Sobre esta entrada. Adapta un texto traducido sobre los beneficios de contar historias a los niños, sin autoría consignada, acompañado de bibliografía de la escuela polaca. Incluye resultados de mi investigación de maestría con Fernando Arias Noguera (2023). La organización en tres hilos y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.
En Riohacha, la noche tiene
su hora del cuento. Cuando baja el sol y se levanta la brisa, las familias
sacan las mecedoras a la terraza, los abuelos se acomodan en el chinchorro y
alguien empieza: «¿Y ustedes saben lo que le pasó a Tío Conejo?». En las
rancherías wayúu, el cuento llega en la enramada o junto al fogón.
Parece solo un rato de
entretenimiento, pero no lo es. Cada cuento deja en el niño muchos regalos que
se quedan con él para toda la vida. Un texto que recibí los enumera en quince.
En Cura-Kuens los tejemos en los tres hilos de nuestro telar: escuchar,
sentir y hacer.
Los
quince regalos, en tres hilos
El hilo
de escuchar (la urdimbre)
Es lo primero que se tiende
en el telar: la palabra de quien cuenta.
- Aprende a escuchar.
Para no perderse nada, el niño tiene que estar atento al narrador. Una
buena sesión de cuentos entrena el oído y la paciencia.
- Se concentra mejor.
Seguir una historia de principio a fin ayuda a sostener la atención, algo
cada vez más difícil en tiempos de pantallas.
- Gana palabras nuevas.
Cada cuento trae palabras que el niño no conocía: enramada, chinchorro,
totuma, friche, o en wayuunaiki kuens, aküjai, Wale'kerü. Las
aprende sin darse cuenta.
- Ejercita la memoria. Los
niños recuerdan la trama, los personajes y hasta las palabras exactas. Por
eso, si el narrador cambia algo al repetir el cuento, ¡se lo corrigen
enseguida!
- Conoce sus raíces. A
través de los cuentos, el niño se conecta con su historia y sus
tradiciones. Y al escuchar cuentos de otros lugares, aprende a apreciar la
diversidad del mundo. En Riohacha conviven la palabra wayúu, la afro, la
caribe, la de los que llegaron de Venezuela y del interior.
El hilo
de sentir (la trama)
Es el hilo que cruza y da
color: lo que el cuento mueve por dentro.
- Reconoce sus emociones. Al
ver lo que sienten los personajes, el niño aprende a nombrar y manejar lo
que siente él. Es la base de la inteligencia emocional.
- Aprende a ponerse en el lugar del otro. El
cuento invita a sentir con el personaje, a sufrir con sus pérdidas y
alegrarse con sus triunfos. Esa es la empatía.
- Se calma. Un cuento bien
contado lleva a otro mundo y reduce el estrés y la ansiedad. Por eso
funciona tan bien antes de dormir.
- Descubre valores. La
sinceridad, la gratitud o la solidaridad aparecen en los cuentos. Hay que
tener cuidado: el valor se siembra mejor cuando se vive con el personaje
que cuando se dice como sermón. Como decía el sabedor wayúu que
entrevistamos en mi investigación, los kuens enseñan a vivir en comunidad,
y lo hacen contando, no regañando.
El hilo
de hacer (la mochila)
Es lo que queda tejido: lo
que el niño hace después con el cuento.
- Se vuelve curioso.
Cuando el narrador hace una pausa en el momento más emocionante, el niño
quiere saber qué pasará. Pregunta, imagina y aprende.
- Despierta la imaginación. Un
cuento lleva a lugares reales y fantásticos: el fondo del mar de Riohacha,
la casa de Pulowi, el cielo donde vive Juya'. Así crece el pensamiento
creativo.
- Aprende mejor. Las
historias hacen más fácil entender temas difíciles, en la escuela y en la
vida.
- Apoya las materias de la escuela. Un
cuento puede ser la puerta a la historia, las ciencias o las matemáticas:
¿cuántos huevos puso la tortuga carey? ¿por qué sopla más la brisa en
diciembre?
- Se comunica mejor.
Cuando las ideas están claras en la cabeza, salen claras en las palabras.
- Se anima a contar.
Después de escuchar muchos cuentos, el niño quiere contar los suyos,
escribirlos o volverse narrador. Ese es el regalo más grande: el que
escuchaba se vuelve el que cuenta.
Lo que
encontré en mi investigación
En 2023, con Fernando Arias
Noguera, hice mi trabajo de grado de maestría sobre los kuens, los
cuentos de la tradición oral wayúu, en el Centro Etnoeducativo #17 Koushatchon,
a 17 kilómetros de Riohacha por la vía a Valledupar. Conversamos con un
sabedor, con la docente y con 19 niños y niñas de grado quinto. Esto fue lo que
nos contaron:
- El 90 % dijo que en casa los cuentos los
cuentan el abuelo y la abuela. Los mayores siguen
siendo los guardianes de la palabra. Al que narra se le llama aküjai.
- El 79 % dijo que el cuento se cuenta de noche,
cuando la familia se reúne.
- Todos los niños cuentan los kuens en
wayuunaiki. La lengua y el cuento viajan juntos.
- El cuento preferido fue el de Wale'kerü, la
araña que enseñó a tejer. Lo escogieron los niños, la docente y el
sabedor.
