sábado, 30 de noviembre de 2024

Cuentos en la arena: lo que la arena de Riohacha le enseña a los niños


Sobre esta entrada. Adapta un artículo traducido, al parecer de origen ruso, sin autoría consignada, sobre los beneficios de jugar con arena y sobre la arteterapia y la terapia con arena. Las conexiones con Riohacha, las aclaraciones y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.

En Riohacha la arena está en todas partes. En la playa frente al malecón, en los patios de las casas, en las calles sin pavimentar, en el desierto que empieza donde termina la ciudad. Los niños de aquí crecen con arena entre los dedos: hacen castillos junto al mar, entierran los pies en la arena tibia, dibujan con un palito, construyen caminos para los carritos.

Parece solo un juego. Pero la arena es uno de los materiales más antiguos y más poderosos para aprender, jugar y contar. Y también, en manos de un especialista, para sanar.

Dos maneras de trabajar con arena

El artículo distingue dos caminos, que se parecen pero no son iguales.

El arte con arena

Se dibuja con arena sobre una mesa o bandeja, a veces iluminada desde abajo. El artículo abre con una frase atribuida a Pablo Picasso: «El arte lava del alma el polvo de la vida cotidiana». Con la arena, el niño puede expresar lo que siente sin necesitar palabras difíciles, y sin saber dibujar: la imagen se hace, se borra y se vuelve a hacer con un movimiento de la mano. Por eso es tan cercana a los niños pequeños.

La terapia con arena

Tiene raíces en la psicología de Carl Gustav Jung, que daba mucha importancia a los símbolos. En los años veinte, la pediatra inglesa Margaret Lowenfeld inventó una técnica en la que los niños construían «mundos» en una caja de arena con figuritas. Más tarde, la suiza Dora Kalff, siguiendo a Jung, la desarrolló como terapia.

En una bandeja con arena, el niño coloca figuritas de personas, animales, casas, árboles, y crea una escena. Al construirla y contarla, muestra lo que vive por dentro. El niño lo siente como un juego, y por eso no le da miedo ir donde el psicólogo.

Se usa con niños tímidos, ansiosos, agresivos, que han vivido experiencias difíciles o que están pasando por cambios grandes, como una mudanza o la separación de los padres.

Una aclaración importante. La terapia con arena es un trabajo de psicólogos y terapeutas formados en ese método. En Cura-Kuens no hacemos terapia con arena: usamos la arena para jugar, crear y contar cuentos, que también tiene un gran valor.

Siete regalos de jugar con arena

Regalo

Qué pasa

Cómo se ve en la playa o en el patio

1. Las manos y el tacto

Con miles de movimientos pequeños, el niño desarrolla la motricidad fina y aprende a distinguir texturas, formas y temperaturas. Eso le servirá para escribir o usar tijeras

Sentir la arena seca y la mojada, la tibia del mediodía y la fresca de la tarde, dejarla correr entre los dedos

2. El cuerpo y el equilibrio

Enterrar los pies, saltar los huecos, sacar la arena del zapato: el niño conoce los límites y las señales de su cuerpo

Hacer huecos y saltarlos, enterrarse hasta las rodillas, caminar por la orilla

3. La calma y la concentración

Construir un castillo o un dibujo toma tiempo. La arena calma a niños y adultos, y ayuda mucho a los niños muy inquietos

Pasar una hora entera construyendo un castillo sin aburrirse

4. La creatividad

De formas simples salen construcciones cada vez más originales

Castillos, rancherías, caminos, puertos con barquitos de hoja

5. Planear y resolver problemas

Para construir hay que imaginar el resultado, y cuando la torre se cae, cambiar el plan

Mojar más la arena para que no se derrumbe, hacer un canal para que el agua no destruya el castillo

6. El espacio

Las formas, los tamaños, la profundidad y las distancias se aprenden con las manos

El hueco hondo, la montaña alta, el camino largo

7. Convivir

En la arena hay conflictos de verdad: ¿puedo usar la pala del otro?, ¿qué hago si me tumban el castillo?, ¿dejo que me ayuden? Ahí se aprenden las primeras reglas de la vida en grupo

Construir entre varios, prestar el balde, arreglar el castillo que otro tumbó sin querer

El artículo termina con una idea bonita: en la arena, el niño aprende a equilibrar el «yo puedo solo» con el «necesito ayuda». Y los adultos también.

