martes, 30 de junio de 2026

Anansi llegó al Caribe: lo que los cuentos africanos nos enseñan

 

Fuente: adaptación de un artículo divulgativo sobre los cuentos populares africanos, que se apoya en Agbenyega, Tamakloe y Klibthong (2017), Usman y Crous (2018) y Yankah (1999). Traducción, adaptación al Caribe colombiano y comentarios: Ella Celedón Simanca, Cura-Kuens. Se comparte con fines educativos.

Los mitos, las leyendas y el folclor son relatos que una generación le entrega a la siguiente: con la palabra, pero también con canciones, bailes, creencias y fiestas. Hablan de la gente, de la naturaleza, de lo sagrado y de lo que pasaba cuando se crearon. Y muchos de los que hoy contamos en el Caribe vinieron de África.

Por qué importan los cuentos populares

  • Dan respuestas a lo que la razón no alcanza. Explican los misterios de la vida con imágenes. No son racionales, pero calman la curiosidad y dan un cierre: son las respuestas que imaginaron nuestros antepasados.
  • Enseñan a vivir juntos. Con héroes, animales y dioses muestran cómo comportarse en situaciones difíciles y qué espera la comunidad de cada uno.
  • Advierten y preparan. Cuentan lo que nos podría pasar, para que lo reconozcamos si llega. Por eso fueron la gran escuela de los pueblos que no usaban la escritura.
  • Reunían a la comunidad. Después de un día de trabajo, la gente se sentaba de noche a escuchar. Contar era también la fiesta.
  • Guardan la historia. Explican el origen del mundo, del pueblo y de la comunidad, y a veces conservan datos históricos reales. Son una puerta a nuestro patrimonio.

Pero un cuento solo cumple su propósito si se cuenta con alma. Por eso, contar es un arte.

El cuento africano y su manera de narrar

En África, el cuento popular es una de las formas más vivas de la literatura oral. Como en todo el mundo, hay relatos sobre la creación, la naturaleza, los reyes, los dioses, los héroes y las criaturas míticas. Todos se apoyan en la sabiduría de los antepasados: cómo entendieron su realidad y qué nos pueden enseñar hoy. Los más frecuentes critican a la sociedad, celebran actos heroicos o condenan lo que la comunidad no acepta.

Cómo se cuenta. El buen narrador africano adorna el relato con adivinanzas, comentarios ingeniosos, bromas y refranes. Esos detalles distinguen al narrador experto del aficionado, y se dice que cuantos más refranes usa, más sabio es. Esos matices insinúan el mensaje, pero el sentido final lo pone quien escucha. Por eso un mismo cuento abre muchas conversaciones y deja varias enseñanzas, no una sola.

El animal astuto. Los cuentos más populares de África son los del embaucador: un animal pequeño, listo y astuto frente a uno grande, fuerte y confiado. Casi siempre gana el pequeño con su ingenio, aunque a veces el truco le sale mal y es él quien aprende la lección. Se cuentan con humor y muestran el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza.

Cuatro relatos de África

Norte de África: Anzar, el dios de la lluvia

Los amazigh, a quienes a veces se llama bereberes, son un pueblo indígena del norte de África, presente desde Egipto hasta Marruecos y las islas Canarias. Para ellos, Anzar es el dios de la lluvia, y de él dependen la cosecha y la fertilidad.

Anzar se enamoró de una muchacha que se bañaba en un río de agua clara. Bajó a la tierra a pedirla en matrimonio, pero ella huyó. Enojado, Anzar secó el río y la tierra se volvió estéril; la gente y sus animales sufrieron. Al ver a su pueblo en peligro, la muchacha lloró y llamó a Anzar. Cuando se unieron, volvieron el agua y la tierra fértil.

De este relato nace el ritual Tasslit n Unzar, «la novia de Anzar», o ritual de la lluvia. Las mujeres arman una muñeca con palos de madera y la visten de novia; la llevan en procesión cantando y llamando a Anzar; comparten una comida y, al final, lavan la muñeca en el río. El ritual recuerda que lo que hacemos afecta a la naturaleza.

