jueves, 31 de octubre de 2024

Tres cuentos para tres momentos: la cuentoterapia de Maria Molicka en Riohacha

 

No todos los cuentos sirven para lo mismo

Hay cuentos para dormir, cuentos para aprender y cuentos para sanar. La psicóloga polaca Maria Molicka, una de las grandes impulsoras de la cuentoterapia (en Polonia, bajkoterapia), los ordena en tres tipos: de relajación, psicoeducativos y psicoterapéuticos. Su propuesta se usa con niñas y niños de preescolar y de los primeros años de primaria, aproximadamente entre los 4 y los 9 años, tanto para prevenir como para acompañar.

En Riohacha esta idea no nos llega de lejos. Mi trabajo de grado con la comunidad del Centro Etnoeducativo #17 Koushatchon mostró que 9 de cada 10 niños escuchan cuentos de sus abuelos, y casi siempre de noche. Nuestras abuelas ya sabían escoger: un cuento suave para que el carajito se durmiera en la hamaca, uno con enseñanza cuando había pelea entre hermanos, y el de siempre, el que el niño pedía una y otra vez, cuando algo le dolía por dentro. Molicka le pone nombre a esa sabiduría.

Los tres cuentos, a la manera de Riohacha

Tipo

Para qué sirve

Cómo es

Un ejemplo riohachero

De relajación

Calmar, bajar la agitación, preparar para dormir o para empezar la clase.

Corto, de 3 a 7 minutos. Ocurre en un lugar que el niño conoce y siente seguro. El protagonista descansa y lo vive con todos los sentidos.

La hamaca bajo la enramada, la brisa del atardecer en el malecón, el agua fresca de la tinaja.

Psicoeducativo

Ayudar a cambiar una conducta o a enfrentar una situación nueva.

El protagonista tiene un problema parecido al del niño y, en el mundo del cuento, encuentra otras maneras de pensar y de responder.

Un cangrejito que le tiene miedo a la oscuridad de su cueva, o una tortuga que espera la llegada de un hermanito.

Psicoterapéutico

Bajar la ansiedad cuando el niño vive algo difícil o se asusta con facilidad ante lo cotidiano.

El niño se identifica con el héroe. A veces pide el mismo cuento una y otra vez: es una señal de que lo necesita.

Wale'kerü, el cuento favorito de los niños en mi trabajo de grado, contado tantas veces como lo pidan.

Un detalle que Molicka subraya y que en Cura-Kuens cuidamos mucho: si un cuento no le dice nada a un niño, no pasa nada. Puede que ese tema no sea importante para él en este momento. No hay que insistir.

Antes de un cuento de relajación

Se prepara el cuerpo. La voz baja, despacio:

Ahora vamos a escuchar un cuento. Nos sentamos cómodos, todavía más cómodos. Escuchamos nuestra respiración. Si quieres, puedes cerrar los ojos. Los ruidos de la calle se van alejando, se van alejando…

Un cuento corto para probar: «La hamaca de la brisa»

En el patio de la abuela hay una hamaca de colores colgada entre dos horcones. María se acuesta en ella despacito. Siente los hilos tibios en la espalda. La brisa llega desde la playa, trae olor a sal y a ciruela jobo, y empuja la hamaca: para allá… para acá… para allá…

María escucha el mar a lo lejos. Tac… tac… tac… Cada ola le dice: descansa. Sus manos se ponen pesadas y suaves, como arena mojada. Sus pies se ponen tibios, como cuando los entierra en la orilla al mediodía.

La abuela le trae un poquito de agua fresca de la tinaja. María bebe un sorbo y siente que el agua le baja fresquita por dentro, como un río pequeño. Arriba, una nube blanca pasa despacio sobre la enramada, y María la mira irse sin prisa…

La hamaca se mece. La brisa canta bajito. Y María se queda quieta, tranquila, en el lugar más seguro del mundo: el patio de su casa.

