domingo, 31 de marzo de 2024

¿Le quitamos el tigre al cuento? Por qué los niños también necesitan conocer el mal

 

No hay que borrar lo malo del cuento

De grandes casi nunca nos damos cuenta de lo mucho que nos formó lo que nos contaron de chiquitos. Los cuentos que escuchamos en la enramada o en la hamaca nos ayudaron a crecer en los sentimientos, en la imaginación y en el pensamiento.

Hay mamás y papás que, por cuidar al carajito, le quitan a los cuentos todo lo que asusta: el tigre que se quiere comer a la abuela, la bruja, el hermano envidioso. Lo hacen con cariño, pero no le hacen un favor. La vida no es toda rosada ni dulce. Un niño que solo escucha historias donde nadie hace daño termina confundido y perdido cuando el mundo le muestra su lado duro.

Los niños todavía no conocen la vida y muchas veces no distinguen bien entre el cuento y la realidad. Por eso necesitan buenos cuentos. Un buen cuento les llama la atención, les despierta la curiosidad, les pone a volar la imaginación y les ayuda a ordenar lo que sienten. También les habla de sus miedos y de sus sueños, les muestra que las dificultades existen y les enseña cómo salir de ellas. Al final, les despierta la confianza en sí mismos y en el mañana.

El niño se mete en el pellejo del héroe

En los cuentos se mezcla lo fantástico con lo real, y juntos arman un mundo que el niño entiende. Allí la vida se ve más sencilla: el bien y el mal están bien separados, y el mal siempre recibe su castigo.

El niño se pone en el lugar del protagonista sin darse cuenta. Si el héroe pasó trabajo y salió adelante, el carajito siente que él también tiene esa fuerza. Así el cuento lo apoya por dentro:

  • le hace sentir que vale y que puede;
  • le enseña a darse cuenta de lo que siente y a nombrarlo, y también a entender lo que sienten los demás;
  • le muestra que su problema se parece al del personaje, y que hay maneras de enfrentarlo.

Los cuentos tocan temas muy importantes: los celos y el valor, la rabia, el respeto por el otro, el agradecimiento, la competencia entre amigos, la agresividad, el miedo. Y lo hacen de una manera segura, porque los personajes son animalitos, ositos o caballeros, no el papá ni el vecino. El niño encuentra comprensión, siente que no está solo y ve en el personaje un ejemplo para salir de su problema.

El cuento que pide una y otra vez

A veces un niño se enamora de un cuento y lo quiere escuchar todas las noches. Eso puede querer decir que el cuento le está tocando algo que lleva por dentro y que todavía está resolviendo. No significa que algo ande mal. Es una pista para estar pendientes: contarle el cuento cuantas veces lo pida, escucharlo y, si algo preocupa, conversar con la familia o con un profesional.

Lo que decía Bruno Bettelheim

Bruno Bettelheim fue un psicólogo austríaco del siglo XX que estudió mucho los cuentos de hadas. Estas son algunas de sus ideas:

  1. El cuento actúa en el niño porque el niño se identifica con el héroe bueno.
  2. El cuento pone al niño frente a los problemas de fondo de la vida, le ayuda a reconocer sus propias dificultades y le muestra cómo enfrentarlas.
  3. Escuchar cuentos le da gusto al niño, le ayuda a entenderse por dentro y así lo ayuda a crecer.
  4. El cuento le ayuda a descubrir quién es y a darle sentido a su vida.
  5. Lo acompaña en las dificultades propias del crecimiento.
  6. Lo anima a enfrentar los problemas con valentía y a hacerse amigo de la naturaleza.

Literatura de consuelo

Los cuentos muestran que en la vida hay distintos valores. Enseñan a separar el bien del mal y le ponen orden al mundo de valores del niño. Sus finales felices muestran que lo bueno gana y le quitan al niño el miedo a lo desconocido.

Personajes como Pulgarcita, Cenicienta o el Patito Feo le dan al niño esperanza. Le dicen que, aunque hoy lo hagan a un lado, algún día le va a ir bien, como a Cenicienta. Por eso a los cuentos se les ha llamado desde hace tiempo literatura de consuelo: refrescan el corazón y hacen el mundo más fácil de entender.

El cuento puede ayudar en el largo camino de criar a un niño. Lo pueden usar docentes, terapeutas, narradoras, pero también mamás, papás, abuelas y cuidadores.

Con el tigre, sí. Pero con cuidado

No quitarle el tigre al cuento no quiere decir contar cualquier cosa. En Cura-Kuens cuidamos tres cosas:

  • La edad: a un niño de tres años no se le cuenta igual que a uno de nueve. El susto debe ser del tamaño que el niño pueda cargar.
  • El final: el miedo se cuenta, pero el cuento termina con el niño a salvo y el mal vencido.
  • El niño que ya vivió algo duro: si un niño pasó por una pérdida o por un susto de verdad, se escoge el cuento con mucho tino. Si algo preocupa, se busca apoyo profesional.

Taller: «El tigre de mi cuento»

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Contamos el cuento de la abuela y el tigre en la roza, con su susto y con su final feliz.

Sentir (trama)

Paramos en el momento del susto y preguntamos: «¿qué sintió la abuela?». Después, al final: «¿y ahora cómo se siente?».

Hacer (mochila)

Cada niño dibuja «mi tigre», lo que le da miedo, y a su lado al ayudante que lo vence. Los dos dibujos van juntos a la mochila.

Consejo de la abuela Carey: «Al carajito no se le esconde el tigre, mija: se le enseña por dónde corre. Un cuento sin susto no le enseña a ser valiente.»

Para seguir leyendo

  • Bettelheim, B. (1976). The Uses of Enchantment. En español: Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica. En polaco: Cudowne i pożyteczne. O znaczeniach i wartościach baśni.
  • Borecka, I. Biblioterapia en la escuela primaria y secundaria (traducción del título polaco).
  • Brett, D. Historias para tu hijo (traducción del título polaco). En la entrada 32 aparece como Bajki, które leczą [Cuentos que curan].
  • Molicka, M. Bajki terapeutyczne [Cuentos terapéuticos], partes I y II. Poznań: Media Rodzina.

 


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