«Sana que sana, colita de
rana, si no sana hoy, sanará mañana.»
¿Cuántas veces escuchamos
esa frase de niños, con la rodilla raspada y los ojos llenos de lágrimas? La
frase no cerraba la herida. Pero algo pasaba: la mano de la abuela o de la mamá
sobre la rodilla, su voz cantadita, la risa que nos daba la colita de rana. El
dolor no se iba del todo, pero ya no estábamos solos con él.
Esa es, en pequeño, la
pregunta de esta entrada: ¿puede una palabra sanar?
Qué dice
el libro
El texto que recibí es el
resumen de un libro ruso que presenta la terapia nefesh. Nefesh
es una palabra hebrea que significa «alma». El autor reúne relatos de la
Biblia en los que la sanación del cuerpo aparece unida a la oración, la palabra
y el cuidado del alma: profetas que oran por un enfermo, un pueblo que recibe
agua dulce, una persona que se lava siete veces en un río.
El libro abre con una idea
que se atribuye a Sócrates. En el diálogo Cármides, de Platón, Sócrates
dice que no se debe intentar curar el cuerpo sin cuidar también el alma. Y cita
a Filón de Alejandría, que hace dos mil años describía a unos sanadores que no
solo atendían cuerpos, sino también almas heridas por el miedo, el dolor y la
tristeza.
Hay en el texto una idea
muy bella que me gustaría rescatar. Comentando una carta del apóstol Santiago («¿Está
alguno triste? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que cante»), el autor recuerda
que en la tradición antigua los salmos se cantaban en la alegría y se leían
en voz baja en el sufrimiento. Es decir, la palabra cambia de voz según lo
que vive el alma.
Lo que no
tomamos
El libro hace afirmaciones
que en Cura-Kuens no compartimos y que no conviene repetir en un blog que leen
familias, maestras y niños:
- Que la mayoría de las enfermedades del cuerpo
nacen de «fallas» del alma. No hay pruebas de
eso, y es una idea que puede hacer mucho daño: una persona enferma, o la
familia de un niño enfermo, puede terminar sintiéndose culpable de su
enfermedad.
- Que se puedan curar enfermedades con recetas
de plantas que el libro adapta a lo que se consigue en
la farmacia. Las plantas tienen efectos reales en el cuerpo, y por eso
mismo cualquier tratamiento tiene que decidirlo un médico.
- Que una sola tradición religiosa tenga la
última palabra sobre la sanación. En nuestro blog, y en
nuestros talleres, hay personas de muchas creencias y también personas que
no tienen ninguna. Todas caben.
Qué
significa «curar» en Cura-Kuens
Cura-Kuens quiere decir curar
con cuentos (kuens son los cuentos en wayuunaiki). Por eso es
importante decirlo con claridad: un cuento no reemplaza al médico, al
psicólogo ni a ningún tratamiento.
Cuando decimos «curar»,
hablamos de otra cosa, más cercana a la palabra cuidar:
- acompañar a un niño para que no
esté solo con su miedo, su rabia o su tristeza;
- darle palabras
para nombrar lo que siente;
- abrirle una puerta, un
cuento con una salida posible;
- unir otra vez lo que se ha
separado: al niño con su familia, con sus mayores, con su territorio.
Eso es lo que hacía el «sana
que sana» de la abuela. No cerraba la herida: la acompañaba. Y para la
herida estaba la curita, y si era grave, el hospital.
La
palabra que consuela en La Guajira
La idea de que la palabra
acompaña la sanación no es solo de la Biblia ni de Grecia. Está también aquí,
en nuestra tierra, de muchas formas.
- Entre los wayúu, la
sanadora tradicional, la outsü, trabaja con el sueño y con el
canto. Así lo han descrito estudiosos como Michel Perrin. Su saber
pertenece a su pueblo, y solo sus autoridades pueden explicarlo; aquí solo
lo nombramos con respeto.
- En mi investigación de maestría, el
sabedor de Koushatchon nos contó que los kuens se cuentan en muchos
momentos de la vida: en las fiestas, en el trabajo, en los arreglos de un
problema y también en los velorios. Cuando la familia está de
duelo, el cuento acompaña.
- En el Caribe, muchas familias
recuerdan a los rezanderos y rezanderas, a las abuelas que «rezaban» a los
niños, y a las madres que cantaban para dormir a un hijo con fiebre
mientras esperaban al médico.
- En todas las casas
están el «sana que sana», la canción de cuna, el cuento de la noche
y la mano en la frente.
