sábado, 7 de noviembre de 2026

La puerta también era una salida: escribir para sanar

 

La puerta también era una salida. Poemas del despojo, la ausencia y la reconstrucción. Gaitini (Ella Cecilia Celedón Simanca). Poemario inédito, en proceso de reescritura. Riohacha, 2026. 42 poemas en cuatro movimientos.

Hay libros que se escriben para publicarse. Este lo escribí para poder seguir viviendo.

Hace unos diez años mi vida de pareja se vino abajo. No fue de un portazo: se fue cayendo por partes, como se cae una casa vieja comida por el salitre. Primero llegaron unos papeles del banco que no entendía. Después, un armario vacío, unas llaves que ya no abrían, deudas a mi nombre y una casa hipotecada. Y luego lo más duro, lo que ninguna madre está preparada para vivir: la distancia con mis hijas y una larga batalla por volver a estar con ellas.

Durante mucho tiempo no supe ponerle nombre a lo que sentía. Lo que sí supe hacer fue lo que hago siempre con las niñas y los niños de La Guajira: tomar la palabra. Escribí en la mesa de la cocina, con el café frío, el ruido del ventilador y la brisa de Riohacha entrando por debajo de la puerta. Cada poema fue un objeto de la casa al que por fin podía mirarle la cara: la taza en el fregadero, la baldosa rota, la mecedora sin dueño, el recibo de la luz.

Así la escritura se volvió mi catarsis. Fue mi manera de sanar, de recuperarme, de perdonar y de volver a vivir. Por eso este libro tiene un lugar en Cura-Kuens: es la prueba, en mi propia vida, de que la palabra cura.

Un viaje en cuatro movimientos

El libro no se lee como un diario. Se lee como un camino que va de la casa cerrada a la calle abierta.

  1. El descubrimiento y el despojo. La casa empieza a hablar por sus objetos: los papeles del banco, el armario vacío, las llaves que ya no giran en la cerradura, la caja fuerte vacía. Es el momento de darse cuenta.
  2. La ruptura y la defensa. El overol que él dejó debajo de la cama, el recibo de la luz, la denuncia y la batalla por la custodia. Es el momento de plantarse y defenderse con lo que se tiene.
  3. La noche más larga. La casa sin risas, los cuadernos cerrados, las audiencias que se aplazan. Aquí está el dolor más hondo, y también una llamada que sí contestaron. Al otro lado alguien dijo: «Respire hondo. No está sola». Y está un pacto con la noche que termina con una certeza: mi vida todavía me pertenece.
  4. Volver a levantarse. Las botas vacías, un café con doña Carmen, la huerta seca y el umbral barrido. Es el momento de salir.

En la huerta seca, cuando todo parecía perdido, apareció esto:

Al fondo, debajo de la maleza, una raíz verde todavía insistía en respirar. Saqué el azadón, removí la tierra seca y decidí que, si la vida vuelve a empezar, lo hará desde el fondo de este mismo solar.

Y el libro se despide barriendo la arena que el viento del norte mete por debajo de la puerta:

ya no soy la que se encierra a llorar tras los trastos; soy la que sale a buscar su camino, con la calle por delante y un cielo entero por encima.

De ahí viene el título. La puerta por donde se fue todo lo que yo creía mío fue también la puerta por donde salí yo.

Escribir también es cuentoterapia

En Cura-Kuens le contamos cuentos a los niños para que encuentren palabras para lo que sienten. Con este libro comprobé que a los adultos nos pasa lo mismo. Cuando el dolor se vuelve poema, deja de estar adentro y se vuelve algo que se puede mirar, tocar, releer y, algún día, soltar.

Dimensión

Cómo vive en el libro

Para quien quiera intentarlo

Escuchar (urdimbre)

Oírme a mí misma. También oír a las voces que sostienen: doña Carmen, la voz que dijo «no está sola».

Escriba qué le diría hoy la persona que más la ha cuidado.

Sentir (trama)

Nombrar sin adornos la rabia, la vergüenza, el miedo y la tristeza.

Elija un objeto de su casa que guarde una emoción y escríbale.

Hacer (mochila)

Escribir cada noche, ordenar los poemas, darles un camino de cuatro movimientos y publicarlos.

