Sobre esta entrada. Adapta
un texto traducido, al parecer de la escuela rusa de psicología práctica, sobre
el ejercicio de la «metáfora de la vida». No trae autoría consignada. Las
imágenes de Riohacha, la versión para niños y el taller para docentes y madres
son propuesta de Cura-Kuens.
Si tu vida fuera algo de
Riohacha, ¿qué sería? ¿Un cayuco que sale del muelle antes del amanecer? ¿Un
burro cargando agua bajo el sol por la misma trocha de siempre? ¿Un cardón
firme en medio del desierto? ¿Una mochila a medio tejer?
La respuesta que te llega
primero dice mucho de cómo te sientes hoy. A eso se le llama la metáfora de
la vida: una imagen que nace de adentro y que muestra, mejor que muchas
palabras, cómo estamos viviendo.
¿Qué es
la metáfora de la vida?
Es una imagen interior
de cómo vivimos, expresada hacia afuera: con un dibujo, un movimiento, un
sonido o unas pocas palabras. No describe lo que nos pasa con datos, sino con
una comparación. Y por eso llega más hondo.
El texto original da un
ejemplo. Una persona dice: «Mi vida es como un burro que da vueltas todo el
día alrededor de una noria para sacar agua». Sin más explicación,
entendemos lo que siente: cansancio, monotonía, la sensación de hacer algo
necesario pero siempre igual. En La Guajira esa imagen nos queda muy cerca: el
burro que carga las pimpinas de agua desde el jagüey, ida y vuelta, bajo el
sol.
Un espejo
para mirarse
El texto compara la
metáfora con el tablero de un carro: así como el indicador nos avisa si queda
gasolina, la metáfora puede avisarnos si tenemos fuerzas o estamos al límite,
si vamos subiendo o bajando, si luchamos o nos defendemos, qué queremos y qué
tememos.
En Cura-Kuens preferimos
otra imagen, más cercana: la metáfora es como el espejo de la abuela Carey.
No mide ni diagnostica. Simplemente nos deja ver cómo estamos, con cariño, para
decidir qué hacer.
Algunas
metáforas de aquí
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Metáfora |
Lo que puede estar diciendo |
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«Mi vida es un cayuco que
sale al mar antes del amanecer» |
Esfuerzo, madrugar,
esperanza de volver con la red llena |
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«Soy un cardón en el
desierto» |
Resistencia, aguantar la
sequía, tal vez soledad |
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«Mi vida es una mochila a
medio tejer» |
Proceso, paciencia, algo
que todavía no termina de tomar forma |
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«Soy el río Ranchería que
no alcanza a llegar al mar» |
Cansancio, esfuerzo que
no da frutos, ganas de llegar |
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«Mi vida es una cometa en
la brisa de diciembre» |
Libertad, alegría, pero
también el miedo a que se rompa el hilo |
|
«Soy un burro que da
vueltas a la noria» |
Rutina, cansancio,
trabajo que otros necesitan |
Ojo: la misma imagen
puede significar cosas distintas para cada persona. El cardón puede ser
fortaleza para una y soledad para otra. Por eso, el sentido lo da quien la
dice, no quien la escucha.
Dos
reglas del ejercicio
1. Una metáfora no es un
sueño. Un sueño describe, de forma realista, lo que uno quiere: «Quiero
terminar mis estudios y tener mi casa». Una metáfora compara: «Soy una
semilla de trupillo esperando la lluvia». Dibujar una escena bonita de la
vida que uno desea no es una metáfora; dibujar una imagen que se parezca
a cómo uno vive, sí.
2. La vida es movimiento. Por eso
la metáfora de la vida suele mostrar cómo nos movemos por ella. ¿Caminas,
vuelas, nadas, corres, trepas, te caes, das vueltas, esperas? El pescador rema,
la gaviota vuela, la tortuga nada despacio, el burro da vueltas, el alcatraz se
lanza en picada.
De la
metáfora que nace a la metáfora que se teje
El ejercicio tiene dos
momentos, como el trabajo en el telar.
Primero, la metáfora que
nace sola. Sin pensarlo mucho, dibujamos o decimos la imagen que nos llega. Es un
reflejo de cómo estamos hoy, con sus luces y sus sombras. No se juzga ni se
corrige.
