sábado, 31 de agosto de 2024

El cuento de vida: lo que la realidad no alcanza a nombrar

 

Vivimos dentro de los cuentos que nos contamos

En la entrada anterior, El cuento que nos contamos, vimos que un mismo aguacero puede ser una tragedia o una fiesta, según quién lo cuente. Hoy damos un paso más.

Un cuento de vida es la manera en que interpretamos, comprendemos y valoramos lo que nos pasa, convertida en una historia con emoción y con sentido. Es una descripción a la manera humana. Es una de las imágenes que llevamos por dentro de la vida.

El formato de la realidad hace otra cosa: cuenta en orden lo que pasó, con hechos y cifras, lo más objetivo posible, sin metáforas ni emociones. Las dos miradas son necesarias. Pero hay cosas que la realidad sola no alcanza a nombrar.

Lo que solo vive en el cuento

Con la cabeza sabemos que el mundo está hecho de átomos, moléculas y leyes de la física. Desde la ciencia, el mundo funciona como una máquina. Pero el cuento le da al mundo alma y vida. Mira estos ejemplos:

En la realidad hay…

En el cuento hay…

Dos personas que se atraen; hormonas, instinto, biología.

Amor: alguien que espera, que cree, que cuida.

Un lugar de nacimiento, una dirección, un registro civil.

La tierra: Riohacha, la Calle Segunda, el olor a mar, la voz de la abuela.

Una mujer que dio a luz, alimentó y cuidó a un niño.

Mamá.

Alguien se acercó, puso las manos sobre mis hombros y se fue.

Un abrazo: me quiere, se me calentó el pecho, dos almas se dieron calor.

Nada de lo que está en la columna de la izquierda es falso. Pero quien vive solo con esa columna se queda sin lo más importante. Quien no conoce la historia del amor no sabe amar, creer ni esperar.

Por eso los cuentos son necesarios, absolutamente necesarios. Criar a un niño es, entre otras cosas, regalarle los cuentos de su cultura y los de la humanidad. Así aprende a vivir entre la gente y a construir una vida que valga la pena contar.

Cuentos que levantan y cuentos que hunden

Frente a un mismo hecho, cada persona crea su cuento. Ese es un campo de libertad y de creatividad. Los cuentos de vida se pueden ordenar así:

  • Positivos o negativos, según cómo termine la historia que nos contamos.
  • Románticos o cínicos. El romántico mira con buenos ojos lo que hacen las personas. El cínico siempre sospecha lo peor.

Un ejemplo de Riohacha: la vecina le trae a la abuela una olla de sancocho.

  • El cuento romántico dice: «se acordó de nosotros».
  • El cuento cínico dice: «lo hizo para que después le prestemos el hueso».

El sancocho es el mismo. Lo que cambia es el cuento con el que nos lo comemos.

La mirada wayuu: todo es kuens

Esta manera de clasificar los cuentos viene de la psicología occidental. En La Guajira, el pueblo wayuu nos enseña otra cosa. Para los wayuu no existe una distinción de géneros narrativos. Todo se recoge en una sola palabra, kuens, un préstamo del español «cuentos». Kuens abarca los mitos, las leyendas, las fábulas, los cuentos tradicionales y las anécdotas.

Esos relatos no tienen autor: son de creación colectiva y pertenecen a todos. Los wayuu suelen llamarlos sukujala alaulayu, «lo que cuentan los viejos», o dicen tu akujalaakaa shiaja'a waneekasa ji, «los relatos vienen de la antigüedad». Se cuentan en la enramada, en la cocina de la ranchería, en los espacios del tejido y en los velorios. Los cuentan los alaulas (los mayores) y los jayeechimachis, que recitan los jayeechis o cantos.

Así, para un niño wayuu, un cuento no es primero «positivo» o «romántico». Es, ante todo, lo que cuentan los viejos: una herencia que enseña, entretiene, reúne a la familia y ayuda a distinguir lo bueno de lo malo. Por eso, en Cura-Kuens, las clasificaciones nos sirven como herramientas, pero el centro siempre es la palabra de los mayores.