África oriental: Kileken, el niño huérfano

Los maasái viven en Kenia y Tanzania. Su folclor cuenta que el planeta Venus bajó a la tierra como un niño, Kileken, y llegó donde un anciano sin hijos que lo adoptó. El niño hacía todas las tareas y cuidaba el ganado sin quejarse, pero le hizo prometer al anciano que nunca buscaría saber de dónde venía su fuerza. La curiosidad pudo más: el anciano lo espía, rompe la promesa y el niño regresa al cielo. Así explican los maasái por qué Venus brilla al amanecer y al anochecer. El autor tanzano Tololwe M. Mollel contó esta historia en un libro para niños.

África occidental: Anansi y la tortuga

Los cuentos de Anansi, la araña astuta, nacieron entre los pueblos akan y asante de Ghana. Uno de los más conocidos:

Anansi acababa de cocinar ñame cuando llegó su amiga la Tortuga, cansada de un largo viaje. Por cortesía, Anansi no podía negarle la comida, pero no quería compartirla. «Lávate las manos, que están sucias», le dijo. La Tortuga fue al río, pero al volver arrastrándose se ensució otra vez. Y otra vez. Cuando por fin se sentó, ya no quedaba nada.

Días después, la Tortuga invitó a Anansi a comer en su casa, en el fondo del río. Anansi, que flotaba, se llenó los bolsillos de la chaqueta con piedras para poder bajar. Al sentarse a la mesa, la Tortuga le dijo: «En mi casa no se come con chaqueta». Anansi se la quitó, las piedras cayeron y él subió flotando a la superficie, sin probar bocado.

África austral: Haiseb, el que vence a la muerte

Los nama y los damara, pueblos khoikhoi de Namibia y Sudáfrica, cuentan que Haiseb (o Heitsi-Eibib) salvó al mundo de un ser malvado, Gaunab, que se sentaba junto a un pozo. Les pedía a los caminantes que le lanzaran piedras y, cuando se distraían, los empujaba al fondo. Haiseb lo desafió y lo venció. Se dice que murió y revivió muchas veces, y que donde murió se levantaron montones de piedras y ramas. Todavía hoy, quien encuentra uno de esos montones en los caminos de Namibia le agrega una piedra o una rama.

De África al Caribe: nuestras raíces

Los cuentos de Anansi cruzaron el Atlántico con los africanos esclavizados. En el Caribe siguieron vivos: en Jamaica, en las Antillas y en nuestro propio país, entre el pueblo raizal de San Andrés y Providencia, donde se le conoce como Anancy.

En la costa Caribe, el animal astuto tiene otro nombre: Tío Conejo, que con su ingenio burla una y otra vez a Tío Tigre. Muchos investigadores reconocen en estos cuentos la huella de la tradición africana del embaucador, mezclada con relatos indígenas y españoles.

La Guajira es un territorio de muchos pueblos: wayuu, wiwa, kogui e ikʉ, comunidades afrodescendientes y campesinas. Cada uno guarda sus propios relatos, y entre ellos y los africanos aparecen parientes sorprendentes:

En África

En nuestro territorio

Lo que comparten

Anansi, la araña astuta

Wale'kerü, la araña que, según la tradición wayuu, enseñó a tejer a las mujeres

Dos arañas y dos sabidurías: el ingenio y el tejido

El embaucador pequeño contra el grande

Tío Conejo y Tío Tigre; El conejo y el mapurite

La inteligencia vence a la fuerza

Anzar, la lluvia que trae la vida

Juya, la lluvia en la tradición wayuu

En tierra seca, la lluvia es la vida, y los relatos enseñan a cuidarla

La muñeca de la novia de Anzar

Las muñecas, los tejidos y los rituales propios

El objeto que recuerda el lazo con la naturaleza

Los relatos wayuu de Juya y de Wale'kerü tienen muchas versiones. Las que se cuenten en la biblioteca deben venir de la voz de abuelas y sabedores, con su permiso.