Cuidados con la arena

La arena tiene microbios naturales, y un poco de contacto con ellos es bueno para los niños. Pero hay cosas que sí pueden hacer daño, y en Riohacha conviene estar atentos:

  • En la playa: vidrios rotos, tapas, colillas, anzuelos y basura que deja la marea o la gente. Antes de jugar, vale la pena dar una vuelta y limpiar el lugar con los niños, que también es una forma de cuidar el mar.
  • En los patios y parques: excrementos de perros y gatos. La arena de juego debe estar en un lugar cercado o taparse por la noche.
  • El sol: jugar en la arena a pleno mediodía quema los pies y la piel. Mejor temprano en la mañana o al atardecer, con agua cerca.
  • Lavarse las manos después de jugar, sobre todo antes de comer.

Lo que hace Cura-Kuens con la arena

No hacemos terapia con arena, pero sí tomamos de ella una idea preciosa: la arena es un escenario donde los cuentos se pueden tocar. En muchos pueblos del mundo se cuentan historias dibujando en la arena. En Vanuatu, en el Pacífico, esa tradición fue reconocida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. Y en Riohacha, la arena la tenemos a la mano.

En nuestras sesiones usamos:

  • la bandeja de los cuentos: una caja o bandeja con arena de la playa, limpia y seca;
  • objetos de aquí, en vez de figuritas compradas: caracoles, conchas, piedritas, semillas de trupillo, palitos, hojas de uva de playa, plumas;
  • el dedo y el palito, para dibujar el cuento mientras se cuenta.

Y una regla, la misma de siempre: no interpretamos la escena del niño. Le pedimos que nos la cuente.

Sesión en la Biblioteca Comuna 10: «El cuento que cabe en una bandeja»

Para niños de 5 a 10 años · 1 hora y 15 minutos · de 8 a 14 participantes, en grupos de 3 o 4

Materiales: la mochila de los talleres con el caracol de la abuela Carey, el ovillo de Wale'kerü, una bandeja grande con arena para la facilitadora y una por grupo (pueden ser cajas de cartón forradas con plástico), objetos naturales recogidos en la playa, un atomizador con agua, toallitas y las tarjetas del animómetro.

  1. Abrir la mochila (5 min). Animómetro de entrada. Cada niño mete la mano en la bandeja y dice una palabra para cómo se siente la arena.
  2. Urdir (10 min). Conversamos: ¿qué hacen ustedes en la arena de la playa o del patio? Recordamos que la arena es de Riohacha, como el mar y como nosotros.
  3. El cuento (10 min). La facilitadora cuenta un cuento corto dibujándolo en la arena con el dedo, mientras habla: por ejemplo, el de Pinzote, el cangrejito de la playa. Cada escena se borra con la mano y aparece la siguiente.
  4. Pasar la trama (10 min). Pasando el ovillo, cada niño dice qué dibujo del cuento le gustó más.
  5. Tejer: el mundo en la bandeja (20 min). Cada grupo arma, con la arena y los objetos naturales, el escenario de un cuento: puede ser el que escucharon o uno nuevo. Pueden mojar la arena para construir, hacer caminos, mar, montañas.
  6. El cuento propio (15 min). Cada grupo cuenta su cuento mostrando la bandeja. Los demás escuchan y pueden preguntar: «¿Y quién vive en esa casa?», «¿A dónde lleva ese camino?». Se toma una foto de cada bandeja antes de deshacerla.
  7. Cerrar la mochila (5 min). Animómetro de salida. Deshacemos las bandejas juntos, despacio, como cuando la marea borra los dibujos de la playa: el cuento se va, pero se queda con nosotros.

