sábado, 31 de agosto de 2024

La voz que cuenta: cuentoterapia en preescolar para hablar, jugar y crecer

 

El cuento le regala palabras al niño

No hay quien no guarde con cariño los cuentos de la infancia: la voz suave de la mamá o de la abuela, los paisajes, los personajes que parecían vivos y el bien que siempre ganaba. En el preescolar, la cuentoterapia aprovecha todo eso para algo muy concreto: ayudar a los niños a hablar mejor, a entender el mundo y a relacionarse con los demás.

En la casa usamos casi siempre palabras de todos los días: «ven», «come», «báñate». Son necesarias, pero se quedan cortas. El cuento trae lo que falta: comparaciones («fría como el agua de la tinaja»), adjetivos («la tortuga vieja y sabia») y expresiones con imagen («se le aguaron los ojos»). Con esos modelos, el niño aprende su lengua con más riqueza y más rapidez, y su habla se vuelve más expresiva.

En Riohacha y en comunidades como la del Centro Etnoeducativo n.º 17 Koushatchon, muchos niños crecen entre el español y el wayuunaiki. Ahí el cuento hace doble trabajo: alimenta las dos lenguas y le dice al niño que la palabra de sus abuelos también vale en la escuela.

Tres funciones del cuento y a quién le toca cada una

En psicología se suelen distinguir tres funciones de los cuentos: diagnóstica, correctiva (terapéutica) y pronóstica. Es importante saber quién puede usar cada una.

Función

Qué busca

Quién la usa

En Cura-Kuens

Diagnóstica

Que el niño invente un cuento, por ejemplo sobre un niño de cinco años, para conocer cómo suele responder ante las situaciones y lo que no puede o no quiere decir con palabras.

Solo un psicólogo o una psicóloga, con formación y dentro de un proceso de acompañamiento.

No interpretamos ni diagnosticamos. Escuchamos con respeto y, si algo preocupa, se habla con la familia y con un profesional.

Pronóstica

Que el cuento muestre cómo podrían desarrollarse los hechos en la vida de la persona, paso a paso, como muñecas que se guardan una dentro de otra.

Solo especialistas, con mucha prudencia.

No la usamos. Ningún cuento decide el futuro de un niño.

Correctiva (acompañar)

Que, gracias al cuento, el ánimo y la conducta del niño mejoren. Se usa un cuento de autor, uno popular o uno que se crea entre el adulto y el niño.

Psicólogos, docentes, narradoras y familias, cada quien en su lugar.

Es nuestro campo: escoger bien el cuento, contarlo bien y conversar después.

Escoger el cuento es parte del trabajo. Antes de contarlo, el adulto piensa en qué está viviendo el niño: una pelea con el hermanito, miedo a la oscuridad, un cambio de casa. Así escoge el cuento que puede ayudarle y que le muestra otras maneras de actuar.

Cuentos que enseñan sin regañar

  • «Tío Conejo y Tío Tigre» muestra que la astucia vale más que la fuerza, y que no conviene confiar en cualquiera que te habla bonito.
  • «Cenicienta» expresa con claridad que la bondad termina ganando.
  • Un cuento para la hora de comer: en vez de regañar o prometer premios, se puede contar el cuento de la cocina de la abuela, donde el ñame, la arepa y el pescado esperan a la familia para la merienda. Contarlo funciona mejor que insistir, pero nunca se obliga a comer.

Contar es poner en escena una pequeña obra

Parece fácil leerle o contarle un cuento a un niño, pero no lo es. Si el adulto lee con cara aburrida y sin expresión, el niño también se aburre. En cambio, si quien narra se transforma por dentro en los personajes, el niño entra al mundo mágico del cuento. Para eso, la narradora puede:

  • cambiar la voz: astuta para Tío Conejo, grave y lenta para la abuela Carey, chillona para el cangrejito;
  • bajar la voz cuando el niño tiene que estar más atento o cuando viene el susto;
  • hacer pausas, mirar a los ojos y dejar que el silencio haga su parte.