- Los cuentos se cuentan en todas partes: en
la enramada, en la cocina, mientras se teje, se ordeña o se pastorea, en
las fiestas y hasta en los velorios.
Pero también encontramos
una alarma. Según el sabedor, los jóvenes han perdido el interés por escuchar
historias, y los jayeechi, los cantos tradicionales, están en vía de
desaparecer. Su propuesta fue sencilla y profunda:
«Comenzar a sembrar en los
más pequeños el amor por la narración oral. Comenzar a construir los vínculos
entre los mayores y los niños, desde las narrativas.»
Esa frase se volvió una
semilla de Cura-Kuens. Los quince regalos del cuento solo llegan si alguien
cuenta y alguien escucha. Y en Riohacha, como en muchas partes, hay que volver
a juntar a los que cuentan con los que escuchan.
Sesión en
la Biblioteca Comuna 10: «El susurrador de la abuela»
Para niños de 7 a 11 años,
con un abuelo o una abuela invitada · 1 hora y 15 minutos · de 10 a 15
participantes
El susurrador es un
tubo de cartón decorado por el que se le cuenta un cuento al oído a otra
persona, en voz muy baja. Es una de las estrategias de mi investigación de
maestría. Convierte el cuento en un secreto compartido y obliga a escuchar con
todo el cuerpo.
Materiales: la
mochila de los talleres, el ovillo de Wale'kerü, rollos de cartón (de papel
higiénico o de cocina), papeles de colores, lanas, pegante, y las tarjetas del animómetro.
El animómetro. Es una
tarjeta con cinco caritas: alegre, triste, asustado, enojado y sorprendido.
Cada niño marca cómo llega al empezar y cómo se va al terminar. No es una
prueba ni una calificación. Sirve para que el niño nombre lo que siente y para
que la facilitadora vea cómo cambia el ánimo del grupo con el cuento.
- Abrir la mochila (5
min). Cada niño marca en el animómetro cómo llega hoy. Luego, en
círculo, dice su nombre y quién le cuenta cuentos en su casa.
- Urdir (10 min). Le
preguntamos al abuelo o la abuela invitada: «¿Quién le contaba cuentos a
usted cuando era niño? ¿Dónde? ¿A qué hora?». Los niños escuchan cómo era
la noche del cuento en otros tiempos.
- El cuento (10 min). El
invitado cuenta un cuento corto de su infancia en Riohacha o en La
Guajira.
- Pasar la trama (10
min). Pasando el ovillo, cada niño dice una palabra nueva que aprendió
o una parte que le gustó.
- Tejer: el susurrador (20
min). Cada niño decora su tubo con papeles y lanas. Luego, en parejas,
uno le cuenta al otro por el susurrador, muy bajito, un pedacito del
cuento que acaba de oír. Después cambian. Al final, el abuelo o la abuela
recibe un susurro de cada niño.
- El cuento propio (15
min). Cada niño escribe o dibuja en una tira de papel un cuento corto
o un recuerdo de su familia, y la guarda dentro de su susurrador.
- Cerrar la mochila (5
min). Cada niño vuelve a marcar el animómetro: ¿cómo me voy? Se lleva
su susurrador con una tarea: contarle un cuento al oído a alguien de su
casa esta noche.
Cómo se ve la triada en
esta sesión
|
Dimensión |
Dónde aparece |
|
Aprender escuchando (la
urdimbre) |
La voz del abuelo o la
abuela, la memoria de cómo era la noche del cuento, escuchar el susurro del
compañero |
|
Aprender sintiendo (la
trama) |
El animómetro al llegar y
al salir, la cercanía del secreto al oído, el respeto por la palabra mayor |
|
Aprender haciendo (la mochila) |
Decorar el susurrador,
contar al oído, escribir el cuento propio, la tarea de contar en casa |
Un cuidado. El
animómetro se respeta tal como el niño lo marca. Si un niño llega o se va
«triste» o «asustado» varias sesiones seguidas, la facilitadora lo acompaña con
discreción y conversa con la familia o la bibliotecaria, siguiendo el protocolo
de la biblioteca.
Para
cerrar
Un cuento es como una
mochila: parece pequeña, pero le caben muchas cosas. Escuchar, sentir y hacer
son los tres hilos con que se teje. Y los quince regalos que deja no los da
ninguna pantalla. Los da una voz que cuenta y unos oídos que escuchan, ojalá de
noche, con la brisa, en la terraza o en la enramada.
¿Quién te contaba cuentos a
ti? ¿A qué hora y en qué lugar de la casa? Cuéntamelo en los comentarios.
Referencias
- Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C.
(2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora en el marco de
la oralidad de la comunidad Wayúu [Tesis de maestría]. Fundación
Universitaria Los Libertadores.
- Brett, Doris. Bajki, które leczą. Cz.
1 [Cuentos que curan, parte 1]. Trad.
Małgorzata Trzebiatowska. Gdańsk: Gdańskie Wydawnictwo Psychologiczne,
2002.
- Łaba, Agnieszka. Bajki rymowane w
biblioterapii [Cuentos rimados en la biblioterapia]. Cracovia: Impuls,
2008.
- Molicka, Maria. Bajki terapeutyczne. Cz. 2
[Cuentos terapéuticos, parte 2]. Poznań: Media Rodzina, 2003.
- Texto de origen: artículo sobre los beneficios
de contar historias a los niños, recibido en traducción, sin autoría
consignada.

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