Sobre esta entrada. Adapta
un ensayo traducido de un bibliotecario de Kazajistán, sin nombre consignado,
sobre las razones para leer y para no leer, y sobre lo que pueden hacer las
bibliotecas. Las conexiones con Riohacha y la sesión son propuesta de
Cura-Kuens.
Tarde o temprano, en una
biblioteca de Riohacha, un niño hace la pregunta: «Profe, ¿y para qué sirve
leer, si todo está en el celular?». Es la misma pregunta que se hace un
bibliotecario de Kazajistán, al otro lado del mundo, en un texto que llegó a
mis manos. Y su respuesta empieza con dos palabras honestas: «No sé».
Esta entrada no es un
discurso sobre lo bueno que es leer. Es una invitación a mirar la pregunta
incómoda, a escuchar a los que no leen y a buscar, juntos, por qué un libro
puede seguir valiendo la pena.
¿Por qué
no leemos?
El bibliotecario empieza
con una canción del cantautor ruso Yuli Kim, Conversación entre el maestro y
el alumno, en la que el maestro confiesa que no está seguro de tener
derecho a enseñarle el camino a nadie. Desde esa humildad comparte lo que él
llama sus «me parece»:
- Me parece que en las bibliotecas todo gira
alrededor de la lectura. Si hay menos
lectores, las bibliotecas pueden desaparecer. Y buscar información ya lo
hace internet mejor que nosotros.
- Repetir que «leer es maravilloso» no convence
a nadie. Como dice el refrán que cita, decir «miel» no
endulza la boca.
- Sabemos poco de lo que leen los jóvenes. Por
eso decidió investigar no las razones para leer, sino las razones para
no leer. Alguien tuvo suerte y se encontró con un libro «sabroso» que
lo enganchó para siempre. Otro no encontró nada que le sirviera y se
alejó.
- Mucha gente con poder y con dinero no lee. «No
ha leído un libro, pero es muy rico». Y siempre ha habido lectores y no
lectores. ¿Es tan bueno leer mucho? ¿Son tan buenos los que leen mucho?
- La imagen del bibliotecario y del lector ha
sido ambigua: la señora inteligente pero «gris» y aburrida,
al lado del orgullo oficial de «somos el país que más lee».
¿Y aquí?
En Colombia, la Encuesta
Nacional de Lectura del DANE nos da cifras sobre cuánto leemos, pero las
preguntas del bibliotecario siguen siendo nuestras. En mi investigación de
maestría con niños wayúu de Koushatchon, el sabedor de la comunidad nos dijo
algo parecido: los jóvenes han perdido el interés por escuchar historias,
porque se han dejado llevar por cosas nuevas como el celular.
Pero hay un matiz
importante: en La Guajira leer no es solo leer libros. También se lee la
palabra de los mayores, el cielo antes de la lluvia, el tejido de una mochila,
las señas del mar. Un niño que «no lee» libros puede ser un gran lector de su
mundo. Quizá la pregunta no es cómo obligarlo a leer, sino cómo tender un
puente entre lo que ya sabe leer y lo que todavía no ha descubierto en los
libros.
Los
libros que hablan de lectores
Para pensar el tema, el
bibliotecario repasa tres novelas en las que los protagonistas son lectores.
Las tres muestran que leer no siempre es cómodo.
- El bibliotecario, de
Mijaíl Elizarov, ganadora del Premio Booker ruso. En ella, un
grupo de personas se engancha a ciertos libros con un fanatismo casi
peligroso, y el bibliotecario es el guardián que daría la vida por ellos.
El ensayista se pregunta: ¿vale la pena una vida eterna dedicada a leer
siempre lo mismo?
- La elegancia del erizo, de
Muriel Barbery. Sus personajes leen mucho y son modestos,
amables y nada pretenciosos: una niña de doce años de familia rica y una
portera pobre que lee a escondidas y sabe muchísimo. La lectura salva
relaciones humanas, pero el ensayista nota algo triste: la portera lectora
no parece tener futuro.
- Antigüedades, de
Dmitri Kazákov. En un futuro lejano, unos contrabandistas
varados en la Tierra empiezan a leer libros antiguos por aburrimiento.