Cómo se ve la triada en esta sesión

Dimensión

Dónde aparece

Aprender escuchando (la urdimbre)

El cuento dibujado en la arena, las preguntas de los compañeros sobre cada bandeja

Aprender sintiendo (la trama)

La textura y la calma de la arena, el gusto de crear un mundo propio, el momento de deshacerlo, el animómetro

Aprender haciendo (la mochila)

Dibujar con el dedo, construir el escenario con objetos naturales, contar el cuento con la bandeja

Un cuidado. Si la escena de un niño muestra algo que preocupa, por ejemplo una casa destruida, alguien enterrado o un niño solo y lejos de todos, no la interpretamos ni la corregimos. Le preguntamos con calma qué pasa en su cuento y, si hace falta, hablamos después con la bibliotecaria y seguimos el protocolo.

Para cerrar

La arena es paciente: recibe la huella, la deja estar un rato y luego la borra para que podamos empezar de nuevo. Quizá por eso calma tanto. En Riohacha la tenemos por todas partes, gratis y al alcance de cualquier niño. Solo hace falta un adulto que se siente al lado, que juegue, que escuche y que, de vez en cuando, cuente un cuento con el dedo sobre la arena.

¿Qué jugabas tú en la arena cuando eras niño o niña? Cuéntamelo en los comentarios.

Referencias

  • Kalff, Dora M. Sandplay: A Psychotherapeutic Approach to the Psyche (edición original en alemán: Sandspiel, 1966).
  • Lowenfeld, Margaret. The World Technique (técnica desarrollada desde finales de la década de 1920).
  • UNESCO. Dibujos sobre la arena de Vanuatu, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (2003, inscrito en 2008).
  • Texto de origen: artículo traducido sobre los beneficios de jugar con arena, al parecer de origen ruso, sin autoría consignada.

 


jueves, 31 de octubre de 2024

Tres cuentos para tres momentos: la cuentoterapia de Maria Molicka en Riohacha

 

No todos los cuentos sirven para lo mismo

Hay cuentos para dormir, cuentos para aprender y cuentos para sanar. La psicóloga polaca Maria Molicka, una de las grandes impulsoras de la cuentoterapia (en Polonia, bajkoterapia), los ordena en tres tipos: de relajación, psicoeducativos y psicoterapéuticos. Su propuesta se usa con niñas y niños de preescolar y de los primeros años de primaria, aproximadamente entre los 4 y los 9 años, tanto para prevenir como para acompañar.

En Riohacha esta idea no nos llega de lejos. Mi trabajo de grado con la comunidad del Centro Etnoeducativo #17 Koushatchon mostró que 9 de cada 10 niños escuchan cuentos de sus abuelos, y casi siempre de noche. Nuestras abuelas ya sabían escoger: un cuento suave para que el carajito se durmiera en la hamaca, uno con enseñanza cuando había pelea entre hermanos, y el de siempre, el que el niño pedía una y otra vez, cuando algo le dolía por dentro. Molicka le pone nombre a esa sabiduría.

Los tres cuentos, a la manera de Riohacha

Tipo

Para qué sirve

Cómo es

Un ejemplo riohachero

De relajación

Calmar, bajar la agitación, preparar para dormir o para empezar la clase.

Corto, de 3 a 7 minutos. Ocurre en un lugar que el niño conoce y siente seguro. El protagonista descansa y lo vive con todos los sentidos.

La hamaca bajo la enramada, la brisa del atardecer en el malecón, el agua fresca de la tinaja.

Psicoeducativo

Ayudar a cambiar una conducta o a enfrentar una situación nueva.

El protagonista tiene un problema parecido al del niño y, en el mundo del cuento, encuentra otras maneras de pensar y de responder.

Un cangrejito que le tiene miedo a la oscuridad de su cueva, o una tortuga que espera la llegada de un hermanito.

Psicoterapéutico

Bajar la ansiedad cuando el niño vive algo difícil o se asusta con facilidad ante lo cotidiano.

El niño se identifica con el héroe. A veces pide el mismo cuento una y otra vez: es una señal de que lo necesita.

Wale'kerü, el cuento favorito de los niños en mi trabajo de grado, contado tantas veces como lo pidan.

Un detalle que Molicka subraya y que en Cura-Kuens cuidamos mucho: si un cuento no le dice nada a un niño, no pasa nada. Puede que ese tema no sea importante para él en este momento. No hay que insistir.

