Vivimos
dentro de los cuentos que nos contamos
En la
entrada anterior, El cuento que nos contamos, vimos que un mismo
aguacero puede ser una tragedia o una fiesta, según quién lo cuente. Hoy damos
un paso más.
Un cuento
de vida es la manera en que interpretamos, comprendemos y valoramos lo que
nos pasa, convertida en una historia con emoción y con sentido. Es una descripción
a la manera humana. Es una de las imágenes que llevamos por dentro de la vida.
El formato
de la realidad hace otra cosa: cuenta en orden lo que pasó, con hechos y
cifras, lo más objetivo posible, sin metáforas ni emociones. Las dos miradas
son necesarias. Pero hay cosas que la realidad sola no alcanza a nombrar.
Lo que solo
vive en el cuento
Con la
cabeza sabemos que el mundo está hecho de átomos, moléculas y leyes de la
física. Desde la ciencia, el mundo funciona como una máquina. Pero el cuento le
da al mundo alma y vida. Mira estos ejemplos:
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En la
realidad hay… |
En el
cuento hay… |
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Dos
personas que se atraen; hormonas, instinto, biología. |
Amor: alguien
que espera, que cree, que cuida. |
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Un lugar
de nacimiento, una dirección, un registro civil. |
La tierra: Riohacha,
la Calle Segunda, el olor a mar, la voz de la abuela. |
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Una mujer
que dio a luz, alimentó y cuidó a un niño. |
Mamá. |
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Alguien se
acercó, puso las manos sobre mis hombros y se fue. |
Un abrazo: me
quiere, se me calentó el pecho, dos almas se dieron calor. |
Nada de lo
que está en la columna de la izquierda es falso. Pero quien vive solo con esa
columna se queda sin lo más importante. Quien no conoce la historia del amor no
sabe amar, creer ni esperar.
Por eso los
cuentos son necesarios, absolutamente necesarios. Criar a un niño es, entre
otras cosas, regalarle los cuentos de su cultura y los de la humanidad. Así
aprende a vivir entre la gente y a construir una vida que valga la pena contar.
Cuentos que levantan
y cuentos que hunden
Frente a un
mismo hecho, cada persona crea su cuento. Ese es un campo de libertad y de
creatividad. Los cuentos de vida se pueden ordenar así:
- Positivos o negativos, según
cómo termine la historia que nos contamos.
- Románticos o cínicos. El
romántico mira con buenos ojos lo que hacen las personas. El cínico
siempre sospecha lo peor.
Un ejemplo
de Riohacha: la vecina le trae a la abuela una olla de sancocho.
- El cuento romántico dice: «se
acordó de nosotros».
- El cuento cínico dice: «lo
hizo para que después le prestemos el hueso».
El sancocho
es el mismo. Lo que cambia es el cuento con el que nos lo comemos.
La mirada
wayuu: todo es kuens
Esta manera
de clasificar los cuentos viene de la psicología occidental. En La Guajira, el
pueblo wayuu nos enseña otra cosa. Para los wayuu no existe una distinción
de géneros narrativos. Todo se recoge en una sola palabra, kuens, un
préstamo del español «cuentos». Kuens abarca los mitos, las leyendas,
las fábulas, los cuentos tradicionales y las anécdotas.
Esos relatos
no tienen autor: son de creación colectiva y pertenecen a todos. Los wayuu
suelen llamarlos sukujala alaulayu, «lo que cuentan los viejos», o dicen
tu akujalaakaa shiaja'a waneekasa ji, «los relatos vienen de la
antigüedad». Se cuentan en la enramada, en la cocina de la ranchería, en los
espacios del tejido y en los velorios. Los cuentan los alaulas (los
mayores) y los jayeechimachis, que recitan los jayeechis o
cantos.
Así, para un
niño wayuu, un cuento no es primero «positivo» o «romántico». Es, ante todo, lo
que cuentan los viejos: una herencia que enseña, entretiene, reúne a la
familia y ayuda a distinguir lo bueno de lo malo. Por eso, en Cura-Kuens, las
clasificaciones nos sirven como herramientas, pero el centro siempre es la
palabra de los mayores.
Fuente:
Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de
animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.
Taller: «Mi
diccionario de dos columnas»
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Dimensión |
Qué
hacemos |
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Escuchar (urdimbre) |
Escuchamos
el cuento del abrazo: lo que pasó en la realidad y lo que pasó en el cuento. |
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Sentir (trama) |
Cerramos
los ojos y recordamos un abrazo de alguien que nos quiere. ¿Dónde se sintió
el calor? |
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Hacer (mochila) |
En una
hoja con dos columnas, «Lo que pasó» y «Lo que sentí», escribimos o dibujamos
tres momentos. Por ejemplo: me prestó su lápiz / tengo un amigo.
La hoja se guarda en la mochila de los cuentos. |
Consejo de
la abuela Carey: «La sal es sal, mija, y el mar es agua. Pero el día que te besó la
ola por primera vez, eso no lo mide nadie. Guárdate ese cuento, que es tuyo.»