Al terminar, se deja un momento de silencio. Luego, despacio, se invita a mover los dedos de las manos, los pies, a estirarse como un gato y a abrir los ojos.

Después del cuento: que el niño le ponga su sentido

Con los cuentos psicoeducativos y psicoterapéuticos, lo más valioso viene después de escuchar. Molicka recomienda invitar a dibujar, a expresar emociones y a conversar sobre lo que sintieron los personajes. También sirve trabajar el cuento con títeres de mano. Pero hay una regla de oro: el niño interpreta el cuento, no el adulto. Solo así el cuento cobra un significado personal. Si no quiere hablar, se respeta.

Dimensión

En el cuento de relajación

En el psicoeducativo

En el psicoterapéutico

Escuchar (urdimbre)

Escuchar la voz que guía, la propia respiración y el mar de fondo.

Escuchar el problema del personaje y reconocerse en él.

Escuchar el mismo cuento tantas veces como haga falta.

Sentir (trama)

Sentir el cuerpo pesado y tibio, la brisa, el agua fresca.

Sentir lo que siente el personaje y ponerle nombre.

Sentir que el héroe también tuvo miedo y salió adelante.

Hacer (mochila)

Estirarse al final y dibujar «mi lugar seguro».

Dramatizar con títeres otra manera de resolver.

Dibujar al héroe y guardar el dibujo en la mochila de los cuentos.

La cuentoterapia también se hace en casa

La cuentoterapia no es solo para especialistas. Molicka la recomienda también para madres, padres, abuelas y abuelos. Leer o contar un cuento es un tiempo dedicado solo al niño: tiempo para conversar y estar cerca. Ese rato permite entrar a su mundo de emociones.

Y hay algo más: para hablar con el niño de lo que siente, el adulto tiene que mirar primero sus propias emociones. Así, el cuento ayuda a crecer a los dos. Se puede contar como prevención, en cualquier momento, o escoger uno que se parezca a lo que el niño está viviendo.

Consejo de la abuela Carey: «No le expliques el cuento al carajito, mija. Cuéntaselo bien y déjalo que lo mastique. Si te lo pide otra vez, cuéntaselo otra vez: por algo será. El cuento sabe por dónde entrar.»

Un cuidado necesario

La cuentoterapia en el aula, la biblioteca o la casa previene y acompaña, pero no reemplaza la atención profesional. Si un niño vive mucho miedo o una tristeza que no se le pasa, o si algo en su dibujo o en su relato preocupa, se habla con la familia y se busca orientación psicológica. Ante cualquier sospecha de que un niño está en riesgo, se llama a la Línea 141 del ICBF.

Para seguir leyendo

  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii [Cuentoterapia. Sobre los miedos de los niños y un nuevo método de terapia]. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. Bajki terapeutyczne dla dzieci [Cuentos terapéuticos para niños], partes 1 y 2. Poznań: Media Rodzina.
  • Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.

 

lunes, 30 de septiembre de 2024

El cuento que nos contamos: cuento y realidad, dos maneras de mirar la vida


Un mismo aguacero, tres cuentos distintos

El cuento y la realidad son dos maneras de mirar la vida.

La realidad es mirar lo que pasa como una serie de hechos, lo más objetivos posible. El cuento es otra cosa: es la interpretación que cada quien hace de lo que pasa, con la imaginación encendida. Así se arma una historia completa y llena de emoción, bonita o aterradora, sobre la vida, sobre una persona o sobre una situación. Cuando a la imagen le faltan piezas, la mente las busca, las piensa o se las inventa. Por eso, frente a un mismo hecho, cada persona cuenta un cuento diferente.

Piensa en una tarde de aguacero en Riohacha, de esas que llegan pocas veces al año:

  • Para Luisito, «se dañó el paseo a la playa, todo me sale mal».
  • Para su prima Yeimy, «¡se llenaron los charcos para los barquitos de papel!».
  • Para la abuela, desde la mecedora, «llegó el invierno: mañana se siembra».

