domingo, 29 de diciembre de 2024

El mapa de los miedos: qué asusta a los niños en cada edad y cómo ayuda el cuento


Sobre esta entrada. Adapta un artículo traducido de la escuela rusa de cuentoterapia (skazkoterapia), sin autoría consignada, que retoma la clasificación de cuentos de Tatiana Zinkevich-Evstigneeva. Los ejemplos de Riohacha, las aclaraciones y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.

Un día es el perro de la esquina. Otro día es el alacrán que apareció en el baño. Más adelante es la noticia de la creciente del río, o la pregunta que nadie se atreve a contestar: «¿Mi abuela también se va a morir?». Los miedos de los niños cambian con la edad, como cambia su manera de ver el mundo. Conocerlos nos ayuda a escoger el cuento adecuado y a no asustarnos nosotros cuando aparecen.

Los miedos según la edad

El artículo propone una clasificación aproximada. No es una regla fija: cada niño tiene su propio ritmo. Pero sirve como mapa.

Edad

Qué suele asustar

Cómo puede verse en Riohacha

2 a 3 años

Animales, sobre todo de noche. Algunas canciones o rimas con animales «malos» pueden aumentar el miedo

El perro que ladra en la calle, el gato que salta en el patio, el «coco» de la canción de cuna

4 años

Los personajes malos de los cuentos (brujas, reyes malvados) y también los insectos y las arañas

La bruja del cuento, la Llorona, el alacrán, la cucaracha voladora, la araña del rincón

5 a 6 años

Desastres, catástrofes, desgracias, sobre todo si los ven en la televisión o en el celular

Las crecientes del río Ranchería en tiempo de lluvias, los vendavales, los incendios que salen en las noticias

7 a 8 años

La muerte y la pérdida de los seres queridos. Es un miedo profundo, del que muchas veces el niño no habla

La enfermedad de un abuelo, un velorio en el barrio, la mascota que murió

Este último miedo merece cuidado especial. Si un niño de siete u ocho años empieza a preguntar por la muerte, no es una maña ni un tema «de grandes»: es parte de su desarrollo. Necesita respuestas sencillas, verdaderas y llenas de cariño. Y un cuento puede ser la mejor manera de empezar la conversación.

Cómo ayuda el cuento con el miedo

El artículo recuerda una regla muy sencilla: cuanto más conocemos aquello que nos asusta, menos miedo nos da. En el cuento, el niño se encuentra con su miedo a través del protagonista, pero a una distancia segura. Cuando ve que el personaje lo enfrenta y sale adelante, gana confianza poco a poco.

En muchos cuentos, el protagonista no vence solo: lo ayudan su familia, sus amigos, un animal o un personaje sabio. Al identificarse con él, el niño aprende dos cosas a la vez:

  • que no está solo con su problema;
  • que el problema tiene solución, y que las personas que lo quieren pueden ayudarlo.

Y mientras piensa en el cuento, descubre algo más: que él también tiene fuerzas propias, como el valor, la astucia o la paciencia.

¿Qué se busca con estos cuentos?

  • Desarrollar la creatividad y la imaginación.
  • Ayudar al niño a conocerse y a valorarse de manera justa, ni por debajo ni por encima.
  • Bajar la ansiedad y la agresividad.
  • Enseñarle formas aceptables de expresar lo que siente.
  • Mejorar la comunicación y el manejo de las emociones.

Lo más valioso del método es que educa sin que se note. No hay sermones. El niño escucha, piensa en lo que hizo el personaje y llega por sí mismo a sus propias conclusiones.

Los tipos de cuento según Zinkevich-Evstigneeva

La psicóloga rusa Tatiana Zinkevich-Evstigneeva, una de las grandes maestras de la cuentoterapia, clasifica los cuentos según para qué sirven. Esta es la versión del artículo, con ejemplos de aquí:

Tipo

Qué es

Para qué sirve

Un ejemplo

Populares

Cuentos, mitos y parábolas que vienen de los antepasados, hechos por la sabiduría de muchas generaciones

Enseñan la relación entre las personas, los animales y la naturaleza; llenan al niño de palabras para nombrar sentimientos y cosas

Tío Conejo y Tío Tigre, los kuens wayúu

De autor

Cuentos escritos por un autor conocido

Ayudan a trabajar las experiencias interiores

Las dos ranas, de L. Panteleev: la rana que no deja de patalear dentro de la jarra de leche hasta convertirla en mantequilla y salir. El patito feo, de Andersen

