domingo, 29 de diciembre de 2024

El mapa de los miedos: qué asusta a los niños en cada edad y cómo ayuda el cuento


Sobre esta entrada. Adapta un artículo traducido de la escuela rusa de cuentoterapia (skazkoterapia), sin autoría consignada, que retoma la clasificación de cuentos de Tatiana Zinkevich-Evstigneeva. Los ejemplos de Riohacha, las aclaraciones y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.

Un día es el perro de la esquina. Otro día es el alacrán que apareció en el baño. Más adelante es la noticia de la creciente del río, o la pregunta que nadie se atreve a contestar: «¿Mi abuela también se va a morir?». Los miedos de los niños cambian con la edad, como cambia su manera de ver el mundo. Conocerlos nos ayuda a escoger el cuento adecuado y a no asustarnos nosotros cuando aparecen.

Los miedos según la edad

El artículo propone una clasificación aproximada. No es una regla fija: cada niño tiene su propio ritmo. Pero sirve como mapa.

Edad

Qué suele asustar

Cómo puede verse en Riohacha

2 a 3 años

Animales, sobre todo de noche. Algunas canciones o rimas con animales «malos» pueden aumentar el miedo

El perro que ladra en la calle, el gato que salta en el patio, el «coco» de la canción de cuna

4 años

Los personajes malos de los cuentos (brujas, reyes malvados) y también los insectos y las arañas

La bruja del cuento, la Llorona, el alacrán, la cucaracha voladora, la araña del rincón

5 a 6 años

Desastres, catástrofes, desgracias, sobre todo si los ven en la televisión o en el celular

Las crecientes del río Ranchería en tiempo de lluvias, los vendavales, los incendios que salen en las noticias

7 a 8 años

La muerte y la pérdida de los seres queridos. Es un miedo profundo, del que muchas veces el niño no habla

La enfermedad de un abuelo, un velorio en el barrio, la mascota que murió

Este último miedo merece cuidado especial. Si un niño de siete u ocho años empieza a preguntar por la muerte, no es una maña ni un tema «de grandes»: es parte de su desarrollo. Necesita respuestas sencillas, verdaderas y llenas de cariño. Y un cuento puede ser la mejor manera de empezar la conversación.

Cómo ayuda el cuento con el miedo

El artículo recuerda una regla muy sencilla: cuanto más conocemos aquello que nos asusta, menos miedo nos da. En el cuento, el niño se encuentra con su miedo a través del protagonista, pero a una distancia segura. Cuando ve que el personaje lo enfrenta y sale adelante, gana confianza poco a poco.

En muchos cuentos, el protagonista no vence solo: lo ayudan su familia, sus amigos, un animal o un personaje sabio. Al identificarse con él, el niño aprende dos cosas a la vez:

  • que no está solo con su problema;
  • que el problema tiene solución, y que las personas que lo quieren pueden ayudarlo.

Y mientras piensa en el cuento, descubre algo más: que él también tiene fuerzas propias, como el valor, la astucia o la paciencia.

¿Qué se busca con estos cuentos?

  • Desarrollar la creatividad y la imaginación.
  • Ayudar al niño a conocerse y a valorarse de manera justa, ni por debajo ni por encima.
  • Bajar la ansiedad y la agresividad.
  • Enseñarle formas aceptables de expresar lo que siente.
  • Mejorar la comunicación y el manejo de las emociones.

Lo más valioso del método es que educa sin que se note. No hay sermones. El niño escucha, piensa en lo que hizo el personaje y llega por sí mismo a sus propias conclusiones.

Los tipos de cuento según Zinkevich-Evstigneeva

La psicóloga rusa Tatiana Zinkevich-Evstigneeva, una de las grandes maestras de la cuentoterapia, clasifica los cuentos según para qué sirven. Esta es la versión del artículo, con ejemplos de aquí:

Tipo

Qué es

Para qué sirve

Un ejemplo

Populares

Cuentos, mitos y parábolas que vienen de los antepasados, hechos por la sabiduría de muchas generaciones

Enseñan la relación entre las personas, los animales y la naturaleza; llenan al niño de palabras para nombrar sentimientos y cosas

Tío Conejo y Tío Tigre, los kuens wayúu

De autor

Cuentos escritos por un autor conocido

Ayudan a trabajar las experiencias interiores

Las dos ranas, de L. Panteleev: la rana que no deja de patalear dentro de la jarra de leche hasta convertirla en mantequilla y salir. El patito feo, de Andersen