Antes de un cuento de relajación

Se prepara el cuerpo. La voz baja, despacio:

Ahora vamos a escuchar un cuento. Nos sentamos cómodos, todavía más cómodos. Escuchamos nuestra respiración. Si quieres, puedes cerrar los ojos. Los ruidos de la calle se van alejando, se van alejando…

Un cuento corto para probar: «La hamaca de la brisa»

En el patio de la abuela hay una hamaca de colores colgada entre dos horcones. María se acuesta en ella despacito. Siente los hilos tibios en la espalda. La brisa llega desde la playa, trae olor a sal y a ciruela jobo, y empuja la hamaca: para allá… para acá… para allá…

María escucha el mar a lo lejos. Tac… tac… tac… Cada ola le dice: descansa. Sus manos se ponen pesadas y suaves, como arena mojada. Sus pies se ponen tibios, como cuando los entierra en la orilla al mediodía.

La abuela le trae un poquito de agua fresca de la tinaja. María bebe un sorbo y siente que el agua le baja fresquita por dentro, como un río pequeño. Arriba, una nube blanca pasa despacio sobre la enramada, y María la mira irse sin prisa…

La hamaca se mece. La brisa canta bajito. Y María se queda quieta, tranquila, en el lugar más seguro del mundo: el patio de su casa.

Al terminar, se deja un momento de silencio. Luego, despacio, se invita a mover los dedos de las manos, los pies, a estirarse como un gato y a abrir los ojos.

Después del cuento: que el niño le ponga su sentido

Con los cuentos psicoeducativos y psicoterapéuticos, lo más valioso viene después de escuchar. Molicka recomienda invitar a dibujar, a expresar emociones y a conversar sobre lo que sintieron los personajes. También sirve trabajar el cuento con títeres de mano. Pero hay una regla de oro: el niño interpreta el cuento, no el adulto. Solo así el cuento cobra un significado personal. Si no quiere hablar, se respeta.

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En el cuento de relajación

En el psicoeducativo

En el psicoterapéutico

Escuchar (urdimbre)

Escuchar la voz que guía, la propia respiración y el mar de fondo.

Escuchar el problema del personaje y reconocerse en él.

Escuchar el mismo cuento tantas veces como haga falta.

Sentir (trama)

Sentir el cuerpo pesado y tibio, la brisa, el agua fresca.

Sentir lo que siente el personaje y ponerle nombre.

Sentir que el héroe también tuvo miedo y salió adelante.

Hacer (mochila)

Estirarse al final y dibujar «mi lugar seguro».

Dramatizar con títeres otra manera de resolver.

Dibujar al héroe y guardar el dibujo en la mochila de los cuentos.

La cuentoterapia también se hace en casa

La cuentoterapia no es solo para especialistas. Molicka la recomienda también para madres, padres, abuelas y abuelos. Leer o contar un cuento es un tiempo dedicado solo al niño: tiempo para conversar y estar cerca. Ese rato permite entrar a su mundo de emociones.

Y hay algo más: para hablar con el niño de lo que siente, el adulto tiene que mirar primero sus propias emociones. Así, el cuento ayuda a crecer a los dos. Se puede contar como prevención, en cualquier momento, o escoger uno que se parezca a lo que el niño está viviendo.

Consejo de la abuela Carey: «No le expliques el cuento al carajito, mija. Cuéntaselo bien y déjalo que lo mastique. Si te lo pide otra vez, cuéntaselo otra vez: por algo será. El cuento sabe por dónde entrar.»

Un cuidado necesario

La cuentoterapia en el aula, la biblioteca o la casa previene y acompaña, pero no reemplaza la atención profesional. Si un niño vive mucho miedo o una tristeza que no se le pasa, o si algo en su dibujo o en su relato preocupa, se habla con la familia y se busca orientación psicológica. Ante cualquier sospecha de que un niño está en riesgo, se llama a la Línea 141 del ICBF.

Para seguir leyendo

  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii [Cuentoterapia. Sobre los miedos de los niños y un nuevo método de terapia]. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. Bajki terapeutyczne dla dzieci [Cuentos terapéuticos para niños], partes 1 y 2. Poznań: Media Rodzina.
  • Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.