Fuente: Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.

Taller: «Mi diccionario de dos columnas»

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchamos el cuento del abrazo: lo que pasó en la realidad y lo que pasó en el cuento.

Sentir (trama)

Cerramos los ojos y recordamos un abrazo de alguien que nos quiere. ¿Dónde se sintió el calor?

Hacer (mochila)

En una hoja con dos columnas, «Lo que pasó» y «Lo que sentí», escribimos o dibujamos tres momentos. Por ejemplo: me prestó su lápiz / tengo un amigo. La hoja se guarda en la mochila de los cuentos.

Consejo de la abuela Carey: «La sal es sal, mija, y el mar es agua. Pero el día que te besó la ola por primera vez, eso no lo mide nadie. Guárdate ese cuento, que es tuyo.»

 

domingo, 30 de junio de 2024

Lo que aprendimos de Polonia: para qué sirve un cuento terapéutico


 Una cartilla escrita con imágenes

«El cuento de hadas es la cartilla con la que el niño aprende a leer su propia mente, en el lenguaje de las imágenes, el único lenguaje que permite comprender antes de alcanzar la madurez intelectual.»  Bruno Bettelheim, Psicoanálisis de los cuentos de hadas

En Cura-Kuens llevamos un tiempo haciendo una investigación documental sobre la cuentoterapia en Polonia, donde se le llama bajkoterapia. Traducimos y estudiamos textos de allá para traerlos a nuestra realidad. Esta entrada recoge lo más valioso de ese trabajo: para qué sirve un cuento terapéutico y qué cuentos usan los especialistas polacos.

Un niño de preescolar es sensible a todas las formas del arte, y la ficción lo toca de manera especial. Del libro, el niño «lee» directamente solo las ilustraciones. El texto le llega a través de otro: de quien narra, recita o lee. Por eso el papel de la docente o la narradora es tan importante. Ella escoge el cuento, lo ajusta a lo que los niños están viviendo y decide cómo, dónde y cuándo contarlo.

Ya vimos en la entrada 28 los tres tipos de cuento terapéutico de Maria Molicka: de relajación, psicoeducativos y psicoterapéuticos. Hoy vamos a lo que hacen por dentro.

Seis cosas que hace un cuento terapéutico

Según Molicka, los cuentos son sencillos en su contenido, pero cumplen muchas funciones. Lo más importante es que lo que pasa en el cuento se parece a lo que el niño está viviendo. Así el niño descubre que no está solo con su problema.

Función

Qué hace

Cómo se ve en Riohacha

Dar fe en la propia fuerza

Si el héroe vence sus debilidades, el niño siente que él también puede. Construye pensamientos como soy fuerte, sé cómo hacerlo, no me rindo.

El cangrejito que le tenía miedo al mar y un día se atrevió a mojarse las patas.

Compensar

Cuando la vida está difícil, el cuento le da al niño lo que le falta y le enseña que, aunque las cosas estén mal, el destino puede cambiar.

En tiempos de sequía o de penuria, el cuento de la sopa que alcanzó para todo el barrio.

Relajar

Un cuento bien escogido y bien contado calma al niño después de un día lleno de juegos y emociones. Los cuentos de humor también tranquilizan.

El cuento de la hamaca y la brisa, al volver del recreo.

Ofrecer un refugio

El cuento permite alejarse un rato del miedo, el dolor o el estrés. Es un refugio temporal: no resuelve el problema, pero ayuda cuando el niño no puede cambiar lo que pasa.

Un cuento en la sala de espera del hospital.

Socializar

Imitando a los héroes, el niño aprende reglas del mundo adulto y las practica jugando con otros niños.

Después del cuento de Tío Conejo, los niños juegan a ser Tío Conejo y negocian quien hace de tigre.