De miedo

Historias de brujas, espantos y aparecidos

Ayudan al niño a vencer la angustia «ensayando» una salida. Solo para niños mayores y con un final inesperado y divertido

Los cuentos de aparecidos que se cuentan en el patio

Didácticos

Cuentos que invitan a aprender algo

Motivan al niño a hacer una tarea o aprender un tema

Un cuento para aprender los números con los huevos de la tortuga carey

Psicocorrectivos

Cuentos escritos o escogidos para un problema concreto

Ayudan con una dificultad específica: un miedo, una conducta, un cambio

El cangrejito que le tenía miedo a la noche

Psicoterapéuticos

Historias profundas que no siempre dan respuesta y dejan una pregunta abierta

Ayudan a mirar de otra manera los grandes temas: el amor, la pérdida, la vida y la muerte

Un cuento sobre un niño pescador que pierde a su perro

En otros textos de la misma escuela aparece también un tipo más, los cuentos meditativos, que se parecen a los cuentos de relajación de los que hablamos en la entrada Cuando se va la luz.

Cómo se arma un cuento que ayuda con un problema

Si vamos a escribir o escoger un cuento psicocorrectivo, el artículo propone tres reglas:

  1. Parecido al problema del niño, pero no igual. Si es idéntico, el niño se siente señalado.
  2. Con una experiencia que el niño pueda tomar prestada: el personaje prueba una solución que el niño luego puede usar.
  3. Con una secuencia clara:
    • el comienzo, donde conocemos a los personajes;
    • el problema que aparece;
    • la búsqueda de una salida;
    • el momento más difícil;
    • la solución;
    • un final siempre positivo;
    • y lo que el personaje aprendió, que cambia su vida.

Estos cuentos se pueden leer sin conversarlos después. Si el niño quiere hablar, se habla; si prefiere dibujar o jugar con muñecos, también vale.

Un cuento, muchas lecturas

El artículo pone como ejemplo un cuento popular ruso muy corto, La gallina Riaba. Una gallina le pone a un abuelo y una abuela un huevo de oro. Ellos lo golpean y lo golpean, pero no se rompe. Pasa un ratoncito, mueve la cola, el huevo cae y se rompe. El abuelo y la abuela lloran. Y la gallina les dice: «No lloren, les pondré un huevo, pero esta vez uno sencillo».

Parece un cuento sin sentido: ¿por qué lloran si ellos mismos querían romper el huevo? Pero mirado con calma, abre muchas conversaciones:

  • los regalos inesperados, y lo que hacemos cuando no sabemos qué hacer con ellos;
  • hacer las cosas solo porque otros las hacen, sin pensar en lo que puede pasar;
  • los accidentes que cambian la vida;
  • el consuelo: la gallina no regaña, consuela;
  • los sueños que se rompen, y cómo encontrar algo bueno después.

No hace falta conocer La gallina Riaba para hacer este ejercicio. Se puede hacer con cualquier cuento que los niños conozcan, como La gallina de los huevos de oro, de Esopo, o una historia de Tío Conejo. La pregunta es siempre la misma: ¿de qué nos habla este cuento hoy? Y cada niño, como decía MacDonald, encontrará su propio sentido.

Consejos para contar

  • Nunca en tono monótono. Hay que sentir lo que se cuenta.
  • Frente al niño, para que vea la cara, los gestos y los ojos de quien cuenta. Para los niños, el contacto con la mirada es muy importante.
  • Pausas cortas, sí; silencios largos, no. Una pausa breve en el momento más emocionante despierta la curiosidad. Un silencio demasiado largo rompe el hechizo.
  • El final depende del tipo de cuento. En un cuento para un problema concreto, el final es positivo. En los cuentos más profundos, se puede dejar una pregunta abierta para que el niño imagine.
  • Según la edad. A los dos años, cuentos muy sencillos y repetitivos, como La ratita presumida o Los tres cerditos. Hacia los cuatro, el niño ya distingue la ficción de la realidad y puede inventar un final.
  • Desde el cariño. El artículo dice que el efecto es mayor si el cuento lo lee la mamá antes de dormir. Nosotros diríamos: cualquier adulto que el niño quiera y en quien confíe, sea mamá, papá, la abuela, el tío o la maestra.
  • No solo leer. También se puede dibujar el cuento, inventarlo, representarlo con figuritas o hacer títeres.

