No hay que
borrar lo malo del cuento
De grandes
casi nunca nos damos cuenta de lo mucho que nos formó lo que nos contaron de
chiquitos. Los cuentos que escuchamos en la enramada o en la hamaca nos
ayudaron a crecer en los sentimientos, en la imaginación y en el pensamiento.
Hay mamás y
papás que, por cuidar al carajito, le quitan a los cuentos todo lo que asusta:
el tigre que se quiere comer a la abuela, la bruja, el hermano envidioso. Lo
hacen con cariño, pero no le hacen un favor. La vida no es toda rosada ni
dulce. Un niño que solo escucha historias donde nadie hace daño termina
confundido y perdido cuando el mundo le muestra su lado duro.
Los niños
todavía no conocen la vida y muchas veces no distinguen bien entre el cuento y
la realidad. Por eso necesitan buenos cuentos. Un buen cuento les llama la
atención, les despierta la curiosidad, les pone a volar la imaginación y les
ayuda a ordenar lo que sienten. También les habla de sus miedos y de sus
sueños, les muestra que las dificultades existen y les enseña cómo salir de
ellas. Al final, les despierta la confianza en sí mismos y en el mañana.
El niño se
mete en el pellejo del héroe
En los
cuentos se mezcla lo fantástico con lo real, y juntos arman un mundo que el
niño entiende. Allí la vida se ve más sencilla: el bien y el mal están bien
separados, y el mal siempre recibe su castigo.
El niño se
pone en el lugar del protagonista sin darse cuenta. Si el héroe pasó trabajo y
salió adelante, el carajito siente que él también tiene esa fuerza. Así el
cuento lo apoya por dentro:
- le hace sentir que vale y
que puede;
- le enseña a darse cuenta de
lo que siente y a nombrarlo, y también a entender lo que sienten los
demás;
- le muestra que su problema
se parece al del personaje, y que hay maneras de enfrentarlo.
Los cuentos
tocan temas muy importantes: los celos y el valor, la rabia, el respeto por el
otro, el agradecimiento, la competencia entre amigos, la agresividad, el miedo.
Y lo hacen de una manera segura, porque los personajes son animalitos, ositos o
caballeros, no el papá ni el vecino. El niño encuentra comprensión, siente que
no está solo y ve en el personaje un ejemplo para salir de su problema.
El cuento
que pide una y otra vez
A veces un
niño se enamora de un cuento y lo quiere escuchar todas las noches. Eso puede
querer decir que el cuento le está tocando algo que lleva por dentro y que
todavía está resolviendo. No significa que algo ande mal. Es una pista para estar
pendientes: contarle el cuento cuantas veces lo pida, escucharlo y, si algo
preocupa, conversar con la familia o con un profesional.
Lo que decía
Bruno Bettelheim
Bruno
Bettelheim fue un psicólogo austríaco del siglo XX que estudió mucho los
cuentos de hadas. Estas son algunas de sus ideas:
- El cuento actúa en el niño
porque el niño se identifica con el héroe bueno.
- El cuento pone al niño
frente a los problemas de fondo de la vida, le ayuda a reconocer sus
propias dificultades y le muestra cómo enfrentarlas.
- Escuchar cuentos le da gusto
al niño, le ayuda a entenderse por dentro y así lo ayuda a crecer.
- El cuento le ayuda a
descubrir quién es y a darle sentido a su vida.
- Lo acompaña en las
dificultades propias del crecimiento.
- Lo anima a enfrentar los
problemas con valentía y a hacerse amigo de la naturaleza.
Literatura
de consuelo
Los cuentos
muestran que en la vida hay distintos valores. Enseñan a separar el bien del
mal y le ponen orden al mundo de valores del niño. Sus finales felices muestran
que lo bueno gana y le quitan al niño el miedo a lo desconocido.
Personajes
como Pulgarcita, Cenicienta o el Patito Feo le dan al niño esperanza. Le dicen
que, aunque hoy lo hagan a un lado, algún día le va a ir bien, como a
Cenicienta. Por eso a los cuentos se les ha llamado desde hace tiempo literatura
de consuelo: refrescan el corazón y hacen el mundo más fácil de entender.
El cuento
puede ayudar en el largo camino de criar a un niño. Lo pueden usar docentes,
terapeutas, narradoras, pero también mamás, papás, abuelas y cuidadores.
Con el
tigre, sí. Pero con cuidado
No quitarle
el tigre al cuento no quiere decir contar cualquier cosa. En Cura-Kuens
cuidamos tres cosas:
- La edad: a un
niño de tres años no se le cuenta igual que a uno de nueve. El susto debe
ser del tamaño que el niño pueda cargar.
- El final: el
miedo se cuenta, pero el cuento termina con el niño a salvo y el mal
vencido.
- El niño que ya vivió algo
duro: si un niño pasó por una pérdida o por un susto de verdad, se
escoge el cuento con mucho tino. Si algo preocupa, se busca apoyo
profesional.
Taller: «El
tigre de mi cuento»
|
Dimensión |
Qué
hacemos |
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Escuchar
(urdimbre) |
Contamos
el cuento de la abuela y el tigre en la roza, con su susto y con su final
feliz. |
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Sentir (trama) |
Paramos en
el momento del susto y preguntamos: «¿qué sintió la abuela?». Después, al
final: «¿y ahora cómo se siente?». |
|
Hacer (mochila) |
Cada niño
dibuja «mi tigre», lo que le da miedo, y a su lado al ayudante que lo vence.
Los dos dibujos van juntos a la mochila. |
Consejo de
la abuela Carey: «Al carajito no se le esconde el tigre, mija: se le enseña por dónde
corre. Un cuento sin susto no le enseña a ser valiente.»
Para seguir
leyendo
- Bettelheim, B. (1976). The
Uses of Enchantment. En español: Psicoanálisis de los cuentos de
hadas. Barcelona: Crítica. En polaco: Cudowne i pożyteczne. O
znaczeniach i wartościach baśni.
- Borecka, I. Biblioterapia
en la escuela primaria y secundaria (traducción del título polaco).
- Brett, D. Historias para
tu hijo (traducción del título polaco). En la entrada 32 aparece como Bajki,
które leczą [Cuentos que curan].
- Molicka, M. Bajki
terapeutyczne [Cuentos terapéuticos], partes I y II. Poznań: Media
Rodzina.

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