Sobre esta entrada. Adapta
un artículo traducido de la escuela rusa de cuentoterapia (skazkoterapia),
sin autoría consignada, que retoma la clasificación de cuentos de Tatiana
Zinkevich-Evstigneeva. Los ejemplos de Riohacha, las aclaraciones y la sesión
son propuesta de Cura-Kuens.
Un día es el perro de la
esquina. Otro día es el alacrán que apareció en el baño. Más adelante es la
noticia de la creciente del río, o la pregunta que nadie se atreve a contestar:
«¿Mi abuela también se va a morir?». Los miedos de los niños cambian con
la edad, como cambia su manera de ver el mundo. Conocerlos nos ayuda a escoger
el cuento adecuado y a no asustarnos nosotros cuando aparecen.
Los
miedos según la edad
El artículo propone una
clasificación aproximada. No es una regla fija: cada niño tiene su propio
ritmo. Pero sirve como mapa.
|
Edad |
Qué suele asustar |
Cómo puede verse en
Riohacha |
|
2 a 3 años |
Animales, sobre todo de
noche. Algunas canciones o rimas con animales «malos» pueden aumentar el
miedo |
El perro que ladra en la
calle, el gato que salta en el patio, el «coco» de la canción de cuna |
|
4 años |
Los personajes malos de
los cuentos (brujas, reyes malvados) y también los insectos y las arañas |
La bruja del cuento, la
Llorona, el alacrán, la cucaracha voladora, la araña del rincón |
|
5 a 6 años |
Desastres, catástrofes,
desgracias, sobre todo si los ven en la televisión o en el celular |
Las crecientes del río
Ranchería en tiempo de lluvias, los vendavales, los incendios que salen en
las noticias |
|
7 a 8 años |
La muerte y la pérdida de
los seres queridos. Es un miedo profundo, del que muchas veces el niño no
habla |
La enfermedad de un
abuelo, un velorio en el barrio, la mascota que murió |
Este último miedo merece
cuidado especial. Si un niño de siete u ocho años empieza a preguntar por la
muerte, no es una maña ni un tema «de grandes»: es parte de su desarrollo.
Necesita respuestas sencillas, verdaderas y llenas de cariño. Y un cuento puede
ser la mejor manera de empezar la conversación.
Cómo
ayuda el cuento con el miedo
El artículo recuerda una
regla muy sencilla: cuanto más conocemos aquello que nos asusta, menos miedo
nos da. En el cuento, el niño se encuentra con su miedo a través del
protagonista, pero a una distancia segura. Cuando ve que el personaje lo
enfrenta y sale adelante, gana confianza poco a poco.
En muchos cuentos, el
protagonista no vence solo: lo ayudan su familia, sus amigos, un animal o un
personaje sabio. Al identificarse con él, el niño aprende dos cosas a la vez:
- que no está solo con su problema;
- que el problema tiene solución, y
que las personas que lo quieren pueden ayudarlo.
Y mientras piensa en el
cuento, descubre algo más: que él también tiene fuerzas propias, como el valor,
la astucia o la paciencia.
¿Qué se
busca con estos cuentos?
- Desarrollar la creatividad y la imaginación.
- Ayudar al niño a conocerse y a valorarse de
manera justa, ni por debajo ni por encima.
- Bajar la ansiedad y la agresividad.
- Enseñarle formas aceptables de expresar lo que
siente.
- Mejorar la comunicación y el manejo de las
emociones.
Lo más valioso del método
es que educa sin que se note. No hay sermones. El niño escucha, piensa
en lo que hizo el personaje y llega por sí mismo a sus propias conclusiones.
Los tipos
de cuento según Zinkevich-Evstigneeva
La psicóloga rusa Tatiana
Zinkevich-Evstigneeva, una de las grandes maestras de la cuentoterapia,
clasifica los cuentos según para qué sirven. Esta es la versión del artículo,
con ejemplos de aquí:
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Tipo |
Qué es |
Para qué sirve |
Un ejemplo |
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Populares |
Cuentos, mitos y
parábolas que vienen de los antepasados, hechos por la sabiduría de muchas
generaciones |
Enseñan la relación entre
las personas, los animales y la naturaleza; llenan al niño de palabras para
nombrar sentimientos y cosas |
Tío Conejo y Tío Tigre,
los kuens wayúu |
|
De autor |
Cuentos escritos por un
autor conocido |
Ayudan a trabajar las
experiencias interiores |
Las dos ranas, de L.