Llevar a la acción

El cuento orienta al niño a actuar en el mundo real frente a sus miedos y sube su autoestima.

Después del cuento del niño que saludó primero, el niño tímido se atreve a decir «buenos días» en el salón.

Después de escuchar, los niños imaginan cómo son los personajes, los pintan, los representan con juguetes y se identifican con ellos. Así desarrollan la imaginación y la creatividad. El objetivo principal de la cuentoterapia es que el niño crea en su propia fuerza y en su propio valor.

La narradora también respira

Para contar un cuento de relajación, quien narra tiene que estar tranquila. Si la voz llega tensa, el cuerpo del niño no se suelta. Estos son los consejos de los especialistas polacos:

  1. Practicar antes, muchas veces. Así la narradora sincroniza su respiración con el texto y no se apura.
  2. Hablar bajo y con ritmo. La voz se mece como una hamaca.
  3. Hacer pausas tan largas como un pensamiento. El silencio también cuenta.
  4. Acompañar con un sonido suave. Puede ser una música tranquila o el sonido grabado del mar.

Cuanto más profunda es la relajación, más fácil le queda al niño calmarse. Por un rato, sus preocupaciones y miedos pasan a un segundo plano. Un niño con paz por dentro enfrenta mejor las dificultades de la vida.

Un catálogo de cuentos polacos

Estos son algunos cuentos terapéuticos que usan los especialistas en Polonia. Los títulos están en nuestra traducción; la mayoría no se han publicado en español.

Tipo

Cuento (autora)

Para qué

De relajación

El cuento del solecito, del gatito, del gorrión y del osito (M. Molicka)

Calmar y descansar.

De relajación

La cajita roja y La gata de zapatos blancos (J. Brodowska)

Calmar y descansar.

De relajación

El gran volcán de la rabia (A. Borowiecka)

Para niños con mucha rabia.

Psicoeducativo

El cuento de la araña (M. Molicka)

Cuando el grupo rechaza a un niño.

Psicoeducativo

El cuento de la hormiga (M. Molicka)

Las dificultades en la escuela.

Psicoeducativo

El cuento de la abeja (M. Molicka)

Descubrir para qué soy bueno.

Psicoeducativo

El cuento de los dos lápices (M. Molicka)

La necesidad de la amistad.

Psicoterapéutico

La Oscuridad y sus amigos (M. Molicka)

El miedo a la oscuridad.

Psicoterapéutico

El miedo de Zuzi-Buzi (M. Molicka)

La separación y la soledad.

Psicoterapéutico

El camino a casa (J. Śniarowska)

La ansiedad entre multitudes y en lugares desconocidos.

Psicoterapéutico

Olvido (J. Śniarowska)

Cuando un familiar está en el hospital.

Psicoterapéutico

La mosca miedosa y el ratón de biblioteca (A. Borowiecka)

El miedo a las alturas.

Psicoterapéutico

Serie de Fisia: el señor Sombra, el señor Ruido, la señora Oscuridad, la señora Ausencia y la señora Melancolía (J. Brodowska)

Sombras, ruidos, oscuridad, ausencias. La señora Melancolía habla de la muerte.

En Cura-Kuens no buscamos copiar estos cuentos, sino aprender de su estructura para crear los nuestros. Por ejemplo, un cuento de la Oscuridad puede vivir en la enramada, y la araña rechazada puede ser una tortuga que no dejaban jugar en la orilla.

La triada en esta entrada

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Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchar un cuento de relajación con la voz lenta de la narradora y el mar de fondo.

Sentir (trama)

Descubrir que el héroe tiene el mismo problema que yo y que no estoy solo.

Hacer (mochila)

Pintar al héroe, representarlo con juguetes y escribir en la mochila de los cuentos una frase de fuerza: sé cómo hacerlo.

Consejo de la abuela Carey: «Antes de contar, respírale al mar, mija. Si tú vas tranquila, el cuento llega tranquilo. Y el carajito que lo escucha se queda tranquilo también.»