Ninguna de estas palabras
reemplaza al hospital. Pero todas dicen lo mismo: quien sufre necesita,
además de un remedio, una voz que lo acompañe.
Y hay algo más, que el
texto recordaba con los salmos: la palabra cambia de voz según lo que vivimos. En
la alegría se canta; en el dolor se habla bajito. Un buen narrador lo sabe.
No cuenta igual en una fiesta que junto a la cama de un niño enfermo.
Sesión en
la Biblioteca Comuna 10: «La mochila de las palabras que abrazan»
Para niños de 5 a 9 años,
con un familiar si es posible · 1 hora · de 8 a 14 participantes
Cada niño arma una pequeña
colección de palabras, canciones y gestos que lo hacen sentir mejor cuando está
triste, asustado o enfermo. No son remedios: son compañía.
Materiales: la
mochila de los talleres con el caracol de la abuela Carey, el ovillo de
Wale'kerü, sobres de papel o bolsitas de tela, tarjetas pequeñas, colores,
curitas de juguete (stickers) y las tarjetas del animómetro.
- Abrir la mochila (5
min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno dice qué le dicen en
su casa cuando se cae o se raspa.
- Urdir (10 min).
Recitamos juntos el «sana que sana, colita de rana». Si hay
familiares, cuentan qué les decían a ellos de niños: una canción, un rezo,
una frase de la abuela.
- El cuento (8 min). La
facilitadora cuenta un cuento corto: La noche en que Pinzote se enfermó.
La abuela Carey no tiene remedios; le dice a Pinzote que lo lleve su mamá
al doctor, pero mientras llegan, le canta bajito y le pone el caracol al
oído para que escuche el mar. Pinzote se siente acompañado.
- Pasar la trama (7
min). Pasando el ovillo, cada niño dice qué hizo la abuela Carey para
que Pinzote se sintiera mejor.
- Tejer: las palabras que abrazan (15
min). Cada niño llena tres tarjetas, dibujando o dictando a su
familiar:
- una palabra o frase que lo hace sentir
mejor;
- una canción que le gusta escuchar
cuando está triste;
- una persona que lo abraza cuando lo
necesita.
Las guarda en su sobre o bolsita, que decora como una mochila.
- El cuento propio (10
min). En parejas, uno cuenta qué guardó en su mochila y el otro le
pone una «curita de palabras» (un sticker) donde quiera: en la mano, en el
hombro, en el corazón.
- Cerrar la mochila (5
min). Animómetro de salida. Cada uno se lleva su mochila para tenerla
cerca de la cama.
Cómo se ve la triada en
esta sesión
|
Dimensión |
Dónde aparece |
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Aprender escuchando (la
urdimbre) |
El «sana que sana»,
las frases y canciones de los familiares, el cuento de Pinzote enfermo, el
sonido del caracol |
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Aprender sintiendo (la
trama) |
Reconocer qué nos
consuela, sentirse acompañado, el gesto de la curita de palabras, el
animómetro |
|
Aprender haciendo (la
mochila) |
Llenar las tres tarjetas,
decorar la mochila, poner la curita al compañero |
Un cuidado. La sesión
deja claro que cuando el cuerpo está enfermo hay que ir al médico, y que
las palabras acompañan, no curan. Si un niño cuenta que alguien en su casa está
muy enfermo, o que hubo una muerte reciente, se le escucha con cariño y se
avisa a la familia o a la bibliotecaria para acompañarlo.
Para
cerrar
Desde los profetas hasta
las abuelas de Riohacha, los seres humanos hemos sabido algo sencillo: el
que sufre necesita una voz que lo acompañe. Eso es lo que quiere ser
Cura-Kuens. No una medicina, sino una mano en la frente y un cuento al oído,
mientras llega la curita, el médico o el tiempo.
¿Qué te decían en tu casa
cuando te caías o estabas enfermo? Cuéntamelo en los comentarios. Quizá juntos
armemos un cancionero de palabras que abrazan.
Referencias
- Shchedrovitski, Dmitri V. Terapia Nefesh:
sistema bíblico de sanación (en ruso: Нефеш-терапия). 3.ª ed.
Moscú: Terevinf.
- Platón. Cármides. Dominio público.
- Perrin, Michel. El camino de los indios
muertos: mitos y símbolos guajiros.
- Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C.
(2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora en el marco de
la oralidad de la comunidad Wayúu [Tesis de maestría]. Fundación
Universitaria Los Libertadores.

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