 

lunes, 30 de septiembre de 2024

El cuento que nos contamos: cuento y realidad, dos maneras de mirar la vida


Un mismo aguacero, tres cuentos distintos

El cuento y la realidad son dos maneras de mirar la vida.

La realidad es mirar lo que pasa como una serie de hechos, lo más objetivos posible. El cuento es otra cosa: es la interpretación que cada quien hace de lo que pasa, con la imaginación encendida. Así se arma una historia completa y llena de emoción, bonita o aterradora, sobre la vida, sobre una persona o sobre una situación. Cuando a la imagen le faltan piezas, la mente las busca, las piensa o se las inventa. Por eso, frente a un mismo hecho, cada persona cuenta un cuento diferente.

Piensa en una tarde de aguacero en Riohacha, de esas que llegan pocas veces al año:

  • Para Luisito, «se dañó el paseo a la playa, todo me sale mal».
  • Para su prima Yeimy, «¡se llenaron los charcos para los barquitos de papel!».
  • Para la abuela, desde la mecedora, «llegó el invierno: mañana se siembra».

El hecho es el mismo: llovió. Lo que cambia es el cuento que cada uno se cuenta.

¿De dónde salen esos cuentos? De la cultura de nuestro territorio y de nuestra familia: de los hábitos, las tradiciones, las emociones y el ánimo del momento. Pero no todo está decidido de antemano. Con el tiempo, cada persona puede escoger en qué cuento quiere vivir.

El cuento de las canicas

Para un niño, las canicas valen lo que para un adulto el oro o los diamantes. Ganarse una sola ya es suerte y alegría.

Una mañana en la escuela de la Calle Segunda, Jesús tuvo un recreo milagroso. Debajo del almendro, tiro tras tiro, le ganó a todo el salón: las aguadas, las de colores, hasta la canica azul de Camilo, que era la más bonita de todas. Volvió al aula con los bolsillos tan llenos que sonaba al caminar.

Esa tarde, cada quien se contó un cuento distinto.

Jesús se contó: «Soy el mejor del mundo». Pero al día siguiente nadie quiso jugar con él, y las canicas pesaban en el bolsillo sin nadie con quien rodarlas.

Camilo se contó: «Yo nunca gano nada». Y no quiso volver al almendro.

La seño, que lo había visto todo, se sentó con los dos y les preguntó qué otro cuento se podía contar. Jesús lo pensó un rato y sacó la canica azul. «Esta te la devuelvo», le dijo a Camilo. «Y si quieres, mañana te enseño cómo tiro.»

Desde ese día, el cuento de aquel recreo ya no fue «el día que Jesús ganó todo», sino «el día que empezamos a jugar juntos».

Escoger el cuento de vida

Mirar la vida como cuento es natural en las personas. Se puede decir que vivimos dentro de nuestros cuentos casi todo el tiempo. Describir los hechos tal como son es más difícil y requiere práctica.

Por eso vale la pena aprender a escoger el cuento de vida que nos ayuda. Casi siempre es el que mira hacia adelante, el que deja una puerta abierta y el que no nos deja solos. Si el cuento que nos contamos es más rico y más hermoso que los puros hechos, y nos ayuda a vivir mejor, es natural quedarnos en él.

Cuando el cuento duele, se vuelve a los hechos

A veces el cuento que nos contamos es negativo y nos lastima por dentro: «nadie me quiere», «todo me sale mal», «yo no sirvo». Entonces ayuda volver a la realidad y preguntarse con calma qué fue lo que de verdad pasó. Muchas veces el hecho resulta más pequeño que el cuento que armamos con él.

Pero hay algo que en Cura-Kuens tenemos muy claro. Las experiencias graves no se arreglan cambiando el cuento. Una humillación repetida, el maltrato o cualquier forma de abuso nunca son «hechos de menor importancia». Lo que un niño necesita en esos casos es que un adulto le crea, lo proteja y busque ayuda. Si un niño está en riesgo, se llama a la Línea 141 del ICBF o al 123. Para las mujeres existe la Línea 155.

