jueves, 31 de julio de 2025

Si tu vida fuera un cayuco: la metáfora de la vid

 

Sobre esta entrada. Adapta un texto traducido, al parecer de la escuela rusa de psicología práctica, sobre el ejercicio de la «metáfora de la vida». No trae autoría consignada. Las imágenes de Riohacha, la versión para niños y el taller para docentes y madres son propuesta de Cura-Kuens.

Si tu vida fuera algo de Riohacha, ¿qué sería? ¿Un cayuco que sale del muelle antes del amanecer? ¿Un burro cargando agua bajo el sol por la misma trocha de siempre? ¿Un cardón firme en medio del desierto? ¿Una mochila a medio tejer?

La respuesta que te llega primero dice mucho de cómo te sientes hoy. A eso se le llama la metáfora de la vida: una imagen que nace de adentro y que muestra, mejor que muchas palabras, cómo estamos viviendo.

¿Qué es la metáfora de la vida?

Es una imagen interior de cómo vivimos, expresada hacia afuera: con un dibujo, un movimiento, un sonido o unas pocas palabras. No describe lo que nos pasa con datos, sino con una comparación. Y por eso llega más hondo.

El texto original da un ejemplo. Una persona dice: «Mi vida es como un burro que da vueltas todo el día alrededor de una noria para sacar agua». Sin más explicación, entendemos lo que siente: cansancio, monotonía, la sensación de hacer algo necesario pero siempre igual. En La Guajira esa imagen nos queda muy cerca: el burro que carga las pimpinas de agua desde el jagüey, ida y vuelta, bajo el sol.

Un espejo para mirarse

El texto compara la metáfora con el tablero de un carro: así como el indicador nos avisa si queda gasolina, la metáfora puede avisarnos si tenemos fuerzas o estamos al límite, si vamos subiendo o bajando, si luchamos o nos defendemos, qué queremos y qué tememos.

En Cura-Kuens preferimos otra imagen, más cercana: la metáfora es como el espejo de la abuela Carey. No mide ni diagnostica. Simplemente nos deja ver cómo estamos, con cariño, para decidir qué hacer.

Algunas metáforas de aquí

Metáfora

Lo que puede estar diciendo

«Mi vida es un cayuco que sale al mar antes del amanecer»

Esfuerzo, madrugar, esperanza de volver con la red llena

«Soy un cardón en el desierto»

Resistencia, aguantar la sequía, tal vez soledad

«Mi vida es una mochila a medio tejer»

Proceso, paciencia, algo que todavía no termina de tomar forma

«Soy el río Ranchería que no alcanza a llegar al mar»

Cansancio, esfuerzo que no da frutos, ganas de llegar

«Mi vida es una cometa en la brisa de diciembre»

Libertad, alegría, pero también el miedo a que se rompa el hilo

«Soy un burro que da vueltas a la noria»

Rutina, cansancio, trabajo que otros necesitan

Ojo: la misma imagen puede significar cosas distintas para cada persona. El cardón puede ser fortaleza para una y soledad para otra. Por eso, el sentido lo da quien la dice, no quien la escucha.

Dos reglas del ejercicio

1. Una metáfora no es un sueño. Un sueño describe, de forma realista, lo que uno quiere: «Quiero terminar mis estudios y tener mi casa». Una metáfora compara: «Soy una semilla de trupillo esperando la lluvia». Dibujar una escena bonita de la vida que uno desea no es una metáfora; dibujar una imagen que se parezca a cómo uno vive, sí.

2. La vida es movimiento. Por eso la metáfora de la vida suele mostrar cómo nos movemos por ella. ¿Caminas, vuelas, nadas, corres, trepas, te caes, das vueltas, esperas? El pescador rema, la gaviota vuela, la tortuga nada despacio, el burro da vueltas, el alcatraz se lanza en picada.

De la metáfora que nace a la metáfora que se teje

El ejercicio tiene dos momentos, como el trabajo en el telar.

Primero, la metáfora que nace sola. Sin pensarlo mucho, dibujamos o decimos la imagen que nos llega. Es un reflejo de cómo estamos hoy, con sus luces y sus sombras. No se juzga ni se corrige.