Después, la metáfora que se
teje. Miramos los detalles de esa imagen y nos preguntamos: ¿qué le
cambiaría?, ¿qué le falta?, ¿qué le sobra? Y la vamos enriqueciendo hasta que
se parezca a la vida que queremos. Así, la metáfora no solo muestra el
presente: también ayuda a darle forma al futuro.
Un ejemplo:
La que nació: «Mi
vida es un cayuco viejo que rema solo en medio de la marea.»
La que se tejió: «Mi
vida es un cayuco que rema hacia la orilla. Le puse una vela nueva para
aprovechar la brisa, y ya no rema solo: van conmigo mis hijos y mi hermana. A
lo lejos se ven las luces del muelle de Riohacha.»
Los cambios son pequeños,
pero cada uno dice algo: la vela es una ayuda nueva, la compañía es la red de
apoyo, las luces del muelle son una meta. Al tejer la metáfora, la persona
descubre qué necesita.
Los
pueblos también tienen metáforas
No solo las personas. Los
pueblos también piensan su vida con imágenes. El pueblo wayúu, por ejemplo,
organiza la educación de sus niños con la imagen del unu'u Wayúu,
el árbol wayúu: las raíces son el pensamiento propio, el tronco es el ser
wayúu, las ramas son los saberes y los frutos son lo que se comparte con la
comunidad. Y el tejido de Wale'kerü es una metáfora de la vida misma: se
teje hilo por hilo, con paciencia, y nadie lo teje solo.
En mi investigación de
maestría organizamos la propuesta pedagógica con esa misma imagen del árbol,
siguiendo el proyecto etnoeducativo wayúu Anaa Akua'ipa.
Cuidados
- Es un espejo, no un diagnóstico. La
metáfora ayuda a mirarse, pero no reemplaza la conversación ni la ayuda
profesional.
- El sentido lo da quien la crea. No
interpretamos la metáfora del otro; le preguntamos qué significa para él o
ella.
- Si la imagen habla de mucho dolor,
por ejemplo «me estoy hundiendo» o «ya no quiero seguir remando»,
no seguimos con el ejercicio como si nada. Escuchamos con calma,
acompañamos y, si hace falta, buscamos ayuda: un psicólogo, la EPS, la
línea nacional de salud mental (192, opción 4) o, en una emergencia, la
línea 123. Si se trata de un niño, seguimos la ruta del protocolo de la
biblioteca.
Sesión
para niños en la Biblioteca Comuna 10: «Si mi semana fuera un animal»
Para niños de 7 a 11 años ·
1 hora y 15 minutos · de 10 a 15 participantes
Con los niños no hablamos
de «la metáfora de la vida»: la pregunta es más sencilla y más cercana. «Si
tu semana fuera un animal de Riohacha, ¿cuál sería y cómo se movería?»
Materiales: la
mochila de los talleres con los tres regalos de la abuela Carey (caracol, sal y
espejo), el ovillo de Wale'kerü, las tarjetas del animómetro, hojas, colores y,
si ya existe, el mazo de Personajes de las Cartas Cura-Kuens de Riohacha.
- Abrir la mochila (5
min). Cada niño marca el animómetro. En círculo, dice su nombre y su
animal favorito de La Guajira.
- Urdir (10 min).
Jugamos a moverse como animales: la tortuga que nada despacio, el alcatraz
que se lanza en picada, el cangrejo que corre de lado, la iguana que toma
el sol quieta, el burro que da vueltas. ¿Cómo se siente moverse así?
- El cuento (10 min). La
facilitadora cuenta un cuento corto: La abuela Carey pregunta a los
animales cómo les fue en la semana. El alcatraz dice que fue «como
lanzarse al agua sin saber si había peces»; la iguana, que fue «como
quedarse quieta en una piedra muy caliente». Cada animal habla con una
imagen.
- Pasar la trama (10
min). Pasando el ovillo, cada niño responde: «Si mi semana fuera un
animal, sería… porque…». Nadie tiene que explicar más de lo que
quiera.
- Tejer: el animal que nació y el animal que se
teje (20 min). Cada niño dibuja su animal
tal como es esta semana. Luego la facilitadora saca el espejo de la abuela
Carey y pregunta: «¿Qué necesitaría tu animal para estar mejor?».