Escuchar, sentir, hacer: la sesión «Dos arañas»

Una sesión Cura-Kuens para niñas y niños de 6 a 9 años, de unos 60 minutos, en la biblioteca o el aula. Reúne a Anansi, que no sabía compartir, con Wale'kerü, que enseñó a tejer.

Materiales: una mochila, un ovillo de lana, una araña de tela o de papel, papel, cartulina, palitos y lana para hacer arañas.

Momento

Qué se hace

1 · Abrir la mochila

Sale la araña de tela: «Hoy vienen de visita dos arañas, una de muy lejos y otra de aquí»

2 · Urdir

Cada niño dice una palabra sobre las arañas: miedo, tela, patas, tejer…

3 · El cuento

Se abre como en las Antillas: la narradora dice «¡Cric!» y el grupo responde «¡Crac!». Luego se narra Anansi y la tortuga, con algunos refranes

4 · Pasar la trama

«¿Qué sintió la Tortuga cuando volvió y no había comida?», «¿Y Anansi, cuando subió flotando?», «¿Qué otro final se te ocurre?»

5 · Tejer

La telaraña del grupo: en círculo, el ovillo pasa de mano en mano y cada niño, al recibirlo, dice algo que compartiría con un amigo. Al final, entre todos sostienen la telaraña. Después, cada uno arma su araña con lana y palitos

6 · El cuento propio

«Un día Anansi llegó a Riohacha y se encontró con Wale'kerü, la araña que tejía. ¿Qué pasó?» En parejas inventan y cuentan la continuación

7 · Cerrar la mochila

El refrán del día: «Quien no comparte su ñame, se queda sin cena». Cada araña entra a la mochila del niño. Para la casa: preguntar a un mayor si conoce un cuento de Tío Conejo

La triada en esta sesión

  • Escuchar: el cuento africano, el «¡Cric! ¡Crac!» y, en casa, las historias de Tío Conejo que guardan los mayores.
  • Sentir: ponerse en el lugar de la Tortuga y de Anansi, sin juzgar a nadie.
  • Hacer: tejer la telaraña del grupo, crear una araña y continuar el cuento.

Para seguir leyendo

Los cuentos populares siguen vigentes porque nos enseñan lo que la ciencia no explica y nos unen con quienes vinieron antes. Cambian con el tiempo, pero guardan su esencia. Contarlos en nuestras bibliotecas es volver a sentarnos juntos a escuchar, como hacían nuestros abuelos.

  • Agbenyega, J. S., Tamakloe, D. E. y Klibthong, S. (2017). Folklore epistemology: how does traditional folklore contribute to children's thinking and concept development? International Journal of Early Years Education, 25(2), 112-126.
  • Mollel, T. M. The Orphan Boy [El niño huérfano]. Libro ilustrado sobre la leyenda maasái de Kileken.
  • Usman, J. y Crous, M. (2018). [El folclor africano: un catalizador de la ficción africana contemporánea]. 7(2), 1-15.
  • Yankah, K. (1999). [Discurso plenario de la American Folklore Society, 1998]. Journal of American Folklore, 112(444), 140-157.

 



domingo, 31 de mayo de 2026

Del barro y del agua: mitos africanos de creación y los comienzos de Riohacha

 

 Fuente: adaptación de un ensayo académico sobre los mitos africanos de creación (autoría por identificar), que cita a Neil Philip, Mircea Eliade, Geoffrey Parrinder, Donna Rosenberg y Behçet Necatigil, entre otros. Traducción, adaptación a Riohacha y comentarios: Ella Celedón Simanca, Cura-Kuens. Se comparte con fines educativos.

