miércoles, 30 de abril de 2025

Fabrica tus cubos de cuentos: dados, cartas de Propp y la bolsa de los cuentos

 


Sobre esta entrada. Es la segunda parte de Tirar y contar: mi experiencia con los cubos de cuentos. Reúne ideas de varios textos traducidos sobre el storytelling y los cubos de cuentos en preescolar, sin autoría consignada, y retoma las «cartas de Propp» propuestas por Gianni Rodari. La adaptación a Riohacha y el taller son propuesta de Cura-Kuens.

En la entrada anterior te conté cómo jugamos con los cubos de cuentos en un preescolar de Riohacha. Muchas maestras me preguntan después: «¿Y dónde los consigo?». La mejor respuesta es: hágalos ustedes mismos. Cuestan muy poco y, sobre todo, pueden tener los dibujos de nuestro territorio.

Uno de los textos que me llegaron recuerda algo que todas las maestras hemos visto: los niños escuchan con más atención cuando contamos una historia con nuestras propias palabras, sin leerla. Basta decir «Una vez me pasó algo…» para que todos los ojos se vuelvan hacia nosotras. Los cubos ayudan a que también los niños aprendan a contar así.

Cómo fabricar cubos de cuentos de Riohacha

Materiales

  • Cubos de madera de unos 5 cm por lado (o cubos de cartón, espuma o cajitas de leche cortadas y forradas).
  • Imágenes impresas en papel adhesivo, o dibujos hechos a mano por los mismos niños.
  • Pegante, tijeras y cinta transparente ancha o papel adhesivo transparente para proteger las caras.
  • Una caja o una mochila para guardarlos: la caja mágica.

Pasos

  1. Escoger los temas. Cada cubo puede tener un tema distinto. Uno de los textos cuenta que una maestra hizo 12 cubos con 72 dibujos según los temas que trabajaba en el año.
  2. Buscar o hacer las imágenes. Que sean claras, de colores vivos y fáciles de reconocer.
  3. Pegar una imagen en cada cara y forrarlas para que duren.
  4. Guardar los cubos en la caja mágica, y sacarlos solo para jugar, para que no pierdan el encanto.

Doce cubos de nuestra tierra

Cubo

Sus seis caras

1. Personas

Una niña, un niño, una abuela, un pescador, una tejedora, una maestra

2. Animales

Un chivo, un burro, un alcatraz, un cangrejo, una iguana, una tortuga carey

3. Lugares

La playa, el muelle, la ranchería, el mercado, la escuela, el desierto

4. Plantas

El trupillo, el cardón, el cocotero, el níspero, el uvito de playa, la flor de cayena

5. Objetos

La mochila, el chinchorro, la totuma, el sombrero, la cometa, el caracol

6. Clima

El sol, la luna, la brisa, la lluvia, el arcoíris, las estrellas

7. Emociones

Alegre, triste, asustado, enojado, sorprendido, con sueño

8. Acciones

Correr, nadar, tejer, cantar, buscar, dormir

9. Comida

Arepa de huevo, friche, bollo, pescado frito, mango, patilla

10. Transporte

Cayuco, burro con carga, bicicleta, bus, mototaxi, avión

11. Magia

Un hada, una llave, un espejo, un mapa, una puerta, un huevo dorado

12. Personajes de Cura-Kuens

La abuela Carey, Pinzote, Wale'kerü, Tío Conejo, Tío Tigre, la luna sonriente

No hace falta hacer los doce de una vez. Se puede empezar con tres o cuatro e ir sumando durante el año.

Las cartas de Propp, en versión guajira

Uno de los textos cuenta que una maestra hizo sus propias tarjetas «tomando como base las cartas de Propp». ¿Qué son?

El estudioso ruso Vladimir Propp analizó en 1928 cientos de cuentos populares y descubrió que casi todos se construyen con los mismos pasos, que llamó funciones: hay una prohibición, alguien la rompe, el héroe sale de casa, encuentra un ayudante, supera una prueba, vuelve… Propp encontró 31. Años después, el escritor italiano Gianni Rodari, en su libro Gramática de la fantasía, propuso convertirlas en cartas para inventar cuentos con los niños.