Poco a poco cambian: sueñan con un mundo donde la amistad no sea un
negocio y donde cada uno pueda elegir su camino. El capitán se asusta
tanto de lo que los libros despiertan que decide destruirlos: «¡Son más
peligrosos que cien bombas!».
La lección de las tres es
la misma: un libro que de verdad toca a alguien lo cambia. Y lo que
cambia a las personas siempre inquieta a quienes prefieren que nada cambie. Ray
Bradbury lo dijo en Fahrenheit 451, donde los bomberos queman libros.
Tres
ideas del bibliotecario
1. Llevar
la lectura a juicio
En unas tertulias de la
biblioteca, el bibliotecario organizó un juicio a la lectura. Hubo
fiscales (el subdirector de un periódico y un psiquiatra), juez, abogado,
secretario y periodista. Los defensores fueron un constructor y una
bibliotecaria. La acusada era «la Lectura», representada por el propio
bibliotecario, que no sabía que le tocaría ese papel.
|
La fiscalía acusó a la
lectura de… |
La defensa respondió que
la lectura… |
|
Llevar a la pobreza |
Es alimento para el
espíritu |
|
Llevar a la soledad |
Da un placer que uno
quiere compartir |
|
Ser dañina, salvo los
libros livianos |
Primero relaja y después
pone a trabajar la mente |
|
Tener cada vez menos
seguidores y malos guías |
Ofrece una salida a
situaciones difíciles |
|
Ayuda a conocer lo
desconocido |
|
|
Y, a veces, es
simplemente un descanso |
La conclusión del grupo fue
esta: la lectura despierta la humanidad, la compasión y la duda ante «verdades»
que parecían firmes. No podemos saber cómo duele un dedo cortado hasta que nos
pasa, pero un buen libro nos deja sentir el dolor de otros y entenderlo. Y
escoger el libro adecuado para cada persona, como decía el bibliógrafo ruso
Nikolái Rubakin, no es solo una ciencia, sino un arte.
2. Leer
en voz alta y conversar
Durante un año, en esa
biblioteca leyeron en voz alta una colección de cuentos y conversaron enseguida
sobre lo leído. Pronto los mismos muchachos empezaron a leer por turnos, con
gusto y muy bien. El bibliotecario lo resume así: el problema no eran los
lectores, que seguían siendo interesantes, sino los mediadores. Para que los
niños lean, los bibliotecarios también tenemos que leer.
Lo dice también un
personaje de Bradbury: «Quiero que alguien me escuche». En tiempos de
tanta pantalla, una conversación en vivo sobre un libro es casi una novedad.
3. Libros
que caminan
Como en su región faltaban
buenos libros, organizaron «paseos del libro»: llevaban colecciones a las
bibliotecas de los pueblos por un mes, con un cuaderno para que los lectores
dejaran sus comentarios.
En el Caribe colombiano
conocemos bien esa idea. En La Gloria, Magdalena, el maestro Luis Soriano
lleva desde hace años libros a las veredas en su Biblioburro. En
Riohacha, la idea podría tomar la forma de una mochila viajera: una
mochila con libros y cuentos que va de casa en casa del barrio, una semana en
cada familia, con un cuaderno donde cada una escribe o dibuja lo que leyó. Así
la biblioteca sale a la calle, como la palabra de los mayores, que nunca se
quedó quieta.
Sesión en
la Biblioteca Comuna 10: «¡Que pase la acusada!»
Para niños de 9 a 12 años ·
1 hora y 15 minutos · de 12 a 20 participantes
Un juicio de juego en el
que la acusada es la Lectura, y los testigos son personajes de cuentos.
Materiales: la
mochila de los talleres, el ovillo de Wale'kerü, un mazo de juguete o una
totuma para el juez, tarjetas con los roles, algunos libros y cuentos de la
biblioteca, una caja para los votos y las tarjetas del animómetro.
Los roles:
- Juez o jueza:
dirige el juicio y da la palabra.