El hecho es el mismo: llovió. Lo que cambia es el cuento que cada uno se cuenta.

¿De dónde salen esos cuentos? De la cultura de nuestro territorio y de nuestra familia: de los hábitos, las tradiciones, las emociones y el ánimo del momento. Pero no todo está decidido de antemano. Con el tiempo, cada persona puede escoger en qué cuento quiere vivir.

El cuento de las canicas

Para un niño, las canicas valen lo que para un adulto el oro o los diamantes. Ganarse una sola ya es suerte y alegría.

Una mañana en la escuela de la Calle Segunda, Jesús tuvo un recreo milagroso. Debajo del almendro, tiro tras tiro, le ganó a todo el salón: las aguadas, las de colores, hasta la canica azul de Camilo, que era la más bonita de todas. Volvió al aula con los bolsillos tan llenos que sonaba al caminar.

Esa tarde, cada quien se contó un cuento distinto.

Jesús se contó: «Soy el mejor del mundo». Pero al día siguiente nadie quiso jugar con él, y las canicas pesaban en el bolsillo sin nadie con quien rodarlas.

Camilo se contó: «Yo nunca gano nada». Y no quiso volver al almendro.

La seño, que lo había visto todo, se sentó con los dos y les preguntó qué otro cuento se podía contar. Jesús lo pensó un rato y sacó la canica azul. «Esta te la devuelvo», le dijo a Camilo. «Y si quieres, mañana te enseño cómo tiro.»

Desde ese día, el cuento de aquel recreo ya no fue «el día que Jesús ganó todo», sino «el día que empezamos a jugar juntos».

Escoger el cuento de vida

Mirar la vida como cuento es natural en las personas. Se puede decir que vivimos dentro de nuestros cuentos casi todo el tiempo. Describir los hechos tal como son es más difícil y requiere práctica.

Por eso vale la pena aprender a escoger el cuento de vida que nos ayuda. Casi siempre es el que mira hacia adelante, el que deja una puerta abierta y el que no nos deja solos. Si el cuento que nos contamos es más rico y más hermoso que los puros hechos, y nos ayuda a vivir mejor, es natural quedarnos en él.

Cuando el cuento duele, se vuelve a los hechos

A veces el cuento que nos contamos es negativo y nos lastima por dentro: «nadie me quiere», «todo me sale mal», «yo no sirvo». Entonces ayuda volver a la realidad y preguntarse con calma qué fue lo que de verdad pasó. Muchas veces el hecho resulta más pequeño que el cuento que armamos con él.

Pero hay algo que en Cura-Kuens tenemos muy claro. Las experiencias graves no se arreglan cambiando el cuento. Una humillación repetida, el maltrato o cualquier forma de abuso nunca son «hechos de menor importancia». Lo que un niño necesita en esos casos es que un adulto le crea, lo proteja y busque ayuda. Si un niño está en riesgo, se llama a la Línea 141 del ICBF o al 123. Para las mujeres existe la Línea 155.

Taller: «Dos cuentos para un mismo día»

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Contamos el cuento de las canicas y escuchamos cómo lo vivió cada personaje: Jesús, Camilo, la seño.

Sentir (trama)

Cada niño recuerda un día que «se le dañó» y le pone nombre a la emoción con el animómetro.

Hacer (mochila)

Doblamos una hoja en dos. A un lado dibujamos el cuento triste de ese día; al otro, otro cuento posible del mismo día. Cada niño escoge cuál guarda en la mochila.

No se obliga a nadie a cambiar su cuento. El ejercicio solo muestra que existe más de una manera de contarlo.

Consejo de la abuela Carey: «Lo que pasó, pasó, mija. Pero cómo lo cuentas lo decides tú. Yo he cargado mi casa en la espalda cien años, y no la cuento como un peso: la cuento como mi techo.»

