
Cura-Kuens toma de este recorrido
De cien años de estudios,
nos quedamos con cuatro hilos:
- De von der Leyen y de los mayores wayúu: el
cuento y el sueño son parientes. Los dos hablan con imágenes.
- De Jung: la amplificación.
Pero no la hacemos con libros de psicología, sino con la palabra mayor:
lo que la abuela, la tejedora, el pescador o una canción dicen sobre una imagen.
- De Bettelheim: el
cuento no se explica. El sentido lo encuentra el niño.
- De la advertencia del árbol y el sol:
ninguna teoría tiene la última palabra. Escuchamos antes de interpretar.
Sesión en
la Biblioteca Comuna 10: «El primer cuento que llega»
Para niños de 7 a 11 años,
con un familiar invitado · 1 hora y 15 minutos · de 10 a 15 participantes
Inspirada en la pregunta
del estudio de los veinte años, pero convertida en un juego de memoria, no en
una prueba.
Materiales: la
mochila de los talleres, el ovillo de Wale'kerü, tiras de tela o de papel de
colores, marcadores, hojas, colores y una cuerda.
- Abrir la mochila (5
min). En círculo, cada uno dice su nombre y quién le contaba cuentos
cuando era más pequeño.
- Urdir (10 min). La
facilitadora pregunta: «¿Cuál es el primer cuento que te llega a la
cabeza?». Cada niño y cada familiar escribe el título en una tira y la
amarra a la cuerda. Al final miramos: ¿cuántos cuentos son de aquí y
cuántos de lejos?
- El cuento (10 min). El
familiar invitado o una abuela narradora cuenta el primer cuento que él o
ella recuerda de su infancia en Riohacha.
- Pasar la trama (10
min). Pasando el ovillo, cada niño dice qué imagen del cuento se le
quedó: el mar, el conejo, la noche, el camino.
- Tejer: amplificar con la palabra mayor (20
min). El grupo escoge una imagen, por ejemplo el mar. Entre
todos reunimos lo que sabemos de ella: qué dice la abuela del mar, qué
canción lo nombra, qué cuento lo tiene, qué se sueña con él. Así el
símbolo se llena de sentidos sin que nadie le imponga uno solo.
- El cuento propio (15
min). Cada niño dibuja la imagen que escogió y le pone una frase:
«Para mí, el mar es…».
- Cerrar la mochila (5
min). Una palabra para llevarse. Y una tarea para la casa: preguntarle
a alguien de la familia cuál fue el primer cuento que le contaron, y
traerlo la próxima vez.
Cómo se ve la triada en
esta sesión
|
Dimensión |
Dónde aparece |
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Aprender escuchando (la
urdimbre) |
El cuento del familiar o
de la abuela, la memoria de quién nos contaba cuentos, la tarea de preguntar
en casa |
|
Aprender sintiendo (la
trama) |
La imagen que «se me
quedó», el respeto por el cuento de cada familia, la emoción de reconocer un
cuento de aquí |
|
Aprender haciendo (la
mochila) |
Escribir y amarrar las
tiras, amplificar la imagen entre todos, dibujar y escribir la frase propia |
Un cuidado. No
interpretamos lo que los niños dibujan ni lo que dicen de sus cuentos. Si un
niño cuenta algo que preocupa, la facilitadora lo escucha con calma, no hace
preguntas delante del grupo y sigue la ruta del protocolo de la biblioteca.
Para
cerrar
Cada escuela leyó los
cuentos con sus propios ojos: como sueños, como deseos escondidos, como
arquetipos, como mapas para crecer. Todas tienen algo de razón, y ninguna tiene
toda la razón. En Riohacha añadimos una mirada más: la de los mayores que
cuentan y la de los niños que escuchan. Al final, el mejor intérprete de un
cuento es quien lo necesita.
¿Cuál fue el primer cuento
que te contaron? Déjalo en los comentarios. Si trabajas en una biblioteca o una
escuela de La Guajira y quieres hacer esta sesión con tu grupo, escríbeme.
Referencias
- Apuleyo. El asno de oro (incluye el
relato de Amor y Psique).
- Bastian, Adolf. Contribuciones a la
psicología comparada. Berlín, 1868.
- Beit, Hedwig von. Symbolik des Märchens
[Simbolismo del cuento]. Berna.
- Bettelheim, Bruno. Psicoanálisis de los
cuentos de hadas. Barcelona: Crítica.
- Eliade, Mircea. Mito y realidad.
- Franz, Marie-Louise von. La interpretación
de los cuentos de hadas.
- Fromm, Erich. El lenguaje olvidado.
- Guirand, Félix y Schmidt, Joël. Mitos y mitología.
- Neumann, Erich. Amor y Psique.
- Perrin, Michel. El camino de los indios
muertos: mitos y símbolos guajiros.
- Zipes, Jack. When Dreams Came True:
Classical Fairy Tales and Their Tradition. 2.ª
ed. Nueva York: Routledge, 2007.
- Textos de origen: traducción de un ensayo
balcánico sobre la historia de la interpretación de los cuentos y de una
guía sobre cuentos terapéuticos, sin autoría consignada.
