sábado, 31 de agosto de 2024

El cuento de vida: lo que la realidad no alcanza a nombrar

 

Vivimos dentro de los cuentos que nos contamos

En la entrada anterior, El cuento que nos contamos, vimos que un mismo aguacero puede ser una tragedia o una fiesta, según quién lo cuente. Hoy damos un paso más.

Un cuento de vida es la manera en que interpretamos, comprendemos y valoramos lo que nos pasa, convertida en una historia con emoción y con sentido. Es una descripción a la manera humana. Es una de las imágenes que llevamos por dentro de la vida.

El formato de la realidad hace otra cosa: cuenta en orden lo que pasó, con hechos y cifras, lo más objetivo posible, sin metáforas ni emociones. Las dos miradas son necesarias. Pero hay cosas que la realidad sola no alcanza a nombrar.

Lo que solo vive en el cuento

Con la cabeza sabemos que el mundo está hecho de átomos, moléculas y leyes de la física. Desde la ciencia, el mundo funciona como una máquina. Pero el cuento le da al mundo alma y vida. Mira estos ejemplos:

En la realidad hay…

En el cuento hay…

Dos personas que se atraen; hormonas, instinto, biología.

Amor: alguien que espera, que cree, que cuida.

Un lugar de nacimiento, una dirección, un registro civil.

La tierra: Riohacha, la Calle Segunda, el olor a mar, la voz de la abuela.

Una mujer que dio a luz, alimentó y cuidó a un niño.

Mamá.

Alguien se acercó, puso las manos sobre mis hombros y se fue.

Un abrazo: me quiere, se me calentó el pecho, dos almas se dieron calor.

Nada de lo que está en la columna de la izquierda es falso. Pero quien vive solo con esa columna se queda sin lo más importante. Quien no conoce la historia del amor no sabe amar, creer ni esperar.

Por eso los cuentos son necesarios, absolutamente necesarios. Criar a un niño es, entre otras cosas, regalarle los cuentos de su cultura y los de la humanidad. Así aprende a vivir entre la gente y a construir una vida que valga la pena contar.

Cuentos que levantan y cuentos que hunden

Frente a un mismo hecho, cada persona crea su cuento. Ese es un campo de libertad y de creatividad. Los cuentos de vida se pueden ordenar así:

  • Positivos o negativos, según cómo termine la historia que nos contamos.
  • Románticos o cínicos. El romántico mira con buenos ojos lo que hacen las personas. El cínico siempre sospecha lo peor.

Un ejemplo de Riohacha: la vecina le trae a la abuela una olla de sancocho.

  • El cuento romántico dice: «se acordó de nosotros».
  • El cuento cínico dice: «lo hizo para que después le prestemos el hueso».

El sancocho es el mismo. Lo que cambia es el cuento con el que nos lo comemos.

La mirada wayuu: todo es kuens

Esta manera de clasificar los cuentos viene de la psicología occidental. En La Guajira, el pueblo wayuu nos enseña otra cosa. Para los wayuu no existe una distinción de géneros narrativos. Todo se recoge en una sola palabra, kuens, un préstamo del español «cuentos». Kuens abarca los mitos, las leyendas, las fábulas, los cuentos tradicionales y las anécdotas.

Esos relatos no tienen autor: son de creación colectiva y pertenecen a todos. Los wayuu suelen llamarlos sukujala alaulayu, «lo que cuentan los viejos», o dicen tu akujalaakaa shiaja'a waneekasa ji, «los relatos vienen de la antigüedad». Se cuentan en la enramada, en la cocina de la ranchería, en los espacios del tejido y en los velorios. Los cuentan los alaulas (los mayores) y los jayeechimachis, que recitan los jayeechis o cantos.

Así, para un niño wayuu, un cuento no es primero «positivo» o «romántico». Es, ante todo, lo que cuentan los viejos: una herencia que enseña, entretiene, reúne a la familia y ayuda a distinguir lo bueno de lo malo. Por eso, en Cura-Kuens, las clasificaciones nos sirven como herramientas, pero el centro siempre es la palabra de los mayores.

Fuente: Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.

Taller: «Mi diccionario de dos columnas»

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchamos el cuento del abrazo: lo que pasó en la realidad y lo que pasó en el cuento.

Sentir (trama)

Cerramos los ojos y recordamos un abrazo de alguien que nos quiere. ¿Dónde se sintió el calor?

Hacer (mochila)

En una hoja con dos columnas, «Lo que pasó» y «Lo que sentí», escribimos o dibujamos tres momentos. Por ejemplo: me prestó su lápiz / tengo un amigo. La hoja se guarda en la mochila de los cuentos.

Consejo de la abuela Carey: «La sal es sal, mija, y el mar es agua. Pero el día que te besó la ola por primera vez, eso no lo mide nadie. Guárdate ese cuento, que es tuyo.»

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

La puerta también era una salida: escribir para sanar

  La puerta también era una salida. Poemas del despojo, la ausencia y la reconstrucción. Gaitini (Ella Cecilia Celedón Simanca). Poemario ...