Panteleev: la rana que no deja de patalear dentro de la jarra de leche hasta
convertirla en mantequilla y salir. El patito feo, de Andersen |
|
De miedo |
Historias de brujas,
espantos y aparecidos |
Ayudan al niño a vencer
la angustia «ensayando» una salida. Solo para niños mayores y con un final
inesperado y divertido |
Los cuentos de aparecidos
que se cuentan en el patio |
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Didácticos |
Cuentos que invitan a
aprender algo |
Motivan al niño a hacer
una tarea o aprender un tema |
Un cuento para aprender
los números con los huevos de la tortuga carey |
|
Psicocorrectivos |
Cuentos escritos o
escogidos para un problema concreto |
Ayudan con una dificultad
específica: un miedo, una conducta, un cambio |
El cangrejito que le
tenía miedo a la noche |
|
Psicoterapéuticos |
Historias profundas que
no siempre dan respuesta y dejan una pregunta abierta |
Ayudan a mirar de otra
manera los grandes temas: el amor, la pérdida, la vida y la muerte |
Un cuento sobre un niño
pescador que pierde a su perro |
En otros textos de la misma
escuela aparece también un tipo más, los cuentos meditativos, que se
parecen a los cuentos de relajación de los que hablamos en la entrada Cuando
se va la luz.
Cómo se
arma un cuento que ayuda con un problema
Si vamos a escribir o
escoger un cuento psicocorrectivo, el artículo propone tres reglas:
- Parecido al problema del niño, pero no igual. Si
es idéntico, el niño se siente señalado.
- Con una experiencia que el niño pueda tomar
prestada: el personaje prueba una solución que el niño
luego puede usar.
- Con una secuencia clara:
- el comienzo, donde conocemos a los
personajes;
- el problema que aparece;
- la búsqueda de una salida;
- el momento más difícil;
- la solución;
- un final siempre positivo;
- y lo que el personaje aprendió, que cambia su
vida.
Estos cuentos se pueden
leer sin conversarlos después. Si el niño quiere hablar, se habla; si prefiere
dibujar o jugar con muñecos, también vale.
Un
cuento, muchas lecturas
El artículo pone como
ejemplo un cuento popular ruso muy corto, La gallina Riaba. Una gallina
le pone a un abuelo y una abuela un huevo de oro. Ellos lo golpean y lo
golpean, pero no se rompe. Pasa un ratoncito, mueve la cola, el huevo cae y se
rompe. El abuelo y la abuela lloran. Y la gallina les dice: «No lloren, les
pondré un huevo, pero esta vez uno sencillo».
Parece un cuento sin
sentido: ¿por qué lloran si ellos mismos querían romper el huevo? Pero mirado
con calma, abre muchas conversaciones:
- los regalos inesperados, y
lo que hacemos cuando no sabemos qué hacer con ellos;
- hacer las cosas solo porque otros las hacen,
sin pensar en lo que puede pasar;
- los accidentes que cambian la vida;
- el consuelo: la gallina no
regaña, consuela;
- los sueños que se rompen, y
cómo encontrar algo bueno después.
No hace falta conocer La
gallina Riaba para hacer este ejercicio. Se puede hacer con cualquier
cuento que los niños conozcan, como La gallina de los huevos de oro, de
Esopo, o una historia de Tío Conejo. La pregunta es siempre la misma: ¿de
qué nos habla este cuento hoy? Y cada niño, como decía MacDonald,
encontrará su propio sentido.
Consejos
para contar
- Nunca en tono monótono. Hay
que sentir lo que se cuenta.
- Frente al niño,
para que vea la cara, los gestos y los ojos de quien cuenta. Para los
niños, el contacto con la mirada es muy importante.
- Pausas cortas, sí; silencios largos, no. Una
pausa breve en el momento más emocionante despierta la curiosidad. Un
silencio demasiado largo rompe el hechizo.
- El final depende del tipo de cuento. En
un cuento para un problema concreto, el final es positivo. En los cuentos
más profundos, se puede dejar una pregunta abierta para que el niño
imagine.
- Según la edad. A
los dos años, cuentos muy sencillos y repetitivos, como La ratita
presumida o Los tres cerditos. Hacia los cuatro, el niño ya
distingue la ficción de la realidad y puede inventar un final.
- Desde el cariño. El
artículo dice que el efecto es mayor si el cuento lo lee la mamá antes de
dormir. Nosotros diríamos: cualquier adulto que el niño quiera y en
quien confíe, sea mamá, papá, la abuela, el tío o la maestra.