Bibliografía de la investigación

Traducciones de Cura-Kuens. Algunos datos están incompletos en las fuentes originales.

  • Barciś, A. y otros (2015). Bajkoterapia, czyli bajki dla dzieci i dorosłych [Cuentoterapia: cuentos para niños y adultos]. Varsovia: Nasza Księgarnia.
  • Bettelheim, B. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica.
  • Borecka, I. Biblioterapia jako forma terapii pedagogicznej [La biblioterapia como forma de terapia pedagógica], 2.ª ed. Wałbrzych: Wyższa Szkoła Zawodowa.
  • Brett, D. (2002). Bajki, które leczą [Cuentos que curan], partes 1 y 2. Gdańsk: Gdańskie Wydawnictwo Psychologiczne.
  • Ibisz, K. y otros; Klimowicz, K. (intr. y coment.). Bajki, czyli dla małych i dużych o tym, jak mogą pomóc bajki [Cuentos para chicos y grandes: cómo pueden ayudar los cuentos]. Varsovia: Nasza Księgarnia.
  • Koźmińska, I. y Olszewska, E. Z dzieckiem w świat wartości [Con el niño al mundo de los valores]. Varsovia: Świat Książki.
  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. Bajki terapeutyczne [Cuentos terapéuticos]. Poznań: Media Rodzina.

 

 

viernes, 31 de mayo de 2024

El poder de las historias: cómo se arma un cuento que atrapa

 

Una avalancha de historias

Hoy vivimos en una avalancha de historias. Todo el día nos arrastran, nos conmueven, nos hacen llorar y reír. La novelista británica A. S. Byatt lo dijo así: contar historias es parte de la naturaleza humana, como la respiración y la circulación de la sangre.

Piensa en una totuma de agua fresca de la tinaja. Parece solo agua. Pero esa agua vino del cielo en un aguacero, corrió por el río Ranchería y se guardó en el pozo. También es el agua del cuento de la abuela, la que curó al niño con fiebre. En una totuma de agua caben muchas historias.

Las historias tienen poder: con ellas planeamos, decidimos y juzgamos buena parte de la vida. El ejemplo más antiguo es Sherezade, la de Las mil y una noches: salvó su vida contando un cuento cada noche.

Tres razones por las que necesitamos historias

  1. Para guardar la memoria. Recordamos mucho mejor lo que nos cuentan como historia que lo que nos dicen como dato. Por eso la vida de un inventor se convierte en cuento y un hecho histórico se vuelve inolvidable cuando alguien lo narra.
  2. Para cambiar el corazón. Una historia de vida puede darle valor y esperanza a quien la escucha. Un estudiante cambia cuando su maestra le cuenta cómo fue su propia infancia.
  3. Para comprender el mundo. Entendemos mejor con historias concretas que con explicaciones abstractas. Por eso cada pueblo tiene sus mitos de origen y sus héroes. Los wayuu, por ejemplo, cuentan el origen del mundo con Maleiwa, el creador. Estos relatos le dan a un pueblo su identidad y ponen orden en el mundo.

Cinco condiciones de una historia que atrapa

1. Una estructura con conflicto

Un narrador hizo esta prueba con dos grupos de niños de primero y segundo grado. Usó los mismos personajes, la misma voz y la misma expresión. Lo único que cambió fue la estructura del cuento.

  • Al grupo A le contó: «Había una vez una abuela que vivía en una ranchería. Sembró mucho frijol en su roza. Un día, mientras trabajaba, de repente apareció un tigre. ¡Y el tigre se la quiso comer!»
  • Al grupo B le contó: «Había una vez una abuela que vivía en una ranchería. Era de mañana. El sol redondo salió alto. Hacía buen tiempo. La abuela se levantó, dobló su chinchorro y se fue a sembrar frijol.»