Sesión en la Biblioteca Comuna 10: «El miedo que se volvió chiquito»

Para niños de 5 a 8 años · 1 hora · de 8 a 14 participantes

Dos ideas del artículo se vuelven juego: cuanto más conocemos lo que nos asusta, menos miedo nos da, y los cuentos de miedo deben terminar de forma inesperada y divertida.

Materiales: la mochila de los talleres con el espejo de la abuela Carey, el ovillo de Wale'kerü, hojas, colores, papeles de colores, pegante, sombreritos o bigotes de papel para pegar, y las tarjetas del animómetro.

  1. Abrir la mochila (5 min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno dice su nombre y algo que lo hace reír.
  2. Urdir (5 min). La facilitadora cuenta que cuando era niña también le tenía miedo a algo, y que todos, grandes y chicos, le tenemos miedo a alguna cosa. Nadie tiene que decir su miedo si no quiere.
  3. El cuento (8 min). La fábula popular de las dos ranas que caen en una jarra de leche. Una se asusta y deja de nadar. La otra patalea y patalea, sin rendirse, hasta que la leche se vuelve mantequilla y puede saltar afuera.
  4. Pasar la trama (7 min). Pasando el ovillo, cada niño dice qué hizo la rana que se salvó, y qué le diría él a la rana asustada.
  5. Tejer: conocer al miedo (15 min). Cada niño dibuja «su miedo» como un personaje (un perro, un alacrán, una bruja, la oscuridad). Luego la facilitadora hace preguntas para conocerlo mejor: «¿Cómo se llama tu miedo? ¿Qué come? ¿A qué le tiene miedo él?». Cada niño escribe o dicta las respuestas al lado del dibujo.
  6. El cuento propio: el final divertido (15 min). Cada niño le pega a su miedo algo que lo haga chiquito o gracioso: un sombrero, unos bigotes, unas pantuflas de conejito. Luego inventa un final inesperado: «Y entonces el alacrán estornudó tan fuerte que se fue volando hasta Maicao». Quien quiera, lo cuenta al grupo.
  7. Cerrar la mochila (5 min). Animómetro de salida. Cada niño se mira en el espejo de la abuela Carey y dice: «Yo también tengo fuerza, como la rana».

Cómo se ve la triada en esta sesión

Dimensión

Dónde aparece

Aprender escuchando (la urdimbre)

La fábula de las dos ranas, la voz de la facilitadora que también tuvo miedos, los finales divertidos de los compañeros

Aprender sintiendo (la trama)

Reconocer el propio miedo sin vergüenza, la risa que lo vuelve chiquito, la frase frente al espejo, el animómetro

Aprender haciendo (la mochila)

Dibujar y «entrevistar» al miedo, pegarle algo gracioso, inventar el final divertido

Un cuidado. Esta sesión es para miedos comunes. Si un niño tiene pesadillas durante semanas, no quiere salir de casa o su miedo viene de algo que le pasó de verdad, como una inundación o una agresión, el juego no basta. La facilitadora habla con la familia y sugiere buscar apoyo profesional, siguiendo el protocolo de la biblioteca.

Para cerrar

Los miedos no son enemigos: son señales de que el niño está creciendo y descubriendo un mundo grande. Cada edad trae los suyos, y cada miedo pide su cuento. Lo importante es acompañarlos sin burlarnos, escoger el cuento con cuidado y, a veces, ayudar a que el miedo se vuelva chiquito con una buena carcajada.

¿A qué le tienen miedo los niños de tu casa o de tu salón? ¿Qué cuento les ha ayudado? Cuéntamelo en los comentarios.

Referencias

  • Zinkevich-Evstigneeva, Tatiana D. Obras sobre cuentoterapia (skazkoterapia), entre ellas Praktikum po skazkoterapii [Práctica de la cuentoterapia].
  • Panteleev, L. Las dos ranas (cuento de autor, en ruso).
  • Andersen, Hans Christian. El patito feo (1843). Dominio público.
  • Esopo. La gallina de los huevos de oro. Dominio público.
  • La gallina Riaba (cuento popular ruso).
  • Texto de origen: artículo traducido de la escuela rusa de cuentoterapia, sin autoría consignada.