Escriba un poema corto que termine con una puerta abierta.

No hace falta ser poeta. Basta con un cuaderno y una pregunta honesta: ¿qué objeto de mi casa sabe lo que me pasó?



domingo, 30 de agosto de 2026

El kamishibai: el teatro de papel que llegó de Japón a La Guajira


fotograma del manga "Gekiga Ho: Ryu:", Tatsumi Yoshihiro, Seirinkogeisha Company, 2008.

Un teatro hecho de papel

Kamishibai quiere decir «teatro de papel» en japonés: kami es «papel» y shibai es «teatro». Es una manera de contar un cuento mostrando una serie de láminas, una tras otra, mientras quien narra va contando lo que pasa. Fue muy popular en Japón entre los años treinta y cincuenta del siglo pasado. Afuera de Japón casi no se conoce su historia.

Sus abuelos: los rollos de los monjes

No se sabe con exactitud cómo nació, pero tiene un antepasado claro: el etoki, que quiere decir «explicar la imagen». El etoki llegó a Japón desde China junto con el budismo, hace más de mil años. Los monjes colgaban rollos pintados en unos palos y, con un puntero en la mano, le contaban a la gente la historia de su templo. Con el tiempo, algunos pintores dejaron los templos y se volvieron narradores que andaban de pueblo en pueblo.

De ahí viene la idea del kamishibai: una imagen que se muestra y una voz que la cuenta. En el siglo XX se le sumó algo nuevo: una caja de madera amarrada a una bicicleta.

Kamishibai - "Gekiga Ho:ryu:" manga de Tatsumi Yoshihiro, Seirinkogeisha Company, 2008.

El cuentero de la bicicleta

El kamishibai callejero nació en tiempos de crisis y desempleo en el mundo. Muchos dibujantes japoneses se ganaban la vida pintando historias para estos teatritos. Las vendían a un comerciante, y él se las alquilaba a los narradores de la calle, los gaito kamishibaiya, por poca plata.

Así era una función:

  1. Llegaba la bicicleta. El narrador paraba en una esquina y anunciaba la función golpeando dos palitos de madera, los hyōshigi. Era como el pregonero que sale con su campana.
  2. Se vendían dulces. En la caja de la bici llevaba galletas y caramelos. Los niños que compraban se sentaban adelante. Eran tan baratos que el narrador casi no ganaba nada.
  3. Se abría el butai. Encima de la caja iba un teatrino de madera, el butai, con todas las láminas puestas de antemano: entre diez y doce. Estaban pintadas con acuarela, pegadas en cartón y barnizadas para que no las dañara la lluvia.
  4. Empezaba el cuento. El narrador sacaba las láminas una por una, por un lado. Detrás de cada una tenía escrito su texto para no perderse. Cambiaba la voz para cada personaje, también para las mujeres. Era un verdadero actor.

Una función solía traer tres historias: una de risa, una de llanto y una de aventura.

El Murciélago Dorado
Etoki - anime "La guerra Tanuki en los períodos Heisei y Pompoko", Isao Takahata, Studio Ghibli, 1994.

El kamishibai tuvo uno de los primeros superhéroes del mundo: Ōgon Bat, el «Murciélago Dorado», creado en 1931 por Ichirō Suzuki y Takeo Nagamatsu. Nació varios años antes que Batman. Tenía una calavera dorada por cara, volaba y protegía a los débiles. Como cada lámina se pintaba a mano y había un solo original, otros dibujantes lo copiaban. Pero los niños sabían reconocer al falso.


Por qué casi desaparece

En 1953 llegó la televisión a Japón. Al principio pusieron los televisores en lugares públicos, y la gente los llamó denki kamishibai, «teatro de papel eléctrico». Cuando cada familia tuvo su televisor, los niños dejaron de salir a la calle a ver al narrador. Hoy el kamishibai vive sobre todo en escuelas y bibliotecas, donde se le dice kyōiku kamishibai, kamishibai educativo. Muchos narradores de la calle se volvieron grandes dibujantes de manga, porque ya sabían contar con imágenes en secuencia.