En Riohacha, cuando cae la tarde y la brisa baja del mar, los abuelos todavía cuentan cómo empezó todo: de dónde vino la lluvia, por qué el mar es salado, adónde van los que se mueren. Esas preguntas son las mismas que se hacen todos los pueblos del mundo. Esta entrada viaja a África para escuchar cómo las responden allá, y regresa a la orilla de Riohacha para escuchar cómo las respondemos aquí.

Para qué sirven los mitos de creación

Cada cultura tiene sus relatos sobre el origen del universo, del mundo y de la humanidad. Todos buscan responder preguntas como estas:

  • ¿De dónde venimos?
  • ¿Cuál es el sentido de la vida?
  • ¿Qué es lo sagrado y dónde está?
  • ¿Qué es la muerte y por qué existe?
  • ¿Cómo debemos comportarnos, y qué pasa si nos comportamos mal?

Como la manera en que un pueblo ve el mundo depende de lo que cree sobre su origen, para comprender a una comunidad hay que empezar por sus relatos de creación.

Para el escritor británico Neil Philip, los mitos nacen dentro de una cultura y cuentan sus valores, creencias y sueños, pero hablan a toda la humanidad y guardan su misterio aunque se estudien toda la vida. Las leyendas son, en el fondo, la historia no escrita de los pueblos: la herramienta con la que una generación le entrega su herencia a la siguiente. Explican el lugar del ser humano en la naturaleza y, con eso, ordenan las costumbres, las leyes, el arte y hasta la vida diaria.

África: un continente de muchos comienzos

África no tiene un mito de creación: tiene cientos. En el continente se hablan más de mil lenguas, y cada pueblo guarda su propia manera de contar el origen. Hay rasgos comunes, pero cada mito es único, y esa diversidad es una de sus mayores riquezas.

Durante mucho tiempo, lo que el mundo sabía de África lo contaban miradas extranjeras y llenas de prejuicios. Los estudios más respetuosos de sus tradiciones orales empezaron hace pocas décadas, y muchas lenguas aún están poco registradas. Que muchos relatos no se escribieran no se debe a desinterés por la escritura: la palabra hablada era el gran archivo, y las distancias y la geografía separaban a los pueblos.

Hay algo que distingue a muchos mitos africanos. En tierras donde el clima decide la vida, el gran tema es cómo sostener la vida. Y el ser humano no aparece como dueño de la naturaleza, sino como una criatura frágil que vive en relación con ella y con lo sagrado. En La Guajira, donde la lluvia también decide, esa mirada nos resulta muy cercana.

Siete relatos africanos de creación

Pueblo y región

El relato, en pocas palabras

Mande (Malí, África occidental)

Mangala, el ser supremo, es redondo y tiene cuatro partes, como las cuatro direcciones. Su primer intento de crear fracasa. En el segundo, pone semillas en un huevo cósmico, que se vuelven peces, símbolo de fertilidad. Uno de los gemelos, Pemba, escapa por ambición con un pedazo del huevo y con él forma la tierra. Mangala envía entonces al otro gemelo, Faro, con la palabra y el conocimiento, para restablecer el orden

Dogon (Malí)

Amma, la semilla del cosmos, vibra siete veces, se abre y de ella sale Nommo. Lo siguen parejas de gemelos que crean el cielo y la tierra, el día y la noche, las estaciones y las sociedades humanas

Bambara (Malí)

Al principio había un vacío, fu, que dio origen al conocimiento de todas las cosas. De esa energía nace todo. Cada persona tiene lo masculino y lo femenino, porque la dualidad de los gemelos sostiene el universo

Kuba o bushongo (Congo, África central)

Bumba, el creador, saca de sí el sol, la luna, las estrellas y nueve primeras criaturas. Cada criatura debe crear otras, para que el mundo sea diverso

Shilluk (Sudán del Sur, junto al Nilo)

Juok viaja por el mundo y modela a las personas con el barro de cada lugar. Por eso hay pueblos de distintos colores, cada uno del color de su tierra

