A nadie le disgustan los cuentos. Incluso quienes
dicen que ya no leen cuentos de hadas ven películas de acción, de terror o de
amor, o leen novelas de detectives. ¿Y qué son esas historias, sino los cuentos
de hadas de hoy? Los seres humanos necesitamos contarnos historias: en la mesa
del almuerzo de domingo, en la terraza de noche, en el patio, en la enramada.
Por eso la cuentoterapia no es un invento raro. Es una
forma natural de comunicarnos y de pasarnos la experiencia de la vida de
una generación a otra. Y es lo que llevamos, con el nombre de Cura-Kuens, a un
preescolar wayúu de Riohacha después de la pandemia.
¿Qué es la cuentoterapia?
La guía que recibí la explica con varias imágenes.
Las reúno aquí, porque cada una muestra una cara distinta.
Un pastel de capas
Un cuento es como un pastel de varias capas, y cada
capa tiene un sentido. Mientras seguimos la trama, algo en nosotros va
escogiendo la capa que necesitamos, la que responde a una pregunta interior.
Por eso los cuentos no envejecen: a cualquier edad se descubre en ellos algo
nuevo.
Un banco de situaciones de la
vida
Cada cuento que un niño escucha se guarda en una
especie de banco de situaciones: el miedo de quedarse solo, el hermano
celoso, el camino largo, la prueba difícil. Cuando el niño se encuentra con
algo parecido en la vida real, puede sacar de ese banco una idea para salir
adelante.
Un puente entre el cuento y la
vida
La cuentoterapia ayuda a pasar lo que enseña el
cuento a la vida diaria. No con sermones, sino conversando: «¿Qué hizo el
personaje cuando tuvo miedo? ¿Qué harías tú?». Ojalá muchos padres y
maestros no solo lean cuentos a los niños, sino que también piensen en ellos
juntos.
Un despertar de las fuerzas
propias
En los cuentos, al héroe le caen encima muchas
pruebas. Y al final, el niño descubre que el personaje salió más fuerte. La
cuentoterapia ayuda a despertar las fuerzas que cada niño ya tiene.
Una aclaración necesaria: la guía dice que la
cuentoterapia es un «tratamiento» con cuentos. En Cura-Kuens preferimos decir
que es un acompañamiento: los cuentos cuidan, consuelan y abren caminos,
pero no reemplazan la atención de un psicólogo o de un médico cuando hace
falta.
La naturaleza viva: del cuento al
cuidado
La guía cuenta una idea que viene del médico
renacentista Paracelso: el mundo mágico sería el reflejo invisible de la
naturaleza visible, poblado por espíritus de la tierra (los gnomos), del agua
(las ondinas), del fuego (las salamandras) y del aire (las sílfides). Y propone
algo muy bonito para la educación: si un niño cree que en cada árbol vive un
ser pequeño, ¿querrá romper sus ramas? Si cree que en el río vive una ondina,
¿querrá ensuciarlo?
En La Guajira no necesitamos importar gnomos ni
ondinas. Nuestros pueblos ya miran la naturaleza como algo vivo. En el
pensamiento wayúu, la tierra, la lluvia y el mar aparecen en los relatos como
seres con voluntad propia: Mma, la Tierra; Juya', la Lluvia; Pulowi,
ligada al mar y a los lugares sagrados. Su sentido lo explican los mayores de
ese pueblo, y hay que escucharlos con respeto. Pero la enseñanza para todos es
clara: lo que está vivo se cuida.
Un cuento en el que el río Ranchería habla, el
trupillo recuerda o la playa se pone triste cuando la llenan de basura puede
sembrar en los niños más amor por su tierra que cualquier lección. Y hay otra
magia, dice la guía, que no tiene que ver con hadas: la de la transformación.
La que ocurre dentro de nosotros cuando un cuento nos cambia un poquito, y poco
a poco cambia el mundo que nos rodea.