Como toda forma de contar, el kamishibai también se usó para mal: en los años treinta sirvió para la propaganda de guerra. Ya lo dijimos en la entrada 33: quien cuenta tiene una gran responsabilidad.

El kamishibai en Koushatchon

En mi trabajo de grado con los niños del Centro Etnoeducativo n.º 17 Koushatchon, el kamishibai fue una de las estrategias. La llamamos «Raíz», porque con ella volvíamos al relato de la tradición oral. Duró dos semanas y se trabajó así:

Momento

Qué se hizo

Inicio

Se habló del origen del kamishibai, y la docente contó un kuens en el teatrino para que los niños vieran cómo es.

Desarrollo

Los niños escogieron un kuens y fabricaron su propio kamishibai.

Cierre

Los niños y las niñas wayuu contaron sus kuens en el kamishibai.

El kamishibai les sirvió para mejorar el habla, para acordarse mejor de la trama del cuento y para pensar en orden: primero esto, después aquello.

Haz tu kamishibai

Kamishibai - anime "La guerra Tanuki en los períodos Heisei y Pompoko", Isao Takahata, Studio Ghibli, 1994.

Kamishibai - anime "La guerra Tanuki en los períodos Heisei y Pompoko", Isao Takahata, Studio Ghibli, 1994.


Materiales (los mismos que usamos en Koushatchon): una caja de cartón, tijeras, bisturí o cortador (lo usa un adulto), pegante, témperas, octavos de cartulina y colores.

  1. El teatrino: en la cara de adelante de la caja se corta una ventana. Por un lado se abre una ranura para meter y sacar las láminas. Se decora con témperas, con colores de mochila wayuu si se quiere.
  2. Las láminas: el cuento se divide en momentos y se dibuja cada uno en un octavo de cartulina. Lo mejor son entre seis y doce láminas.
  3. El texto atrás: detrás de cada lámina se escribe lo que se cuenta en la lámina que va delante. Así quien narra mira de reojo y no se pierde.
  4. El anuncio: se escoge una señal para empezar. Pueden ser dos palitos que se golpean, como el hyōshigi japonés, o una maraca.
  5. La función: se saca cada lámina despacio, se cambia la voz para cada personaje y se deja que los niños miren antes de seguir.

La triada en el kamishibai

Dimensión

Qué hacemos

Escuchar (urdimbre)

Escuchamos un kuens contado en el kamishibai y aprendemos de dónde viene el teatro de papel.

Sentir (trama)

Sentimos la emoción de esperar la lámina que viene: «¿y ahora qué pasará?».

Hacer (mochila)

Fabricamos nuestro propio kamishibai y contamos un kuens de nuestra casa.

Consejo de la abuela Carey: «La lámina enseña, mija, pero la que cuenta es tu voz. No le leas la parte de atrás al carajito: mírale los ojos y déjate llevar por el cuento.»

Fuentes

  • Nash, E. P. (2009). Manga Kamishibai: The Art of Japanese Paper Theater. Nueva York: Abrams ComicArts.
  • Arias Noguera, F. y Celedón Simanca, E. C. (2023). Los Kuens como estrategia de animación lectora. Fundación Universitaria Los Libertadores.
  • Artículo en ruso sobre el kamishibai y el manga, traducido por Cura-Kuens.

viernes, 31 de julio de 2026

Bajkoterapia: lo que la escuela polaca nos enseña sobre los cuentos que curan

 

Fuente: síntesis de una presentación polaca sobre bajkoterapia basada en Maria Molicka (2002, 2003, 2011), Doris Brett (2006), Anna Misiak (2011) y Lech Grzesiuk (1994). Traducción, adaptación y comentarios: Ella Celedón Simanca, Cura-Kuens. Se comparte con fines educativos.

En Polonia, los cuentos que curan tienen nombre propio: bajkoterapia, la terapia a través del cuento. Su principal referente es la psicóloga Maria Molicka, de la Universidad Adam Mickiewicz de Poznañ, que dedicó su obra a los miedos de los niños y a cómo un cuento bien elegido puede aliviarlos. Esta entrada recoge lo esencial de esa escuela y termina con una pregunta: cómo llevarla a nuestras niñas y niños de Riohacha y La Guajira.