 

 


sábado, 30 de noviembre de 2024

Cuentos en la arena: lo que la arena de Riohacha le enseña a los niños


Sobre esta entrada. Adapta un artículo traducido, al parecer de origen ruso, sin autoría consignada, sobre los beneficios de jugar con arena y sobre la arteterapia y la terapia con arena. Las conexiones con Riohacha, las aclaraciones y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.

En Riohacha la arena está en todas partes. En la playa frente al malecón, en los patios de las casas, en las calles sin pavimentar, en el desierto que empieza donde termina la ciudad. Los niños de aquí crecen con arena entre los dedos: hacen castillos junto al mar, entierran los pies en la arena tibia, dibujan con un palito, construyen caminos para los carritos.

Parece solo un juego. Pero la arena es uno de los materiales más antiguos y más poderosos para aprender, jugar y contar. Y también, en manos de un especialista, para sanar.

Dos maneras de trabajar con arena

El artículo distingue dos caminos, que se parecen pero no son iguales.

El arte con arena

Se dibuja con arena sobre una mesa o bandeja, a veces iluminada desde abajo. El artículo abre con una frase atribuida a Pablo Picasso: «El arte lava del alma el polvo de la vida cotidiana». Con la arena, el niño puede expresar lo que siente sin necesitar palabras difíciles, y sin saber dibujar: la imagen se hace, se borra y se vuelve a hacer con un movimiento de la mano. Por eso es tan cercana a los niños pequeños.

La terapia con arena

Tiene raíces en la psicología de Carl Gustav Jung, que daba mucha importancia a los símbolos. En los años veinte, la pediatra inglesa Margaret Lowenfeld inventó una técnica en la que los niños construían «mundos» en una caja de arena con figuritas. Más tarde, la suiza Dora Kalff, siguiendo a Jung, la desarrolló como terapia.

En una bandeja con arena, el niño coloca figuritas de personas, animales, casas, árboles, y crea una escena. Al construirla y contarla, muestra lo que vive por dentro. El niño lo siente como un juego, y por eso no le da miedo ir donde el psicólogo.

Se usa con niños tímidos, ansiosos, agresivos, que han vivido experiencias difíciles o que están pasando por cambios grandes, como una mudanza o la separación de los padres.

Una aclaración importante. La terapia con arena es un trabajo de psicólogos y terapeutas formados en ese método. En Cura-Kuens no hacemos terapia con arena: usamos la arena para jugar, crear y contar cuentos, que también tiene un gran valor.

Siete regalos de jugar con arena

Regalo

Qué pasa

Cómo se ve en la playa o en el patio

1. Las manos y el tacto

Con miles de movimientos pequeños, el niño desarrolla la motricidad fina y aprende a distinguir texturas, formas y temperaturas. Eso le servirá para escribir o usar tijeras

Sentir la arena seca y la mojada, la tibia del mediodía y la fresca de la tarde, dejarla correr entre los dedos

2. El cuerpo y el equilibrio

Enterrar los pies, saltar los huecos, sacar la arena del zapato: el niño conoce los límites y las señales de su cuerpo

Hacer huecos y saltarlos, enterrarse hasta las rodillas, caminar por la orilla

3. La calma y la concentración

Construir un castillo o un dibujo toma tiempo. La arena calma a niños y adultos, y ayuda mucho a los niños muy inquietos

Pasar una hora entera construyendo un castillo sin aburrirse

4. La creatividad

De formas simples salen construcciones cada vez más originales

Castillos, rancherías, caminos, puertos con barquitos de hoja

5. Planear y resolver problemas

Para construir hay que imaginar el resultado, y cuando la torre se cae, cambiar el plan

Mojar más la arena para que no se derrumbe, hacer un canal para que el agua no destruya el castillo

6. El espacio

Las formas, los tamaños, la profundidad y las distancias se aprenden con las manos

El hueco hondo, la montaña alta, el camino largo

7. Convivir

En la arena hay conflictos de verdad: ¿puedo usar la pala del otro?, ¿qué hago si me tumban el castillo?, ¿dejo que me ayuden? Ahí se aprenden las primeras reglas de la vida en grupo

Construir entre varios, prestar el balde, arreglar el castillo que otro tumbó sin querer

El artículo termina con una idea bonita: en la arena, el niño aprende a equilibrar el «yo puedo solo» con el «necesito ayuda». Y los adultos también.