Antiguo Egipto

En Heliópolis se contaba que al principio solo existía Nun, un agua infinita y quieta. De ella surgió Atum, que dio origen a los dioses. Otro relato cuenta que el dios Jnum modeló a los seres humanos en su torno de alfarero

Yoruba (Nigeria)

Arriba estaba el cielo de Olorun y abajo las aguas de Olokun. Obatalá, guiado por Orunmila, echó tierra sobre el agua y modeló a los humanos con barro. Mientras trabajaba bebió vino de palma y algunas figuras le salieron distintas. Desde entonces, Obatalá es protector de las personas con discapacidad. Olokun, enojada porque no la consultaron, envió un diluvio, y Obatalá y Orunmila salvaron a una parte de la humanidad

Las imágenes que se repiten en el mundo

Los nombres y los lugares cambian, pero muchas imágenes aparecen en pueblos que nunca se conocieron. Eso nos dice que las grandes preguntas son las mismas en todas partes.

Imagen

En África

En otras culturas

El huevo cósmico

Mangala (mande), Amma (dogon)

China, con el yin y el yang; India, con el huevo del universo

El ser humano hecho de barro

Juok (shilluk), Jnum (Egipto), Obatalá (yoruba)

Prometeo en Grecia, Mesopotamia, la Biblia y el Corán

El agua primera

Nun (Egipto), las aguas de Olokun (yoruba)

Nammu en Mesopotamia; el abismo de aguas del Génesis

Los gemelos y la dualidad

Mangala, Nommo, los bambara

Ometeotl, el dios dual de los mexicas

El bien contra el mal

Faro contra Pemba (mande)

Ahura Mazda y Angra Mainyu en Persia

El diluvio

Olokun inunda la tierra (yoruba)

Mesopotamia, la Biblia, Grecia, los pueblos nórdicos

Como dijo Mircea Eliade, los mitos de creación son sagrados y no están aislados unos de otros: se entrelazan con la manera en que cada pueblo se relaciona con la naturaleza y con lo sagrado.

Y en Riohacha, ¿cómo empezó todo?

Riohacha está donde el río Ranchería se encuentra con el mar Caribe. Es una de las ciudades más antiguas de Colombia, fundada a mediados del siglo XVI, y una ciudad de muchos pueblos: wayuu, afrodescendientes, criollos, descendientes de migrantes árabes y de otros lugares. Cada uno trajo sus propios relatos de origen, y aquí se mezclaron.

Los comienzos según la tradición wayuu. En muchas versiones que cuentan los mayores:

  • Maleiwa es reconocido como el creador del pueblo wayuu.
  • Mma, la tierra, y Juya, la lluvia, se unen para que nazcan las plantas y la vida.
  • Pulowi, ligada al viento seco y a los lugares sagrados, es la otra cara de Juya.
  • Cuando alguien muere, su espíritu viaja a Jepira, en el Cabo de la Vela.

Estas versiones cambian de una familia a otra y de un territorio a otro. Las que se cuenten en la biblioteca deben venir de la voz de los sabedores.

Las leyendas de la ciudad. Los riohacheros también tienen sus relatos de comienzo y de protección:

  • La Virgen de los Remedios, patrona de la ciudad, a quien se celebra cada 2 de febrero. Cuentan los mayores que una vez detuvo el mar embravecido que amenazaba a Riohacha.
  • Francisco el Hombre, el juglar que, según la leyenda, venció al diablo en un duelo de acordeón en estas tierras. Es una de las semillas del vallenato.
  • Las perlas que daban fama a la ciudad en los tiempos de la Colonia.