Tipos de cuentos y edades
|
Tipo |
Para qué sirve |
Cómo se trabaja |
|
Didácticos |
Enseñar algo en forma de cuento |
Se cuenta y se juega con la tarea |
|
De relajación (meditativos) |
Bajar la tensión |
Los niños escuchan sonidos de la naturaleza, se
acuestan, imaginan |
|
Psicoterapéuticos |
Acompañar el alma en momentos difíciles |
Se dibuja, se hacen muñecos, se representa |
|
Psicocorrectivos |
Influir con suavidad en una conducta |
Se lee el cuento sin discutirlo y se deja que el
niño piense |
|
Populares y de autor |
Transmitir la sabiduría de un pueblo o de un
escritor |
Se cuentan, se conversan, se recrean |
|
De animales, de la vida diaria, de miedo,
maravillosos |
Según el tema y la edad |
Ver la tabla siguiente |
|
Edad |
Qué cuentos llegan más |
|
3 a 5 años |
Cuentos de animales y de animales con personas. A
esta edad los niños se identifican con los animales y los imitan |
|
Desde los 5 años |
Cuentos con personajes humanos: niñas,
pescadores, princesas, héroes |
|
5 a 6 años |
Cuentos maravillosos, de magia y transformaciones |
|
Adolescencia |
Parábolas, cuentos de la vida diaria y de miedo,
útiles también para trabajar los temores |
Los cuentos de cada pueblo
Cada cuento lleva la cultura y la manera de ver el
mundo de su pueblo. Un cuento africano no se parece a uno español, y uno ruso
es distinto de uno wayúu. Por eso, escuchar cuentos de otros pueblos ayuda a
los niños a entender a personas que viven lejos. La guía pone el ejemplo de los
yakutos, un pueblo del norte de Siberia, cuyos cuentos de animales explican por
qué cada animal es como es.
En La Guajira también hay relatos que explican el
origen de las cosas, y el gran ejemplo es Wale'kerü, la araña que enseñó
a tejer. En mi investigación de maestría fue el kuens preferido de los niños,
de la docente y del sabedor.
Formas de contar
- El adulto cuenta en tercera persona. Es
importante imaginar las escenas mientras se cuenta, dar a cada personaje
su voz y hacer pausas en los momentos justos.
- Narración en grupo de un cuento conocido. Cada
uno cuenta un pedacito, donde lo dejó el anterior.
- Contar y continuar.
Después de un cuento conocido, el grupo inventa una segunda parte.
- Frase por frase. Uno
dice una frase, el siguiente agrega otra, y así se construye un cuento
nuevo.
- En primera persona. Cada
uno se vuelve un personaje y cuenta lo que vivió.
- Con títeres. Al darle vida a un muñeco,
el niño ve cómo cada movimiento suyo cambia al personaje. Se siente un
pequeño mago.
Mi proyecto: «Emociones para la
vida»
Dónde
En 2022, cuando volvíamos a las aulas
después de la pandemia, en la sede Iruishira del Centro Etnoeducativo
N.º 17 Koushatchon, en zona rural de Riohacha. Trabajé con niños y niñas de
educación inicial, de la mano de la maestra de la sede y desde mi labor como
tutora.
Por qué
Los años del preescolar son los años de las
emociones. Todo lo que vive un niño pequeño tiene un color emocional muy
fuerte, y lo que siente en esta etapa deja huella para toda la vida. El
psicólogo ruso Lev Vygotsky lo dijo así: el camino de la vida de una
persona es la historia de sus vivencias. Si esas vivencias de la infancia
son de confianza, apertura y ganas de cooperar, el niño tiene una base firme
para crecer.
Hoy vemos muchos niños ansiosos, agresivos o muy
cerrados, con la autoestima baja. Las dificultades económicas, el estrés de las
familias y la falta de tiempo para leer y contar en casa también les llegan a
ellos. Y al observar el trabajo en la sede, la maestra y yo coincidimos en
algo: no había todavía un trabajo organizado para acompañar el desarrollo
emocional de los niños.
Qué buscamos
Construir una guía, «Emociones para la vida»,
que usara la Cuentoterapia Cura-Kuens para acompañar el desarrollo emocional de
los niños de preescolar. Partíamos de una idea: ese acompañamiento funcionaría
mejor si…
- los niños aprenden a reconocer y nombrar sus emociones;
- los cuentos se usan de manera planeada y constante, no solo
de vez en cuando;
- los niños viven muchas experiencias emocionales en los
cuentos y las conversan.
Cómo lo hicimos
- Leer y estudiar: la
psicología y la pedagogía del desarrollo emocional, y la cuentoterapia de
autoras como Tatiana Zinkevich-Evstigneeva.
- Escuchar: conversaciones con los
niños, con las familias y con la maestra; observación en el aula.
- Contar: sesiones de cuentoterapia con
cuentos populares, kuens wayúu, cuentos de autor y cuentos creados para el
grupo.
- Mirar el camino:
construir señales sencillas para ver cómo avanza cada niño, como el
animómetro, y orientaciones para maestras y familias.