Como narradora oral lo he comprobado muchas veces: los niños no recuerdan solo el cuento, recuerdan cómo se lo contaron.

Que los niños también cuenten

En las clases de lenguaje se puede invitar a los niños a narrar con nosotros. Funciona mejor con cuentos que ya conocen:

  • Darles voz a los personajes: unos niños hacen de Tío Conejo y otros de Tío Tigre.
  • Dramatizar un episodio: solo una escena, la más querida.
  • Adivinar el cuento por las imágenes: se muestran láminas del kamishibai y se adivina de qué cuento son.
  • Ordenar las ilustraciones: se revuelven las láminas y entre todos las ponen en el orden de la historia.
  • Teatro de títeres: con títeres de mano o de calcetín, el cuento se vuelve juego.

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchar a la narradora cambiar la voz para cada personaje y descubrir las palabras nuevas del cuento.

Sentir (trama)

Sentir el susto cuando la voz baja y la alegría cuando el bien gana. Ponerle nombre a lo que sintió cada personaje.

Hacer (mochila)

Prestarle la voz a un personaje, ordenar las láminas o mover un títere. Cada niño guarda en la mochila una palabra nueva que aprendió con el cuento.

Consejo de la abuela Carey: «El cuento no se lee, mija: se cuenta con el cuerpo entero. Si tú no ves al tigre, el carajito tampoco lo ve.»

Un proyecto con esqueleto, pero con aire

Para que la cuentoterapia dé frutos en el preescolar, hay que escoger los cuentos según la edad de los niños y lo que están viviendo. Conviene planear el proyecto con anticipación y para un tiempo largo, por ejemplo un semestre: qué cuentos, en qué orden y con qué actividades. Ese es el esqueleto.

Pero no puede ser un plan rígido. La docente o la narradora tiene que sentir en qué momento conviene un cuento y cuándo es mejor guardarlo para otro día. Si los niños llegan alborotados después de la brisa fuerte, quizás toca primero un cuento de relajación. El esqueleto se respeta, pero el cuento respira.

Para seguir leyendo

  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii [Cuentoterapia. Sobre los miedos de los niños y un nuevo método de terapia]. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. ([2016?]). Bajki terapeutyczne [Cuentos terapéuticos], parte 1 (2.ª ed. corregida y aumentada). Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. (2011). Biblioterapia i bajkoterapia. Rola literatury w procesie zmiany rozumienia świata społecznego i siebie [Biblioterapia y cuentoterapia: el papel de la literatura en el cambio de la comprensión del mundo social y de uno mismo]. Poznań: Media Rodzina.
  • Jędrzejewska-Wróbel, R. y otros (2011). Bezpieczna fajka. Varsovia: Nasza Księgarnia.

 


El cuento de vida: lo que la realidad no alcanza a nombrar

 

Vivimos dentro de los cuentos que nos contamos

En la entrada anterior, El cuento que nos contamos, vimos que un mismo aguacero puede ser una tragedia o una fiesta, según quién lo cuente. Hoy damos un paso más.

Un cuento de vida es la manera en que interpretamos, comprendemos y valoramos lo que nos pasa, convertida en una historia con emoción y con sentido. Es una descripción a la manera humana. Es una de las imágenes que llevamos por dentro de la vida.

El formato de la realidad hace otra cosa: cuenta en orden lo que pasó, con hechos y cifras, lo más objetivo posible, sin metáforas ni emociones. Las dos miradas son necesarias. Pero hay cosas que la realidad sola no alcanza a nombrar.

Lo que solo vive en el cuento

Con la cabeza sabemos que el mundo está hecho de átomos, moléculas y leyes de la física. Desde la ciencia, el mundo funciona como una máquina. Pero el cuento le da al mundo alma y vida. Mira estos ejemplos:

En la realidad hay…

En el cuento hay…

Dos personas que se atraen; hormonas, instinto, biología.