Los parientes del mito. Lo que vimos en África tiene ecos en nuestra orilla:

Imagen

En África

En Riohacha y La Guajira

La tierra que da vida

El barro de Obatalá y de Juok

Mma, la tierra wayuu

El agua primera

Nun, Olokun

El mar Caribe y Juya, la lluvia

La dualidad

Los gemelos de Mangala y de los dogon

Juya y Pulowi, la lluvia y el viento seco

El viaje de los muertos

El cielo de Kileken, los montones de piedras de Haiseb

Jepira, en el Cabo de la Vela

El bien que vence al mal

Faro contra Pemba

Francisco el Hombre contra el diablo

Escuchar, sentir, hacer: «Las manos de Obatalá»

Una sesión Cura-Kuens pensada para la Biblioteca Pública Distrital de la Comuna 10 de Riohacha, con niñas y niños de 7 a 10 años, de unos 75 minutos. A partir del mito yoruba de Obatalá, trabaja la aceptación de las diferencias y el sentido de pertenencia al barrio.

Materiales: una mochila; barro o plastilina; una concha de mar; una bandeja con arena de la playa de Riohacha; papel y colores.

Momento

Qué se hace

1 · Abrir la mochila

Salen un puñado de barro y una concha: «Hoy vamos a escuchar cómo empezó el mundo, allá en África y aquí en Riohacha»

2 · Urdir

Cada niño dice una palabra sobre algo que le guste de su barrio

3 · El cuento

Se narra el mito de Obatalá y las figuras de barro. Si hay un narrador invitado, cuenta después un relato riohachero, como el de la Virgen de los Remedios y el mar

4 · Pasar la trama

«¿Qué sintió Obatalá cuando vio que algunas figuras eran distintas?», «¿Qué hace especial a cada figura?», «¿Por qué crees que Obatalá decidió cuidarlas?»

5 · Tejer

Cada niño modela una figura como quiera, sin que tenga que ser perfecta. Todas se ponen juntas sobre la arena: es el pueblo del grupo

6 · El cuento propio

En grupos inventan el mito de origen de la Comuna 10: ¿quién llegó primero?, ¿qué trajo el mar, qué trajo la brisa, qué trajo el río Ranchería? Cada grupo lo cuenta a los demás

7 · Cerrar la mochila

Todos repiten: «Todas las figuras caben en la orilla». Cada figura va a la mochila. Para la casa: preguntarle a un abuelo o una abuela cómo era el barrio antes

La triada en esta sesión

  • Escuchar: los mitos de África, los relatos de Riohacha y la memoria de los abuelos del barrio.
  • Sentir: ponerse en el lugar de las figuras distintas y descubrir que todas tienen lugar.
  • Hacer: modelar con barro y crear el mito propio del barrio.

Los mitos de origen que cree cada grupo pueden reunirse en un libro, Así nació nuestro barrio, para la colección local de la biblioteca.

Para seguir leyendo

Los mitos de creación no son cuentos ingenuos de pueblos antiguos. Son relatos casi sagrados con los que cada pueblo explica su existencia y le da sentido. Como la vida misma, se adaptan a cada generación. En Riohacha seguimos contándolos, y nuestras niñas y niños pueden empezar a escribir los suyos.

  • Chase, R. (1969). Quest for Myth [En busca del mito]. Connecticut: Greenwood Press.
  • Eliade, M. (1967). From Primitives to Zen [De los primitivos al zen]. Nueva York: Harper & Row.
  • Hart, G. (1990). Egyptian Myths [Mitos egipcios]. Londres: British Museum Publications.
  • McCall, H. (1990). Mesopotamian Myths [Mitos mesopotámicos]. Londres: British Museum Publications.
  • Necatigil, B. (1973). 100 Soruda Mitologya [La mitología en 100 preguntas]. Estambul: Gerçek Yayınevi.
  • Parrinder, G. (1991). African Mythology [Mitología africana]. Nueva York: Peter Bedrick Books.
  • Philip, N. (2004). Mitología del mundo. Boston: Kingfisher.
  • Rosenberg, D. (2002). World Mythology: An Anthology of the Great Myths and Epics [Mitología universal: antología de los grandes mitos y epopeyas]. Illinois: National Textbook Company.
  • Willis, R. (1993). World Mythology [Mitología universal]. Londres: Simon & Schuster.

 


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