Y con un cuidado especial: en una sede
etnoeducativa, la lengua y la cultura wayúu van primero. Los niños
podían contar en wayuunaiki, y los cuentos de su comunidad tenían un lugar
central.
Lo que nos dejó la experiencia
La pandemia había traído muchas dificultades y
muchas pérdidas, también en las rancherías. Los niños volvían a la escuela
después de mucho tiempo en casa, y cada uno traía su propia historia. Por eso,
lo primero que aprendimos fue que los resultados no podían ser iguales para
todos: dependieron de las emociones de cada niño, de lo que estaba viviendo
su familia y del contexto de la comunidad.
El árbol de los recuerdos
Al conversar con los niños, empezaron a aparecer
las pérdidas. Uno me contaba que se le había muerto su tío; otro, su abuelo;
otros, su papá o su mamá. Eran niños muy pequeños cargando duelos muy grandes.
Entonces les leí El árbol de los recuerdos,
de Britta Teckentrup. Es la historia de un zorro que muere en el bosque. Sus
amigos, los otros animales, se reúnen a su alrededor y empiezan a recordar los
momentos que vivieron con él. Y donde está el zorro, con cada recuerdo, va
creciendo un árbol.
A partir del cuento empezamos a construir, con cada
niño, un árbol de papel. El tronco era la persona querida que había
partido. Y las hojas eran los recuerdos: el día que fueron juntos a la huerta,
el día que jugaron, el día que tomaron chicha, el día que vinieron a Riohacha,
el día que jugaron con un amigo o una amiga. Momentos sencillos, pero que
tenían que ver directamente con esa persona.
Trabajamos así casi un año, con 25 niños.
Casi cada semana había un nuevo recuerdo y una nueva hoja. A veces la
escribían, a veces la dibujaban, pero siempre la contaban. Los niños wayúu son
muy orales: puede que les cueste escribir, pero te dicen las cosas, y se las
cuentan a sus compañeros. Entre ellos se mostraban sus árboles y se compartían
los recuerdos: «mira, este es el día que mi tío…».
Al final del año hicimos una exposición de los
árboles y llegaron los padres, las tías, las abuelas. Ver a sus hijos, sus
sobrinos y sus nietos recordando con cariño a la persona que ya no estaba fue,
para las familias, muy gratificante, liberador, emotivo y, sobre todo, restaurador.
Para los niños, el árbol fue una manera de hacer su
duelo a su ritmo: de sacar lo que llevaban dentro, de poner en palabras y en
dibujos el dolor y, al mismo tiempo, el amor. Alrededor de esa experiencia
surgieron muchísimas emociones: tristeza, alegría, nostalgia, orgullo, alivio.
Todas tuvieron su lugar en el árbol.
No tengo fotos de esa exposición, porque se perdieron
con el computador. Pero la guardo en la memoria como una de las experiencias
más hermosas de mi trabajo.
Cómo hacer un árbol de los
recuerdos
Para las maestras y familias que quieran acompañar
a un niño en duelo:
- Leer el cuento El
árbol de los recuerdos, o contar otro cuento sobre una despedida.
- Dibujar o recortar el tronco del
árbol. El tronco es la persona que se recuerda.
- Una hoja por recuerdo. Cada
vez que el niño quiera, escribe o dibuja un momento que vivió con esa
persona y lo pega como una hoja.
- Contar la hoja. Lo más
importante no es la hoja, sino contarla: a la maestra, a un compañero, a
la familia.
- Dejar que el árbol crezca con el tiempo. No se
hace en un día: crece durante semanas o meses.
- Compartirlo con la familia, si el
niño y la familia quieren.
Cuidados:
- Nunca obligar. El
niño que no quiera hacer su árbol puede hacer uno de un animal, de un
lugar o de algo que extraña.
- Hablar antes con la familia. Cada
familia vive el duelo a su manera, y en algunas culturas, también en la
wayúu, hay costumbres sobre cómo nombrar y recordar a los muertos.
Conviene preguntar cómo prefieren que se nombre a la persona.
- Estar atentos. Si un
niño muestra una tristeza muy profunda que no cede con el tiempo, no come,
no duerme o no quiere jugar, el árbol no basta: hay que buscar apoyo
profesional.
Estos son los aprendizajes que nos quedaron:
- Cada niño tiene su ritmo.
Algunos se abrieron pronto a los cuentos y a hablar de lo que sentían;
otros necesitaron mucho más tiempo. Las emociones no cambian de un día
para otro, y no hay que apurarlas.