Los niños del grupo A se fueron metiendo cada vez más en el cuento, con los ojos encendidos como faroles. Los del grupo B se distrajeron en menos de dos minutos. La diferencia estaba en el conflicto. Una historia que atrapa necesita un problema, un momento de mayor tensión y un giro.

2. Personajes claros

Toda buena historia tiene un protagonista que quiere algo y un antagonista fuerte que se lo impide. Muchas veces aparecen también ayudantes: uno que ayuda al protagonista y otro que ayuda al antagonista. Cada personaje debe tener su propio color y comportarse siempre de acuerdo con su manera de ser. Así los hechos nacen de lo que cada uno hace y dice.

3. El encanto del giro

Aristóteles enseñaba que el final debe ser inevitable y, al mismo tiempo, inesperado. Al público le gusta adivinar lo que va a pasar, pero lo disfruta todavía más cuando la historia lo sorprende. Un consejo para quien narra: que esperen el siguiente cuento, pero que no lo adivinen.

4. Compasión y miedo

Para Aristóteles, la tragedia produce catarsis, la descarga de las emociones, a través de la compasión y el miedo. Sentimos compasión cuando el protagonista sufre sin merecerlo, y miedo cuando pensamos que eso también nos podría pasar a nosotros. Por eso nos gustan tan poco los finales que se resuelven «por arte de magia», con un dios que baja del cielo y arregla todo: el deus ex machina. En los cuentos para niños no hace falta una tragedia. Basta con una dificultad de verdad que el héroe tenga que atravesar con su propio esfuerzo.

5. El público sabe lo que el héroe no sabe

Cuando el público conoce un secreto que el protagonista ignora, la emoción sube. Cualquiera que haya hecho teatro de títeres en Riohacha lo sabe: cuando el tigre se acerca por detrás de Tío Conejo, los niños gritan «¡Cuidado, detrás de ti!». A ese recurso se le llama ironía dramática, y hace que el público se meta por completo en la historia.

Crea tu propio cuento, paso a paso

  1. Define a tu protagonista. Escoger cómo es el personaje es la parte más importante. De su manera de ser nacen sus acciones, y de sus acciones nace la trama. Si el personaje cambia, el cambio tiene que tener una razón.
  2. Ponle un tiempo y un lugar. Ningún hecho ocurre en el aire. ¿Es de noche en la enramada? ¿Es mediodía en la playa de Riohacha?
  3. Escoge el conflicto. ¿Qué quiere el protagonista y qué se lo impide?
  4. Dale fuerza al antagonista. Tiene que ser más poderoso que el héroe. A veces hasta despierta simpatía.
  5. Llévalo al límite. El héroe se queda solo, rodeado de obstáculos, y parece que no hay salida. Ahí está la cima del conflicto.
  6. Haz entrar al ayudante. Justo cuando todo parece perdido, aparece alguien que da la mano: un abuelo, un animal, un amigo.
  7. Siembra una pista. Deja al principio una señal pequeña de lo que va a pasar al final. Cuando el público llegue allá, dirá: «¡Ah, era eso!». En el texto original se le llama doble pista.
  8. Dale sentido al final. El final revela lo que piensa y siente quien cuenta. Aunque sea triste, debe dejar algo que valga la pena llevarse a casa.

La triada en esta entrada

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Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Contamos los dos comienzos, el del tigre y el del sol, y los niños escuchan cuál los atrapa.

Sentir (trama)

Con títeres, los niños sienten la tensión de saber lo que el héroe no sabe y gritan «¡detrás de ti!».

Hacer (mochila)

Cada niño arma su propio cuento con tres tarjetas, quién, qué quiere y quién se lo impide, y lo guarda en la mochila.

Consejo de la abuela Carey: «Un cuento sin tigre es una siesta, mija. Ponle su tigre al carajito, pero no se te olvide ponerle también quien le dé la mano.»