 

sábado, 31 de agosto de 2024

La voz que cuenta: cuentoterapia en preescolar para hablar, jugar y crecer

 

El cuento le regala palabras al niño

No hay quien no guarde con cariño los cuentos de la infancia: la voz suave de la mamá o de la abuela, los paisajes, los personajes que parecían vivos y el bien que siempre ganaba. En el preescolar, la cuentoterapia aprovecha todo eso para algo muy concreto: ayudar a los niños a hablar mejor, a entender el mundo y a relacionarse con los demás.

En la casa usamos casi siempre palabras de todos los días: «ven», «come», «báñate». Son necesarias, pero se quedan cortas. El cuento trae lo que falta: comparaciones («fría como el agua de la tinaja»), adjetivos («la tortuga vieja y sabia») y expresiones con imagen («se le aguaron los ojos»). Con esos modelos, el niño aprende su lengua con más riqueza y más rapidez, y su habla se vuelve más expresiva.

En Riohacha y en comunidades como la del Centro Etnoeducativo n.º 17 Koushatchon, muchos niños crecen entre el español y el wayuunaiki. Ahí el cuento hace doble trabajo: alimenta las dos lenguas y le dice al niño que la palabra de sus abuelos también vale en la escuela.

Tres funciones del cuento y a quién le toca cada una

En psicología se suelen distinguir tres funciones de los cuentos: diagnóstica, correctiva (terapéutica) y pronóstica. Es importante saber quién puede usar cada una.

Función

Qué busca

Quién la usa

En Cura-Kuens

Diagnóstica

Que el niño invente un cuento, por ejemplo sobre un niño de cinco años, para conocer cómo suele responder ante las situaciones y lo que no puede o no quiere decir con palabras.

Solo un psicólogo o una psicóloga, con formación y dentro de un proceso de acompañamiento.

No interpretamos ni diagnosticamos. Escuchamos con respeto y, si algo preocupa, se habla con la familia y con un profesional.

Pronóstica

Que el cuento muestre cómo podrían desarrollarse los hechos en la vida de la persona, paso a paso, como muñecas que se guardan una dentro de otra.

Solo especialistas, con mucha prudencia.

No la usamos. Ningún cuento decide el futuro de un niño.

Correctiva (acompañar)

Que, gracias al cuento, el ánimo y la conducta del niño mejoren. Se usa un cuento de autor, uno popular o uno que se crea entre el adulto y el niño.

Psicólogos, docentes, narradoras y familias, cada quien en su lugar.

Es nuestro campo: escoger bien el cuento, contarlo bien y conversar después.

Escoger el cuento es parte del trabajo. Antes de contarlo, el adulto piensa en qué está viviendo el niño: una pelea con el hermanito, miedo a la oscuridad, un cambio de casa. Así escoge el cuento que puede ayudarle y que le muestra otras maneras de actuar.

Cuentos que enseñan sin regañar

  • «Tío Conejo y Tío Tigre» muestra que la astucia vale más que la fuerza, y que no conviene confiar en cualquiera que te habla bonito.
  • «Cenicienta» expresa con claridad que la bondad termina ganando.
  • Un cuento para la hora de comer: en vez de regañar o prometer premios, se puede contar el cuento de la cocina de la abuela, donde el ñame, la arepa y el pescado esperan a la familia para la merienda. Contarlo funciona mejor que insistir, pero nunca se obliga a comer.

Contar es poner en escena una pequeña obra

Parece fácil leerle o contarle un cuento a un niño, pero no lo es. Si el adulto lee con cara aburrida y sin expresión, el niño también se aburre. En cambio, si quien narra se transforma por dentro en los personajes, el niño entra al mundo mágico del cuento. Para eso, la narradora puede:

  • cambiar la voz: astuta para Tío Conejo, grave y lenta para la abuela Carey, chillona para el cangrejito;
  • bajar la voz cuando el niño tiene que estar más atento o cuando viene el susto;
  • hacer pausas, mirar a los ojos y dejar que el silencio haga su parte.