Amor: alguien que espera, que cree, que cuida.

Un lugar de nacimiento, una dirección, un registro civil.

La tierra: Riohacha, la Calle Segunda, el olor a mar, la voz de la abuela.

Una mujer que dio a luz, alimentó y cuidó a un niño.

Mamá.

Alguien se acercó, puso las manos sobre mis hombros y se fue.

Un abrazo: me quiere, se me calentó el pecho, dos almas se dieron calor.

Nada de lo que está en la columna de la izquierda es falso. Pero quien vive solo con esa columna se queda sin lo más importante. Quien no conoce la historia del amor no sabe amar, creer ni esperar.

Por eso los cuentos son necesarios, absolutamente necesarios. Criar a un niño es, entre otras cosas, regalarle los cuentos de su cultura y los de la humanidad. Así aprende a vivir entre la gente y a construir una vida que valga la pena contar.

Cuentos que levantan y cuentos que hunden

Frente a un mismo hecho, cada persona crea su cuento. Ese es un campo de libertad y de creatividad. Los cuentos de vida se pueden ordenar así:

  • Positivos o negativos, según cómo termine la historia que nos contamos.
  • Románticos o cínicos. El romántico mira con buenos ojos lo que hacen las personas. El cínico siempre sospecha lo peor.

Un ejemplo de Riohacha: la vecina le trae a la abuela una olla de sancocho.

  • El cuento romántico dice: «se acordó de nosotros».
  • El cuento cínico dice: «lo hizo para que después le prestemos el hueso».

El sancocho es el mismo. Lo que cambia es el cuento con el que nos lo comemos.

La mirada wayuu: todo es kuens

Esta manera de clasificar los cuentos viene de la psicología occidental. En La Guajira, el pueblo wayuu nos enseña otra cosa. Para los wayuu no existe una distinción de géneros narrativos. Todo se recoge en una sola palabra, kuens, un préstamo del español «cuentos». Kuens abarca los mitos, las leyendas, las fábulas, los cuentos tradicionales y las anécdotas.

Esos relatos no tienen autor: son de creación colectiva y pertenecen a todos. Los wayuu suelen llamarlos sukujala alaulayu, «lo que cuentan los viejos», o dicen tu akujalaakaa shiaja'a waneekasa ji, «los relatos vienen de la antigüedad». Se cuentan en la enramada, en la cocina de la ranchería, en los espacios del tejido y en los velorios. Los cuentan los alaulas (los mayores) y los jayeechimachis, que recitan los jayeechis o cantos.

Así, para un niño wayuu, un cuento no es primero «positivo» o «romántico». Es, ante todo, lo que cuentan los viejos: una herencia que enseña, entretiene, reúne a la familia y ayuda a distinguir lo bueno de lo malo. Por eso, en Cura-Kuens, las clasificaciones nos sirven como herramientas, pero el centro siempre es la palabra de los mayores.

Fuente: Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.

Taller: «Mi diccionario de dos columnas»

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchamos el cuento del abrazo: lo que pasó en la realidad y lo que pasó en el cuento.

Sentir (trama)

Cerramos los ojos y recordamos un abrazo de alguien que nos quiere. ¿Dónde se sintió el calor?

Hacer (mochila)

En una hoja con dos columnas, «Lo que pasó» y «Lo que sentí», escribimos o dibujamos tres momentos. Por ejemplo: me prestó su lápiz / tengo un amigo. La hoja se guarda en la mochila de los cuentos.

Consejo de la abuela Carey: «La sal es sal, mija, y el mar es agua. Pero el día que te besó la ola por primera vez, eso no lo mide nadie. Guárdate ese cuento, que es tuyo.»