Después, la metáfora que se teje. Miramos los detalles de esa imagen y nos preguntamos: ¿qué le cambiaría?, ¿qué le falta?, ¿qué le sobra? Y la vamos enriqueciendo hasta que se parezca a la vida que queremos. Así, la metáfora no solo muestra el presente: también ayuda a darle forma al futuro.

Un ejemplo:

La que nació: «Mi vida es un cayuco viejo que rema solo en medio de la marea.»

La que se tejió: «Mi vida es un cayuco que rema hacia la orilla. Le puse una vela nueva para aprovechar la brisa, y ya no rema solo: van conmigo mis hijos y mi hermana. A lo lejos se ven las luces del muelle de Riohacha.»

Los cambios son pequeños, pero cada uno dice algo: la vela es una ayuda nueva, la compañía es la red de apoyo, las luces del muelle son una meta. Al tejer la metáfora, la persona descubre qué necesita.

Los pueblos también tienen metáforas

No solo las personas. Los pueblos también piensan su vida con imágenes. El pueblo wayúu, por ejemplo, organiza la educación de sus niños con la imagen del unu'u Wayúu, el árbol wayúu: las raíces son el pensamiento propio, el tronco es el ser wayúu, las ramas son los saberes y los frutos son lo que se comparte con la comunidad. Y el tejido de Wale'kerü es una metáfora de la vida misma: se teje hilo por hilo, con paciencia, y nadie lo teje solo.

En mi investigación de maestría organizamos la propuesta pedagógica con esa misma imagen del árbol, siguiendo el proyecto etnoeducativo wayúu Anaa Akua'ipa.

Cuidados

  • Es un espejo, no un diagnóstico. La metáfora ayuda a mirarse, pero no reemplaza la conversación ni la ayuda profesional.
  • El sentido lo da quien la crea. No interpretamos la metáfora del otro; le preguntamos qué significa para él o ella.
  • Si la imagen habla de mucho dolor, por ejemplo «me estoy hundiendo» o «ya no quiero seguir remando», no seguimos con el ejercicio como si nada. Escuchamos con calma, acompañamos y, si hace falta, buscamos ayuda: un psicólogo, la EPS, la línea nacional de salud mental (192, opción 4) o, en una emergencia, la línea 123. Si se trata de un niño, seguimos la ruta del protocolo de la biblioteca.

Sesión para niños en la Biblioteca Comuna 10: «Si mi semana fuera un animal»

Para niños de 7 a 11 años · 1 hora y 15 minutos · de 10 a 15 participantes

Con los niños no hablamos de «la metáfora de la vida»: la pregunta es más sencilla y más cercana. «Si tu semana fuera un animal de Riohacha, ¿cuál sería y cómo se movería?»

Materiales: la mochila de los talleres con los tres regalos de la abuela Carey (caracol, sal y espejo), el ovillo de Wale'kerü, las tarjetas del animómetro, hojas, colores y, si ya existe, el mazo de Personajes de las Cartas Cura-Kuens de Riohacha.

  1. Abrir la mochila (5 min). Cada niño marca el animómetro. En círculo, dice su nombre y su animal favorito de La Guajira.
  2. Urdir (10 min). Jugamos a moverse como animales: la tortuga que nada despacio, el alcatraz que se lanza en picada, el cangrejo que corre de lado, la iguana que toma el sol quieta, el burro que da vueltas. ¿Cómo se siente moverse así?
  3. El cuento (10 min). La facilitadora cuenta un cuento corto: La abuela Carey pregunta a los animales cómo les fue en la semana. El alcatraz dice que fue «como lanzarse al agua sin saber si había peces»; la iguana, que fue «como quedarse quieta en una piedra muy caliente». Cada animal habla con una imagen.
  4. Pasar la trama (10 min). Pasando el ovillo, cada niño responde: «Si mi semana fuera un animal, sería… porque…». Nadie tiene que explicar más de lo que quiera.
  5. Tejer: el animal que nació y el animal que se teje (20 min). Cada niño dibuja su animal tal como es esta semana. Luego la facilitadora saca el espejo de la abuela Carey y pregunta: «¿Qué necesitaría tu animal para estar mejor?». Puede ser sombra, agua, un amigo, un lugar seguro o una brisa. Cada uno se lo agrega al dibujo con otro color.
  6. El cuento propio (15 min). Debajo del dibujo, cada niño escribe o dicta una frase: «Mi animal era… y ahora tiene…». Quien quiera, la comparte con el grupo.
  7. Cerrar la mochila (5 min). Cada niño vuelve a marcar el animómetro y se lleva su dibujo.