Taller: «Dos cuentos para un mismo día»

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Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Contamos el cuento de las canicas y escuchamos cómo lo vivió cada personaje: Jesús, Camilo, la seño.

Sentir (trama)

Cada niño recuerda un día que «se le dañó» y le pone nombre a la emoción con el animómetro.

Hacer (mochila)

Doblamos una hoja en dos. A un lado dibujamos el cuento triste de ese día; al otro, otro cuento posible del mismo día. Cada niño escoge cuál guarda en la mochila.

No se obliga a nadie a cambiar su cuento. El ejercicio solo muestra que existe más de una manera de contarlo.

Consejo de la abuela Carey: «Lo que pasó, pasó, mija. Pero cómo lo cuentas lo decides tú. Yo he cargado mi casa en la espalda cien años, y no la cuento como un peso: la cuento como mi techo.»

 

sábado, 31 de agosto de 2024

La voz que cuenta: cuentoterapia en preescolar para hablar, jugar y crecer

 

El cuento le regala palabras al niño

No hay quien no guarde con cariño los cuentos de la infancia: la voz suave de la mamá o de la abuela, los paisajes, los personajes que parecían vivos y el bien que siempre ganaba. En el preescolar, la cuentoterapia aprovecha todo eso para algo muy concreto: ayudar a los niños a hablar mejor, a entender el mundo y a relacionarse con los demás.

En la casa usamos casi siempre palabras de todos los días: «ven», «come», «báñate». Son necesarias, pero se quedan cortas. El cuento trae lo que falta: comparaciones («fría como el agua de la tinaja»), adjetivos («la tortuga vieja y sabia») y expresiones con imagen («se le aguaron los ojos»). Con esos modelos, el niño aprende su lengua con más riqueza y más rapidez, y su habla se vuelve más expresiva.

En Riohacha y en comunidades como la del Centro Etnoeducativo n.º 17 Koushatchon, muchos niños crecen entre el español y el wayuunaiki. Ahí el cuento hace doble trabajo: alimenta las dos lenguas y le dice al niño que la palabra de sus abuelos también vale en la escuela.

Tres funciones del cuento y a quién le toca cada una

En psicología se suelen distinguir tres funciones de los cuentos: diagnóstica, correctiva (terapéutica) y pronóstica. Es importante saber quién puede usar cada una.

Función

Qué busca

Quién la usa

En Cura-Kuens

Diagnóstica

Que el niño invente un cuento, por ejemplo sobre un niño de cinco años, para conocer cómo suele responder ante las situaciones y lo que no puede o no quiere decir con palabras.

Solo un psicólogo o una psicóloga, con formación y dentro de un proceso de acompañamiento.

No interpretamos ni diagnosticamos. Escuchamos con respeto y, si algo preocupa, se habla con la familia y con un profesional.

Pronóstica

Que el cuento muestre cómo podrían desarrollarse los hechos en la vida de la persona, paso a paso, como muñecas que se guardan una dentro de otra.

Solo especialistas, con mucha prudencia.

No la usamos. Ningún cuento decide el futuro de un niño.

Correctiva (acompañar)

Que, gracias al cuento, el ánimo y la conducta del niño mejoren. Se usa un cuento de autor, uno popular o uno que se crea entre el adulto y el niño.

Psicólogos, docentes, narradoras y familias, cada quien en su lugar.

Es nuestro campo: escoger bien el cuento, contarlo bien y conversar después.

Escoger el cuento es parte del trabajo. Antes de contarlo, el adulto piensa en qué está viviendo el niño: una pelea con el hermanito, miedo a la oscuridad, un cambio de casa. Así escoge el cuento que puede ayudarle y que le muestra otras maneras de actuar.

Cuentos que enseñan sin regañar

  • «Tío Conejo y Tío Tigre» muestra que la astucia vale más que la fuerza, y que no conviene confiar en cualquiera que te habla bonito.
  • «Cenicienta» expresa con claridad que la bondad termina ganando.
  • Un cuento para la hora de comer: en vez de regañar o prometer premios, se puede contar el cuento de la cocina de la abuela, donde el ñame, la arepa y el pescado esperan a la familia para la merienda. Contarlo funciona mejor que insistir, pero nunca se obliga a comer.