Para preescolar y primeros grados, bastan doce. Cada carta lleva un dibujo y una frase:

Carta

Qué pasa

Un dibujo de aquí

1. Había una vez

Conocemos al héroe y su lugar

Una niña en su casa junto al mar

2. La prohibición

Alguien le dice que no haga algo

«No te metas al mar cuando la bandera esté roja»

3. La prohibición se rompe

El héroe desobedece o algo sale mal

La niña se aleja de la orilla

4. El problema

Aparece un peligro o algo se pierde

La brisa se lleva su cometa

5. La salida

El héroe sale a buscar o a resolver

Camina por la playa hacia el muelle

6. El ayudante

Alguien lo ayuda en el camino

La abuela Carey sale del agua

7. El regalo

Recibe algo que le servirá

El caracol para escuchar el mar

8. El viaje

Va a otro lugar

Cruza hasta la desembocadura del Ranchería

9. La prueba

Tiene que superar algo difícil

Un cangrejo gigante no la deja pasar

10. La victoria

Lo logra, con astucia o con ayuda

Le canta al cangrejo hasta que se duerme

11. El regreso

Vuelve a casa

Regresa con la cometa en la mano

12. La fiesta

Todo termina bien y algo cambió

Toda la familia celebra en la terraza

Cómo se juega: se ponen las cartas en orden y los niños inventan qué pasa en cada una; o se barajan, se sacan cinco o seis, y se arma un cuento con las que salieron. Las cartas y los cubos se pueden combinar: la carta dice qué pasa, el cubo dice quién o dónde.

La bolsa de los cuentos y otros juegos

La bolsa de los cuentos

Es una bolsa, o mejor una mochila, llena de objetos pequeños. Cada jugador mete la mano sin mirar, saca uno o varios objetos y con ellos inventa una historia, sola o con el grupo. La bolsa puede quedarse en un estante del salón para que los niños la usen en su tiempo libre, y llevarse en las salidas.

Se puede llenar por temas:

  • El mar: un caracol, una concha, una pluma de alcatraz, un anzuelo sin punta, un barquito de papel.
  • La casa: una totuma, un carrete de hilo, una llave vieja, una cuchara de palo.
  • El desierto: una semilla de trupillo, una piedrita, un pedazo de cardón seco, una figurita de chivo.

Otros juegos de los textos

  • Oraciones sin terminar. La maestra empieza: «Ayer, cuando salí al patio, vi…», y los niños completan.
  • Asociaciones. Se dice una palabra y cada uno dice otra que se le parezca o le recuerde algo: mar → ola → pescado → abuelo pescador…
  • Cuentos de caminata. En una salida por el barrio o la playa, los niños inventan historias sobre lo que ven: una hoja de uvito de playa, un cangrejo, una escoba olvidada en una terraza.
  • La tienda de los objetos mágicos. El salón se convierte en una tienda donde cada objeto tiene un poder y una historia.
  • Con títeres. Los personajes que salen en los cubos se pueden volver títeres para actuar la historia.

Taller: «Fabriquemos nuestros cubos»

Para maestras, madres comunitarias o familias, con niños de 5 a 9 años si es posible · 2 horas · sábado en la Biblioteca Comuna 10 · de 8 a 20 participantes

Materiales: cubos de madera o de cartón, imágenes impresas o papel para dibujar, pegante, tijeras, cinta transparente, cartulina para las cartas de Propp, una mochila con objetos para la bolsa de los cuentos y las tarjetas del animómetro.

Momento

Qué se hace

Tiempo

Abrir la mochila

Cada participante saca un objeto de la bolsa de los cuentos y se presenta con él: «Soy Lucía y este caracol me recuerda…». Animómetro de entrada

15 min

Urdir

Se cuenta una historia con los cubos de la facilitadora, para que todos vean cómo funciona

10 min

El cuento

La facilitadora muestra las 12 cartas de Propp en versión guajira y cuenta un cuento siguiendo las cartas

15 min

Pasar la trama

Pasando el ovillo, cada uno propone un dibujo de Riohacha que no puede faltar en los cubos

10 min

Tejer

En grupos, cada uno fabrica dos o tres cubos con un tema y un juego de cartas de Propp, dibujando las caras o pegando imágenes