 

domingo, 30 de junio de 2024

Lo que aprendimos de Polonia: para qué sirve un cuento terapéutico


 Una cartilla escrita con imágenes

«El cuento de hadas es la cartilla con la que el niño aprende a leer su propia mente, en el lenguaje de las imágenes, el único lenguaje que permite comprender antes de alcanzar la madurez intelectual.»  Bruno Bettelheim, Psicoanálisis de los cuentos de hadas

En Cura-Kuens llevamos un tiempo haciendo una investigación documental sobre la cuentoterapia en Polonia, donde se le llama bajkoterapia. Traducimos y estudiamos textos de allá para traerlos a nuestra realidad. Esta entrada recoge lo más valioso de ese trabajo: para qué sirve un cuento terapéutico y qué cuentos usan los especialistas polacos.

Un niño de preescolar es sensible a todas las formas del arte, y la ficción lo toca de manera especial. Del libro, el niño «lee» directamente solo las ilustraciones. El texto le llega a través de otro: de quien narra, recita o lee. Por eso el papel de la docente o la narradora es tan importante. Ella escoge el cuento, lo ajusta a lo que los niños están viviendo y decide cómo, dónde y cuándo contarlo.

Ya vimos en la entrada 28 los tres tipos de cuento terapéutico de Maria Molicka: de relajación, psicoeducativos y psicoterapéuticos. Hoy vamos a lo que hacen por dentro.

Seis cosas que hace un cuento terapéutico

Según Molicka, los cuentos son sencillos en su contenido, pero cumplen muchas funciones. Lo más importante es que lo que pasa en el cuento se parece a lo que el niño está viviendo. Así el niño descubre que no está solo con su problema.

Función

Qué hace

Cómo se ve en Riohacha

Dar fe en la propia fuerza

Si el héroe vence sus debilidades, el niño siente que él también puede. Construye pensamientos como soy fuerte, sé cómo hacerlo, no me rindo.

El cangrejito que le tenía miedo al mar y un día se atrevió a mojarse las patas.

Compensar

Cuando la vida está difícil, el cuento le da al niño lo que le falta y le enseña que, aunque las cosas estén mal, el destino puede cambiar.

En tiempos de sequía o de penuria, el cuento de la sopa que alcanzó para todo el barrio.

Relajar

Un cuento bien escogido y bien contado calma al niño después de un día lleno de juegos y emociones. Los cuentos de humor también tranquilizan.

El cuento de la hamaca y la brisa, al volver del recreo.

Ofrecer un refugio

El cuento permite alejarse un rato del miedo, el dolor o el estrés. Es un refugio temporal: no resuelve el problema, pero ayuda cuando el niño no puede cambiar lo que pasa.

Un cuento en la sala de espera del hospital.

Socializar

Imitando a los héroes, el niño aprende reglas del mundo adulto y las practica jugando con otros niños.

Después del cuento de Tío Conejo, los niños juegan a ser Tío Conejo y negocian quien hace de tigre.

Llevar a la acción

El cuento orienta al niño a actuar en el mundo real frente a sus miedos y sube su autoestima.

Después del cuento del niño que saludó primero, el niño tímido se atreve a decir «buenos días» en el salón.

Después de escuchar, los niños imaginan cómo son los personajes, los pintan, los representan con juguetes y se identifican con ellos. Así desarrollan la imaginación y la creatividad. El objetivo principal de la cuentoterapia es que el niño crea en su propia fuerza y en su propio valor.

La narradora también respira

Para contar un cuento de relajación, quien narra tiene que estar tranquila. Si la voz llega tensa, el cuerpo del niño no se suelta. Estos son los consejos de los especialistas polacos:

  1. Practicar antes, muchas veces. Así la narradora sincroniza su respiración con el texto y no se apura.
  2. Hablar bajo y con ritmo. La voz se mece como una hamaca.
  3. Hacer pausas tan largas como un pensamiento. El silencio también cuenta.
  4. Acompañar con un sonido suave. Puede ser una música tranquila o el sonido grabado del mar.

Cuanto más profunda es la relajación, más fácil le queda al niño calmarse. Por un rato, sus preocupaciones y miedos pasan a un segundo plano. Un niño con paz por dentro enfrenta mejor las dificultades de la vida.