Cuidados con la arena

La arena tiene microbios naturales, y un poco de contacto con ellos es bueno para los niños. Pero hay cosas que sí pueden hacer daño, y en Riohacha conviene estar atentos:

  • En la playa: vidrios rotos, tapas, colillas, anzuelos y basura que deja la marea o la gente. Antes de jugar, vale la pena dar una vuelta y limpiar el lugar con los niños, que también es una forma de cuidar el mar.
  • En los patios y parques: excrementos de perros y gatos. La arena de juego debe estar en un lugar cercado o taparse por la noche.
  • El sol: jugar en la arena a pleno mediodía quema los pies y la piel. Mejor temprano en la mañana o al atardecer, con agua cerca.
  • Lavarse las manos después de jugar, sobre todo antes de comer.

Lo que hace Cura-Kuens con la arena

No hacemos terapia con arena, pero sí tomamos de ella una idea preciosa: la arena es un escenario donde los cuentos se pueden tocar. En muchos pueblos del mundo se cuentan historias dibujando en la arena. En Vanuatu, en el Pacífico, esa tradición fue reconocida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. Y en Riohacha, la arena la tenemos a la mano.

En nuestras sesiones usamos:

  • la bandeja de los cuentos: una caja o bandeja con arena de la playa, limpia y seca;
  • objetos de aquí, en vez de figuritas compradas: caracoles, conchas, piedritas, semillas de trupillo, palitos, hojas de uva de playa, plumas;
  • el dedo y el palito, para dibujar el cuento mientras se cuenta.

Y una regla, la misma de siempre: no interpretamos la escena del niño. Le pedimos que nos la cuente.

Sesión en la Biblioteca Comuna 10: «El cuento que cabe en una bandeja»

Para niños de 5 a 10 años · 1 hora y 15 minutos · de 8 a 14 participantes, en grupos de 3 o 4

Materiales: la mochila de los talleres con el caracol de la abuela Carey, el ovillo de Wale'kerü, una bandeja grande con arena para la facilitadora y una por grupo (pueden ser cajas de cartón forradas con plástico), objetos naturales recogidos en la playa, un atomizador con agua, toallitas y las tarjetas del animómetro.

  1. Abrir la mochila (5 min). Animómetro de entrada. Cada niño mete la mano en la bandeja y dice una palabra para cómo se siente la arena.
  2. Urdir (10 min). Conversamos: ¿qué hacen ustedes en la arena de la playa o del patio? Recordamos que la arena es de Riohacha, como el mar y como nosotros.
  3. El cuento (10 min). La facilitadora cuenta un cuento corto dibujándolo en la arena con el dedo, mientras habla: por ejemplo, el de Pinzote, el cangrejito de la playa. Cada escena se borra con la mano y aparece la siguiente.
  4. Pasar la trama (10 min). Pasando el ovillo, cada niño dice qué dibujo del cuento le gustó más.
  5. Tejer: el mundo en la bandeja (20 min). Cada grupo arma, con la arena y los objetos naturales, el escenario de un cuento: puede ser el que escucharon o uno nuevo. Pueden mojar la arena para construir, hacer caminos, mar, montañas.
  6. El cuento propio (15 min). Cada grupo cuenta su cuento mostrando la bandeja. Los demás escuchan y pueden preguntar: «¿Y quién vive en esa casa?», «¿A dónde lleva ese camino?». Se toma una foto de cada bandeja antes de deshacerla.
  7. Cerrar la mochila (5 min). Animómetro de salida. Deshacemos las bandejas juntos, despacio, como cuando la marea borra los dibujos de la playa: el cuento se va, pero se queda con nosotros.

Cómo se ve la triada en esta sesión

Dimensión

Dónde aparece

Aprender escuchando (la urdimbre)

El cuento dibujado en la arena, las preguntas de los compañeros sobre cada bandeja

Aprender sintiendo (la trama)

La textura y la calma de la arena, el gusto de crear un mundo propio, el momento de deshacerlo, el animómetro

Aprender haciendo (la mochila)

Dibujar con el dedo, construir el escenario con objetos naturales, contar el cuento con la bandeja

Un cuidado. Si la escena de un niño muestra algo que preocupa, por ejemplo una casa destruida, alguien enterrado o un niño solo y lejos de todos, no la interpretamos ni la corregimos. Le preguntamos con calma qué pasa en su cuento y, si hace falta, hablamos después con la bibliotecaria y seguimos el protocolo.