50 min

El cuento propio

Cada grupo tira sus cubos, saca tres cartas y cuenta una historia nueva

15 min

Cerrar la mochila

Los cubos se juntan en una sola caja mágica que queda en la biblioteca para prestar. Animómetro de salida

5 min

Cómo se ve la triada en este taller

Dimensión

Dónde aparece

Aprender escuchando (la urdimbre)

El cuento con los cubos y con las cartas, las historias de los otros grupos

Aprender sintiendo (la trama)

Los recuerdos que despiertan los objetos, el orgullo de ver nuestra tierra en los cubos, el animómetro

Aprender haciendo (la mochila)

Dibujar, recortar y pegar los cubos y las cartas, contar la historia nueva

Para cerrar

Unos cubos de madera, unas cartas de cartulina y una mochila con un caracol y una semilla bastan para que un salón se llene de historias. Y cuando los dibujos son de nuestra tierra, los niños no solo inventan: se reconocen. El chivo, el cayuco, la arepa de huevo y la abuela Carey caben en un dado, y desde ahí saltan a mil cuentos.

¿Qué dibujo de Riohacha no puede faltar en tus cubos? Cuéntamelo en los comentarios.

Referencias

  • Propp, Vladimir. Morfología del cuento (1928).
  • Rodari, Gianni. Gramática de la fantasía: introducción al arte de inventar historias (1973), capítulo «Las cartas de Propp».
  • O'Connor, Rory. Rory's Story Cubes (juego, Irlanda).
  • Textos de origen: tres textos traducidos sobre el storytelling y los cubos de cuentos en preescolar, sin autoría consignada.

 

Los cuentos del baño de la abuela: cuentoterapia para los más pequeños

 

Sobre esta entrada. Combina un recuerdo propio de infancia con la adaptación de un texto traducido de una psicóloga rusa de preescolar, sin nombre consignado, que describe su proyecto de terapia de cuento con niños de 3 a 4 años. Los ejemplos de Riohacha y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.

No hay dos personas iguales en el mundo. Pero todas queremos lo mismo: que nos comprendan, que nos acepten como somos y que nos ayuden a ser todavía mejores. Y eso lo esperamos, sobre todo, de quienes están más cerca.

Cuando era pequeña me encantaba escuchar cuentos, sobre todo los de hadas. En la casa de mi abuela pasaba algo muy particular: los cuentos estaban en el baño. Sí, así como lo lees, en el baño. Aprendí a leer mirando y escuchando a mi abuela mientras pasaba sus dedos arrugados por cada línea, y mis ojos la seguían tratando de guardar cada palabra. Después, era yo la que le leía el cuento a ella, con la misma voz y los mismos gestos, dándome ínfulas de gran lectora e inventándole versiones nuevas. Según mi ánimo, me imaginaba siendo una u otra heroína: la Reina de las Nieves, fría e inalcanzable; Gerda, con su corazón ardiente que no retrocede ante nada; o la princesa de Los músicos de Bremen. Esas letras misteriosas de los libros me hipnotizaban desde el primer minuto.

Por qué los niños necesitan cuentos

Hoy me duele encontrar, en mi trabajo, a tantos niños a quienes nadie les lee cuentos. ¡Y es tan importante! En los cuentos, los niños encuentran pedacitos de su alma, ecos de su propia vida. Y los cuentos les dan algo que todos necesitamos: esperanza.

El texto que recibí dice que cuanto más cree un niño en lo maravilloso, como el Niño Dios que trae regalos en Navidad, más optimista será su mirada de la vida. Yo lo diría de otra manera: un niño al que le cuentan cuentos aprende que el mundo también puede sorprenderlo para bien.

Hay algo más. Muchas veces los niños llegan a los adultos con un problema, y nosotros les ofrecemos soluciones de adultos que no les sirven. Entonces concluyen que no podemos ayudarlos, y dejan de contarnos. El cuento es otro camino: habla su idioma. Como dice la psicóloga rusa Tatiana Zinkevich-Evstigneeva, una de las grandes maestras de esta escuela, «los magos aprenden de los héroes que ellos mismos crean».

¿Cómo ayudar a un niño a soltar la tristeza, la rabia, la irritación o incluso la alegría que se le acumula y lo desborda? La autora del texto encontró su respuesta en la terapia de cuento. Yo también.