Contar historias no es dar un informe

La palabra inglesa storytelling une story, «historia», y telling, «contar». La terminación -ing indica algo que está pasando ahora. Por eso contar historias es un acto vivo: quien cuenta y quien escucha comparten el momento y le ponen a la historia su imaginación y sus emociones. Una historia reúne personajes, hechos y un trasfondo: quién lo hizo, cuándo, dónde y cómo. Contar no es solo hablar; también es la voz, el gesto y el cuerpo.

Contar historias tampoco es dar un informe de los hechos. Es mostrar el significado personal que una persona o un objeto tiene para alguien. Por eso la misma historia cambia según quien la cuenta y quien la escucha, y sigue cambiando cada vez que alguien la vuelve a contar. Así son los kuens.

Un cuidado necesario

Las historias pueden mover el corazón para bien o para mal. Hoy las marcas venden historias junto con sus productos. En la historia del mundo, también hubo mitos que se usaron para despreciar y perseguir a pueblos enteros, como el mito de la «raza superior» que difundió el nazismo. Quien cuenta tiene una gran responsabilidad. En Cura-Kuens contamos para cuidar, unir y sanar, nunca para manipular ni para hacer menos a nadie.

Fuente

Resumen y traducción de Cura-Kuens a partir de:

  • Dolan, G. y Naidu, Y. (2013). Hooked: How Leaders Connect, Engage and Inspire with Storytelling. Milton, Australia: Wiley. Edición coreana: 팩트보다 강력한 스토리텔링의 힘 [El poder del storytelling, más fuerte que los hechos]. Seúl: 트로이목마.

 


martes, 30 de abril de 2024

Había una vez… en La Guajira: cuentos de todos y leyendas de nuestra tierra


Detrás de las montañas… o donde el desierto se encuentra con el mar

En Polonia, muchos cuentos que se les cuentan a los niños del jardín empiezan así: «Había una vez, detrás de las montañas, detrás de los bosques…». En Riohacha podríamos empezar de otra manera: «Había una vez, allá donde el desierto se encuentra con el mar…». Los wayuu, en cambio, abren sus relatos recordándonos de dónde vienen: son sukujala alaulayu, «lo que cuentan los viejos».

Esas primeras palabras son una puerta. Al cruzarla, el niño entra a un mundo de imaginación que le va formando los sentimientos y los valores. Ahí aprende sobre la vida, sobre cómo es la gente y sobre cómo nos relacionamos unos con otros.

Como vimos en la entrada 32, el niño de preescolar solo «lee» por sí mismo las ilustraciones. El cuento le llega a través de la voz de quien narra, recita o lee. Por eso la docente escoge el cuento, lo acerca a lo que los niños están viviendo y decide cómo, dónde y cuándo contarlo.

Cuentos de todos y leyendas de nuestra tierra

Además de los cuentos que se conocen en muchas culturas, como Cenicienta o La bella durmiente, cada pueblo tiene sus propias historias. En Polonia los niños crecen con leyendas de su tierra. En La Guajira también tenemos las nuestras.

En Polonia

En La Guajira y Riohacha

El dragón de Wawel, que vivía en una cueva bajo el castillo de Cracovia.

Wale'kerü, la araña tejedora que le enseñó a tejer a la mujer wayuu.

Wars y Sawa, el pescador y la sirena de cuyos nombres nació Varsovia.

Juya y Pulowi: la lluvia y la mujer que habita los lugares de la sequía y del mar, en el relato wayuu.

El basilisco de Varsovia, que convertía en piedra con la mirada.

La Virgen de los Remedios y el mar de leva: la imagen que, según cuentan los riohacheros, detuvo el mar cuando quería tragarse la ciudad.

Estos relatos de la tierra propia le dicen al niño algo muy importante: mi pueblo también tiene cuentos, y yo vengo de ellos.