Una historia muy antigua

La idea de que leer cura es tan vieja como los libros. Algunos hitos que recoge la escuela polaca:

  • La Antigüedad. Según la tradición, sobre la entrada de una gran biblioteca antigua, que suele situarse en Tebas o en Alejandría, se leía: «Medicina del alma».
  • Siglo XIII. En el hospital Al-Mansuri de El Cairo, a los enfermos se les leía el Corán como parte del cuidado.
  • Siglo XVIII. En Europa se usaban textos religiosos en el tratamiento de enfermos mentales.
  • Comienzos del siglo XIX. El médico estadounidense Benjamin Rush recomendó la lectura de literatura no religiosa a sus pacientes.
  • Siempre. En Las mil y una noches, Sherezade sana con sus historias la amargura del sultán. Es la imagen más antigua del cuento que cura.

El término biblioterapia aparece en 1916, con el estadounidense Samuel Crothers. Para Lech Grzesiuk, la psicoterapia es el uso intencional y planificado de intervenciones psicológicas. La biblioterapia hace lo mismo con la literatura.

Maria Molicka la define de dos maneras:

  • En sentido estrecho (2002): una técnica psicoterapéutica en la que el terapeuta elige textos literarios para sanar.
  • En sentido amplio (2011): un método que usa un texto literario pensado para alguien que atraviesa dificultades. El texto estimula sus procesos cognitivos y emocionales para fortalecer y enriquecer sus propios recursos.

Qué es un cuento terapéutico

Para Molicka, un cuento terapéutico es una historia, un poema o un relato escrito con un fin terapéutico y dirigido sobre todo a niños de 4 a 9 años. Tiene cuatro rasgos:

  1. Mira el mundo con los ojos del niño.
  2. Puede tener personajes mágicos, pero la magia casi nunca resuelve el problema. Lo resuelven el protagonista y quienes lo ayudan, con recursos que el niño también tiene.
  3. Tiene una tarea precisa: ayudar a un niño que vive una situación emocional difícil, o prepararlo para una que viene.
  4. Es un apoyo, no el único tratamiento. Acompaña otras formas de ayuda; no las reemplaza.

Lo que el niño necesita encontrar en el cuento. Molicka describe tres necesidades que el cuento compensa:

  • Seguridad, frente al miedo a la oscuridad o a ser devorado: un héroe cercano, siempre dispuesto a ayudar.
  • Amor, frente al abandono y el rechazo: un héroe digno de ser querido, que lo consigue.
  • Aceptación, frente a sentirse menos que los demás: no un héroe perfecto, sino uno que supera obstáculos y se gana el respeto de todos.

Los miedos según la edad

El miedo es parte del desarrollo: protege al niño de lo que lo amenaza. Lo que cambia con la edad es a qué le teme. Conocerlo ayuda a elegir el cuento. La tabla sigue a Anna Misiak (2011).

Edad

Miedos más frecuentes

2 años

Ruidos fuertes: trenes, camiones, tormentas, la descarga del inodoro, la aspiradora, la lluvia, el viento. Colores oscuros, objetos grandes, animales salvajes, irse por el desagüe, los cambios de casa y separarse de la madre

2 años y medio

El movimiento: objetos que se desplazan o se acercan; por eso, a veces, subir a un bus

3 años

Lo que se ve: ancianos con arrugas, máscaras, la oscuridad, los animales, policías, ladrones, que los padres salgan de noche

4 años

Vuelven los ruidos: motores, junto con la oscuridad, los animales y las salidas nocturnas de los padres

5 años

Los miedos disminuyen y se vuelven más reales: ser golpeado, que lo muerda un perro, que la madre no vuelva a casa

6 años

Ruidos y lo sobrenatural: los elementos, perderse, el monstruo debajo de la cama, quedarse solo, las heridas y la sangre, que a la madre le pase algo, la muerte

7 años

La oscuridad: sótanos, rincones, sombras que parecen fantasmas, alguien escondido en el clóset o debajo de la cama. Llegar tarde a la escuela; no ser aceptado por los compañeros

8 y 9 años

Los miedos se vuelven hacia las propias capacidades: fracasar, sobre todo en la escuela

10 años

Regresan miedos antiguos: animales salvajes, serpientes, el fuego, los delincuentes. Pero el niño ya afirma que no le teme a la oscuridad, a los perros ni a quedarse solo

Misiak distingue entre la disposición a reaccionar con miedo, que es normal y protectora, y la ansiedad, que aparece sin una amenaza real y que a veces necesita ayuda profesional.