Como narradora oral lo he comprobado muchas veces: los niños no recuerdan solo el cuento, recuerdan cómo se lo contaron.

Que los niños también cuenten

En las clases de lenguaje se puede invitar a los niños a narrar con nosotros. Funciona mejor con cuentos que ya conocen:

  • Darles voz a los personajes: unos niños hacen de Tío Conejo y otros de Tío Tigre.
  • Dramatizar un episodio: solo una escena, la más querida.
  • Adivinar el cuento por las imágenes: se muestran láminas del kamishibai y se adivina de qué cuento son.
  • Ordenar las ilustraciones: se revuelven las láminas y entre todos las ponen en el orden de la historia.
  • Teatro de títeres: con títeres de mano o de calcetín, el cuento se vuelve juego.

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchar a la narradora cambiar la voz para cada personaje y descubrir las palabras nuevas del cuento.

Sentir (trama)

Sentir el susto cuando la voz baja y la alegría cuando el bien gana. Ponerle nombre a lo que sintió cada personaje.

Hacer (mochila)

Prestarle la voz a un personaje, ordenar las láminas o mover un títere. Cada niño guarda en la mochila una palabra nueva que aprendió con el cuento.

Consejo de la abuela Carey: «El cuento no se lee, mija: se cuenta con el cuerpo entero. Si tú no ves al tigre, el carajito tampoco lo ve.»

Un proyecto con esqueleto, pero con aire

Para que la cuentoterapia dé frutos en el preescolar, hay que escoger los cuentos según la edad de los niños y lo que están viviendo. Conviene planear el proyecto con anticipación y para un tiempo largo, por ejemplo un semestre: qué cuentos, en qué orden y con qué actividades. Ese es el esqueleto.

Pero no puede ser un plan rígido. La docente o la narradora tiene que sentir en qué momento conviene un cuento y cuándo es mejor guardarlo para otro día. Si los niños llegan alborotados después de la brisa fuerte, quizás toca primero un cuento de relajación. El esqueleto se respeta, pero el cuento respira.

Para seguir leyendo

  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii [Cuentoterapia. Sobre los miedos de los niños y un nuevo método de terapia]. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. ([2016?]). Bajki terapeutyczne [Cuentos terapéuticos], parte 1 (2.ª ed. corregida y aumentada). Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. (2011). Biblioterapia i bajkoterapia. Rola literatury w procesie zmiany rozumienia świata społecznego i siebie [Biblioterapia y cuentoterapia: el papel de la literatura en el cambio de la comprensión del mundo social y de uno mismo]. Poznań: Media Rodzina.
  • Jędrzejewska-Wróbel, R. y otros (2011). Bezpieczna fajka. Varsovia: Nasza Księgarnia.

 


El cuento de vida: lo que la realidad no alcanza a nombrar

 

Vivimos dentro de los cuentos que nos contamos

En la entrada anterior, El cuento que nos contamos, vimos que un mismo aguacero puede ser una tragedia o una fiesta, según quién lo cuente. Hoy damos un paso más.

Un cuento de vida es la manera en que interpretamos, comprendemos y valoramos lo que nos pasa, convertida en una historia con emoción y con sentido. Es una descripción a la manera humana. Es una de las imágenes que llevamos por dentro de la vida.

El formato de la realidad hace otra cosa: cuenta en orden lo que pasó, con hechos y cifras, lo más objetivo posible, sin metáforas ni emociones. Las dos miradas son necesarias. Pero hay cosas que la realidad sola no alcanza a nombrar.

Lo que solo vive en el cuento

Con la cabeza sabemos que el mundo está hecho de átomos, moléculas y leyes de la física. Desde la ciencia, el mundo funciona como una máquina. Pero el cuento le da al mundo alma y vida. Mira estos ejemplos:

En la realidad hay…

En el cuento hay…

Dos personas que se atraen; hormonas, instinto, biología.

Amor: alguien que espera, que cree, que cuida.

Un lugar de nacimiento, una dirección, un registro civil.