De miedo

Historias de brujas, espantos y aparecidos

Ayudan al niño a vencer la angustia «ensayando» una salida. Solo para niños mayores y con un final inesperado y divertido

Los cuentos de aparecidos que se cuentan en el patio

Didácticos

Cuentos que invitan a aprender algo

Motivan al niño a hacer una tarea o aprender un tema

Un cuento para aprender los números con los huevos de la tortuga carey

Psicocorrectivos

Cuentos escritos o escogidos para un problema concreto

Ayudan con una dificultad específica: un miedo, una conducta, un cambio

El cangrejito que le tenía miedo a la noche

Psicoterapéuticos

Historias profundas que no siempre dan respuesta y dejan una pregunta abierta

Ayudan a mirar de otra manera los grandes temas: el amor, la pérdida, la vida y la muerte

Un cuento sobre un niño pescador que pierde a su perro

En otros textos de la misma escuela aparece también un tipo más, los cuentos meditativos, que se parecen a los cuentos de relajación de los que hablamos en la entrada Cuando se va la luz.

Cómo se arma un cuento que ayuda con un problema

Si vamos a escribir o escoger un cuento psicocorrectivo, el artículo propone tres reglas:

  1. Parecido al problema del niño, pero no igual. Si es idéntico, el niño se siente señalado.
  2. Con una experiencia que el niño pueda tomar prestada: el personaje prueba una solución que el niño luego puede usar.
  3. Con una secuencia clara:
    • el comienzo, donde conocemos a los personajes;
    • el problema que aparece;
    • la búsqueda de una salida;
    • el momento más difícil;
    • la solución;
    • un final siempre positivo;
    • y lo que el personaje aprendió, que cambia su vida.

Estos cuentos se pueden leer sin conversarlos después. Si el niño quiere hablar, se habla; si prefiere dibujar o jugar con muñecos, también vale.

Un cuento, muchas lecturas

El artículo pone como ejemplo un cuento popular ruso muy corto, La gallina Riaba. Una gallina le pone a un abuelo y una abuela un huevo de oro. Ellos lo golpean y lo golpean, pero no se rompe. Pasa un ratoncito, mueve la cola, el huevo cae y se rompe. El abuelo y la abuela lloran. Y la gallina les dice: «No lloren, les pondré un huevo, pero esta vez uno sencillo».

Parece un cuento sin sentido: ¿por qué lloran si ellos mismos querían romper el huevo? Pero mirado con calma, abre muchas conversaciones:

  • los regalos inesperados, y lo que hacemos cuando no sabemos qué hacer con ellos;
  • hacer las cosas solo porque otros las hacen, sin pensar en lo que puede pasar;
  • los accidentes que cambian la vida;
  • el consuelo: la gallina no regaña, consuela;
  • los sueños que se rompen, y cómo encontrar algo bueno después.

No hace falta conocer La gallina Riaba para hacer este ejercicio. Se puede hacer con cualquier cuento que los niños conozcan, como La gallina de los huevos de oro, de Esopo, o una historia de Tío Conejo. La pregunta es siempre la misma: ¿de qué nos habla este cuento hoy? Y cada niño, como decía MacDonald, encontrará su propio sentido.

Consejos para contar

  • Nunca en tono monótono. Hay que sentir lo que se cuenta.
  • Frente al niño, para que vea la cara, los gestos y los ojos de quien cuenta. Para los niños, el contacto con la mirada es muy importante.
  • Pausas cortas, sí; silencios largos, no. Una pausa breve en el momento más emocionante despierta la curiosidad. Un silencio demasiado largo rompe el hechizo.
  • El final depende del tipo de cuento. En un cuento para un problema concreto, el final es positivo. En los cuentos más profundos, se puede dejar una pregunta abierta para que el niño imagine.
  • Según la edad. A los dos años, cuentos muy sencillos y repetitivos, como La ratita presumida o Los tres cerditos. Hacia los cuatro, el niño ya distingue la ficción de la realidad y puede inventar un final.
  • Desde el cariño. El artículo dice que el efecto es mayor si el cuento lo lee la mamá antes de dormir. Nosotros diríamos: cualquier adulto que el niño quiera y en quien confíe, sea mamá, papá, la abuela, el tío o la maestra.
  • No solo leer. También se puede dibujar el cuento, inventarlo, representarlo con figuritas o hacer títeres.

