lunes, 30 de junio de 2025

Juicio a la lectura: ¿es culpable de algo leer?

 

Sobre esta entrada. Adapta un ensayo traducido de un bibliotecario de Kazajistán, sin nombre consignado, sobre las razones para leer y para no leer, y sobre lo que pueden hacer las bibliotecas. Las conexiones con Riohacha y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.

Tarde o temprano, en una biblioteca de Riohacha, un niño hace la pregunta: «Profe, ¿y para qué sirve leer, si todo está en el celular?». Es la misma pregunta que se hace un bibliotecario de Kazajistán, al otro lado del mundo, en un texto que llegó a mis manos. Y su respuesta empieza con dos palabras honestas: «No sé».

Esta entrada no es un discurso sobre lo bueno que es leer. Es una invitación a mirar la pregunta incómoda, a escuchar a los que no leen y a buscar, juntos, por qué un libro puede seguir valiendo la pena.

¿Por qué no leemos?

El bibliotecario empieza con una canción del cantautor ruso Yuli Kim, Conversación entre el maestro y el alumno, en la que el maestro confiesa que no está seguro de tener derecho a enseñarle el camino a nadie. Desde esa humildad comparte lo que él llama sus «me parece»:

  • Me parece que en las bibliotecas todo gira alrededor de la lectura. Si hay menos lectores, las bibliotecas pueden desaparecer. Y buscar información ya lo hace internet mejor que nosotros.
  • Repetir que «leer es maravilloso» no convence a nadie. Como dice el refrán que cita, decir «miel» no endulza la boca.
  • Sabemos poco de lo que leen los jóvenes. Por eso decidió investigar no las razones para leer, sino las razones para no leer. Alguien tuvo suerte y se encontró con un libro «sabroso» que lo enganchó para siempre. Otro no encontró nada que le sirviera y se alejó.
  • Mucha gente con poder y con dinero no lee. «No ha leído un libro, pero es muy rico». Y siempre ha habido lectores y no lectores. ¿Es tan bueno leer mucho? ¿Son tan buenos los que leen mucho?
  • La imagen del bibliotecario y del lector ha sido ambigua: la señora inteligente pero «gris» y aburrida, al lado del orgullo oficial de «somos el país que más lee».

¿Y aquí?

En Colombia, la Encuesta Nacional de Lectura del DANE nos da cifras sobre cuánto leemos, pero las preguntas del bibliotecario siguen siendo nuestras. En mi investigación de maestría con niños wayúu de Koushatchon, el sabedor de la comunidad nos dijo algo parecido: los jóvenes han perdido el interés por escuchar historias, porque se han dejado llevar por cosas nuevas como el celular.

Pero hay un matiz importante: en La Guajira leer no es solo leer libros. También se lee la palabra de los mayores, el cielo antes de la lluvia, el tejido de una mochila, las señas del mar. Un niño que «no lee» libros puede ser un gran lector de su mundo. Quizá la pregunta no es cómo obligarlo a leer, sino cómo tender un puente entre lo que ya sabe leer y lo que todavía no ha descubierto en los libros.

Los libros que hablan de lectores

Para pensar el tema, el bibliotecario repasa tres novelas en las que los protagonistas son lectores. Las tres muestran que leer no siempre es cómodo.

  • El bibliotecario, de Mijaíl Elizarov, ganadora del Premio Booker ruso. En ella, un grupo de personas se engancha a ciertos libros con un fanatismo casi peligroso, y el bibliotecario es el guardián que daría la vida por ellos. El ensayista se pregunta: ¿vale la pena una vida eterna dedicada a leer siempre lo mismo?
  • La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. Sus personajes leen mucho y son modestos, amables y nada pretenciosos: una niña de doce años de familia rica y una portera pobre que lee a escondidas y sabe muchísimo. La lectura salva relaciones humanas, pero el ensayista nota algo triste: la portera lectora no parece tener futuro.
  • Antigüedades, de Dmitri Kazákov. En un futuro lejano, unos contrabandistas varados en la Tierra empiezan a leer libros antiguos por aburrimiento. Poco a poco cambian: sueñan con un mundo donde la amistad no sea un negocio y donde cada uno pueda elegir su camino. El capitán se asusta tanto de lo que los libros despiertan que decide destruirlos: «¡Son más peligrosos que cien bombas!».