La tierra: Riohacha, la Calle Segunda, el olor a mar, la voz de la abuela.

Una mujer que dio a luz, alimentó y cuidó a un niño.

Mamá.

Alguien se acercó, puso las manos sobre mis hombros y se fue.

Un abrazo: me quiere, se me calentó el pecho, dos almas se dieron calor.

Nada de lo que está en la columna de la izquierda es falso. Pero quien vive solo con esa columna se queda sin lo más importante. Quien no conoce la historia del amor no sabe amar, creer ni esperar.

Por eso los cuentos son necesarios, absolutamente necesarios. Criar a un niño es, entre otras cosas, regalarle los cuentos de su cultura y los de la humanidad. Así aprende a vivir entre la gente y a construir una vida que valga la pena contar.

Cuentos que levantan y cuentos que hunden

Frente a un mismo hecho, cada persona crea su cuento. Ese es un campo de libertad y de creatividad. Los cuentos de vida se pueden ordenar así:

  • Positivos o negativos, según cómo termine la historia que nos contamos.
  • Románticos o cínicos. El romántico mira con buenos ojos lo que hacen las personas. El cínico siempre sospecha lo peor.

Un ejemplo de Riohacha: la vecina le trae a la abuela una olla de sancocho.

  • El cuento romántico dice: «se acordó de nosotros».
  • El cuento cínico dice: «lo hizo para que después le prestemos el hueso».

El sancocho es el mismo. Lo que cambia es el cuento con el que nos lo comemos.

La mirada wayuu: todo es kuens

Esta manera de clasificar los cuentos viene de la psicología occidental. En La Guajira, el pueblo wayuu nos enseña otra cosa. Para los wayuu no existe una distinción de géneros narrativos. Todo se recoge en una sola palabra, kuens, un préstamo del español «cuentos». Kuens abarca los mitos, las leyendas, las fábulas, los cuentos tradicionales y las anécdotas.

Esos relatos no tienen autor: son de creación colectiva y pertenecen a todos. Los wayuu suelen llamarlos sukujala alaulayu, «lo que cuentan los viejos», o dicen tu akujalaakaa shiaja'a waneekasa ji, «los relatos vienen de la antigüedad». Se cuentan en la enramada, en la cocina de la ranchería, en los espacios del tejido y en los velorios. Los cuentan los alaulas (los mayores) y los jayeechimachis, que recitan los jayeechis o cantos.

Así, para un niño wayuu, un cuento no es primero «positivo» o «romántico». Es, ante todo, lo que cuentan los viejos: una herencia que enseña, entretiene, reúne a la familia y ayuda a distinguir lo bueno de lo malo. Por eso, en Cura-Kuens, las clasificaciones nos sirven como herramientas, pero el centro siempre es la palabra de los mayores.

Fuente: Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.

Taller: «Mi diccionario de dos columnas»

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchamos el cuento del abrazo: lo que pasó en la realidad y lo que pasó en el cuento.

Sentir (trama)

Cerramos los ojos y recordamos un abrazo de alguien que nos quiere. ¿Dónde se sintió el calor?

Hacer (mochila)

En una hoja con dos columnas, «Lo que pasó» y «Lo que sentí», escribimos o dibujamos tres momentos. Por ejemplo: me prestó su lápiz / tengo un amigo. La hoja se guarda en la mochila de los cuentos.

Consejo de la abuela Carey: «La sal es sal, mija, y el mar es agua. Pero el día que te besó la ola por primera vez, eso no lo mide nadie. Guárdate ese cuento, que es tuyo.»