Cómo se ve la triada en esta sesión

Dimensión

Dónde aparece

Aprender escuchando (la urdimbre)

El cuento de la abuela Carey y los animales, escuchar el animal de cada compañero sin burlarse

Aprender sintiendo (la trama)

Reconocer cómo fue la semana, el animómetro, pensar qué necesita el animal para estar mejor

Aprender haciendo (la mochila)

Moverse como los animales, dibujar el animal que nació y agregarle lo que necesita, escribir la frase propia

Un cuidado. No interpretamos los dibujos. Si un niño dibuja un animal herido, atrapado o en peligro, lo escuchamos con calma, le preguntamos solo lo que quiera contar y, al final, conversamos con la bibliotecaria siguiendo el protocolo.

Para docentes y madres: «Cuidar a quien cuida»

Taller de 2 horas para docentes, madres comunitarias, bibliotecarias o madres y padres de familia · de 8 a 20 participantes

Quienes cuidan a los niños casi nunca tienen un espacio para mirarse a sí mismos. Este taller se los da. También puede ofrecerse a instituciones educativas, cajas de compensación o programas de primera infancia.

Momento

Qué se hace

Tiempo

Abrir la mochila

Presentación en círculo: nombre y «una palabra para cómo llego hoy»

10 min

Urdir

Se explica qué es una metáfora de la vida, con los ejemplos de Riohacha y la diferencia entre sueño y metáfora

15 min

El cuento

La facilitadora cuenta un cuento o lee un poema que hable de la vida como un camino, un tejido o un viaje por el mar

10 min

Pasar la trama

En silencio, cada persona escribe la primera imagen que le llega: «Mi vida hoy es…»

10 min

Tejer

Cada persona dibuja su metáfora tal como nació. Luego, en parejas, se cuentan el dibujo y se preguntan: «¿Qué le cambiarías? ¿Qué le falta?». Con otro color, cada uno teje su nueva metáfora sobre el mismo dibujo

40 min

El cuento propio

Cada persona escribe un párrafo con su metáfora tejida, como si fuera el inicio de un cuento sobre su vida

20 min

Cerrar la mochila

Ronda final: «Me llevo…». Quien quiera, comparte su metáfora tejida

15 min

La triada en el taller: se escucha el cuento y la metáfora del compañero sin juzgar; se siente al reconocer cómo se está viviendo y qué se necesita; se hace al dibujar, tejer la nueva imagen y escribir el párrafo propio.

Acuerdos del grupo: lo que se cuenta en el taller se queda en el taller; nadie está obligado a compartir; no se interpreta la metáfora del otro, se le pregunta.

Para cerrar

Todos llevamos una imagen de cómo vivimos, aunque nunca la hayamos dicho en voz alta. Ponerla en un dibujo o en una frase es como mirarse en el espejo de la abuela Carey: vemos cómo estamos y podemos decidir qué hilo cambiar. Porque una metáfora, como una mochila, no se termina de un día para otro: se va tejiendo.

Y tú, si tu vida fuera algo de Riohacha, ¿qué sería? Déjalo en los comentarios. Si trabajas con docentes o familias y quieres el taller Cuidar a quien cuida, escríbeme.

Referencias

  • Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora en el marco de la oralidad de la comunidad Wayúu [Tesis de maestría]. Fundación Universitaria Los Libertadores.
  • Mesa Técnica Departamental de Etnoeducación Wayúu (2005). Anaa Akua'ipa. Proyecto etnoeducativo de la nación Wayúu.
  • Texto de origen: artículo sobre la metáfora de la vida, recibido en traducción, sin autoría consignada.

 

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