La lección de las tres es la misma: un libro que de verdad toca a alguien lo cambia. Y lo que cambia a las personas siempre inquieta a quienes prefieren que nada cambie. Ray Bradbury lo dijo en Fahrenheit 451, donde los bomberos queman libros.

Tres ideas del bibliotecario

1. Llevar la lectura a juicio

En unas tertulias de la biblioteca, el bibliotecario organizó un juicio a la lectura. Hubo fiscales (el subdirector de un periódico y un psiquiatra), juez, abogado, secretario y periodista. Los defensores fueron un constructor y una bibliotecaria. La acusada era «la Lectura», representada por el propio bibliotecario, que no sabía que le tocaría ese papel.

La fiscalía acusó a la lectura de…

La defensa respondió que la lectura…

Llevar a la pobreza

Es alimento para el espíritu

Llevar a la soledad

Da un placer que uno quiere compartir

Ser dañina, salvo los libros livianos

Primero relaja y después pone a trabajar la mente

Tener cada vez menos seguidores y malos guías

Ofrece una salida a situaciones difíciles

Ayuda a conocer lo desconocido

Y, a veces, es simplemente un descanso

La conclusión del grupo fue esta: la lectura despierta la humanidad, la compasión y la duda ante «verdades» que parecían firmes. No podemos saber cómo duele un dedo cortado hasta que nos pasa, pero un buen libro nos deja sentir el dolor de otros y entenderlo. Y escoger el libro adecuado para cada persona, como decía el bibliógrafo ruso Nikolái Rubakin, no es solo una ciencia, sino un arte.

2. Leer en voz alta y conversar

Durante un año, en esa biblioteca leyeron en voz alta una colección de cuentos y conversaron enseguida sobre lo leído. Pronto los mismos muchachos empezaron a leer por turnos, con gusto y muy bien. El bibliotecario lo resume así: el problema no eran los lectores, que seguían siendo interesantes, sino los mediadores. Para que los niños lean, los bibliotecarios también tenemos que leer.

Lo dice también un personaje de Bradbury: «Quiero que alguien me escuche». En tiempos de tanta pantalla, una conversación en vivo sobre un libro es casi una novedad.

3. Libros que caminan

Como en su región faltaban buenos libros, organizaron «paseos del libro»: llevaban colecciones a las bibliotecas de los pueblos por un mes, con un cuaderno para que los lectores dejaran sus comentarios.

En el Caribe colombiano conocemos bien esa idea. En La Gloria, Magdalena, el maestro Luis Soriano lleva desde hace años libros a las veredas en su Biblioburro. En Riohacha, la idea podría tomar la forma de una mochila viajera: una mochila con libros y cuentos que va de casa en casa del barrio, una semana en cada familia, con un cuaderno donde cada una escribe o dibuja lo que leyó. Así la biblioteca sale a la calle, como la palabra de los mayores, que nunca se quedó quieta.

Sesión en la Biblioteca Comuna 10: «¡Que pase la acusada!»

Para niños de 9 a 12 años · 1 hora y 15 minutos · de 12 a 20 participantes

Un juicio de juego en el que la acusada es la Lectura, y los testigos son personajes de cuentos.

Materiales: la mochila de los talleres, el ovillo de Wale'kerü, un mazo de juguete o una totuma para el juez, tarjetas con los roles, algunos libros y cuentos de la biblioteca, una caja para los votos y las tarjetas del animómetro.