Por qué funciona

El cuento funciona porque el niño pequeño tiene pensamiento mágico y, hacia los 4 años, empieza a poder ponerse en el lugar de otro. Así puede vivir lo que vive el personaje sin que le pase a él. Distintas corrientes de la psicología explican el efecto:

  • Psicoanálisis (Bruno Bettelheim): el cuento da forma a sentimientos que generan angustia y que, sin palabras, salen como berrinches, llanto o malestares físicos. Permite identificarse, liberar la emoción y recuperar la esperanza.
  • Conductismo: el niño aprende imitando al protagonista, y el final feliz refuerza lo aprendido.
  • Visualización: imaginar con «los ojos de la mente» permite ensayar situaciones difíciles en un lugar seguro.
  • Desensibilización: el niño aprende a responder con calma, y no con miedo, ante lo que lo asusta.
  • Modelado: el personaje muestra cómo afrontar el problema.

Richard Gardner propuso contar historias con los mismos personajes que trae el niño, pero con un final mejor. Kołakowski y Pawełczyk (2010) usan personajes de cuento en la terapia cognitivo-conductual.

Los tres tipos de cuento terapéutico

Tipo

Para qué

Cómo es

Quién lo escribe

Psicoeducativo

Reducir emociones negativas y ampliar el repertorio de conductas; prevenir

Muestra otras formas de pensar, sentir y actuar ante una dificultad. Usa símbolos y evita moralizar

Padres y docentes (prevención); un experto (apoyo)

Psicoterapéutico

Reducir la ansiedad, la vergüenza, la culpa y la ira ligadas a experiencias pasadas o conflictos internos

Más largo y muy arraigado en la situación del niño. Describe emociones y muestra dónde buscar ayuda

Un experto, psicólogo o terapeuta

De relajación

Calmar, relajar y recuperar energía

Basado en la visualización y en el entrenamiento autógeno de Schultz. Imágenes para todos los sentidos: verde y azul, plantas, animales, sonidos suaves. De 3 a 7 minutos, voz calmada y monótona, música suave. Estructura: cansancio, seguridad, relajación y energía

Cualquier adulto preparado

Lo que aportan, además: desarrollo del habla, la imaginación y la memoria; dar forma concreta al miedo; autonomía y sensación de poder hacer; conocimiento de sí mismo; acceso al mundo de los valores; y empatía con los demás (Brett, 2006; Molicka, 2002, 2011).

Cómo contar un cuento terapéutico

La psicóloga australiana Doris Brett escribió para su hija los relatos de Annie (Cuentos que curan). De su experiencia salen estas pautas:

  1. Adapta el cuento a tu hijo: sus intereses, su vida y su manera de ser, no un niño ideal.
  2. Respeta lo individual. Cada niño vive sus problemas a su manera. Ponte en el ánimo de la historia, piensa qué quieres transmitir y usa un lenguaje sencillo.
  3. No tengas miedo de preguntar: «¿Cómo crees que se sintió Annie?».
  4. Construye una trama que refleje los problemas y sentimientos del niño, con personajes secundarios parecidos a los de su vida.
  5. El protagonista supera el problema con sus habilidades, con consuelo, con el paso del tiempo. El final siempre es feliz.
  6. Escucha las reacciones. No ignores comentarios ni preguntas.
  7. No temas equivocarte: puedes corregir y volver al cuento muchas veces.

«Esto no es un examen; nadie mirará por encima de tu hombro para decir: “sintaxis deficiente, argumento interesante, pero no forma un todo”». — Doris Brett

También para los padres. Molicka recuerda que estos cuentos ayudan a los adultos a ver el mundo con los ojos del niño y a construir un vínculo basado en la comprensión. Brett lo dice así: los padres de Annie son cálidos, sabios y fuertes, los padres de nuestros sueños. Por un momento, al contar, podemos ser como ellos, y eso transmite algo al niño que escucha y también al niño que vive en cada uno de nosotros.

