lunes, 31 de marzo de 2025

Historias que se ven: cómo contar dibujando, pegando y jugando

 

Sobre esta entrada. Adapta un texto traducido, al parecer de origen ruso, sin autoría consignada, sobre las historias visuales en preescolar. Las historias de ejemplo se reescribieron para Riohacha; las aclaraciones y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.

Cuando una maestra cuenta un cuento y al mismo tiempo dibuja en el tablero un sol, una casa, un perro, los niños no le quitan los ojos de encima. Cuando pega en una tela una figura de cartón justo en el momento en que aparece en la historia, se oye un «¡ahhh!» en todo el salón. Eso es una historia visual: un cuento que no solo se escucha, sino que también se ve aparecer.

En Colombia tenemos además una tradición muy rica de libros álbum, esos libros donde la imagen y el texto cuentan juntos, y donde a veces la imagen dice lo que las palabras callan. Las historias visuales son primas hermanas de esos libros.

¿Por qué funcionan?

  • Atrapan la atención y la sostienen hasta el final.
  • Dan retroalimentación: la maestra ve en la cara de los niños si la historia está llegando.
  • Desarrollan el pensamiento, el habla y la memoria, porque lo que se ve y se siente se recuerda mejor que un dato seco.
  • Permiten verse en el héroe, o reconocer a un amigo, y pensar en lo que le pasa.

Una imagen puede decir lo que dirían muchas palabras. Por eso, para los niños que todavía no leen, o que están aprendiendo una segunda lengua, la historia visual es una puerta enorme.

Un ejemplo para entenderlo

El texto propone comparar dos maneras de explicar una palabra difícil. Adaptemos el ejemplo a nuestra tierra, con la palabra «respeto»:

  1. La definición del diccionario: «Respeto: consideración y trato amable hacia las personas, sus ideas y sus cosas».
  2. La historia: «En una ranchería, junto al jagüey, vivía un chivito muy apurado que empujaba a todos para beber primero. Un día empujó al abuelo burro, que era lento y viejo…», mientras la maestra dibuja el jagüey, el chivito y el burro.

No hace falta preguntar cuál de las dos recordarán los niños.

Cuatro maneras de contar con imágenes

Tipo

Cómo es

Con qué se puede hacer aquí

Dibujando

La maestra dibuja mientras cuenta, o muestra dibujos hechos antes. La calidad del dibujo no importa: un palito, un círculo y una sonrisa bastan

Tablero, papel periódico grande, tiza en el piso del patio, un palito en la arena

Pegando (aplique)

Las figuras se van pegando sobre una hoja o un fondo a medida que aparecen en la historia

Cartulina, recortes de revistas, cinta de enmascarar, hojas secas, semillas

Con imanes

Igual que el aplique, pero las figuras tienen un imán y se pegan en un tablero metálico

El tablero del salón, la puerta de la nevera en casa

Con franelógrafo

Las figuras, forradas en fieltro o lija por detrás, se adhieren a una tela. ¡Es casi un teatro!

Una tela de paño o una cobija sobre un cartón; figuras de cartulina con lija o fieltro

Estas cuatro maneras se pueden combinar. Y hay una quinta que en La Guajira tenemos a mano: dibujar en la arena, como contamos en la entrada Cuentos en la arena.

Cómo crear una historia visual

Antes de empezar

Una buena historia visual nace de una necesidad concreta de los niños: algo que les cuesta, un conflicto del grupo, un tema que les interesa. Y funciona mejor cuando, después de contarla, los niños practican lo que vieron, con juegos de roles o actuando la escena. La historia debe estar viva: basada en la vida y en emociones reales.

Cuando la historia busca enseñar una manera de actuar, ayuda que tenga estos elementos:

  • la situación que le cuesta al niño, contada a través de un personaje;
  • lo que el personaje siente;
  • lo que el personaje hace para salir adelante, y por qué es importante;
  • cómo eso lo hace sentir a él y a los demás;
  • un final que deja claro que sí se puede.

Seis pasos

  1. Definir el problema. ¿Qué queremos acompañar? Un berrinche, el miedo a un perro, compartir los juguetes…
  2. Crear el personaje. No tiene que ser una persona: puede ser un árbol sabio, una ramita trabajadora, un charco travieso. Lo importante es que tenga rasgos de carácter y viva en un lugar.
  3. El conflicto. Algo pasa que pone en marcha la historia y le da emoción. Hay que tener claro cómo está el personaje al principio y cómo queremos que esté al final.
  4. La acción. El personaje hace cosas para resolver el problema. Así se arma la trama.
  5. Hacerla visible. Dibujar, recortar, tomar fotos, preparar las figuras.
  6. Contarla a los niños, mientras las imágenes van apareciendo.

Tres historias de ejemplo, contadas en Riohacha

1. El balón y el charco

Para contar dibujando o con franelógrafo.

En tiempo de lluvias, en el patio de una casa de Riohacha, Mateo jugaba con su balón. Junto al patio crecía un trupillo viejo y sabio, que lo miraba todo desde arriba. Al lado del trupillo vivía una ramita muy trabajadora. Y en medio del patio, después del aguacero, había aparecido un charco travieso.

De pronto, el balón se le escapó a Mateo y ¡plaf!, cayó en el charco.

—¡Je, je! —se rió el charco—. ¡Ahora el balón es tan sucio como yo!