Un catálogo de cuentos polacos

Estos son algunos cuentos terapéuticos que usan los especialistas en Polonia. Los títulos están en nuestra traducción; la mayoría no se han publicado en español.

Tipo

Cuento (autora)

Para qué

De relajación

El cuento del solecito, del gatito, del gorrión y del osito (M. Molicka)

Calmar y descansar.

De relajación

La cajita roja y La gata de zapatos blancos (J. Brodowska)

Calmar y descansar.

De relajación

El gran volcán de la rabia (A. Borowiecka)

Para niños con mucha rabia.

Psicoeducativo

El cuento de la araña (M. Molicka)

Cuando el grupo rechaza a un niño.

Psicoeducativo

El cuento de la hormiga (M. Molicka)

Las dificultades en la escuela.

Psicoeducativo

El cuento de la abeja (M. Molicka)

Descubrir para qué soy bueno.

Psicoeducativo

El cuento de los dos lápices (M. Molicka)

La necesidad de la amistad.

Psicoterapéutico

La Oscuridad y sus amigos (M. Molicka)

El miedo a la oscuridad.

Psicoterapéutico

El miedo de Zuzi-Buzi (M. Molicka)

La separación y la soledad.

Psicoterapéutico

El camino a casa (J. Śniarowska)

La ansiedad entre multitudes y en lugares desconocidos.

Psicoterapéutico

Olvido (J. Śniarowska)

Cuando un familiar está en el hospital.

Psicoterapéutico

La mosca miedosa y el ratón de biblioteca (A. Borowiecka)

El miedo a las alturas.

Psicoterapéutico

Serie de Fisia: el señor Sombra, el señor Ruido, la señora Oscuridad, la señora Ausencia y la señora Melancolía (J. Brodowska)

Sombras, ruidos, oscuridad, ausencias. La señora Melancolía habla de la muerte.

En Cura-Kuens no buscamos copiar estos cuentos, sino aprender de su estructura para crear los nuestros. Por ejemplo, un cuento de la Oscuridad puede vivir en la enramada, y la araña rechazada puede ser una tortuga que no dejaban jugar en la orilla.

La triada en esta entrada

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchar un cuento de relajación con la voz lenta de la narradora y el mar de fondo.

Sentir (trama)

Descubrir que el héroe tiene el mismo problema que yo y que no estoy solo.

Hacer (mochila)

Pintar al héroe, representarlo con juguetes y escribir en la mochila de los cuentos una frase de fuerza: sé cómo hacerlo.

Consejo de la abuela Carey: «Antes de contar, respírale al mar, mija. Si tú vas tranquila, el cuento llega tranquilo. Y el carajito que lo escucha se queda tranquilo también.»

Bibliografía de la investigación

Traducciones de Cura-Kuens. Algunos datos están incompletos en las fuentes originales.

  • Barciś, A. y otros (2015). Bajkoterapia, czyli bajki dla dzieci i dorosłych [Cuentoterapia: cuentos para niños y adultos]. Varsovia: Nasza Księgarnia.
  • Bettelheim, B. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica.
  • Borecka, I. Biblioterapia jako forma terapii pedagogicznej [La biblioterapia como forma de terapia pedagógica], 2.ª ed. Wałbrzych: Wyższa Szkoła Zawodowa.
  • Brett, D. (2002). Bajki, które leczą [Cuentos que curan], partes 1 y 2. Gdańsk: Gdańskie Wydawnictwo Psychologiczne.
  • Ibisz, K. y otros; Klimowicz, K. (intr. y coment.). Bajki, czyli dla małych i dużych o tym, jak mogą pomóc bajki [Cuentos para chicos y grandes: cómo pueden ayudar los cuentos]. Varsovia: Nasza Księgarnia.
  • Koźmińska, I. y Olszewska, E. Z dzieckiem w świat wartości [Con el niño al mundo de los valores]. Varsovia: Świat Książki.
  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. Bajki terapeutyczne [Cuentos terapéuticos]. Poznań: Media Rodzina.