La terapia de cuento con los más pequeños

La autora del texto es psicóloga en un jardín infantil. Desde hace dos años desarrolla un proyecto llamado El mundo mágico de los cuentos con niños de 3 a 4 años. Su objetivo principal es que los niños aprendan a comunicarse mejor a través del cuento y del juego. Se apoya en psicólogas rusas como Tatiana Zinkevich-Evstigneeva, Tatiana Grabenko, Marina Panfílova y N. A. Sakóvich.

Ella define la terapia de cuento así: una forma de la psicología práctica que usa la riqueza metafórica del cuento para ayudar a las personas a ser ellas mismas y a construir relaciones cercanas y de confianza con los demás.

¿Desde qué edad?

Para trabajar con cuentos, el niño tiene que saber que existe un mundo de cuento distinto del mundo real. Esa diferencia suele aparecer entre los 3 años y medio y los 4 años, aunque cada niño tiene su propio ritmo y hay que observarlo.

Tres regalos del cuento para los pequeños

  1. Un espejo mágico. El cuento no solo refleja el mundo de afuera: también el mundo de adentro del niño, el que todavía no sabe nombrar. Es el espejo de la abuela Carey.
  2. Un encuentro con los otros. El cuento pone al niño en contacto consigo mismo y con sus compañeros, y une al grupo.
  3. Una enseñanza sin sermones. En el cuento no hay moralejas dichas de frente. El niño aprende nuevas formas de actuar y de reaccionar sin darse cuenta, y eso suaviza los conflictos.

La clase como un viaje

Leer y contar cuentos durante mucho rato puede cansar a los más pequeños. Por eso la autora convierte cada clase en un viaje al país de los cuentos: un cuento dividido en partes, o un recorrido con varias escenas y personajes. En ese viaje se mezclan el juego, la conversación, el movimiento del cuerpo (lo que ella llama psicogimnasia) y el cuento.

Así, los niños viven en el cuento muchas situaciones parecidas a las que encontrarán en la vida, y amplían su manera de relacionarse con el mundo y con los demás. Y lo más importante que se traen de ese viaje es descubrir lo que son capaces de hacer.

Ocho formas de trabajar con cuentos

La autora no solo cuenta cuentos: los combina con otras actividades. Estas son las formas que usa, con ejemplos de cómo podrían verse en un jardín, un hogar comunitario o una biblioteca de Riohacha.

Forma

Qué es

Un ejemplo aquí

Conversar el cuento

Hablar de lo que pasa y de lo que sienten los personajes

«¿Cómo se sintió Tío Conejo cuando Tío Tigre lo perseguía?»

Contar el cuento

El adulto narra con su voz y su cuerpo, y luego los niños lo vuelven a contar

La abuela cuenta, y después cada niño cuenta un pedacito

Adivinanzas de cuento

Acertijos sobre personajes, objetos o lugares del cuento

«Tengo casa en la espalda y vuelvo cada año a la playa» (la tortuga carey)

Inventar cuentos

Crear entre todos un cuento nuevo o un final distinto

¿Y si Pinzote, el cangrejito, se encontrara con un alcatraz?

Dibujar el cuento

Dibujar la parte favorita, el personaje o lo que no salió en el cuento

Dibujar la casa de la abuela Carey en el fondo del mar

Hacer títeres

Fabricar los personajes con materiales sencillos

Títeres de calcetín, de bolsa de papel o de totuma

Representar el cuento

Jugar al teatro con el cuento

Montar La noche sin luz con linternas y una sábana

Viajes imaginarios

Relajación guiada con imágenes tranquilas (la autora las llama meditaciones psicodinámicas)

Acostados, imaginar que flotan en el mar tibio de Riohacha mientras la brisa los mece

El títere, el teatro y el dibujo también aparecen en mi investigación de maestría, como estrategias para animar la lectura con los kuens wayúu. Y es que lo que funciona con los niños de Rusia funciona también con los de La Guajira, cuando se hace con sus propios cuentos y sus propios paisajes.

¿Para qué sirve todo esto?

Según la autora, este trabajo ayuda a:

  • mejorar el entendimiento entre niños y adultos;
  • desarrollar la comunicación con los compañeros;
  • acompañar dificultades emocionales comunes, como el miedo, la ansiedad, la agresividad o una autoestima baja;
  • facilitar la llegada al jardín, ese primer gran paso fuera de casa.