Contar es poner en escena una pequeña obra

Parece fácil leerle o contarle un cuento a un niño, pero no lo es. Si el adulto lee con cara aburrida y sin expresión, el niño también se aburre. En cambio, si quien narra se transforma por dentro en los personajes, el niño entra al mundo mágico del cuento. Para eso, la narradora puede:

  • cambiar la voz: astuta para Tío Conejo, grave y lenta para la abuela Carey, chillona para el cangrejito;
  • bajar la voz cuando el niño tiene que estar más atento o cuando viene el susto;
  • hacer pausas, mirar a los ojos y dejar que el silencio haga su parte.

Como narradora oral lo he comprobado muchas veces: los niños no recuerdan solo el cuento, recuerdan cómo se lo contaron.

Que los niños también cuenten

En las clases de lenguaje se puede invitar a los niños a narrar con nosotros. Funciona mejor con cuentos que ya conocen:

  • Darles voz a los personajes: unos niños hacen de Tío Conejo y otros de Tío Tigre.
  • Dramatizar un episodio: solo una escena, la más querida.
  • Adivinar el cuento por las imágenes: se muestran láminas del kamishibai y se adivina de qué cuento son.
  • Ordenar las ilustraciones: se revuelven las láminas y entre todos las ponen en el orden de la historia.
  • Teatro de títeres: con títeres de mano o de calcetín, el cuento se vuelve juego.

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Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchar a la narradora cambiar la voz para cada personaje y descubrir las palabras nuevas del cuento.

Sentir (trama)

Sentir el susto cuando la voz baja y la alegría cuando el bien gana. Ponerle nombre a lo que sintió cada personaje.

Hacer (mochila)

Prestarle la voz a un personaje, ordenar las láminas o mover un títere. Cada niño guarda en la mochila una palabra nueva que aprendió con el cuento.

Consejo de la abuela Carey: «El cuento no se lee, mija: se cuenta con el cuerpo entero. Si tú no ves al tigre, el carajito tampoco lo ve.»

Un proyecto con esqueleto, pero con aire

Para que la cuentoterapia dé frutos en el preescolar, hay que escoger los cuentos según la edad de los niños y lo que están viviendo. Conviene planear el proyecto con anticipación y para un tiempo largo, por ejemplo un semestre: qué cuentos, en qué orden y con qué actividades. Ese es el esqueleto.

Pero no puede ser un plan rígido. La docente o la narradora tiene que sentir en qué momento conviene un cuento y cuándo es mejor guardarlo para otro día. Si los niños llegan alborotados después de la brisa fuerte, quizás toca primero un cuento de relajación. El esqueleto se respeta, pero el cuento respira.

Para seguir leyendo

  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii [Cuentoterapia. Sobre los miedos de los niños y un nuevo método de terapia]. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. ([2016?]). Bajki terapeutyczne [Cuentos terapéuticos], parte 1 (2.ª ed. corregida y aumentada). Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. (2011). Biblioterapia i bajkoterapia. Rola literatury w procesie zmiany rozumienia świata społecznego i siebie [Biblioterapia y cuentoterapia: el papel de la literatura en el cambio de la comprensión del mundo social y de uno mismo]. Poznań: Media Rodzina.
  • Jędrzejewska-Wróbel, R. y otros (2011). Bezpieczna fajka. Varsovia: Nasza Księgarnia.

 


El cuento de vida: lo que la realidad no alcanza a nombrar

 

Vivimos dentro de los cuentos que nos contamos

En la entrada anterior, El cuento que nos contamos, vimos que un mismo aguacero puede ser una tragedia o una fiesta, según quién lo cuente. Hoy damos un paso más.

Un cuento de vida es la manera en que interpretamos, comprendemos y valoramos lo que nos pasa, convertida en una historia con emoción y con sentido. Es una descripción a la manera humana. Es una de las imágenes que llevamos por dentro de la vida.

El formato de la realidad hace otra cosa: cuenta en orden lo que pasó, con hechos y cifras, lo más objetivo posible, sin metáforas ni emociones. Las dos miradas son necesarias. Pero hay cosas que la realidad sola no alcanza a nombrar.