 

 

viernes, 31 de mayo de 2024

El poder de las historias: cómo se arma un cuento que atrapa

 

Una avalancha de historias

Hoy vivimos en una avalancha de historias. Todo el día nos arrastran, nos conmueven, nos hacen llorar y reír. La novelista británica A. S. Byatt lo dijo así: contar historias es parte de la naturaleza humana, como la respiración y la circulación de la sangre.

Piensa en una totuma de agua fresca de la tinaja. Parece solo agua. Pero esa agua vino del cielo en un aguacero, corrió por el río Ranchería y se guardó en el pozo. También es el agua del cuento de la abuela, la que curó al niño con fiebre. En una totuma de agua caben muchas historias.

Las historias tienen poder: con ellas planeamos, decidimos y juzgamos buena parte de la vida. El ejemplo más antiguo es Sherezade, la de Las mil y una noches: salvó su vida contando un cuento cada noche.

Tres razones por las que necesitamos historias

  1. Para guardar la memoria. Recordamos mucho mejor lo que nos cuentan como historia que lo que nos dicen como dato. Por eso la vida de un inventor se convierte en cuento y un hecho histórico se vuelve inolvidable cuando alguien lo narra.
  2. Para cambiar el corazón. Una historia de vida puede darle valor y esperanza a quien la escucha. Un estudiante cambia cuando su maestra le cuenta cómo fue su propia infancia.
  3. Para comprender el mundo. Entendemos mejor con historias concretas que con explicaciones abstractas. Por eso cada pueblo tiene sus mitos de origen y sus héroes. Los wayuu, por ejemplo, cuentan el origen del mundo con Maleiwa, el creador. Estos relatos le dan a un pueblo su identidad y ponen orden en el mundo.

Cinco condiciones de una historia que atrapa

1. Una estructura con conflicto

Un narrador hizo esta prueba con dos grupos de niños de primero y segundo grado. Usó los mismos personajes, la misma voz y la misma expresión. Lo único que cambió fue la estructura del cuento.

  • Al grupo A le contó: «Había una vez una abuela que vivía en una ranchería. Sembró mucho frijol en su roza. Un día, mientras trabajaba, de repente apareció un tigre. ¡Y el tigre se la quiso comer!»
  • Al grupo B le contó: «Había una vez una abuela que vivía en una ranchería. Era de mañana. El sol redondo salió alto. Hacía buen tiempo. La abuela se levantó, dobló su chinchorro y se fue a sembrar frijol.»

Los niños del grupo A se fueron metiendo cada vez más en el cuento, con los ojos encendidos como faroles. Los del grupo B se distrajeron en menos de dos minutos. La diferencia estaba en el conflicto. Una historia que atrapa necesita un problema, un momento de mayor tensión y un giro.

2. Personajes claros

Toda buena historia tiene un protagonista que quiere algo y un antagonista fuerte que se lo impide. Muchas veces aparecen también ayudantes: uno que ayuda al protagonista y otro que ayuda al antagonista. Cada personaje debe tener su propio color y comportarse siempre de acuerdo con su manera de ser. Así los hechos nacen de lo que cada uno hace y dice.

3. El encanto del giro

Aristóteles enseñaba que el final debe ser inevitable y, al mismo tiempo, inesperado. Al público le gusta adivinar lo que va a pasar, pero lo disfruta todavía más cuando la historia lo sorprende. Un consejo para quien narra: que esperen el siguiente cuento, pero que no lo adivinen.

4. Compasión y miedo

Para Aristóteles, la tragedia produce catarsis, la descarga de las emociones, a través de la compasión y el miedo. Sentimos compasión cuando el protagonista sufre sin merecerlo, y miedo cuando pensamos que eso también nos podría pasar a nosotros. Por eso nos gustan tan poco los finales que se resuelven «por arte de magia», con un dios que baja del cielo y arregla todo: el deus ex machina. En los cuentos para niños no hace falta una tragedia. Basta con una dificultad de verdad que el héroe tenga que atravesar con su propio esfuerzo.