Escuchar, sentir, hacer: la bajkoterapia en Riohacha y La Guajira

Los cuentos polacos hablan de bosques, nieve y elfos. Nuestras niñas y niños crecen entre el mar, la brisa, el desierto y la Sierra. La escuela polaca nos da un método; nuestro territorio nos da los cuentos. Así lo hacemos en Cura-Kuens, curar con cuentos (kuens es «cuentos» en wayuunaiki).

Escuchar: conocer los miedos y las voces de aquí

  • Los miedos de la tabla también están aquí, con otra forma: la noche sin luz en la ranchería, el ruido de la brisa fuerte y de los aguaceros, los perros de la calle, el mar, la separación cuando papá o mamá viajan a trabajar o a otro país.
  • Escuchar a los mayores. Abuelas narradoras, tejedoras y sabedores guardan relatos wayuu, afrocaribeños y campesinos del sur de La Guajira. Ellos son el primer hilo del tejido.
  • Escuchar en dos lenguas. Donde los niños hablan wayuunaiki, el cuento también se narra en su lengua.

Sentir: elegir el cuento con los tipos de Molicka

Tipo

Un ejemplo desde nuestro territorio

De relajación

Un viaje imaginario al atardecer en la playa de Riohacha, en un chinchorro bajo la enramada, con el rumor del mar y el canto del cardenal guajiro

Psicoeducativo

Cuentos de animales de la tradición oral, como El conejo y el mapurite, donde el mapurite es el curandero, para hablar de ayudar, de compartir y de pedir ayuda

Psicoterapéutico

Solo con acompañamiento profesional, en grupos pequeños y con acuerdo de la familia

Hacer: que el niño sea autor

  • Crear con las manos y con lo del territorio: teatro de sombras, títeres, dibujo, arena de playa, hilos y semillas.
  • La mochila de cuentos: cada niño guarda lo que crea y lo lleva a casa, para que la familia continúe el tejido.
  • El cuento propio: cada ciclo termina con un libro colectivo que entra a la colección de la biblioteca.

Dónde lo estamos llevando

  • La Biblioteca Pública Distrital de la Comuna 10 de Riohacha, donde iniciamos el piloto en noviembre de 2026.
  • Bibliotecas escolares y centros etnoeducativos, con docentes formados como mediadores.
  • Rancherías y barrios sin biblioteca, con la mochila de cuentos como biblioteca itinerante.
  • Con el tiempo, las bibliotecas públicas de los municipios de La Guajira, con un protocolo que cualquier bibliotecario pueda aplicar.

Los relatos de nuestros mayores son patrimonio de sus comunidades. Los compartimos con su permiso, nombrando a quien los cuenta y devolviendo a la comunidad lo que de ellos nace.

Bibliografía

  • Brett, D. (2006). Bajki, które leczą. Cz. 1 [Cuentos que curan, parte 1]. Gdańsk: Gdańskie Wydawnictwo Psychologiczne.
  • Grzesiuk, L. (1994). Psychoterapia [Psicoterapia]. Varsovia: PWN.
  • Kołakowski, A. y Pawełczyk, A. (2010). [Enseñar la conceptualización cognitiva inicial a partir de personajes de cuentos y de la literatura]. Psychiatria i Psychologia Kliniczna, 10.
  • Misiak, A. (2011). [Trastornos de ansiedad en niños y adolescentes: materiales de formación]. Łódź: SET.
  • Molicka, M. (2002). Bajkoterapia. O lękach dzieci i nowej metodzie terapii [Bajkoterapia: sobre los miedos de los niños y un nuevo método de terapia]. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. (2003). Bajki terapeutyczne. Cz. 2 [Cuentos terapéuticos, parte 2]. Poznań: Media Rodzina.
  • Molicka, M. (2011). Biblioterapia i bajkoterapia. Rola literatury w procesie zmiany rozumienia świata społecznego i siebie [Biblioterapia y bajkoterapia: el papel de la literatura en el cambio de la comprensión del mundo social y de uno mismo]. Poznań: Media Rodzina.

La puerta también era una salida: escribir para sanar

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