Para cerrar

La arena es paciente: recibe la huella, la deja estar un rato y luego la borra para que podamos empezar de nuevo. Quizá por eso calma tanto. En Riohacha la tenemos por todas partes, gratis y al alcance de cualquier niño. Solo hace falta un adulto que se siente al lado, que juegue, que escuche y que, de vez en cuando, cuente un cuento con el dedo sobre la arena.

¿Qué jugabas tú en la arena cuando eras niño o niña? Cuéntamelo en los comentarios.

Referencias

  • Kalff, Dora M. Sandplay: A Psychotherapeutic Approach to the Psyche (edición original en alemán: Sandspiel, 1966).
  • Lowenfeld, Margaret. The World Technique (técnica desarrollada desde finales de la década de 1920).
  • UNESCO. Dibujos sobre la arena de Vanuatu, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (2003, inscrito en 2008).
  • Texto de origen: artículo traducido sobre los beneficios de jugar con arena, al parecer de origen ruso, sin autoría consignada.

 


jueves, 31 de octubre de 2024

Tres cuentos para tres momentos: la cuentoterapia de Maria Molicka en Riohacha

 

No todos los cuentos sirven para lo mismo

Hay cuentos para dormir, cuentos para aprender y cuentos para sanar. La psicóloga polaca Maria Molicka, una de las grandes impulsoras de la cuentoterapia (en Polonia, bajkoterapia), los ordena en tres tipos: de relajación, psicoeducativos y psicoterapéuticos. Su propuesta se usa con niñas y niños de preescolar y de los primeros años de primaria, aproximadamente entre los 4 y los 9 años, tanto para prevenir como para acompañar.

En Riohacha esta idea no nos llega de lejos. Mi trabajo de grado con la comunidad del Centro Etnoeducativo #17 Koushatchon mostró que 9 de cada 10 niños escuchan cuentos de sus abuelos, y casi siempre de noche. Nuestras abuelas ya sabían escoger: un cuento suave para que el carajito se durmiera en la hamaca, uno con enseñanza cuando había pelea entre hermanos, y el de siempre, el que el niño pedía una y otra vez, cuando algo le dolía por dentro. Molicka le pone nombre a esa sabiduría.

Los tres cuentos, a la manera de Riohacha

Tipo

Para qué sirve

Cómo es

Un ejemplo riohachero

De relajación

Calmar, bajar la agitación, preparar para dormir o para empezar la clase.

Corto, de 3 a 7 minutos. Ocurre en un lugar que el niño conoce y siente seguro. El protagonista descansa y lo vive con todos los sentidos.

La hamaca bajo la enramada, la brisa del atardecer en el malecón, el agua fresca de la tinaja.

Psicoeducativo

Ayudar a cambiar una conducta o a enfrentar una situación nueva.

El protagonista tiene un problema parecido al del niño y, en el mundo del cuento, encuentra otras maneras de pensar y de responder.

Un cangrejito que le tiene miedo a la oscuridad de su cueva, o una tortuga que espera la llegada de un hermanito.

Psicoterapéutico

Bajar la ansiedad cuando el niño vive algo difícil o se asusta con facilidad ante lo cotidiano.

El niño se identifica con el héroe. A veces pide el mismo cuento una y otra vez: es una señal de que lo necesita.

Wale'kerü, el cuento favorito de los niños en mi trabajo de grado, contado tantas veces como lo pidan.

Un detalle que Molicka subraya y que en Cura-Kuens cuidamos mucho: si un cuento no le dice nada a un niño, no pasa nada. Puede que ese tema no sea importante para él en este momento. No hay que insistir.

Antes de un cuento de relajación

Se prepara el cuerpo. La voz baja, despacio:

Ahora vamos a escuchar un cuento. Nos sentamos cómodos, todavía más cómodos. Escuchamos nuestra respiración. Si quieres, puedes cerrar los ojos. Los ruidos de la calle se van alejando, se van alejando…

Un cuento corto para probar: «La hamaca de la brisa»

En el patio de la abuela hay una hamaca de colores colgada entre dos horcones. María se acuesta en ella despacito. Siente los hilos tibios en la espalda. La brisa llega desde la playa, trae olor a sal y a ciruela jobo, y empuja la hamaca: para allá… para acá… para allá…

María escucha el mar a lo lejos. Tac… tac… tac… Cada ola le dice: descansa. Sus manos se ponen pesadas y suaves, como arena mojada. Sus pies se ponen tibios, como cuando los entierra en la orilla al mediodía.