 

domingo, 30 de junio de 2024

Lo que aprendimos de Polonia: para qué sirve un cuento terapéutico


 Una cartilla escrita con imágenes

«El cuento de hadas es la cartilla con la que el niño aprende a leer su propia mente, en el lenguaje de las imágenes, el único lenguaje que permite comprender antes de alcanzar la madurez intelectual.»  Bruno Bettelheim, Psicoanálisis de los cuentos de hadas

En Cura-Kuens llevamos un tiempo haciendo una investigación documental sobre la cuentoterapia en Polonia, donde se le llama bajkoterapia. Traducimos y estudiamos textos de allá para traerlos a nuestra realidad. Esta entrada recoge lo más valioso de ese trabajo: para qué sirve un cuento terapéutico y qué cuentos usan los especialistas polacos.

Un niño de preescolar es sensible a todas las formas del arte, y la ficción lo toca de manera especial. Del libro, el niño «lee» directamente solo las ilustraciones. El texto le llega a través de otro: de quien narra, recita o lee. Por eso el papel de la docente o la narradora es tan importante. Ella escoge el cuento, lo ajusta a lo que los niños están viviendo y decide cómo, dónde y cuándo contarlo.

Ya vimos en la entrada 28 los tres tipos de cuento terapéutico de Maria Molicka: de relajación, psicoeducativos y psicoterapéuticos. Hoy vamos a lo que hacen por dentro.

Seis cosas que hace un cuento terapéutico

Según Molicka, los cuentos son sencillos en su contenido, pero cumplen muchas funciones. Lo más importante es que lo que pasa en el cuento se parece a lo que el niño está viviendo. Así el niño descubre que no está solo con su problema.

Función

Qué hace

Cómo se ve en Riohacha

Dar fe en la propia fuerza

Si el héroe vence sus debilidades, el niño siente que él también puede. Construye pensamientos como soy fuerte, sé cómo hacerlo, no me rindo.

El cangrejito que le tenía miedo al mar y un día se atrevió a mojarse las patas.

Compensar

Cuando la vida está difícil, el cuento le da al niño lo que le falta y le enseña que, aunque las cosas estén mal, el destino puede cambiar.

En tiempos de sequía o de penuria, el cuento de la sopa que alcanzó para todo el barrio.

Relajar

Un cuento bien escogido y bien contado calma al niño después de un día lleno de juegos y emociones. Los cuentos de humor también tranquilizan.

El cuento de la hamaca y la brisa, al volver del recreo.

Ofrecer un refugio

El cuento permite alejarse un rato del miedo, el dolor o el estrés. Es un refugio temporal: no resuelve el problema, pero ayuda cuando el niño no puede cambiar lo que pasa.

Un cuento en la sala de espera del hospital.

Socializar

Imitando a los héroes, el niño aprende reglas del mundo adulto y las practica jugando con otros niños.

Después del cuento de Tío Conejo, los niños juegan a ser Tío Conejo y negocian quien hace de tigre.

Llevar a la acción

El cuento orienta al niño a actuar en el mundo real frente a sus miedos y sube su autoestima.

Después del cuento del niño que saludó primero, el niño tímido se atreve a decir «buenos días» en el salón.

Después de escuchar, los niños imaginan cómo son los personajes, los pintan, los representan con juguetes y se identifican con ellos. Así desarrollan la imaginación y la creatividad. El objetivo principal de la cuentoterapia es que el niño crea en su propia fuerza y en su propio valor.

La narradora también respira

Para contar un cuento de relajación, quien narra tiene que estar tranquila. Si la voz llega tensa, el cuerpo del niño no se suelta. Estos son los consejos de los especialistas polacos:

  1. Practicar antes, muchas veces. Así la narradora sincroniza su respiración con el texto y no se apura.
  2. Hablar bajo y con ritmo. La voz se mece como una hamaca.
  3. Hacer pausas tan largas como un pensamiento. El silencio también cuenta.
  4. Acompañar con un sonido suave. Puede ser una música tranquila o el sonido grabado del mar.

Cuanto más profunda es la relajación, más fácil le queda al niño calmarse. Por un rato, sus preocupaciones y miedos pasan a un segundo plano. Un niño con paz por dentro enfrenta mejor las dificultades de la vida.

