Sobre esta entrada. Reúne y adapta ideas de varios artículos traducidos sobre el valor de los cuentos para los niños, sin autoría consignada, que compilé para Cura-Kuens. Los refranes, los cuentos de aquí, la guía y la sesión son propuesta de Cura-Kuens.
En muchas casas pasa lo
mismo: llega la tarde, los adultos están cansados y alguien le pasa al niño la
tableta o el celular. Hay silencio, nadie molesta. Y meses después aparece la
preocupación: al niño le cuesta conversar, escribir, concentrarse, y las notas
de lenguaje no son buenas.
No se trata de culpar a
nadie. Los padres y las madres hacen lo que pueden con el tiempo y el cansancio
que tienen. Pero quizá vale la pena recordar nuestra propia infancia: la voz de
la abuela, el cuento antes de dormir, la tarde de espantos en el patio. Una
pantalla puede entretener, pero no reemplaza la voz de alguien que nos quiere.
Por qué
los cuentos les llegan tanto a los niños
- Porque los niños pequeños ven vida en todo. Le
hablan a la luna, regañan a la mesa con la que se golpearon y creen que el
perro entiende lo que le dicen. Por eso el lenguaje del cuento, donde los
animales hablan y el viento tiene nombre, les resulta natural.
- Porque los personajes son sencillos.
Tienen dos o tres rasgos claros: Tío Conejo es astuto, Tío Tigre es fuerte
pero confiado. Y hacen lo mismo que la gente: comen, trabajan, se pelean,
se casan.
- Porque el cuento popular lo hicieron millones
de personas. Antes de que alguien lo escribiera, pasó de
boca en boca durante generaciones. Cada narrador quitó lo que sobraba y
dejó lo importante. Por eso el cuento guarda tanta sabiduría. En La
Guajira lo sabemos bien: en mi investigación de maestría, el sabedor wayúu
nos explicó que al que narra se le llama aküjai, y que los kuens se
transmiten de abuela a nieta, de tío a sobrino, de padres a hijos.
- Porque los niños no tienen las mismas
herramientas que los adultos para entender el mundo.
Nosotros podemos buscar en internet, leer, preguntar a un especialista o
hablar con amigos. Un niño pequeño tiene preguntas igual de importantes,
pero pocas maneras de responderlas. El cuento es una de las mejores.
Ocho
regalos del cuento para la familia
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Regalo |
Qué hace el cuento |
Cómo se ve en casa |
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1. La atención |
Para seguir la aventura,
el niño pone toda su atención y se llena de preguntas |
«¿Y qué pasó después?»,
«¿Por qué el tigre se dejó engañar?» |
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2. Las manos |
Después del cuento se
puede recortar, pegar, dibujar o actuar una escena. Como dice el refrán: lo
que escucho, lo entiendo; lo que hago, lo recuerdo |
Hacer un títere de Tío
Conejo con una media vieja |
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3. El bien y el mal |
Los personajes buenos y
malos ayudan al niño a distinguir cómo actuar, y los niños imitan a sus
héroes favoritos |
Un niño que ayuda a su
hermano «como hizo Pinzote con sus primos» |
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4. El mundo y las
personas |
El cuento muestra con
palabras sencillas cómo se relaciona la gente |
Hablar de por qué los
animales de la fábula se pelearon y cómo se arreglaron |
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5. Las salidas |
Frente a un problema, el
niño puede encontrar una idea en un cuento. Hasta los cuentos de miedo le
sirven: contar espantos es una forma de vencer el susto ante un mundo grande
y desconocido |
Los cuentos de aparecidos
que los niños se cuentan en el patio |
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6. El consuelo |
El niño descubre que
otros también lloran, tienen miedo o se ponen tristes. No está solo |
«A Pinzote también le
daba miedo la noche» |
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7. Las palabras y la
imaginación |
El cuento amplía el
vocabulario, enseña refranes y dichos, y despierta la fantasía. Por eso
también lo usan maestros y fonoaudiólogos |
Refranes como «Camarón
que se duerme se lo lleva la corriente» o «Dime con quién andas y te
diré quién eres»; un palo que se vuelve espada, unas sillas que se
vuelven cohete |
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8. El sueño tranquilo |
El ritmo suave de la voz
que cuenta le dice al niño: todo está bien, mamá está cerca. Y poco a
poco se duerme |
El cuento de la noche en
la hamaca o el chinchorro |
Los
cuentos de aquí también enseñan
El texto original pone
ejemplos de cuentos rusos que enseñan a cuidarse: no beber agua de un charco,
no abrirle la puerta a un desconocido, construir una casa fuerte. En Colombia
tenemos los nuestros:
- Los cuentos de Tío Conejo y Tío Tigre,
que se cuentan en todo el Caribe, enseñan que la astucia vale más que la
fuerza.
- Los versos de Rafael Pombo, como El
renacuajo paseador, Simón el bobito o La pobre viejecita,
han acompañado a generaciones de niños colombianos. El renacuajo, por
ejemplo, desobedece a su mamá y termina mal, pero de una forma tan
graciosa que el niño se ríe mientras aprende.
- Y cuentos de otras partes que también son ya
de aquí, como Los tres cerditos, que enseña a construir con
paciencia, o Caperucita, que enseña a no confiar en
cualquiera.
Cómo
contar en casa
No hace falta ser narrador
profesional. Ningún equipo de sonido ni ninguna película reemplazan la
presencia y la atención de mamá, papá, la abuela o el tío. Algunas pistas:
- Lean y conversen.
Después del cuento, pregunten: ¿de qué trataba?, ¿quién te gustó y por
qué?, ¿qué sentiste?