- El cuento abre espacio para lo que dejó la
pandemia. Hablar de un animal que extraña a alguien, o que tiene miedo,
permite que el niño se acerque a sus propias pérdidas sin que nadie le
pregunte de frente.
- La familia hace la diferencia. Lo que
se siembra en el aula crece más cuando en casa también se conversa, se
cuenta y se escucha. Y cuando la familia está pasando por un momento muy
duro, el niño lo trae consigo.
- La lengua propia acerca. Contar
y nombrar las emociones en wayuunaiki, y no solo en español, hace que el
cuento llegue más hondo.
- El contexto pesa. En una
comunidad rural, con dificultades económicas y después de una crisis, el
trabajo emocional no puede separarse de la vida de la comunidad.
Y un último aprendizaje, más práctico: guardar
copias de todo. El documento con el registro completo de la experiencia se
perdió en un computador que se dañó. Por eso hoy la cuento desde la memoria y
desde lo que sí se conservó. A cualquier maestra que esté haciendo un proyecto
le digo: guárdenlo en la nube, en una memoria y en papel.
Sesión modelo: «Los hilos de
Wale'kerü»
Para niños de 4 a 6 años · 45 minutos · en el aula
o en la enramada
Materiales: lanas de cinco colores (cada una es una emoción:
amarillo, alegría; azul, tristeza; rojo, rabia; morado, miedo; verde, calma),
una mochila, títeres o figuras de animales del territorio, hojas y colores.
- Abrir la mochila (5
min). Cada niño toca las lanas y escoge la del color de cómo llega
hoy.
- Urdir (5 min). La maestra
cuenta, o invita a una abuela a contar, que Wale'kerü enseñó a tejer con
hilos de muchos colores.
- El cuento (10 min). Un cuento
corto de animales, con títeres, en el que una chivita se pone muy brava
porque otro chivo le quita su sombra, y aprende a decir lo que siente.
- Pasar la trama (10
min). La maestra pregunta: «¿De qué color estaba la chivita al
principio? ¿Y al final?». Los niños muestran la lana.
- Tejer (10 min). Entre
todos amarramos las lanas de lo que sentimos hoy en un palito o una rama:
un pequeño tejido de las emociones del grupo.
- El cuento propio (5
min). Cada niño dibuja un animal sintiendo una emoción y le pone el
color.
- Cerrar la mochila (3
min). Cada uno escoge otra vez su lana: ¿cómo me voy?
|
Dimensión |
Dónde aparece |
|
Aprender escuchando (la
urdimbre) |
La palabra de la maestra o de la abuela sobre
Wale'kerü, el cuento de la chivita, la lengua propia |
|
Aprender sintiendo (la
trama) |
Reconocer la emoción con un color, ver cómo
cambia la chivita, el tejido de las emociones del grupo |
|
Aprender haciendo (la
mochila) |
Escoger y amarrar las lanas, mover los títeres,
dibujar |
Para cerrar
La cuentoterapia tiene muchos nombres: cuentoterapia
en español, fairy tale therapy en inglés, thérapie par le conte
en francés, skazkoterapia en ruso, satuterapia en finés. En
Riohacha la llamamos Cura-Kuens: curar con cuentos, porque kuens
son los cuentos en wayuunaiki. Lo que buscamos en Iruishira fue sencillo y
profundo a la vez: que los niños, después de un tiempo tan difícil, aprendieran
a reconocer lo que sentían, a nombrarlo y a vivirlo sin miedo. Emociones
para la vida.
Si eres maestra de preescolar y quieres sumarte a
esta experiencia, escríbeme en los comentarios.
Referencias
- Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens
como estrategia de animación lectora en el marco de la oralidad de la
comunidad Wayúu [Tesis de maestría]. Fundación Universitaria Los
Libertadores.
- Celedón Simanca, Ella Cecilia (2022). El uso de la Cuentoterapia
Cura-Kuens en el desarrollo emocional de niños en educación inicial.
Emociones para la vida. Centro Etnoeducativo N.º 17 Koushatchon, sede
Iruishira, Riohacha.
- Teckentrup, Britta. El árbol de los recuerdos. Zaragoza:
Edelvives, 2013.
- Vygotsky, Lev S. Pensamiento y lenguaje; La imaginación y
el arte en la infancia.
- Zinkevich-Evstigneeva, Tatiana D. Obras sobre cuentoterapia (skazkoterapia).
- Texto de origen de la primera parte: guía traducida de cuentoterapia
de la escuela rusa, sin autoría consignada.

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