Sesión en la Biblioteca Comuna 10: «Viaje en cayuco al país de los cuentos»

Para niños de 4 a 6 años, con un familiar · 45 minutos · de 8 a 12 niños

Con los más pequeños, la sesión es más corta y se mueve mucho. Siguiendo la idea de la clase como viaje, todo el grupo se sube a un cayuco imaginario y va parando en cuatro «islas».

Materiales: una tela azul grande (el mar), una cuerda o cinta en el piso con forma de cayuco, la mochila de los talleres con el caracol de la abuela Carey, un títere de cangrejo (de calcetín o de bolsa de papel), hojas y crayolas gruesas.

  1. Abrir la mochila: el muelle (5 min). Todos se sientan dentro del cayuco de cuerda. Cada niño dice su nombre y «rema» con los brazos. La facilitadora explica que van a viajar al país de los cuentos y que allá todo es de mentiritas, pero lo que sentimos es de verdad.
  2. Urdir: la isla de las adivinanzas (5 min). «Tengo casa en la espalda y vuelvo cada año a la playa». «Camino de lado y tengo pinzas». Los niños adivinan y se mueven como cada animal.
  3. El cuento: la playa de Pinzote (8 min). Con el títere de cangrejo, la facilitadora cuenta una versión corta de El cangrejito que le tenía miedo a la noche.
  4. Pasar la trama: ¿cómo se sintió? (5 min). El títere pasa de mano en mano. Quien lo tiene dice cómo se sintió Pinzote: con miedo, nervioso, feliz… y pone la cara de esa emoción.
  5. Tejer: el arrecife de la abuela Carey (7 min). Viaje imaginario de relajación. Los niños se acuestan sobre la tela azul. La facilitadora, en voz baja, los invita a imaginar que flotan en el mar tibio, que el caracol suena (se pasa cerca de cada oído) y que la brisa los mece despacito. Los familiares pueden acariciarles la espalda.
  6. El cuento propio: el dibujo del viaje (10 min). Cada niño dibuja con crayolas lo que más le gustó del viaje, y su familiar escribe debajo lo que el niño le dicta.
  7. Cerrar la mochila: regreso al muelle (5 min). Todos vuelven a «remar» hacia el muelle. Cada niño dice una palabra del viaje.

Cómo se ve la triada en esta sesión

Dimensión

Dónde aparece

Aprender escuchando (la urdimbre)

Las adivinanzas, el cuento con el títere, la voz suave en el viaje imaginario, el sonido del caracol

Aprender sintiendo (la trama)

Poner la cara de las emociones de Pinzote, la calma del arrecife, la caricia del familiar

Aprender haciendo (la mochila)

Remar, moverse como los animales, pasar el títere, dibujar el viaje

Un cuidado. A esta edad, algunos niños todavía confunden el cuento con la realidad. Si un niño se asusta de verdad, se para el juego, se le abraza y se le recuerda que estamos en la biblioteca y que el cuento «es de mentiritas». Nadie está obligado a acostarse ni a cerrar los ojos en el viaje imaginario.

Para cerrar

Mi abuela no sabía nada de terapia de cuento. Pero sabía lo más importante: que un niño necesita una voz que le cuente, un dedo que le señale las letras y un adulto que lo escuche cuando es él quien cuenta. Todo lo demás, los títeres, los viajes, las adivinanzas, son formas de hacer más grande ese momento.

¿Dónde estaban los cuentos en la casa de tu infancia? Cuéntamelo en los comentarios.

Referencias

  • Zinkevich-Evstigneeva, T. D. (Praktikum po skazkoterapii y otras obras de la escuela rusa de skazkoterapia).
  • Grabenko, T. M. y Zinkevich-Evstigneeva, T. D. (obras sobre terapia de cuento en el juego con niños).
  • Panfílova, M. A. y Sakóvich, N. A. (citadas por la autora del texto de origen).
  • Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora en el marco de la oralidad de la comunidad Wayúu [Tesis de maestría]. Fundación Universitaria Los Libertadores.
  • Texto de origen: artículo de una psicóloga de preescolar rusa sobre su proyecto de terapia de cuento, recibido en traducción, sin nombre consignado.

 


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