5. El público sabe lo que el héroe no sabe

Cuando el público conoce un secreto que el protagonista ignora, la emoción sube. Cualquiera que haya hecho teatro de títeres en Riohacha lo sabe: cuando el tigre se acerca por detrás de Tío Conejo, los niños gritan «¡Cuidado, detrás de ti!». A ese recurso se le llama ironía dramática, y hace que el público se meta por completo en la historia.

Crea tu propio cuento, paso a paso

  1. Define a tu protagonista. Escoger cómo es el personaje es la parte más importante. De su manera de ser nacen sus acciones, y de sus acciones nace la trama. Si el personaje cambia, el cambio tiene que tener una razón.
  2. Ponle un tiempo y un lugar. Ningún hecho ocurre en el aire. ¿Es de noche en la enramada? ¿Es mediodía en la playa de Riohacha?
  3. Escoge el conflicto. ¿Qué quiere el protagonista y qué se lo impide?
  4. Dale fuerza al antagonista. Tiene que ser más poderoso que el héroe. A veces hasta despierta simpatía.
  5. Llévalo al límite. El héroe se queda solo, rodeado de obstáculos, y parece que no hay salida. Ahí está la cima del conflicto.
  6. Haz entrar al ayudante. Justo cuando todo parece perdido, aparece alguien que da la mano: un abuelo, un animal, un amigo.
  7. Siembra una pista. Deja al principio una señal pequeña de lo que va a pasar al final. Cuando el público llegue allá, dirá: «¡Ah, era eso!». En el texto original se le llama doble pista.
  8. Dale sentido al final. El final revela lo que piensa y siente quien cuenta. Aunque sea triste, debe dejar algo que valga la pena llevarse a casa.

La triada en esta entrada

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Contamos los dos comienzos, el del tigre y el del sol, y los niños escuchan cuál los atrapa.

Sentir (trama)

Con títeres, los niños sienten la tensión de saber lo que el héroe no sabe y gritan «¡detrás de ti!».

Hacer (mochila)

Cada niño arma su propio cuento con tres tarjetas, quién, qué quiere y quién se lo impide, y lo guarda en la mochila.

Consejo de la abuela Carey: «Un cuento sin tigre es una siesta, mija. Ponle su tigre al carajito, pero no se te olvide ponerle también quien le dé la mano.»

Contar historias no es dar un informe

La palabra inglesa storytelling une story, «historia», y telling, «contar». La terminación -ing indica algo que está pasando ahora. Por eso contar historias es un acto vivo: quien cuenta y quien escucha comparten el momento y le ponen a la historia su imaginación y sus emociones. Una historia reúne personajes, hechos y un trasfondo: quién lo hizo, cuándo, dónde y cómo. Contar no es solo hablar; también es la voz, el gesto y el cuerpo.

Contar historias tampoco es dar un informe de los hechos. Es mostrar el significado personal que una persona o un objeto tiene para alguien. Por eso la misma historia cambia según quien la cuenta y quien la escucha, y sigue cambiando cada vez que alguien la vuelve a contar. Así son los kuens.

Un cuidado necesario

Las historias pueden mover el corazón para bien o para mal. Hoy las marcas venden historias junto con sus productos. En la historia del mundo, también hubo mitos que se usaron para despreciar y perseguir a pueblos enteros, como el mito de la «raza superior» que difundió el nazismo. Quien cuenta tiene una gran responsabilidad. En Cura-Kuens contamos para cuidar, unir y sanar, nunca para manipular ni para hacer menos a nadie.

Fuente

Resumen y traducción de Cura-Kuens a partir de:

  • Dolan, G. y Naidu, Y. (2013). Hooked: How Leaders Connect, Engage and Inspire with Storytelling. Milton, Australia: Wiley. Edición coreana: 팩트보다 강력한 스토리텔링의 힘 [El poder del storytelling, más fuerte que los hechos]. Seúl: 트로이목마.