La abuela le trae un poquito de agua fresca de la tinaja. María bebe un sorbo y siente que el agua le baja fresquita por dentro, como un río pequeño. Arriba, una nube blanca pasa despacio sobre la enramada, y María la mira irse sin prisa…

La hamaca se mece. La brisa canta bajito. Y María se queda quieta, tranquila, en el lugar más seguro del mundo: el patio de su casa.

Al terminar, se deja un momento de silencio. Luego, despacio, se invita a mover los dedos de las manos, los pies, a estirarse como un gato y a abrir los ojos.

Después del cuento: que el niño le ponga su sentido

Con los cuentos psicoeducativos y psicoterapéuticos, lo más valioso viene después de escuchar. Molicka recomienda invitar a dibujar, a expresar emociones y a conversar sobre lo que sintieron los personajes. También sirve trabajar el cuento con títeres de mano. Pero hay una regla de oro: el niño interpreta el cuento, no el adulto. Solo así el cuento cobra un significado personal. Si no quiere hablar, se respeta.

Dimensión

En el cuento de relajación

En el psicoeducativo

En el psicoterapéutico

Escuchar (urdimbre)

Escuchar la voz que guía, la propia respiración y el mar de fondo.

Escuchar el problema del personaje y reconocerse en él.

Escuchar el mismo cuento tantas veces como haga falta.

Sentir (trama)

Sentir el cuerpo pesado y tibio, la brisa, el agua fresca.

Sentir lo que siente el personaje y ponerle nombre.

Sentir que el héroe también tuvo miedo y salió adelante.

Hacer (mochila)

Estirarse al final y dibujar «mi lugar seguro».

Dramatizar con títeres otra manera de resolver.

Dibujar al héroe y guardar el dibujo en la mochila de los cuentos.

La cuentoterapia también se hace en casa

La cuentoterapia no es solo para especialistas. Molicka la recomienda también para madres, padres, abuelas y abuelos. Leer o contar un cuento es un tiempo dedicado solo al niño: tiempo para conversar y estar cerca. Ese rato permite entrar a su mundo de emociones.

Y hay algo más: para hablar con el niño de lo que siente, el adulto tiene que mirar primero sus propias emociones. Así, el cuento ayuda a crecer a los dos. Se puede contar como prevención, en cualquier momento, o escoger uno que se parezca a lo que el niño está viviendo.

Consejo de la abuela Carey: «No le expliques el cuento al carajito, mija. Cuéntaselo bien y déjalo que lo mastique. Si te lo pide otra vez, cuéntaselo otra vez: por algo será. El cuento sabe por dónde entrar.»

Un cuidado necesario

La cuentoterapia en el aula, la biblioteca o la casa previene y acompaña, pero no reemplaza la atención profesional. Si un niño vive mucho miedo o una tristeza que no se le pasa, o si algo en su dibujo o en su relato preocupa, se habla con la familia y se busca orientación psicológica. Ante cualquier sospecha de que un niño está en riesgo, se llama a la Línea 141 del ICBF.

Para seguir leyendo

  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii [Cuentoterapia. Sobre los miedos de los niños y un nuevo método de terapia]. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. Bajki terapeutyczne dla dzieci [Cuentos terapéuticos para niños], partes 1 y 2. Poznań: Media Rodzina.
  • Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.

 

lunes, 30 de septiembre de 2024

El cuento que nos contamos: cuento y realidad, dos maneras de mirar la vida


Un mismo aguacero, tres cuentos distintos

El cuento y la realidad son dos maneras de mirar la vida.

La realidad es mirar lo que pasa como una serie de hechos, lo más objetivos posible. El cuento es otra cosa: es la interpretación que cada quien hace de lo que pasa, con la imaginación encendida. Así se arma una historia completa y llena de emoción, bonita o aterradora, sobre la vida, sobre una persona o sobre una situación. Cuando a la imagen le faltan piezas, la mente las busca, las piensa o se las inventa. Por eso, frente a un mismo hecho, cada persona cuenta un cuento diferente.