Un catálogo de cuentos polacos

Estos son algunos cuentos terapéuticos que usan los especialistas en Polonia. Los títulos están en nuestra traducción; la mayoría no se han publicado en español.

Tipo

Cuento (autora)

Para qué

De relajación

El cuento del solecito, del gatito, del gorrión y del osito (M. Molicka)

Calmar y descansar.

De relajación

La cajita roja y La gata de zapatos blancos (J. Brodowska)

Calmar y descansar.

De relajación

El gran volcán de la rabia (A. Borowiecka)

Para niños con mucha rabia.

Psicoeducativo

El cuento de la araña (M. Molicka)

Cuando el grupo rechaza a un niño.

Psicoeducativo

El cuento de la hormiga (M. Molicka)

Las dificultades en la escuela.

Psicoeducativo

El cuento de la abeja (M. Molicka)

Descubrir para qué soy bueno.

Psicoeducativo

El cuento de los dos lápices (M. Molicka)

La necesidad de la amistad.

Psicoterapéutico

La Oscuridad y sus amigos (M. Molicka)

El miedo a la oscuridad.

Psicoterapéutico

El miedo de Zuzi-Buzi (M. Molicka)

La separación y la soledad.

Psicoterapéutico

El camino a casa (J. Śniarowska)

La ansiedad entre multitudes y en lugares desconocidos.

Psicoterapéutico

Olvido (J. Śniarowska)

Cuando un familiar está en el hospital.

Psicoterapéutico

La mosca miedosa y el ratón de biblioteca (A. Borowiecka)

El miedo a las alturas.

Psicoterapéutico

Serie de Fisia: el señor Sombra, el señor Ruido, la señora Oscuridad, la señora Ausencia y la señora Melancolía (J. Brodowska)

Sombras, ruidos, oscuridad, ausencias. La señora Melancolía habla de la muerte.

En Cura-Kuens no buscamos copiar estos cuentos, sino aprender de su estructura para crear los nuestros. Por ejemplo, un cuento de la Oscuridad puede vivir en la enramada, y la araña rechazada puede ser una tortuga que no dejaban jugar en la orilla.

La triada en esta entrada

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchar un cuento de relajación con la voz lenta de la narradora y el mar de fondo.

Sentir (trama)

Descubrir que el héroe tiene el mismo problema que yo y que no estoy solo.

Hacer (mochila)

Pintar al héroe, representarlo con juguetes y escribir en la mochila de los cuentos una frase de fuerza: sé cómo hacerlo.

Consejo de la abuela Carey: «Antes de contar, respírale al mar, mija. Si tú vas tranquila, el cuento llega tranquilo. Y el carajito que lo escucha se queda tranquilo también.»

Bibliografía de la investigación

Traducciones de Cura-Kuens. Algunos datos están incompletos en las fuentes originales.

  • Barciś, A. y otros (2015). Bajkoterapia, czyli bajki dla dzieci i dorosłych [Cuentoterapia: cuentos para niños y adultos]. Varsovia: Nasza Księgarnia.
  • Bettelheim, B. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica.
  • Borecka, I. Biblioterapia jako forma terapii pedagogicznej [La biblioterapia como forma de terapia pedagógica], 2.ª ed. Wałbrzych: Wyższa Szkoła Zawodowa.
  • Brett, D. (2002). Bajki, które leczą [Cuentos que curan], partes 1 y 2. Gdańsk: Gdańskie Wydawnictwo Psychologiczne.
  • Ibisz, K. y otros; Klimowicz, K. (intr. y coment.). Bajki, czyli dla małych i dużych o tym, jak mogą pomóc bajki [Cuentos para chicos y grandes: cómo pueden ayudar los cuentos]. Varsovia: Nasza Księgarnia.
  • Koźmińska, I. y Olszewska, E. Z dzieckiem w świat wartości [Con el niño al mundo de los valores]. Varsovia: Świat Książki.
  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. Bajki terapeutyczne [Cuentos terapéuticos]. Poznań: Media Rodzina.

 

 

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