Puede ser sombra, agua, un amigo, un lugar seguro o una brisa. Cada uno se
lo agrega al dibujo con otro color.
- El cuento propio (15
min). Debajo del dibujo, cada niño escribe o dicta una frase: «Mi
animal era… y ahora tiene…». Quien quiera, la comparte con el grupo.
- Cerrar la mochila (5
min). Cada niño vuelve a marcar el animómetro y se lleva su dibujo.
Cómo se ve la triada en
esta sesión
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Dimensión |
Dónde aparece |
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Aprender escuchando (la
urdimbre) |
El cuento de la abuela
Carey y los animales, escuchar el animal de cada compañero sin burlarse |
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Aprender sintiendo (la
trama) |
Reconocer cómo fue la
semana, el animómetro, pensar qué necesita el animal para estar mejor |
|
Aprender haciendo (la
mochila) |
Moverse como los
animales, dibujar el animal que nació y agregarle lo que necesita, escribir
la frase propia |
Un cuidado. No
interpretamos los dibujos. Si un niño dibuja un animal herido, atrapado o en
peligro, lo escuchamos con calma, le preguntamos solo lo que quiera contar y,
al final, conversamos con la bibliotecaria siguiendo el protocolo.
Para
docentes y madres: «Cuidar a quien cuida»
Taller de 2 horas para
docentes, madres comunitarias, bibliotecarias o madres y padres de familia · de
8 a 20 participantes
Quienes cuidan a los niños
casi nunca tienen un espacio para mirarse a sí mismos. Este taller se los da.
También puede ofrecerse a instituciones educativas, cajas de compensación o
programas de primera infancia.
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Momento |
Qué se hace |
Tiempo |
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Abrir la mochila |
Presentación en círculo:
nombre y «una palabra para cómo llego hoy» |
10 min |
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Urdir |
Se explica qué es una
metáfora de la vida, con los ejemplos de Riohacha y la diferencia entre sueño
y metáfora |
15 min |
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El cuento |
La facilitadora cuenta un
cuento o lee un poema que hable de la vida como un camino, un tejido o un
viaje por el mar |
10 min |
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Pasar la trama |
En silencio, cada persona
escribe la primera imagen que le llega: «Mi vida hoy es…» |
10 min |
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Tejer |
Cada persona dibuja su
metáfora tal como nació. Luego, en parejas, se cuentan el dibujo y se
preguntan: «¿Qué le cambiarías? ¿Qué le falta?». Con otro color, cada
uno teje su nueva metáfora sobre el mismo dibujo |
40 min |
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El cuento propio |
Cada persona escribe un
párrafo con su metáfora tejida, como si fuera el inicio de un cuento sobre su
vida |
20 min |
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Cerrar la mochila |
Ronda final: «Me
llevo…». Quien quiera, comparte su metáfora tejida |
15 min |
La triada en el taller: se escucha
el cuento y la metáfora del compañero sin juzgar; se siente al reconocer
cómo se está viviendo y qué se necesita; se hace al dibujar, tejer la
nueva imagen y escribir el párrafo propio.
Acuerdos del grupo: lo que
se cuenta en el taller se queda en el taller; nadie está obligado a compartir;
no se interpreta la metáfora del otro, se le pregunta.
Para
cerrar
Todos llevamos una imagen
de cómo vivimos, aunque nunca la hayamos dicho en voz alta. Ponerla en un
dibujo o en una frase es como mirarse en el espejo de la abuela Carey: vemos
cómo estamos y podemos decidir qué hilo cambiar. Porque una metáfora, como una
mochila, no se termina de un día para otro: se va tejiendo.
Y tú, si tu vida fuera algo
de Riohacha, ¿qué sería? Déjalo en los comentarios. Si trabajas con docentes o
familias y quieres el taller Cuidar a quien cuida, escríbeme.
Referencias
- Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C.
(2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora en el marco de
la oralidad de la comunidad Wayúu [Tesis de maestría]. Fundación
Universitaria Los Libertadores.
- Mesa Técnica Departamental de Etnoeducación
Wayúu (2005). Anaa Akua'ipa. Proyecto etnoeducativo de la nación Wayúu.
- Texto de origen: artículo sobre la metáfora de
la vida, recibido en traducción, sin autoría consignada.