Los roles:

  • Juez o jueza: dirige el juicio y da la palabra.
  • Fiscales (3 o 4 niños): acusan a la Lectura. Pueden usar frases como «Leer es aburrido», «En el celular está todo», «El que lee mucho se queda solo».
  • Defensores (3 o 4 niños): defienden a la Lectura.
  • Testigos: personajes de cuentos que ya conocen, por ejemplo Tío Conejo, Wale'kerü, Pinzote el cangrejito o la abuela Carey. Cada uno cuenta qué le pasó gracias a un cuento o a lo que escuchó.
  • Jurado: el resto del grupo, que vota al final.
  • La Lectura: la representa la facilitadora, que solo puede hablar al final, en su defensa.
  1. Abrir la mochila (5 min). Animómetro de entrada. En círculo, cada uno responde: «Una cosa que me gusta leer o escuchar» (puede ser un cuento, una canción, un video, un mensaje…).
  2. Urdir (10 min). Se reparten los roles por sorteo con las tarjetas, y cada grupo prepara sus argumentos en cinco minutos.
  3. El cuento (5 min). La facilitadora lee en voz alta un fragmento corto de un libro de la biblioteca: la «prueba» que se presenta en el juicio.
  4. Pasar la trama: el juicio (25 min). El juez abre la sesión. Hablan los fiscales, luego los defensores. Pasan los testigos, cada uno con el ovillo en la mano. Al final, la Lectura dice su última palabra.
  5. Tejer: el veredicto (10 min). El jurado vota en la caja: «culpable», «inocente» o «inocente, pero con condiciones». Si gana la última opción, entre todos escriben las condiciones, por ejemplo «que los libros sean de cosas que nos gustan» o «que nos dejen leer en voz alta».
  6. El cuento propio (15 min). Cada niño escoge un libro de la biblioteca para llevarse prestado, «para investigar el caso en casa», y escribe en una tarjeta por qué lo escogió.
  7. Cerrar la mochila (5 min). Animómetro de salida. Las condiciones del veredicto se pegan en la pared de la biblioteca.

Cómo se ve la triada en esta sesión

Dimensión

Dónde aparece

Aprender escuchando (la urdimbre)

La lectura en voz alta de la prueba, escuchar los argumentos del otro lado sin interrumpir, los testimonios de los personajes

Aprender sintiendo (la trama)

Reconocer lo que a cada uno le gusta o le aburre, el respeto por la opinión contraria, el animómetro

Aprender haciendo (la mochila)

Preparar argumentos, actuar los roles, votar, escribir las condiciones, escoger un libro para llevar

Lo que nos enseña el juicio. Las condiciones que escriben los niños son oro para la biblioteca: dicen qué los acercaría a la lectura. Vale la pena guardarlas y tenerlas en cuenta para escoger los libros y las actividades de los meses siguientes.

Para cerrar

El bibliotecario de Kazajistán terminó su texto con más preguntas que respuestas, y quizá esa es su mayor enseñanza. No se trata de defender la lectura con discursos, sino de escuchar a los que no leen, llevar los libros a donde está la gente y leer con ellos en voz alta. En Riohacha tenemos una ventaja: aquí la palabra siempre ha caminado de boca en boca, de la enramada al patio. Si los libros aprenden a caminar así, encontrarán lectores.

Y tú, ¿de qué acusarías a la lectura? ¿Y cómo la defenderías? Te leo en los comentarios.

Referencias

  • Barbery, Muriel. La elegancia del erizo. Barcelona: Seix Barral.
  • Bradbury, Ray. Fahrenheit 451.
  • Elizarov, Mijaíl. El bibliotecario (novela, en ruso: Библиотекарь, 2007).
  • Kazákov, Dmitri. Antigüedades (relato, en ruso).
  • Zhvalevski, Andréi y Pasternak, Evguénia. ¡Muerte a las almas muertas! (novela juvenil, en ruso).
  • Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora en el marco de la oralidad de la comunidad Wayúu [Tesis de maestría]. Fundación Universitaria Los Libertadores.
  • Texto de origen: ensayo de un bibliotecario de Kazajistán, recibido en traducción, sin nombre consignado.

 

 

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