La imaginación tiene sus propias reglas

El mundo de los cuentos, igual que la imaginación de los niños, tiene sus propias leyes. Allí no importa si algo es probable o realista. Una araña puede enseñar a tejer, un caparazón puede guardar a una niña y el mar puede hablar. En la imaginación de un niño casi todo es posible. Al seguir los hilos de un cuento, el niño entrena su imaginación, que es fundamental para todo su desarrollo.

Un espejo de la infancia

Los cuentos muestran los problemas de la vida de manera sencilla y compacta. Así el niño puede captar su sentido moral profundo. En ellos se reflejan los anhelos, los problemas y los miedos de la infancia. También aparecen temas muy cercanos a los niños: el cariño de la familia, el amor por la mamá y el papá, los celos o la complicidad entre hermanos. Y todo eso pasa en un ambiente de asombro.

Taller: «Mi ‘Había una vez’»

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Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchamos el comienzo de un cuento polaco y el de una leyenda guajira. Después le preguntamos a un abuelo o a una abuela cómo empezaba los cuentos.

Sentir (trama)

Cerramos los ojos y sentimos el lugar donde empieza el cuento: el monte, el desierto, la playa, la enramada.

Hacer (mochila)

Cada niño inventa su propio comienzo, «Había una vez, allá donde…», lo dibuja y lo guarda en la mochila de los cuentos.

Consejo de la abuela Carey: «No importa si el cuento viene de lejos o de aquí cerquita, mija. Cuando lo cuentas en la enramada, ya es de aquí. Pero no te olvides de contar también los nuestros, que esos solo los tenemos nosotros.»

 

domingo, 31 de marzo de 2024

¿Le quitamos el tigre al cuento? Por qué los niños también necesitan conocer el mal

 

No hay que borrar lo malo del cuento

De grandes casi nunca nos damos cuenta de lo mucho que nos formó lo que nos contaron de chiquitos. Los cuentos que escuchamos en la enramada o en la hamaca nos ayudaron a crecer en los sentimientos, en la imaginación y en el pensamiento.

Hay mamás y papás que, por cuidar al carajito, le quitan a los cuentos todo lo que asusta: el tigre que se quiere comer a la abuela, la bruja, el hermano envidioso. Lo hacen con cariño, pero no le hacen un favor. La vida no es toda rosada ni dulce. Un niño que solo escucha historias donde nadie hace daño termina confundido y perdido cuando el mundo le muestra su lado duro.

Los niños todavía no conocen la vida y muchas veces no distinguen bien entre el cuento y la realidad. Por eso necesitan buenos cuentos. Un buen cuento les llama la atención, les despierta la curiosidad, les pone a volar la imaginación y les ayuda a ordenar lo que sienten. También les habla de sus miedos y de sus sueños, les muestra que las dificultades existen y les enseña cómo salir de ellas. Al final, les despierta la confianza en sí mismos y en el mañana.

El niño se mete en el pellejo del héroe

En los cuentos se mezcla lo fantástico con lo real, y juntos arman un mundo que el niño entiende. Allí la vida se ve más sencilla: el bien y el mal están bien separados, y el mal siempre recibe su castigo.

El niño se pone en el lugar del protagonista sin darse cuenta. Si el héroe pasó trabajo y salió adelante, el carajito siente que él también tiene esa fuerza. Así el cuento lo apoya por dentro:

  • le hace sentir que vale y que puede;
  • le enseña a darse cuenta de lo que siente y a nombrarlo, y también a entender lo que sienten los demás;
  • le muestra que su problema se parece al del personaje, y que hay maneras de enfrentarlo.

Los cuentos tocan temas muy importantes: los celos y el valor, la rabia, el respeto por el otro, el agradecimiento, la competencia entre amigos, la agresividad, el miedo. Y lo hacen de una manera segura, porque los personajes son animalitos, ositos o caballeros, no el papá ni el vecino. El niño encuentra comprensión, siente que no está solo y ve en el personaje un ejemplo para salir de su problema.