Lo que solo vive en el cuento

Con la cabeza sabemos que el mundo está hecho de átomos, moléculas y leyes de la física. Desde la ciencia, el mundo funciona como una máquina. Pero el cuento le da al mundo alma y vida. Mira estos ejemplos:

En la realidad hay…

En el cuento hay…

Dos personas que se atraen; hormonas, instinto, biología.

Amor: alguien que espera, que cree, que cuida.

Un lugar de nacimiento, una dirección, un registro civil.

La tierra: Riohacha, la Calle Segunda, el olor a mar, la voz de la abuela.

Una mujer que dio a luz, alimentó y cuidó a un niño.

Mamá.

Alguien se acercó, puso las manos sobre mis hombros y se fue.

Un abrazo: me quiere, se me calentó el pecho, dos almas se dieron calor.

Nada de lo que está en la columna de la izquierda es falso. Pero quien vive solo con esa columna se queda sin lo más importante. Quien no conoce la historia del amor no sabe amar, creer ni esperar.

Por eso los cuentos son necesarios, absolutamente necesarios. Criar a un niño es, entre otras cosas, regalarle los cuentos de su cultura y los de la humanidad. Así aprende a vivir entre la gente y a construir una vida que valga la pena contar.

Cuentos que levantan y cuentos que hunden

Frente a un mismo hecho, cada persona crea su cuento. Ese es un campo de libertad y de creatividad. Los cuentos de vida se pueden ordenar así:

  • Positivos o negativos, según cómo termine la historia que nos contamos.
  • Románticos o cínicos. El romántico mira con buenos ojos lo que hacen las personas. El cínico siempre sospecha lo peor.

Un ejemplo de Riohacha: la vecina le trae a la abuela una olla de sancocho.

  • El cuento romántico dice: «se acordó de nosotros».
  • El cuento cínico dice: «lo hizo para que después le prestemos el hueso».

El sancocho es el mismo. Lo que cambia es el cuento con el que nos lo comemos.

La mirada wayuu: todo es kuens

Esta manera de clasificar los cuentos viene de la psicología occidental. En La Guajira, el pueblo wayuu nos enseña otra cosa. Para los wayuu no existe una distinción de géneros narrativos. Todo se recoge en una sola palabra, kuens, un préstamo del español «cuentos». Kuens abarca los mitos, las leyendas, las fábulas, los cuentos tradicionales y las anécdotas.

Esos relatos no tienen autor: son de creación colectiva y pertenecen a todos. Los wayuu suelen llamarlos sukujala alaulayu, «lo que cuentan los viejos», o dicen tu akujalaakaa shiaja'a waneekasa ji, «los relatos vienen de la antigüedad». Se cuentan en la enramada, en la cocina de la ranchería, en los espacios del tejido y en los velorios. Los cuentan los alaulas (los mayores) y los jayeechimachis, que recitan los jayeechis o cantos.

Así, para un niño wayuu, un cuento no es primero «positivo» o «romántico». Es, ante todo, lo que cuentan los viejos: una herencia que enseña, entretiene, reúne a la familia y ayuda a distinguir lo bueno de lo malo. Por eso, en Cura-Kuens, las clasificaciones nos sirven como herramientas, pero el centro siempre es la palabra de los mayores.

Fuente: Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.

Taller: «Mi diccionario de dos columnas»

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Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchamos el cuento del abrazo: lo que pasó en la realidad y lo que pasó en el cuento.

Sentir (trama)

Cerramos los ojos y recordamos un abrazo de alguien que nos quiere. ¿Dónde se sintió el calor?

Hacer (mochila)

En una hoja con dos columnas, «Lo que pasó» y «Lo que sentí», escribimos o dibujamos tres momentos. Por ejemplo: me prestó su lápiz / tengo un amigo. La hoja se guarda en la mochila de los cuentos.

Consejo de la abuela Carey: «La sal es sal, mija, y el mar es agua. Pero el día que te besó la ola por primera vez, eso no lo mide nadie. Guárdate ese cuento, que es tuyo.»

 

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