- No impongan su opinión. Dejen
que el niño piense. Si algo de lo que dice no les gusta, no lo corrijan
enseguida: pregunten más, escuchen cómo se siente y traten de sentir el
cuento con él.
- Repitan cuando lo pida. Si
quiere el mismo cuento una y otra vez, háganlo. Hay algo en ese cuento que
es muy importante para él.
- Estiren los cuentos cortos.
Tomen un cuento pequeño y, entre los dos, conviértanlo en uno grande: ¿y
qué pasó después?, ¿y si apareciera otro personaje? Así el niño se vuelve
creador.
- Vuelvan a los personajes en la vida diaria. Si
ya leyeron un cuento juntos, recuerden a su héroe en otras situaciones: «¿Qué
haría Tío Conejo ahora?».
- No le teman a los cuentos de miedo. Los
niños los buscan porque les ayudan a vencer sus sustos. Solo cuiden la
edad y el momento: no justo antes de dormir con los más pequeños.
- Usen el cuento para las preguntas difíciles.
Cuando muere un abuelo o una mascota, los niños necesitan entender que la
muerte no es como en los videojuegos, donde se vuelve a empezar. Un cuento
leído en compañía abre la puerta para que pregunten y para que un adulto
les responda con cariño.
- Dejen que miren los libros solos.
Para los más pequeños, libros con muchas imágenes y pocas palabras. No hay
prisa por enseñar a leer: a esa edad lo importante es que descubran que los
libros son interesantes. El niño al que le leyeron cuentos desde
pequeño aprende a leer con más ganas, porque ya sabe que adentro hay algo
bueno.
Y, sobre todo: inventen
cuentos. Ustedes ya tienen al mejor público del mundo, un niño atento y
agradecido.
Sábado de
cuentos en familia en la Biblioteca Comuna 10
Para familias con niños de
3 a 8 años · sábado en la mañana · 1 hora y 30 minutos · de 6 a 10 familias
Un taller para que mamás,
papás, abuelos y cuidadores salgan con ganas, y con herramientas, de contar en
casa.
Materiales: la
mochila de los talleres, el ovillo de Wale'kerü, El renacuajo paseador
de Rafael Pombo (de dominio público), medias viejas, botones, lana, pegante,
hojas, colores, un cuaderno viajero y las tarjetas del animómetro.
- Abrir la mochila (10
min). Cada familia marca el animómetro y se presenta: nombre del niño
y quién le cuenta cuentos en casa, si alguien lo hace.
- Urdir (10 min). Los
adultos cuentan qué cuento recuerdan de su infancia y quién se lo contaba.
Los niños escuchan cómo eran los cuentos «de antes».
- El cuento (10 min). La
facilitadora lee o recita El renacuajo paseador, con voces y
gestos, y los niños repiten el estribillo.
- Pasar la trama (10
min). Pasando el ovillo de familia en familia, cada niño dice qué le
pasó al renacuajo y cada adulto dice qué pregunta le haría a su hijo sobre
el cuento.
- Tejer: el títere de la familia (25
min). Cada familia hace un títere de media: el renacuajo, el ratón,
Tío Conejo o un personaje inventado. Con el títere, adulto y niño
«estiran» el cuento: «¿Y si el renacuajo hubiera escuchado a su mamá?».
- El cuento propio (15
min). Cada familia inventa un cuento de cuatro frases con su títere y
lo cuenta al grupo.
- Cerrar la mochila (10
min). Animómetro de salida. Cada familia se compromete a una noche
de cuento durante la semana, y se lleva el cuaderno viajero, en
el que escribe o dibuja el cuento que contó. El cuaderno pasa a otra
familia el sábado siguiente.
Cómo se ve la triada en
esta sesión
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Dimensión |
Dónde aparece |
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Aprender escuchando (la
urdimbre) |
Los cuentos de infancia
de los adultos, el poema de Pombo, escuchar a cada familia contar su cuento |
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Aprender sintiendo (la
trama) |
La cercanía entre adulto
y niño, la memoria de los cuentos de antes, el animómetro de la familia |
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Aprender haciendo (la
mochila) |
Fabricar el títere,
estirar el cuento, inventar el cuento de cuatro frases, el cuaderno viajero |
Para las familias que no
saben leer o tienen poco tiempo. No importa. El cuento se
puede contar de memoria, inventar o cantar. Cinco minutos de cuento en la
hamaca valen más que una hora de pantalla.
Para
cerrar
La psicóloga polaca Maria
Molicka dice que el cuento es un espejo mágico que le permite al niño mirar
de otra manera lo que le parece difícil. Pero ese espejo necesita una mano
que lo sostenga. Esa mano puede ser la tuya. Lee, cuenta, inventa, repite,
vuelve a los viejos cuentos a cualquier edad. Siempre encontrarás algo nuevo en
ellos, porque en los cuentos vive el alma de quienes los contaron antes que
nosotros.
¿Cuál es el cuento que más
le pide tu hijo o tu hija? Cuéntamelo en los comentarios.
Referencias
- Molicka, Maria. Bajkoterapia: o lękach dzieci
i nowej metodzie terapii [Bajkoterapia: sobre los miedos de los niños
y un nuevo método de terapia]. Poznań: Media Rodzina, 2002.
- Pombo, Rafael. Cuentos pintados para niños
y Cuentos morales para niños formales (siglo XIX). Dominio público.
- Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C.
(2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora en el marco de
la oralidad de la comunidad Wayúu [Tesis de maestría]. Fundación
Universitaria Los Libertadores.
- Textos de origen: artículos traducidos sobre
el valor de los cuentos para los niños, compilados por Cura-Kuens, sin
autoría consignada.