El cuento que pide una y otra vez

A veces un niño se enamora de un cuento y lo quiere escuchar todas las noches. Eso puede querer decir que el cuento le está tocando algo que lleva por dentro y que todavía está resolviendo. No significa que algo ande mal. Es una pista para estar pendientes: contarle el cuento cuantas veces lo pida, escucharlo y, si algo preocupa, conversar con la familia o con un profesional.

Lo que decía Bruno Bettelheim

Bruno Bettelheim fue un psicólogo austríaco del siglo XX que estudió mucho los cuentos de hadas. Estas son algunas de sus ideas:

  1. El cuento actúa en el niño porque el niño se identifica con el héroe bueno.
  2. El cuento pone al niño frente a los problemas de fondo de la vida, le ayuda a reconocer sus propias dificultades y le muestra cómo enfrentarlas.
  3. Escuchar cuentos le da gusto al niño, le ayuda a entenderse por dentro y así lo ayuda a crecer.
  4. El cuento le ayuda a descubrir quién es y a darle sentido a su vida.
  5. Lo acompaña en las dificultades propias del crecimiento.
  6. Lo anima a enfrentar los problemas con valentía y a hacerse amigo de la naturaleza.

Literatura de consuelo

Los cuentos muestran que en la vida hay distintos valores. Enseñan a separar el bien del mal y le ponen orden al mundo de valores del niño. Sus finales felices muestran que lo bueno gana y le quitan al niño el miedo a lo desconocido.

Personajes como Pulgarcita, Cenicienta o el Patito Feo le dan al niño esperanza. Le dicen que, aunque hoy lo hagan a un lado, algún día le va a ir bien, como a Cenicienta. Por eso a los cuentos se les ha llamado desde hace tiempo literatura de consuelo: refrescan el corazón y hacen el mundo más fácil de entender.

El cuento puede ayudar en el largo camino de criar a un niño. Lo pueden usar docentes, terapeutas, narradoras, pero también mamás, papás, abuelas y cuidadores.

Con el tigre, sí. Pero con cuidado

No quitarle el tigre al cuento no quiere decir contar cualquier cosa. En Cura-Kuens cuidamos tres cosas:

  • La edad: a un niño de tres años no se le cuenta igual que a uno de nueve. El susto debe ser del tamaño que el niño pueda cargar.
  • El final: el miedo se cuenta, pero el cuento termina con el niño a salvo y el mal vencido.
  • El niño que ya vivió algo duro: si un niño pasó por una pérdida o por un susto de verdad, se escoge el cuento con mucho tino. Si algo preocupa, se busca apoyo profesional.

Taller: «El tigre de mi cuento»

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Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Contamos el cuento de la abuela y el tigre en la roza, con su susto y con su final feliz.

Sentir (trama)

Paramos en el momento del susto y preguntamos: «¿qué sintió la abuela?». Después, al final: «¿y ahora cómo se siente?».

Hacer (mochila)

Cada niño dibuja «mi tigre», lo que le da miedo, y a su lado al ayudante que lo vence. Los dos dibujos van juntos a la mochila.

Consejo de la abuela Carey: «Al carajito no se le esconde el tigre, mija: se le enseña por dónde corre. Un cuento sin susto no le enseña a ser valiente.»

Para seguir leyendo

  • Bettelheim, B. (1976). The Uses of Enchantment. En español: Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica. En polaco: Cudowne i pożyteczne. O znaczeniach i wartościach baśni.
  • Borecka, I. Biblioterapia en la escuela primaria y secundaria (traducción del título polaco).
  • Brett, D. Historias para tu hijo (traducción del título polaco). En la entrada 32 aparece como Bajki, które leczą [Cuentos que curan].
  • Molicka, M. Bajki terapeutyczne [Cuentos terapéuticos], partes I y II. Poznań: Media Rodzina.

 


La puerta también era una salida: escribir para sanar

  La puerta también era una salida. Poemas del despojo, la ausencia y la reconstrucción. Gaitini (Ella Cecilia Celedón Simanca). Poemario ...