Piensa en una tarde de aguacero en Riohacha, de esas que llegan pocas veces al año:

  • Para Luisito, «se dañó el paseo a la playa, todo me sale mal».
  • Para su prima Yeimy, «¡se llenaron los charcos para los barquitos de papel!».
  • Para la abuela, desde la mecedora, «llegó el invierno: mañana se siembra».

El hecho es el mismo: llovió. Lo que cambia es el cuento que cada uno se cuenta.

¿De dónde salen esos cuentos? De la cultura de nuestro territorio y de nuestra familia: de los hábitos, las tradiciones, las emociones y el ánimo del momento. Pero no todo está decidido de antemano. Con el tiempo, cada persona puede escoger en qué cuento quiere vivir.

El cuento de las canicas

Para un niño, las canicas valen lo que para un adulto el oro o los diamantes. Ganarse una sola ya es suerte y alegría.

Una mañana en la escuela de la Calle Segunda, Jesús tuvo un recreo milagroso. Debajo del almendro, tiro tras tiro, le ganó a todo el salón: las aguadas, las de colores, hasta la canica azul de Camilo, que era la más bonita de todas. Volvió al aula con los bolsillos tan llenos que sonaba al caminar.

Esa tarde, cada quien se contó un cuento distinto.

Jesús se contó: «Soy el mejor del mundo». Pero al día siguiente nadie quiso jugar con él, y las canicas pesaban en el bolsillo sin nadie con quien rodarlas.

Camilo se contó: «Yo nunca gano nada». Y no quiso volver al almendro.

La seño, que lo había visto todo, se sentó con los dos y les preguntó qué otro cuento se podía contar. Jesús lo pensó un rato y sacó la canica azul. «Esta te la devuelvo», le dijo a Camilo. «Y si quieres, mañana te enseño cómo tiro.»

Desde ese día, el cuento de aquel recreo ya no fue «el día que Jesús ganó todo», sino «el día que empezamos a jugar juntos».

Escoger el cuento de vida

Mirar la vida como cuento es natural en las personas. Se puede decir que vivimos dentro de nuestros cuentos casi todo el tiempo. Describir los hechos tal como son es más difícil y requiere práctica.

Por eso vale la pena aprender a escoger el cuento de vida que nos ayuda. Casi siempre es el que mira hacia adelante, el que deja una puerta abierta y el que no nos deja solos. Si el cuento que nos contamos es más rico y más hermoso que los puros hechos, y nos ayuda a vivir mejor, es natural quedarnos en él.

Cuando el cuento duele, se vuelve a los hechos

A veces el cuento que nos contamos es negativo y nos lastima por dentro: «nadie me quiere», «todo me sale mal», «yo no sirvo». Entonces ayuda volver a la realidad y preguntarse con calma qué fue lo que de verdad pasó. Muchas veces el hecho resulta más pequeño que el cuento que armamos con él.

Pero hay algo que en Cura-Kuens tenemos muy claro. Las experiencias graves no se arreglan cambiando el cuento. Una humillación repetida, el maltrato o cualquier forma de abuso nunca son «hechos de menor importancia». Lo que un niño necesita en esos casos es que un adulto le crea, lo proteja y busque ayuda. Si un niño está en riesgo, se llama a la Línea 141 del ICBF o al 123. Para las mujeres existe la Línea 155.

Taller: «Dos cuentos para un mismo día»

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Contamos el cuento de las canicas y escuchamos cómo lo vivió cada personaje: Jesús, Camilo, la seño.

Sentir (trama)

Cada niño recuerda un día que «se le dañó» y le pone nombre a la emoción con el animómetro.

Hacer (mochila)

Doblamos una hoja en dos. A un lado dibujamos el cuento triste de ese día; al otro, otro cuento posible del mismo día. Cada niño escoge cuál guarda en la mochila.

No se obliga a nadie a cambiar su cuento. El ejercicio solo muestra que existe más de una manera de contarlo.

Consejo de la abuela Carey: «Lo que pasó, pasó, mija. Pero cómo lo cuentas lo decides tú. Yo he cargado mi casa en la espalda cien años, y no la cuento como un peso: la cuento como mi techo.»

 

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  La puerta también era una salida. Poemas del despojo, la ausencia y la reconstrucción. Gaitini (Ella Cecilia Celedón Simanca). Poemario ...