Mateo se puso triste. La ramita, sin pensarlo, empezó a empujar el agua para que el balón flotara hacia la orilla. Y el trupillo sabio se movió de un lado a otro para que la brisa le diera un empujoncito. Entre los dos, el balón llegó al borde del charco, y Mateo lo pudo sacar.

—Gracias —dijo Mateo.

—Para eso estamos los amigos —respondió el trupillo—. Hoy te ayudamos nosotros; mañana nos ayudarás tú.

Pregunta para los niños: ¿a quién has ayudado tú? ¿Quién te ha ayudado a ti?

2. Samuel en la tienda de juguetes

Para contar con aplique o imanes. Una versión con salida.

Samuel fue con su mamá y su papá a una tienda de juguetes del centro, porque se acercaba su cumpleaños. Habían quedado en algo: un solo juguete. Pero Samuel vio las pelotas, los carros, los aviones, los barcos… y dijo:

—¡Los quiero todos!

Sus papás le recordaron el acuerdo. Samuel sintió una rabia enorme, le subió un calor por la cara y empezó a llorar y a gritar en el piso de la tienda.

Su mamá no le gritó. Se agachó a su lado y le dijo despacito:

—Ya sé que quieres todos. Es difícil escoger uno. Respiremos juntos, como las olas.

Samuel respiró: shhh… aaah… Una vez, dos veces, tres. El calor de la cara empezó a bajar.

—Ahora sí —dijo papá—. ¿Cuál es el que más, más, más te gusta?

Samuel miró todos los juguetes. Y escogió un barco rojo, para jugar en el mar de Riohacha. Salió de la tienda con su barco y con algo más: había descubierto que la rabia pasa, y que después se puede escoger.

Pregunta para los niños: ¿qué haces tú cuando sientes mucha rabia?

3. El perro de la mañana

Una historia corta, real o inventada, para abrir un proyecto.

La maestra llega al salón y cuenta: «Hoy, cuando venía caminando para la escuela, escuché unos pasitos detrás de mí. Me di la vuelta y vi un perro flaquito que me miraba con ojos tristes. Menos mal que en mi mochila tenía una galleta. Se la di, y él caminó a mi lado hasta la puerta de la escuela».

Y pregunta: «¿Por qué creen que el perro tenía los ojos tristes?».

Las respuestas de los niños pueden convertirse en un proyecto de varias semanas sobre los perros de la calle y cómo cuidar a los animales. En Riohacha, donde muchos perros viven en la calle, es un tema muy cercano.

Sesión en la Biblioteca Comuna 10: «La historia que aparece»

Para niños de 4 a 8 años · 1 hora · de 8 a 14 participantes

Materiales: la mochila de los talleres, el ovillo de Wale'kerü, un franelógrafo hecho con una cobija o un paño sobre un cartón grande, figuras de cartulina con lija detrás (el trupillo, la ramita, el charco, el balón, el niño), papel periódico grande, marcadores, recortes, pegante y las tarjetas del animómetro.

  1. Abrir la mochila (5 min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno dice quién le ayuda cuando tiene un problema.
  2. Urdir (5 min). La facilitadora muestra el franelógrafo vacío: «Aquí va a aparecer una historia. ¿Quién quiere ver?».
  3. El cuento (10 min). Cuenta El balón y el charco, pegando cada figura en el momento en que aparece.
  4. Pasar la trama (10 min). Pasando el ovillo, cada niño dice qué personaje le gustó y por qué. Después, entre todos, vuelven a contar la historia y cada niño pone una figura en el franelógrafo.
  5. Tejer: la historia en el papel (15 min). En grupos, los niños inventan una historia nueva con un personaje de la naturaleza de Riohacha (un cardón, una ola, una nube). La facilitadora la dibuja con marcador en el papel periódico mientras ellos la cuentan, y los niños pegan recortes.
  6. El cuento propio (10 min). Cada grupo muestra su papel y cuenta su historia. Después se actúa una escena: uno es el balón, otro el charco, otro la ramita.
  7. Cerrar la mochila (5 min). Animómetro de salida. Las historias quedan pegadas en la pared de la biblioteca.

Cómo se ve la triada en esta sesión

Dimensión

Dónde aparece

Aprender escuchando (la urdimbre)

La historia contada mientras aparecen las figuras, la historia de los otros grupos

Aprender sintiendo (la trama)

La sorpresa de ver aparecer la historia, ponerse en el lugar del balón o del charco, recordar quién nos ayuda, el animómetro

Aprender haciendo (la mochila)

Pegar figuras en el franelógrafo, inventar y pegar recortes, actuar la escena

Para cerrar

No hace falta saber dibujar para contar una historia visual. Basta un círculo, un palito y muchas ganas de que los niños vean aparecer lo que imaginamos juntos. Una tela vieja, unas figuras de cartulina y un buen cuento pueden volver mágica cualquier tarde en la biblioteca.

¿Has usado alguna vez el franelógrafo? ¿Qué historia contarías con él? Cuéntamelo en los comentarios.

Referencias

  • Gray, Carol. The New Social Story Book (sobre las «historias sociales» para enseñar habilidades a través de relatos).
  • Texto de origen: artículo traducido sobre las historias visuales en preescolar, al parecer de origen ruso, sin autoría consignada.

 


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