Sesión en la Biblioteca Comuna 10: «El miedo que se volvió chiquito»

Para niños de 5 a 8 años · 1 hora · de 8 a 14 participantes

Dos ideas del artículo se vuelven juego: cuanto más conocemos lo que nos asusta, menos miedo nos da, y los cuentos de miedo deben terminar de forma inesperada y divertida.

Materiales: la mochila de los talleres con el espejo de la abuela Carey, el ovillo de Wale'kerü, hojas, colores, papeles de colores, pegante, sombreritos o bigotes de papel para pegar, y las tarjetas del animómetro.

  1. Abrir la mochila (5 min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno dice su nombre y algo que lo hace reír.
  2. Urdir (5 min). La facilitadora cuenta que cuando era niña también le tenía miedo a algo, y que todos, grandes y chicos, le tenemos miedo a alguna cosa. Nadie tiene que decir su miedo si no quiere.
  3. El cuento (8 min). La fábula popular de las dos ranas que caen en una jarra de leche. Una se asusta y deja de nadar. La otra patalea y patalea, sin rendirse, hasta que la leche se vuelve mantequilla y puede saltar afuera.
  4. Pasar la trama (7 min). Pasando el ovillo, cada niño dice qué hizo la rana que se salvó, y qué le diría él a la rana asustada.
  5. Tejer: conocer al miedo (15 min). Cada niño dibuja «su miedo» como un personaje (un perro, un alacrán, una bruja, la oscuridad). Luego la facilitadora hace preguntas para conocerlo mejor: «¿Cómo se llama tu miedo? ¿Qué come? ¿A qué le tiene miedo él?». Cada niño escribe o dicta las respuestas al lado del dibujo.
  6. El cuento propio: el final divertido (15 min). Cada niño le pega a su miedo algo que lo haga chiquito o gracioso: un sombrero, unos bigotes, unas pantuflas de conejito. Luego inventa un final inesperado: «Y entonces el alacrán estornudó tan fuerte que se fue volando hasta Maicao». Quien quiera, lo cuenta al grupo.
  7. Cerrar la mochila (5 min). Animómetro de salida. Cada niño se mira en el espejo de la abuela Carey y dice: «Yo también tengo fuerza, como la rana».

Cómo se ve la triada en esta sesión

Dimensión

Dónde aparece

Aprender escuchando (la urdimbre)

La fábula de las dos ranas, la voz de la facilitadora que también tuvo miedos, los finales divertidos de los compañeros

Aprender sintiendo (la trama)

Reconocer el propio miedo sin vergüenza, la risa que lo vuelve chiquito, la frase frente al espejo, el animómetro

Aprender haciendo (la mochila)

Dibujar y «entrevistar» al miedo, pegarle algo gracioso, inventar el final divertido

Un cuidado. Esta sesión es para miedos comunes. Si un niño tiene pesadillas durante semanas, no quiere salir de casa o su miedo viene de algo que le pasó de verdad, como una inundación o una agresión, el juego no basta. La facilitadora habla con la familia y sugiere buscar apoyo profesional, siguiendo el protocolo de la biblioteca.

Para cerrar

Los miedos no son enemigos: son señales de que el niño está creciendo y descubriendo un mundo grande. Cada edad trae los suyos, y cada miedo pide su cuento. Lo importante es acompañarlos sin burlarnos, escoger el cuento con cuidado y, a veces, ayudar a que el miedo se vuelva chiquito con una buena carcajada.

¿A qué le tienen miedo los niños de tu casa o de tu salón? ¿Qué cuento les ha ayudado? Cuéntamelo en los comentarios.

Referencias

  • Zinkevich-Evstigneeva, Tatiana D. Obras sobre cuentoterapia (skazkoterapia), entre ellas Praktikum po skazkoterapii [Práctica de la cuentoterapia].
  • Panteleev, L. Las dos ranas (cuento de autor, en ruso).
  • Andersen, Hans Christian. El patito feo (1843). Dominio público.
  • Esopo. La gallina de los huevos de oro. Dominio público.
  • La gallina Riaba (cuento popular ruso).
  • Texto de origen: artículo traducido de la escuela rusa de cuentoterapia, sin autoría consignada.

 

 


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

La puerta también era una salida: escribir para sanar

  La puerta también era una salida. Poemas del despojo, la ausencia y la reconstrucción. Gaitini (Ella Cecilia Celedón Simanca). Poemario ...