 


martes, 30 de abril de 2024

Había una vez… en La Guajira: cuentos de todos y leyendas de nuestra tierra


Detrás de las montañas… o donde el desierto se encuentra con el mar

En Polonia, muchos cuentos que se les cuentan a los niños del jardín empiezan así: «Había una vez, detrás de las montañas, detrás de los bosques…». En Riohacha podríamos empezar de otra manera: «Había una vez, allá donde el desierto se encuentra con el mar…». Los wayuu, en cambio, abren sus relatos recordándonos de dónde vienen: son sukujala alaulayu, «lo que cuentan los viejos».

Esas primeras palabras son una puerta. Al cruzarla, el niño entra a un mundo de imaginación que le va formando los sentimientos y los valores. Ahí aprende sobre la vida, sobre cómo es la gente y sobre cómo nos relacionamos unos con otros.

Como vimos en la entrada 32, el niño de preescolar solo «lee» por sí mismo las ilustraciones. El cuento le llega a través de la voz de quien narra, recita o lee. Por eso la docente escoge el cuento, lo acerca a lo que los niños están viviendo y decide cómo, dónde y cuándo contarlo.

Cuentos de todos y leyendas de nuestra tierra

Además de los cuentos que se conocen en muchas culturas, como Cenicienta o La bella durmiente, cada pueblo tiene sus propias historias. En Polonia los niños crecen con leyendas de su tierra. En La Guajira también tenemos las nuestras.

En Polonia

En La Guajira y Riohacha

El dragón de Wawel, que vivía en una cueva bajo el castillo de Cracovia.

Wale'kerü, la araña tejedora que le enseñó a tejer a la mujer wayuu.

Wars y Sawa, el pescador y la sirena de cuyos nombres nació Varsovia.

Juya y Pulowi: la lluvia y la mujer que habita los lugares de la sequía y del mar, en el relato wayuu.

El basilisco de Varsovia, que convertía en piedra con la mirada.

La Virgen de los Remedios y el mar de leva: la imagen que, según cuentan los riohacheros, detuvo el mar cuando quería tragarse la ciudad.

Estos relatos de la tierra propia le dicen al niño algo muy importante: mi pueblo también tiene cuentos, y yo vengo de ellos.

La imaginación tiene sus propias reglas

El mundo de los cuentos, igual que la imaginación de los niños, tiene sus propias leyes. Allí no importa si algo es probable o realista. Una araña puede enseñar a tejer, un caparazón puede guardar a una niña y el mar puede hablar. En la imaginación de un niño casi todo es posible. Al seguir los hilos de un cuento, el niño entrena su imaginación, que es fundamental para todo su desarrollo.

Un espejo de la infancia

Los cuentos muestran los problemas de la vida de manera sencilla y compacta. Así el niño puede captar su sentido moral profundo. En ellos se reflejan los anhelos, los problemas y los miedos de la infancia. También aparecen temas muy cercanos a los niños: el cariño de la familia, el amor por la mamá y el papá, los celos o la complicidad entre hermanos. Y todo eso pasa en un ambiente de asombro.

Taller: «Mi ‘Había una vez’»

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchamos el comienzo de un cuento polaco y el de una leyenda guajira. Después le preguntamos a un abuelo o a una abuela cómo empezaba los cuentos.

Sentir (trama)

Cerramos los ojos y sentimos el lugar donde empieza el cuento: el monte, el desierto, la playa, la enramada.

Hacer (mochila)

Cada niño inventa su propio comienzo, «Había una vez, allá donde…», lo dibuja y lo guarda en la mochila de los cuentos.

Consejo de la abuela Carey: «No importa si el cuento viene de lejos o de aquí cerquita, mija. Cuando lo cuentas en la enramada, ya es de aquí. Pero no te olvides de contar también los nuestros, que esos solo los tenemos nosotros.»

 

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