- No solo leer.
También se puede dibujar el cuento, inventarlo, representarlo con
figuritas o hacer títeres.
Sesión en
la Biblioteca Comuna 10: «El miedo que se volvió chiquito»
Para niños de 5 a 8 años ·
1 hora · de 8 a 14 participantes
Dos ideas del artículo se
vuelven juego: cuanto más conocemos lo que nos asusta, menos miedo nos da,
y los cuentos de miedo deben terminar de forma inesperada y divertida.
Materiales: la
mochila de los talleres con el espejo de la abuela Carey, el ovillo de
Wale'kerü, hojas, colores, papeles de colores, pegante, sombreritos o bigotes
de papel para pegar, y las tarjetas del animómetro.
- Abrir la mochila (5
min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno dice su nombre y
algo que lo hace reír.
- Urdir (5 min). La
facilitadora cuenta que cuando era niña también le tenía miedo a algo, y
que todos, grandes y chicos, le tenemos miedo a alguna cosa. Nadie tiene
que decir su miedo si no quiere.
- El cuento (8 min). La
fábula popular de las dos ranas que caen en una jarra de leche. Una
se asusta y deja de nadar. La otra patalea y patalea, sin rendirse, hasta
que la leche se vuelve mantequilla y puede saltar afuera.
- Pasar la trama (7
min). Pasando el ovillo, cada niño dice qué hizo la rana que se salvó,
y qué le diría él a la rana asustada.
- Tejer: conocer al miedo (15
min). Cada niño dibuja «su miedo» como un personaje (un perro, un
alacrán, una bruja, la oscuridad). Luego la facilitadora hace preguntas
para conocerlo mejor: «¿Cómo se llama tu miedo? ¿Qué come? ¿A qué le
tiene miedo él?». Cada niño escribe o dicta las respuestas al lado del
dibujo.
- El cuento propio: el final divertido (15
min). Cada niño le pega a su miedo algo que lo haga chiquito o
gracioso: un sombrero, unos bigotes, unas pantuflas de conejito. Luego
inventa un final inesperado: «Y entonces el alacrán estornudó tan
fuerte que se fue volando hasta Maicao». Quien quiera, lo cuenta al
grupo.
- Cerrar la mochila (5
min). Animómetro de salida. Cada niño se mira en el espejo de la
abuela Carey y dice: «Yo también tengo fuerza, como la rana».
Cómo se ve la triada en
esta sesión
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Dimensión |
Dónde aparece |
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Aprender escuchando (la
urdimbre) |
La fábula de las dos
ranas, la voz de la facilitadora que también tuvo miedos, los finales
divertidos de los compañeros |
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Aprender sintiendo (la
trama) |
Reconocer el propio miedo
sin vergüenza, la risa que lo vuelve chiquito, la frase frente al espejo, el
animómetro |
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Aprender haciendo (la
mochila) |
Dibujar y «entrevistar»
al miedo, pegarle algo gracioso, inventar el final divertido |
Un cuidado. Esta
sesión es para miedos comunes. Si un niño tiene pesadillas durante semanas, no
quiere salir de casa o su miedo viene de algo que le pasó de verdad, como una
inundación o una agresión, el juego no basta. La facilitadora habla con la
familia y sugiere buscar apoyo profesional, siguiendo el protocolo de la
biblioteca.
Para
cerrar
Los miedos no son enemigos:
son señales de que el niño está creciendo y descubriendo un mundo grande. Cada
edad trae los suyos, y cada miedo pide su cuento. Lo importante es acompañarlos
sin burlarnos, escoger el cuento con cuidado y, a veces, ayudar a que el miedo
se vuelva chiquito con una buena carcajada.
¿A qué le tienen miedo los
niños de tu casa o de tu salón? ¿Qué cuento les ha ayudado? Cuéntamelo en los
comentarios.
Referencias
- Zinkevich-Evstigneeva, Tatiana D. Obras sobre
cuentoterapia (skazkoterapia), entre ellas Praktikum po
skazkoterapii [Práctica de la cuentoterapia].
- Panteleev, L. Las dos ranas (cuento de
autor, en ruso).
- Andersen, Hans Christian. El patito feo
(1843). Dominio público.
- Esopo. La gallina de los huevos de oro.
Dominio público.
- La gallina Riaba
(cuento popular ruso).
- Texto de origen: artículo traducido de la
escuela rusa de cuentoterapia, sin autoría consignada.