- Fiscales (3 o 4 niños):
acusan a la Lectura. Pueden usar frases como «Leer es aburrido», «En
el celular está todo», «El que lee mucho se queda solo».
- Defensores (3 o 4 niños):
defienden a la Lectura.
- Testigos: personajes de cuentos
que ya conocen, por ejemplo Tío Conejo, Wale'kerü, Pinzote el cangrejito o
la abuela Carey. Cada uno cuenta qué le pasó gracias a un cuento o a lo
que escuchó.
- Jurado: el resto del grupo,
que vota al final.
- La Lectura: la representa la
facilitadora, que solo puede hablar al final, en su defensa.
- Abrir la mochila (5
min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno responde: «Una
cosa que me gusta leer o escuchar» (puede ser un cuento, una canción,
un video, un mensaje…).
- Urdir (10 min). Se
reparten los roles por sorteo con las tarjetas, y cada grupo prepara sus
argumentos en cinco minutos.
- El cuento (5 min). La
facilitadora lee en voz alta un fragmento corto de un libro de la
biblioteca: la «prueba» que se presenta en el juicio.
- Pasar la trama: el juicio (25
min). El juez abre la sesión. Hablan los fiscales, luego los
defensores. Pasan los testigos, cada uno con el ovillo en la mano. Al
final, la Lectura dice su última palabra.
- Tejer: el veredicto (10
min). El jurado vota en la caja: «culpable», «inocente»
o «inocente, pero con condiciones». Si gana la última opción, entre
todos escriben las condiciones, por ejemplo «que los libros sean de
cosas que nos gustan» o «que nos dejen leer en voz alta».
- El cuento propio (15
min). Cada niño escoge un libro de la biblioteca para llevarse
prestado, «para investigar el caso en casa», y escribe en una tarjeta por
qué lo escogió.
- Cerrar la mochila (5
min). Animómetro de salida. Las condiciones del veredicto se pegan en
la pared de la biblioteca.
Cómo se ve la triada en
esta sesión
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Dimensión |
Dónde aparece |
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Aprender escuchando (la
urdimbre) |
La lectura en voz alta de
la prueba, escuchar los argumentos del otro lado sin interrumpir, los
testimonios de los personajes |
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Aprender sintiendo (la
trama) |
Reconocer lo que a cada
uno le gusta o le aburre, el respeto por la opinión contraria, el animómetro |
|
Aprender haciendo (la
mochila) |
Preparar argumentos,
actuar los roles, votar, escribir las condiciones, escoger un libro para
llevar |
Lo que nos enseña el
juicio. Las condiciones que escriben los niños son oro para la biblioteca:
dicen qué los acercaría a la lectura. Vale la pena guardarlas y tenerlas en
cuenta para escoger los libros y las actividades de los meses siguientes.
Para
cerrar
El bibliotecario de
Kazajistán terminó su texto con más preguntas que respuestas, y quizá esa es su
mayor enseñanza. No se trata de defender la lectura con discursos, sino de escuchar
a los que no leen, llevar los libros a donde está la gente y leer con ellos
en voz alta. En Riohacha tenemos una ventaja: aquí la palabra siempre ha
caminado de boca en boca, de la enramada al patio. Si los libros aprenden a
caminar así, encontrarán lectores.
Y tú, ¿de qué acusarías a
la lectura? ¿Y cómo la defenderías? Te leo en los comentarios.
Referencias
- Barbery, Muriel. La elegancia del erizo.
Barcelona: Seix Barral.
- Bradbury, Ray. Fahrenheit 451.
- Elizarov, Mijaíl. El bibliotecario
(novela, en ruso: Библиотекарь, 2007).
- Kazákov, Dmitri. Antigüedades (relato,
en ruso).
- Zhvalevski, Andréi y Pasternak, Evguénia. ¡Muerte
a las almas muertas! (novela juvenil, en ruso).
- Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C.
(2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora en el marco de
la oralidad de la comunidad Wayúu [Tesis de maestría]. Fundación
Universitaria Los Libertadores.
- Texto de origen: ensayo de un bibliotecario de
Kazajistán, recibido en traducción, sin nombre consignado.

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